1. La Navidad
Se suponía que todo estaba fríamente calculado.
El congreso en Inglaterra terminaba el veintitrés, pasaría a Rusia a alborotar a todos diciéndoles que irían al Caribe a pasar las fiestas, se iría la madrugada del veinticuatro dejándolos plantados para llegar a tiempo a Japón, descansar un poco e ir con Rei, ya que no planeaba nada agitado para esa Navidad.
Pero nada salió como esperaba.
Las actividades se extendieron hasta casi la noche del veintitrés, había perdido su vuelo, tuvo que humillarse hablando con su abuelo para que le prestara el avión de las empresas, hasta Voltaire había accedido pero lo impensable llegó cuando los aeropuertos fueron cerrados sin aviso de pronta apertura dada la onda gélida que se liberó.
Estaba que se lo llevaba el diablo, a punto estuvo de amenazar de muerte a la pobre dependienta de la sección de información que no pudo orientarlo de cómo conseguir boletos para el eurotúnel hasta París.
Sorpresivamente Robert andaba por ahí, si, el Robert Jurgens que tanta lata les había dado varios años atrás y que asistía como Kai, en representación del grupo empresarial de la familia. Lo llamó sorprendido que el ruso-japonés hubiera perdido los estribos, Kai al verlo se calmó y lo siguió hasta el bar del centro de convenciones.
-¿Qué pasó qué andas así?-
Kai le dio un trago a su vaso y bufó, -Que me la pasaré aquí varado.-
-¿Qué? ¿Querías pasar la Navidad en algún lado?- Robert no pudo ocultar sus sorpresa de su propia pregunta, y con el gesto de Kai se hizo confirmación. –¿Qué harás?-
Kai se encogió de hombros, -Buscar un cuarto de hotel y esperar que noticias hay mañana.-
Robert asintió, sorprendido que Kai se hubiera molestado en contestarle, y aún más que a su modo aceptara que, en efecto, tenía planeado pasarla en algún lado. Se quedó con él unos veinte minutos en que intercambiaron impresiones del congreso que recién había acabado. Al menos en eso podían congeniar bien y hubo una retroalimentación lo suficientemente satisfactoria que Robert no quería despedirse cuando recibió una llamada que exigía su presencia en otro lado.
-Debo retirarme, en cuanto te hayas instalado mándame un mensaje. Tu concepto de la economía cerrada del sur es interesante.-
Kai se contuvo de arquear una ceja, no era usual tener una conversación de ese tipo con alguien y aunque también le había sido agradable, no terminaba de asimilar esa clase de diálogo, -Aja… pero espero largarme de aquí cuanto antes.-
Robert sonrió y asintió, estrechó formalmente la mano con Kai y se perdió fuera del bar. Él se quedó sentado en la barra, pidió al cantinero otro trago y su directorio, se fue a una de las mesitas de la orilla, cerca del árbol navideño que adornaba el lugar. Quitó el jocoso Santa Claus como centro de mesa y se puso a buscar direcciones de hoteles…
Robert fue a encontrarse con sus invitados y ver como iban con los arreglos, se enteró del berrinche que Oliver hizo por no encontrar los mismos ingredientes que en Francia (aún en la tienda orgánica más exclusiva de la ciudad), y Enrique pedía a gritos que fuera a ayudarlo a tratar de adornar porque parecía Jhonny había llegado sólo a ver televisión y beber cerveza.
Le apagó la televisión al escocés y le amenazó de sacarlo a la calle sino ponía de su parte pues había sido decisión de todos pasarla ahí, Enrique le dijo algo así como ‘eres la ley’ y se apresuró a sacar las bolsas de los adornos que recién habían comprado mientras Jhonny reclamaba el por qué no habían contratado servidumbre para ese día, porque el padre de Robert (dueño de la propiedad) pensó que nadie la ocuparía.
El alemán se aseguró que todo estuviera en los horarios que esperaban, antes de acabar el día debía estar todo adornado y la comida comenzando a prepararse. Para los Júrgen no debía hacerse nada la víspera de Navidad, pero a falta de sirvientes tenían que moverse por sus medios. Aunque lo mínimo necesario.
Eran casi las diez, tenía casi tres horas de haber llegado pero había algo que lo había estado molestando la última hora, dijo que volvía pronto y salió. Regresó al centro de convenciones donde aún estaban varios asistentes moviéndose nerviosos por las instalaciones aunque los trabajos del congreso habían terminado a las seis con treinta. Llegó otra vez al bar casi imaginando lo que iba a encontrar.
Kai aún en la mesa, con el teléfono en una mano y el directorio al frente; su gesto decía claramente que había estado todo ese tiempo tratando de conseguir una habitación sin éxito. Al ver a Robert no pudo evitar cerrar los ojos y reírse de su propio infortunio.
-Nada va saliendo bien, ¿eh?- Robert se paró junto a su mesa.
-No, nada.-
-Bueno, tengo un penthouse aquí. Puedes venir si quieres, o si prefieres dormir en la calle, este lugar lo cerrarán en una hora.-
Kai se le quedó viendo un momento, incapaz de asociar las palabras y la persona que las decía, pero una rápida evaluación de la situación le dijo que no se hiciera tonto y lo aceptara, o en verdad se quedaría a la intemperie; pues no había un solo cuarto en la ciudad. Se levantó y fue con él.
Se preguntó si en verdad había sido una decisión inteligente, como que las congelantes temperaturas de la capital inglesa o la incomodidad de las bancas del aeropuerto no se oían tan mal ahora que estaba ahí. Un lujoso penthouse en las calles céntricas y con un agradable sistema de calefacción, además de una tradicional chimenea que sólo servía de adorno pero creaba un invitador ambiente además de… un francés cantando en la cocina, un italiano aullando emocionado al ver un certamen de belleza y un escocés gritando histérico en otra habitación por el juego de fútbol americano que veía.
-¡Robert llegaste! ¡Hey Kai! No pensé que también estarías por aquí.- Enrique gritó cuando los vio entrar, echando a perder todo factor sorpresa que pudieran tener.
Oliver se asomó por la puerta de la cocina cuando escuchó a Enrique, -¿Kai? ¿Cómo has estado?-
-¿Qué tal?-
-¡¿Hiwatari?! ¿qué demonios está haciendo aquí?- Jhonny rugió desde la otra habitación.
Robert lo miró con dureza cuando el pelirrojo salió hecho una furia de la habitación, se plantó frente a Kai y lo señaló con un despectivo dedo, que el ruso hizo a un lado con la palma de su mano, le dio la espalda y estrechó la mano con la que Enrique y Oliver lo saludaban.
-Es mi invitado Jhonny, así que conmino a que te comportes que tú también lo eres.-
-¿Estás bromeando, no? Ése no puede ser tu invitado. ¡Yo me largo!- Jhonny entró otra vez al cuarto de donde había salido y azotó la puerta.
-Ah, ignóralo. ¿Qué te trae por aquí?- Enrique preguntó con esa enorme sonrisa despreocupada.
Kai medio asintió y después de que se saludaron, Oliver regresó a la cocina, Enrique a la colocación de una tira de festón verde en la sala sin quitar la vista de la pantalla; por su parte Robert se sentó a leer el periódico… ¡pero qué bienvenido se sentía! Se quedó en una silla contemplando el árbol que se tambaleaba pese a los intentos de Enrique por nivelarlo.
Se preguntó qué era lo que debía hacer. Nada le iba a costar seguir en silencio, quizá sacar su teléfono o la computadora de su maleta; aunque eso implicaría que no habría ni la más mínima posibilidad de encajar lo suficiente como para dejar de sentirse un ‘extra’ al menos en lo que conseguía salir de ahí.
Recordando antiguas experiencias bien aprendidas y maldiciéndose un poco, se levantó y se acercó con Enrique, -Quedará si sientas bien la base.- Kai tomó dos pedazos de las ramas y las puso abajo nivelando el pie del árbol.
-¡Ea, eso si que sirvió! ¿me echas una mano con las esferas?-
Kai asintió de no muy buena gana pero ya era un buen paso.
Dieron las doce de la noche y Robert empezó a apagar las luces ante la sorpresa de Kai que miró confundido a Enrique, el otro se rió. –Su forma amable de decir que es hora de dormir, mañana hay que despertar temprano.-
‘Pero es muy pronto’ Kai pensó, molesto con la idea que por primera vez en quién sabe cuantos años alguien le pusiera una hora de dormir. Lo que le sorprendió fue que todos los demás (aún con los berridos del escocés) obedecieron y fueron a meterse a sus cuartos, Robert se quedó al final como capataz viendo que todos obedecieran. Era inconcebible para él que lo disfuncional que parecían ser ellos como equipo y con el ego tan crecido (impresión de Tyson) fueran de pronto algo así como dóciles, sin protestar las… no, no eran órdenes, era como un acuerdo silencioso y que nadie quería romper.
-¿Qué pasa?- Robert le preguntó tomando un trago en la cantina colocada en una esquina. -¿Qué es tan extraño?-
-Nn…o,- era demasiado inverosímil para Kai.
Robert sonrió bastante divertido, -Si, apuesto que no esperabas algo como esto. Nuestra amistad se remonta a los primeros años de la niñez, espero eso explique la familiaridad que nos tenemos y el resto de lo que posiblemente te sorprenda.-
-No, no sé.- Kai fue sincero porque en verdad no tenía nada con que argumentar esa postura.
-No importa quizá mañana lo entiendas mejor. Si no te molesta ocupar el sofá-cama del cuarto anexo; de haber sabido con tiempo hubiera condicionado el estudio.-
Kai negó, aún sorprendido de la increíble diplomacia del alemán. Sabía que no era un esnob como suele ser el caso con los hijos de poderosos empresarios, pero tenía otra imagen, quizá bastante influenciada por la opinión de Tyson. –No, no importa.-
Escuchó a Robert reírse entre dientes en la oscuridad, -No te conozco bien, pero sé que puedo esperar de ti lo mejor; espero comprendas que nuestras familias han convivido por muchos años y no solemos tener invitados, pero como tu anfitrión, estoy seguro que no habrá problemas.-
Kai asintió, confundido por la elección de palabras como si algo más allá de su imaginación (que no era poca) fuera a pasar al día siguiente. Se sentó en el sofá pensativo, ¿qué estaba pasando? ¿cómo de una navidad planeada en Japón terminó atrapado en aquel departamento con esa gente?
El veinticuatro lo halló en la sala buscando en la computadora alguna noticia ya fuera de apertura de aeropuertos o de salida (aunque en barco) de Inglaterra. Vaya suerte, las posibilidades de pasar la Navidad en suelo inglés crecían con el paso de las horas. Trató de resignarse buscando una excusa o cualquier situación que le permitiera salir de ahí cuando menos para en la noche y no pasar una vergonzosa cena en ese lugar.
No podía estar seguro que fuera a ser algo que le hiciera querer olvidarlo pero, con esa gente (conociendo los hábitos de Enrique, los arranques de Jhonny y bueno… Oliver) no podía pensar de otro modo.
-¿Y qué hay?- la voz de Robert se escuchó en la oscuridad, después las luces se encendieron, Enrique y Oliver estaban a su lado con cara de sueño.
-No nada, ¿qué… hacen despiertos a esta hora?- Kai respondió y preguntó a la vez viendo a los otros dos.
-Hoy el día comienza temprano.- Robert afirmó.
-Eres un malnacido, ¿cómo pretendes despertarnos a las seis de la mañana?- Jhonny gruñó desde la puerta de su cuarto.
-¿Y tú que haces aquí? ¿no que te ibas a ir?- Robert cuestionó.
El escocés hizo un gesto que arrancó carcajadas al italiano y francés. -¿Y qué esperabas? Si ese idiota sigue aquí, tampoco me iba a poder largar de este maldito país.- Y volvió a cerrar su puerta.
-Cada uno sabe ya que hacer.- Robert ignoró olímpicamente los reclamos del otro y miró a sus dos compañeros, -todo debe estar antes del medio día. ¿Lo conseguirán?-
Enrique asintió y guiñando un ojo se frotó las manos, -Aún antes de que puedas decir ‘Feliz Navidad’-
Oliver se veía más pensativo, -Dependerá si consigo todo.-
Robert asintió, -Asumamos que te quedarás aquí,- dijo viendo a Kai, -cada uno tiene que hacer su parte. ¿Qué puedes preparar?-
-¿Ah?-
-Cada uno hace lo que sabe para preparar la celebración. Enrique la decoración, Oliver la comida; en el menú tenemos platillos típicos de nuestras patrias.-
Kai arqueó una ceja, -Yo no cocino.-
-¿¿Cómo que no conoces los placeres de ser cheff?!- Oliver exclamó.
-Para eso están los restaurantes.-
-¡Aja! Lo mismo pienso yo, si no eres tan idiota Hiwatari.- Jhonny volvió a gritar desde adentro del cuarto.
-De acuerdo, nos falta un postre. Alguna receta o algo, Oliver seguro podrá prepararlo.-
Kai se miró ofuscado, debía dar una respuesta rápida para no hacer más largo ese incómodo momento, -Eh… hay un postre que alguna vez vi a Spencer hacer, aunque no creo recordar todo.- Esperó que con eso se zafara de la situación.
-Podríamos hablarle.-
-¡No! No… creo que si lo recuerdo.- Kai exclamó imaginando el hazmerreír que sería con los rusos si se enteraban que estaba con esos europeos.
-Perfecto, entonces irás con Oliver por lo que le falta y a comprar lo que se necesite.- Robert sentenció y ante el gesto de Kai, supuso que debía una explicación, -necesitamos esturión para un platillo. Oliver no cocina peces y no sabe cómo elegir uno bueno, tu tiempo Rusia debe haberte dado un conocimiento de primera mano de cómo debe ser una buena pieza teniendo a consideración su tamaño y origen de pesca, y viviendo en Japón, debes tener experiencia al elegir peces frescos. Aunque no cocines, la cultura gastronómica japonesa tiene como base el pescado fresco, debes haber visitado cuando menos una vez un mercado.-
Kai asintió, en todo ese discurso le dijo, ‘sabes comprar peces mejor que ése que se dice cheff’ o al menos, él así lo hubiera dicho. Ya no quiso discutir pidiendo explicaciones porque podría ganarse otro sermón, miró al francés y se resignó a pasarla ahí.
En lo que pensaba un modo ideal de salir antes de la cena.
Fueron y vinieron, en el camino Oliver le platicaba de lo que iban a hacer de comida y por qué a cada uno le tocaba lo que Robert había explicado. En su caso, no había necesidad de explicar el porqué se encargaba de la cocina, para con Enrique, siendo que visitaba Milán y los puntos directos donde se gestaban las tendencias había venido a desarrollarle cierto ojo estético y parecía tener buen gusto para la decoración. No tenía idea de lo que Jhonny podía hacer, pero seguro era el inútil tolerable como solían ser Daichi o Ian.
-¿Y qué hace Robert?- Kai no pudo evitar preguntar.
-Ya lo verás.-
Las palabras de Oliver fueron confirmándose poco a poco. Para empezar, cuando regresaron al penthouse de los Jurgen dio por hecho que Enrique quizá se moriría de hambre (si alguna vez se dignaba a trabajar) como don Juan, pero podía tener un futuro promisorio como decorador de interiores; cuando entró a la cocina para dejar las bolsas con las que habían regresado, quedó atrapado cuando Oliver empezó a pedirle que hiciera tal o cual cosa, y aunque eran contadas las veces que se había metido a la cocina (casi siempre actividad de Rei, Spencer o la cocinera en turno), se sorprendió de la habilidad del francés haciendo más de una cosa a la vez. Tal vez el ser cheff era algo risible para Kai, pero tenía que reconocer que era interesante.
Ayudando un poco en la cocina, otro tanto a Enrique de pronto se dio cuenta que era el medio día. Revisó una vez más la computadora, nada había cambiado, ningún anuncio de parte de las autoridades. Suspiró y regresó a la sala.
-¿Qué quieres jugar tú, Kai?- Enrique le preguntó.
De nuevo su gesto de confusión exigió una explicación, -Después del medio día, jugamos juegos de mesa o vemos largometrajes. Usualmente es no realizar ninguna clase de actividad la víspera de Noche Buena, pero hoy tuvimos que hacer una excepción, al menos medio día será.- Robert miró los juegos en la mesa.
-Ah… ¿ajedrez?-
Si ayudando a Oliver y Enrique se le había ido el tiempo, con las partidas de ajedrez el tiempo se le fue como agua. Lo que esos dos tenían de buenos en lo que Kai reconoció, lo tenían de malos en casi todos los juegos, salvo el póker en que Enrique se defendía decentemente y Oliver en el solitario, pero no le sirvió de mucho. Se llevaron a cabo un par de batallas titánicas en el torneo improvisado de ajedrez que realizaron, Robert solía ser el campeón indiscutible pero Kai le mostró ser un rival de temer y tuvieron que rendirse porque nadie ganaba, siguieron juegos con cartas y uno de monopoly que sacó a relucir los dotes empresariales de cada uno, y se enfrascaron en una batalla casi campal donde era tan peligroso caer en una propiedad ajena como armar alianzas.
Les dieron las diez de la noche.
Kai no podía creerlo, sus ideas de salir de ahí con cualquier pretexto se habían ido con las horas jugando, concentrado en derrotar a su rival se les había pasado el tiempo como viento… no sintieron ni el paso del tiempo ni el apetito. Y ahora estaban que se morían de hambre.
La mesa fue preparada, y ninguno pudo contener el involuntario salivar. Todo despedía un olor tan peculiar y a la vez alentador que los estómagos respondieron de inmediato sacando risas. Se sentaron a la mesa; Oliver hizo casi una presentación de su banquete.
-Como entrada desde Italia, tortellini in Brodo, como plato fuerte desde las tierras germánicas tenemos pato Entendraten y de mi patria, Boudin blanc... además, el platillo que todos acordamos esturión confitado con vieiras y caviar.- Oliver solito se aplaudió y a falta de otra respuesta, se sirvió.
Kai tomó un poco de los pequeños panes rellenos venidos de Italia, y miró con atención el resto de la comida. Entonces arqueó una ceja, -¿No hay nada de Escocia?-
Enrique se atragantó con su pedazo de pato alemán, -¿Bromeas?-
-Cállate Enrique,- Jhonny masculló.
-No, espera, espera… tengo que decirle.-
-Que te calles.-
Enrique sonrió, de cierto modo le recordó a Tyson, y continuó su plática, -Seis letras, H-a-g-g-i-s-
Kai asintió entendiendo perfectamente a qué se refería, y no pudo ocultar una sonrisa. Si un platillo consistente en un estomago relleno de corazón, hígado y pulmones cocido por algunas horas era el manjar principal de un país… ¿qué podía esperarse del resto de su comida? Sabía que era un error juzgar algo sin haberlo probado, pero quería hacer rabiar un poco al pelirrojo. –Ah, ya entiendo. Inteligente decisión.-
Las risas otra vez se dejaron escuchar, humillando por un momento al escocés y elogiando a Kai por lo acertado del comentario; Jhonny azotó su vaso contra la mesa y exclamó fúrico.
-¡La cocina de Escocia es la mejor del mundo! Además,- le bajó un poco al tono de su palabras, -ya verás para qué somos buenos también.-
-Todavía no Jhonny, sabes que después de la una.- Robert lo calmó.
Mascullando un poco se sentó sin protestar más, Kai seguía sorprendido de esa habilidad. Miró otra vez el reloj, once con treinta, de cierto modo no echaba de menos el haberse quedado varado ahí.
Al poco tiempo Robert se puso de pie y golpeteó con su cuchara un poco la copa delante de él, innecesariamente porque ya tenía la atención de todos.
-Aquí va,- le dijo Oliver por lo bajo.
-Esta noche se celebra el nacimiento del salvador del mundo. Los sentimientos más nobles de la humanidad se presentan hoy como un refrendo de que los hombres del mundo en verdad podemos llegar a una edad de paz como la que el Señor anunció. A veces como familia, otras con amigos, algunas en soledad; lo significativo de la noche de Navidad radica en el corazón de cada uno. Donde no importa si hay regalos, árbol o una suculenta cena. Así que los exhorto a encontrar ese significado en cada uno.-
Hubo un silencio después de las palabras de Robert, le quedó claro a Kai cuál era su habilidad, y no podía negar que era admirable su capacidad para armar discursos en la nada con semejante carga emocional y de significado, si fuera uno de los que se deslumbraban por bonitas palabras estallaría en aplausos.
Ahora quedaba una última incógnita… ¿qué demonios hacía de útil el escocés?
La primera hora del veinticinco trajo la respuesta a esa pregunta, Jhonny recibió la aprobación de Robert y se fue a la cantina.
-Ya verás lo que es bueno, Hiwatari.-
Si… el talento de Jhonny era el alcohol y la preparación de distintas bebidas, un
descubrimiento tan bien recibido como la multitud de mezclas que ese pelirrojo malhumorado sabía y que consiguió que Kai comenzara a sentirse con cierta congestión alcohólica, cosa que no había pasado en muchos, muchos años.
Kai tuvo que reconocer que la velada fue memorable, se dio cuenta que no extrañaba nada de las opciones que tenía, y que había sido bueno que cerraran el aeropuerto. Aprendió a ver con distintos ojos a esos cuatro que apostaba antes no podrían ser otra cosa que niños mimados y esnobs hartantes.
Se quedaron dormidos en la sala con poco miramiento a los modales, sólo Robert tuvo la propiedad de instalarse en su habitación, despertaron ya entrada la tarde donde comieron otro poco y jugaron otra ronda de monopoly. Ese mismo día se abrieron los aeropuertos, pero Kai no se fue sino hasta el día siguiente.
Se despidió de todos, bastante agradecido pero apenas mostrando lo suficiente como para darles a entender que en efecto le había agradado.
-Sería bueno que te dieras una vuelta por acá otro día.- Dijo Enrique.
-Podríamos avisarte cuando nos veremos otra vez.- A Oliver se le ocurrió.
-Sería una grata experiencia si se repite esta velada, tal vez no en las condiciones en que se dieron pero podríamos acordar una fecha en tiempos venideros.- Robert meditó.
-Lo que mi estirado amigo quiere decir, es que te llamaremos a la siguiente.- Jhonny le estrechó finalmente la mano.
-Jhonny por favor.- El alemán recriminó.
-¡Vamos, relájate!-
-Deberías escucharlo de vez en cuando.- Kai dijo finalmente y salió del penthouse hacia el taxi que esperaba por él. –Al aeropuerto,- dijo al conductor y sonrió.
Ya había una nueva opción para pasar la Navidad.
--------------
Chica, ya están dos de cuatro... ahm, para mañana estará completa.
Lo prometido es deuda... aunque a medias, jejeje.
31.12.09
Tradición previo
Previo. De cómo son las cosas
Tyson acostumbraba reunir a su padre, hermano y abuelo, juntos se iban a cualquier balneario termal y pasar la noche comiendo en algún restaurante típico, después irse a dar un buen chapuzón con la cálida agua que espantaba cualquier intento del invierno por arruinarles la fecha.
Max iba con su papá a visitar a su mamá, en Nueva York se la pasaban recorriendo las grandes tiendas comerciales con sus inmensos aparadores. Cenaban afuera y patinaban en el Rockefeller Center, hasta ya entrada la noche cuando regresaban a casa, bajo un enorme árbol intercambiaban regalos.
Rei llamaba por todos sus compañeros de China, ya que no era costumbre de la aldea celebrar, en Japón todos se sentían un poco más libres y hacían una cena tradicional china acompañados de villancicos en chino y un árbol navideño.
En Rusia se encerraban a piedra y lodo en su casa, previa compra de toneladas de comida y bebida, un abeto que Bryan seguro robó de algún parque era adornado por éste e Ian, Spencer y Tala se encargaban de cocinar, dejando a los más desastrosos afuera y en la cocina se dedicaban con una extraña devoción a los platillos que devorarían llegada la noche.
Año Nuevo
Aquí los rusos, seguían en su plan de ermitaños pero como seguramente sus provisiones se habrían acabado, se lanzaban casi en misión suicida a comprar más a sabiendas que casi ningún establecimiento estaría abierto y que las tormentas estarían a todo. Lo que daba como resultado, pasar la noche vieja en la primer taberna que hallaran y el cambio de año casi asaltando alguna tienda para iniciar las primeras horas del año ahora sí en casa con toda las cosas que pudieron conseguir.
Rei lo celebraba con quien lo invitaba pues aquí si era de ley que Mariah y los demás esperaban para celebrarlo ‘como se debe’ en espera del Año Chino, así que a veces convivía con Tyson o Max, otras simplemente como si no hubiera pasado nada y dormía a las once de la noche.
Max por su parte regresaba a Japón, con uno o ambos padres, decía que antes lo celebraban con su abuela pero desde la muerte de ésta, en casa sin más familia pero había habido dos ocasiones en que se ponían de acuerdo con Tyson y reunían las celebraciones.
Si, con Tyson el Año Nuevo era una gran fiesta de familia y amigos, el abuelo organizaba su festejo invitando a todos los vecinos que podía, Bruce y Hiro seguían ahí y la fiesta se extendía hasta la mañana del día primero. La típica cena y el brindis, así como los deseos seguidos de las campanadas… después, después todo se desbordaba de ánimo y alegría, bailes y cantos improvisados en el patio.
Él… él no tenía lo que pudiera llamarse una tradición, se repartía entre unos y otros en Navidad, más en Rusia que extenuantes noches con Max o extrañas con Rei, jamás había ido con Tyson porque sería una locura imaginarlo: baños termales y la familia Granger reunida, eran un par de cosas que no iban con él.
El Año Nuevo también se repetía, era invitado muy cordialmente con Tyson pero no era mucho de su naturaleza celebrar con tanta gente, así que ese par de años que lo había intentado una vez había terminado en el departamento de Rei huyendo de los borrachos cantantes que querían que los acompañara o la vecina que quería bailar con él. Por eso lo usual era que se decidiera por Rusia, aunque eso traía como consecuencia ser delincuente casi toda la noche, si no era engañando al pobre tabernero diciendo que habían bebido menos de lo que en verdad habían hecho, era entrando ilícitamente a alguna tienda descuidada, no a robar porque dejaban el importe por todo lo que tomaban pero aún así, a veces terminaba conflictuando con sus propios principios.
Quizá era cierto…
Que había cambiado.
Sumido en la vida de los negocios ya no pasaba las tardes holgazaneando en el dojo de Tyson, era un milagro si se aparecía ahí una o dos veces a la semana, y aparición en el perfecto sentido de la palabra, llegaba, saludaba, se enteraba de las novedades, se sentaba un momento, quizá a comer o tomar lo que le ofrecían y si no era una llamada, él mismo salía aprisa diciendo que a la otra se quedaría más tiempo.
Seguían esperando.
Los rusos ya ni se molestaban en si lo veían o no, era común verlo llegar alguna que otra vez por las noches, tirarse en el sillón sin saludar y dormir hasta entrado el día, o salir disparado con el primer ruido de la casa.
Aún así, las invitaciones no se detenían e infaltables estaban las animosas llamadas de Max, las estridentes de Tyson o las ecuánimes de Rei, incluso no faltaba el escueto mensaje ruso, ‘ya sabes’. Pues era conocimiento general que no tenía de otra si no quería pasársela a solas, la familia era una opción tan incuestionable como las fastuosas cenas de socios mercantiles.
Se dio cuenta de lo caótico que era su fin de año, ir de aquí a allá como errante sin que realmente se pudiera decir que era clásico que estuviera ahí, Navidad escuchando cánticos chinos en Japón, Año Nuevo viendo a un par de borrachos bailando también Japón; Navidad cayéndose de patines en una pista de hielo en Nueva York, Año Nuevo en una taberna helada en Rusia… había de todo.
Y justo el año que decidió que buscaría algo medianamente fijo, nada salió como esperaba.
Tyson acostumbraba reunir a su padre, hermano y abuelo, juntos se iban a cualquier balneario termal y pasar la noche comiendo en algún restaurante típico, después irse a dar un buen chapuzón con la cálida agua que espantaba cualquier intento del invierno por arruinarles la fecha.
Max iba con su papá a visitar a su mamá, en Nueva York se la pasaban recorriendo las grandes tiendas comerciales con sus inmensos aparadores. Cenaban afuera y patinaban en el Rockefeller Center, hasta ya entrada la noche cuando regresaban a casa, bajo un enorme árbol intercambiaban regalos.
Rei llamaba por todos sus compañeros de China, ya que no era costumbre de la aldea celebrar, en Japón todos se sentían un poco más libres y hacían una cena tradicional china acompañados de villancicos en chino y un árbol navideño.
En Rusia se encerraban a piedra y lodo en su casa, previa compra de toneladas de comida y bebida, un abeto que Bryan seguro robó de algún parque era adornado por éste e Ian, Spencer y Tala se encargaban de cocinar, dejando a los más desastrosos afuera y en la cocina se dedicaban con una extraña devoción a los platillos que devorarían llegada la noche.
Año Nuevo
Aquí los rusos, seguían en su plan de ermitaños pero como seguramente sus provisiones se habrían acabado, se lanzaban casi en misión suicida a comprar más a sabiendas que casi ningún establecimiento estaría abierto y que las tormentas estarían a todo. Lo que daba como resultado, pasar la noche vieja en la primer taberna que hallaran y el cambio de año casi asaltando alguna tienda para iniciar las primeras horas del año ahora sí en casa con toda las cosas que pudieron conseguir.
Rei lo celebraba con quien lo invitaba pues aquí si era de ley que Mariah y los demás esperaban para celebrarlo ‘como se debe’ en espera del Año Chino, así que a veces convivía con Tyson o Max, otras simplemente como si no hubiera pasado nada y dormía a las once de la noche.
Max por su parte regresaba a Japón, con uno o ambos padres, decía que antes lo celebraban con su abuela pero desde la muerte de ésta, en casa sin más familia pero había habido dos ocasiones en que se ponían de acuerdo con Tyson y reunían las celebraciones.
Si, con Tyson el Año Nuevo era una gran fiesta de familia y amigos, el abuelo organizaba su festejo invitando a todos los vecinos que podía, Bruce y Hiro seguían ahí y la fiesta se extendía hasta la mañana del día primero. La típica cena y el brindis, así como los deseos seguidos de las campanadas… después, después todo se desbordaba de ánimo y alegría, bailes y cantos improvisados en el patio.
Él… él no tenía lo que pudiera llamarse una tradición, se repartía entre unos y otros en Navidad, más en Rusia que extenuantes noches con Max o extrañas con Rei, jamás había ido con Tyson porque sería una locura imaginarlo: baños termales y la familia Granger reunida, eran un par de cosas que no iban con él.
El Año Nuevo también se repetía, era invitado muy cordialmente con Tyson pero no era mucho de su naturaleza celebrar con tanta gente, así que ese par de años que lo había intentado una vez había terminado en el departamento de Rei huyendo de los borrachos cantantes que querían que los acompañara o la vecina que quería bailar con él. Por eso lo usual era que se decidiera por Rusia, aunque eso traía como consecuencia ser delincuente casi toda la noche, si no era engañando al pobre tabernero diciendo que habían bebido menos de lo que en verdad habían hecho, era entrando ilícitamente a alguna tienda descuidada, no a robar porque dejaban el importe por todo lo que tomaban pero aún así, a veces terminaba conflictuando con sus propios principios.
Quizá era cierto…
Que había cambiado.
Sumido en la vida de los negocios ya no pasaba las tardes holgazaneando en el dojo de Tyson, era un milagro si se aparecía ahí una o dos veces a la semana, y aparición en el perfecto sentido de la palabra, llegaba, saludaba, se enteraba de las novedades, se sentaba un momento, quizá a comer o tomar lo que le ofrecían y si no era una llamada, él mismo salía aprisa diciendo que a la otra se quedaría más tiempo.
Seguían esperando.
Los rusos ya ni se molestaban en si lo veían o no, era común verlo llegar alguna que otra vez por las noches, tirarse en el sillón sin saludar y dormir hasta entrado el día, o salir disparado con el primer ruido de la casa.
Aún así, las invitaciones no se detenían e infaltables estaban las animosas llamadas de Max, las estridentes de Tyson o las ecuánimes de Rei, incluso no faltaba el escueto mensaje ruso, ‘ya sabes’. Pues era conocimiento general que no tenía de otra si no quería pasársela a solas, la familia era una opción tan incuestionable como las fastuosas cenas de socios mercantiles.
Se dio cuenta de lo caótico que era su fin de año, ir de aquí a allá como errante sin que realmente se pudiera decir que era clásico que estuviera ahí, Navidad escuchando cánticos chinos en Japón, Año Nuevo viendo a un par de borrachos bailando también Japón; Navidad cayéndose de patines en una pista de hielo en Nueva York, Año Nuevo en una taberna helada en Rusia… había de todo.
Y justo el año que decidió que buscaría algo medianamente fijo, nada salió como esperaba.
11.10.09
Ese lazo que no pudimos romper
Siempre es lo mismo.
Piensa contemplando a sus compañeros encontrarse con sus familias después de casi dos meses de estar viajando por Europa. Recién aterrizó el jet privado y todos esperando en el hangar los reciben después de la larga espera. Se acomoda en la silla que eligió para hacer más llevadera su espera, ya se ha acostumbrado a eso. No que sea bueno, no que sea malo pero mira con hartazgo a los demás.
Sabe que de tantas veces que ha pasado bien podría acostumbrarse pero no quiere, no lo acepta por que de hacerlo sería como… reconocerlo. Él no lo hará, mas de uno creerá que es fácil, que es cualquier cosa teniendo los familiares como los que tiene. Incluso agradecer que no se aparecen ahí.
Pero no es así.
Ya ha acabado más de dos veces todos los juegos de su celular, se cansó de usar la conexión sin sentido, bosteza y mira a un lado y otro. Quizá con suerte alguno volteará a verlo y entenderá su gesto de urgencia, que ya quiere irse para acabar con la rutina de cada ocasión así.
Nadie le presta siquiera un segundo.
¿Quién los culpa? Vinieron a ver a sus familias no al malhumorado Hiwatari. Levanta la mirada, aún falta un buen rato para que llegue el autobús que habrá de llevarlos al restaurante donde el Sr. Dickenson les prometió celebrarlos.
Decide que es mejor hacer el recorrido misiones del ‘Metal Slug X’ que ver a los Tatibana seguirse abrazando entre llantos, u oír las pláticas entusiasmadas de los Tate intercambiando comentarios con los de China, aún mejor que las discusiones en broma de los Granger.
Si… destruir a los malos lanzándoles granadas es mejor que lo que tiene enfrente… corrección, lo que se le presenta enfrente, pues él no lo tiene… y no lo quiere; aunque le gustaría saber que se siente regresar después de un viaje y encontrarse con unos ojos ávidos por verlo, unas gargantas exclamando por su bien retorno.
Sonríe mientras presiona los botones; divertido de sus propios pensamientos. Lo ilógico de ellos. Una rata con rabia es mejor bienvenida que su abuelo, y lástima que su padre sea señalado sin razón, tampoco (los pocos que lo conocen) lo acogen bien.
¿Quién querría ser recibido por alguien así?
De milagro a él no lo han echado por el estigma que carga pero lo que hacen no es muy distinto. Es mejor ignorar que enfrentar, vaya que lo sabe bien.
-Ey viejo, ya llegó el autobús. Vamos.- Tyson exclama sacándolo de sus pensamientos.
Kai se estira, bosteza un poco y mira aburrido a los que van subiendo. Se levanta y con las manos en las bolsas se acerca un poco para esperar un momento y poder subir sin correr el riesgo de quedar en medio de un grupo familiar.
Siguen subiendo cuando el rechinido de un convoy de cinco vehículos se deja escuchar, cuatro autos se detienen y de ellos descienden unos quince hombres enfundados en trajes negros forman un camino que parte de la puerta de una gran camioneta. La puerta se abre, hay un grupo de murmullos expectantes por ver quien ha de aparecer.
Y se hace silencio cuando ven a Voltaire bajar de ella; el opulento hombre avanza con gesto despectivo dando solo una breve mirada a la concurrencia, seguido de él viene Susumu que si contempla plenamente a todos. Fuera del auto los dos hombres se detienen rodeados por su personal de seguridad.
-¿Cómo se atreve a aparecer aquí?- comenta Judy a su esposo.
-¿Qué demonios se cree viniendo como si nada?- Hiro exclama molesto pero su padre lo detiene antes de que haga algo.
-¿Qué hace aquí?- pregunta Lee entre dientes con un gesto claro de molestia.
Lo mismo se pregunta Kai, ‘¿qué hacen aquí?’
Después del silencio incómodo los que siguen afuera del autobús apresuran a los que se quedaron en la puerta para que aborden e irse tan rápido como puedan de ahí, no soportan la compañía de ese hombre. Aunque resulta ser que es Kai quien está por subir y no ha dado un solo paso pues no deja de ver a su padre y su abuelo.
-Muévete Hiwatari, tenemos hambre.- Lee grita para apurarlo.
Kai mueve la mirada y se hace a un lado. Ni siquiera puede ver con odio a Lee, está demasiado contrariado.
Los chinos suben siguiendo sus agresivos comentarios para el inesperado visitante, Kai los mira sin saber como reaccionar.
Tyson se acerca a él. -¿Qué esperas? ¡vamos se hace tarde!-
-Nn…- Kai articula mirando a cada momento a la distancia.
-¿Te quedarás?- pregunta Rei sabiendo que no hay mejor modo de confrontar la presente situación.
-No digas tonterías Rei, claro que no se va a quedar. ¿Por qué lo haría?-
-Tyson tiene razón, no es que hayan venido antes.- Max mira a Rei mientras pone una mano en su hombro.
-Si… nunca- Kai sigue pensativo.
-Nunca…- razona Tyson, -hasta ahora.-
-¿No fue él quien te usó y el otro el que te abandonó?- Hiro se acerca creyendo que sabe lo que es bueno para los demás, nunca ha sido entrenador de Kai pero siente que puede rebatir cosas con él.
-Si… ellos lo hicieron.- Kai da dos pasos hacia atrás alejándose de la puerta.
Ya han subido todos, solamente quedan los cinco muchachos.
-¿Qué esperan? ¡déjenlo ahí, ni que lo fuéramos a extrañar!- Lee grita desde adentro, los demás lo ignoran.
-¿Y?- Max urge aunque igual que Tyson entendió que no es una decisión fácil, podrían ser los seres más monstruosos del planeta. No un abuelo amoroso como Max los conoce, de esos que llegan repletos de regalos en Navidad y en tu cumpleaños es el primero en llamarte; para Max un papá es uno que tal vez no vive contigo pero sabes que si lo llamas y dices que irás a vivir con él, te abrirá las puertas de par en par, puede que no está ahí siempre pero no te dejará atrás.
No, estos no son los que conoce Max o cualquiera de los otros, por tanto, no tienen argumentos para decir si está bien o mal lo que Kai decida. Y Kai tampoco, aunque son su papá y su abuelo, jamás le ha gustado reparar en lo que ambos significan para él.
El que lo usó… pero no lo abandonó, incluso después de la más alta traición.
El que lo abandonó… pero no lo usó, aunque tuvo la oportunidad.
Esos que no han estado ahí cuando los necesita… o cuando no los necesita. Y que no quiere tampoco, con el tiempo todo ha resultado en eso. Es mejor si todos se quedan en su esquina sin molestarse más.
Pero en situaciones como ésta, no saben que hacer; algo, algo debió haberlos hecho venir. ¿Le gusta? ¿quiere que pase de nuevo?
Sonríe y baja la vista mientras niega, -Me quedo, los veo después.- Dice decidido con la mirada en alto y comienza a caminar hacia donde están los dos hombres. Sus tres compañeros lo ven alejarse, se encogen de hombros y suben dejando a Hiro confundido.
-¿No se odiaban?- pregunta a nadie en especial.
-Tal vez, ¿Quién los entiende?- dice Rei.
-Apuesto que ni ellos- Tyson exclama riendo, -¡aprisa Hiro que me muero de hambre!-
El autobús arranca dejando atrás a la comitiva de los recién llegados.
-¿Qué hacen aquí?- Kai formula entrando al círculo de seguridad.
Susumu mira a su papá y sonríe echándose las manos a las bolsas. Voltaire por su parte bufa mientras hace a un lado su teléfono. –Él quería venir, y no tenía ni para la gasolina de su auto.-
-Y él no consintió que viniera en autobús.- Susumu rió.
Kai asiente manteniendo a raya su indescriptible sorpresa y confusión extrema. Mira a Voltaire, él grita a alguien en la línea mientras llama agitando una mano a uno de sus asistentes para tomar un dictado, y Susumu sonríe de oreja a oreja mirando expectante a Kai, de pronto sube a la camioneta. Voltaire vuelve a agitar la mano y manda de regreso a todos a sus vehículos, aborda detrás de su hijo y mira a su nieto.
-¿Te quedarás ahí?-
Kai levanta la mirada y sigue a su abuelo.
Piensa contemplando a sus compañeros encontrarse con sus familias después de casi dos meses de estar viajando por Europa. Recién aterrizó el jet privado y todos esperando en el hangar los reciben después de la larga espera. Se acomoda en la silla que eligió para hacer más llevadera su espera, ya se ha acostumbrado a eso. No que sea bueno, no que sea malo pero mira con hartazgo a los demás.
Sabe que de tantas veces que ha pasado bien podría acostumbrarse pero no quiere, no lo acepta por que de hacerlo sería como… reconocerlo. Él no lo hará, mas de uno creerá que es fácil, que es cualquier cosa teniendo los familiares como los que tiene. Incluso agradecer que no se aparecen ahí.
Pero no es así.
Ya ha acabado más de dos veces todos los juegos de su celular, se cansó de usar la conexión sin sentido, bosteza y mira a un lado y otro. Quizá con suerte alguno volteará a verlo y entenderá su gesto de urgencia, que ya quiere irse para acabar con la rutina de cada ocasión así.
Nadie le presta siquiera un segundo.
¿Quién los culpa? Vinieron a ver a sus familias no al malhumorado Hiwatari. Levanta la mirada, aún falta un buen rato para que llegue el autobús que habrá de llevarlos al restaurante donde el Sr. Dickenson les prometió celebrarlos.
Decide que es mejor hacer el recorrido misiones del ‘Metal Slug X’ que ver a los Tatibana seguirse abrazando entre llantos, u oír las pláticas entusiasmadas de los Tate intercambiando comentarios con los de China, aún mejor que las discusiones en broma de los Granger.
Si… destruir a los malos lanzándoles granadas es mejor que lo que tiene enfrente… corrección, lo que se le presenta enfrente, pues él no lo tiene… y no lo quiere; aunque le gustaría saber que se siente regresar después de un viaje y encontrarse con unos ojos ávidos por verlo, unas gargantas exclamando por su bien retorno.
Sonríe mientras presiona los botones; divertido de sus propios pensamientos. Lo ilógico de ellos. Una rata con rabia es mejor bienvenida que su abuelo, y lástima que su padre sea señalado sin razón, tampoco (los pocos que lo conocen) lo acogen bien.
¿Quién querría ser recibido por alguien así?
De milagro a él no lo han echado por el estigma que carga pero lo que hacen no es muy distinto. Es mejor ignorar que enfrentar, vaya que lo sabe bien.
-Ey viejo, ya llegó el autobús. Vamos.- Tyson exclama sacándolo de sus pensamientos.
Kai se estira, bosteza un poco y mira aburrido a los que van subiendo. Se levanta y con las manos en las bolsas se acerca un poco para esperar un momento y poder subir sin correr el riesgo de quedar en medio de un grupo familiar.
Siguen subiendo cuando el rechinido de un convoy de cinco vehículos se deja escuchar, cuatro autos se detienen y de ellos descienden unos quince hombres enfundados en trajes negros forman un camino que parte de la puerta de una gran camioneta. La puerta se abre, hay un grupo de murmullos expectantes por ver quien ha de aparecer.
Y se hace silencio cuando ven a Voltaire bajar de ella; el opulento hombre avanza con gesto despectivo dando solo una breve mirada a la concurrencia, seguido de él viene Susumu que si contempla plenamente a todos. Fuera del auto los dos hombres se detienen rodeados por su personal de seguridad.
-¿Cómo se atreve a aparecer aquí?- comenta Judy a su esposo.
-¿Qué demonios se cree viniendo como si nada?- Hiro exclama molesto pero su padre lo detiene antes de que haga algo.
-¿Qué hace aquí?- pregunta Lee entre dientes con un gesto claro de molestia.
Lo mismo se pregunta Kai, ‘¿qué hacen aquí?’
Después del silencio incómodo los que siguen afuera del autobús apresuran a los que se quedaron en la puerta para que aborden e irse tan rápido como puedan de ahí, no soportan la compañía de ese hombre. Aunque resulta ser que es Kai quien está por subir y no ha dado un solo paso pues no deja de ver a su padre y su abuelo.
-Muévete Hiwatari, tenemos hambre.- Lee grita para apurarlo.
Kai mueve la mirada y se hace a un lado. Ni siquiera puede ver con odio a Lee, está demasiado contrariado.
Los chinos suben siguiendo sus agresivos comentarios para el inesperado visitante, Kai los mira sin saber como reaccionar.
Tyson se acerca a él. -¿Qué esperas? ¡vamos se hace tarde!-
-Nn…- Kai articula mirando a cada momento a la distancia.
-¿Te quedarás?- pregunta Rei sabiendo que no hay mejor modo de confrontar la presente situación.
-No digas tonterías Rei, claro que no se va a quedar. ¿Por qué lo haría?-
-Tyson tiene razón, no es que hayan venido antes.- Max mira a Rei mientras pone una mano en su hombro.
-Si… nunca- Kai sigue pensativo.
-Nunca…- razona Tyson, -hasta ahora.-
-¿No fue él quien te usó y el otro el que te abandonó?- Hiro se acerca creyendo que sabe lo que es bueno para los demás, nunca ha sido entrenador de Kai pero siente que puede rebatir cosas con él.
-Si… ellos lo hicieron.- Kai da dos pasos hacia atrás alejándose de la puerta.
Ya han subido todos, solamente quedan los cinco muchachos.
-¿Qué esperan? ¡déjenlo ahí, ni que lo fuéramos a extrañar!- Lee grita desde adentro, los demás lo ignoran.
-¿Y?- Max urge aunque igual que Tyson entendió que no es una decisión fácil, podrían ser los seres más monstruosos del planeta. No un abuelo amoroso como Max los conoce, de esos que llegan repletos de regalos en Navidad y en tu cumpleaños es el primero en llamarte; para Max un papá es uno que tal vez no vive contigo pero sabes que si lo llamas y dices que irás a vivir con él, te abrirá las puertas de par en par, puede que no está ahí siempre pero no te dejará atrás.
No, estos no son los que conoce Max o cualquiera de los otros, por tanto, no tienen argumentos para decir si está bien o mal lo que Kai decida. Y Kai tampoco, aunque son su papá y su abuelo, jamás le ha gustado reparar en lo que ambos significan para él.
El que lo usó… pero no lo abandonó, incluso después de la más alta traición.
El que lo abandonó… pero no lo usó, aunque tuvo la oportunidad.
Esos que no han estado ahí cuando los necesita… o cuando no los necesita. Y que no quiere tampoco, con el tiempo todo ha resultado en eso. Es mejor si todos se quedan en su esquina sin molestarse más.
Pero en situaciones como ésta, no saben que hacer; algo, algo debió haberlos hecho venir. ¿Le gusta? ¿quiere que pase de nuevo?
Sonríe y baja la vista mientras niega, -Me quedo, los veo después.- Dice decidido con la mirada en alto y comienza a caminar hacia donde están los dos hombres. Sus tres compañeros lo ven alejarse, se encogen de hombros y suben dejando a Hiro confundido.
-¿No se odiaban?- pregunta a nadie en especial.
-Tal vez, ¿Quién los entiende?- dice Rei.
-Apuesto que ni ellos- Tyson exclama riendo, -¡aprisa Hiro que me muero de hambre!-
El autobús arranca dejando atrás a la comitiva de los recién llegados.
-¿Qué hacen aquí?- Kai formula entrando al círculo de seguridad.
Susumu mira a su papá y sonríe echándose las manos a las bolsas. Voltaire por su parte bufa mientras hace a un lado su teléfono. –Él quería venir, y no tenía ni para la gasolina de su auto.-
-Y él no consintió que viniera en autobús.- Susumu rió.
Kai asiente manteniendo a raya su indescriptible sorpresa y confusión extrema. Mira a Voltaire, él grita a alguien en la línea mientras llama agitando una mano a uno de sus asistentes para tomar un dictado, y Susumu sonríe de oreja a oreja mirando expectante a Kai, de pronto sube a la camioneta. Voltaire vuelve a agitar la mano y manda de regreso a todos a sus vehículos, aborda detrás de su hijo y mira a su nieto.
-¿Te quedarás ahí?-
Kai levanta la mirada y sigue a su abuelo.
30.9.09
Trilogía de un desencanto encantador III
III. No, no es… pero no importa.
Hilary está molesta, no es raro podrás decir pero no es por lo habitual, de hecho no le molesta que Tyson mastique mientras platica con Max, que Kenny siga tratando (va casi una hora de esto) de explicarle a Daichi como la cinética y la fuerza de gravedad hacen que la gente no se caiga de ciertos juegos mecánicos, o que Hiro siga viendo embobado a las edecanes que por ahí pasan.
Rei ha notado su gesto desde que llegaron, porque debas saber que gracias a que el menor de los Granger consiguió salvar su año escolar, su hermano y su abuelo decidieron premiarlo con un viaje al parque de diversiones de la ciudad vecina al que invitaron a todos.
Lo que ni tú ni Rei saben es que ella está molesta porque Kai sigue sin aparecer. Podrás haberte imaginado (como ella) que después de esa (según ella) mágica noche donde los dos compartieron una plática amena, algunos secretos que nadie sabía (como que Hilary inventa historias románticas que sube a la red bajo un seudónimo o que algunas decisiones de negocios de Kai son tomadas por Niedeck o Danka –no preguntes cómo-) y un beso. Una nueva etapa iba a acontecer.
En la mente romántica de muchos, ellos comenzarían a verse día tras día mientras su amor (incubado desde ese flechazo) brotaría como un hermoso ser que ambos cuidarían como lo más preciado del mundo.
Error.
Uno es un inadaptado social, apenas dice lo necesario, parece incapaz de llevar una conversación que requiere de reciprocidad y tiene un humor de tantos altibajos como el de una menopáusica abandonada (que no lo demuestre es otra cosa), además una tolerancia igual de dispar, puede ser casi un buda la mayor parte del tiempo pero… ocasionalmente, esa menopáusica estalla y si no fuera por el castigo ante la ley, dejaría cadáveres a su paso.
La otra, bajo una facha de chica linda y amable está una bruja (en todo el aspecto de la palabra) frustrada (por aquello que la brujería pasó de moda), que de haber podido hechizaría a cuanto no le gusta, cuya mejor cualidad es que es una entusiasta sin igual, aunque todo le demuestre que no es buena para algo, ahí está, insiste que insiste hasta que se cansa sin reconocer su derrota.
Los dos son dominantes, son agresivos, mandones, enojones, creen tener siempre la razón, no les gusta hablar de cosas que no les gustan. Cuando quieren ayudar parece que causan más daño que nada, si intentan ser amables para los demás es la señal del Apocalipsis.
El mejor modo de Kai para ayudar es dejar que se retuerzan en sus errores hasta que con un poco de mano dura encuentren una salida del atolladero. Mientras Hilary les grita (literalmente) todas las fallas que tienen, lo mal que lo hacen y lo que deberían hacer una y otra vez, hasta que de tanto hartazgo el pobre que recibe la ‘ayuda’ encuentra que no es tan inútil y consigue solucionar su problema.
¿No dicen que polos iguales se repelen?
Visto de lejos, por un lado la castaña con cuerpo de niña que no crecerá, una cara lozana con ojos avizores y optimistas, todo en ella grita de vida y que ella misma exclama a los cuatro vientos su gusto por todo; y por el otro, un muchacho que parece que creció antes de tiempo, un par de ojos que muestran nada enmarcados por una cara apática y un tono de piel nada saludable pero una condición física que dice lo contrario; pareciera que son perfectos opuestos.
Polos opuestos se atraen, entonces la regla natural de la vida es que estos terminen de pareja.
Pero nada es tan fácil.
-¿Quieres un poco de soda Hil?- Rei trata de aligerarle un poco el humor.
-No gracias Rei.-
-¿Qué te pasa?- pregunta calmadamente.
-¿Qué me pasa? ¿qué le pasa a él?- exclama de pronto.
-¿Él?-
-A Kai, ¿qué se cree? ¿no dijo que vendría?-
-Bueno si, pero que llegaría más tarde, tenía unos pendientes.-
-Si claro, se cree el rey del universo y todos deben disponer del tiempo como él decida.- Ella exclama y se levanta indignada.
Rei se queda en silencio, sorprendido de la repentina explosión de la chica. Como que sabe que tiene que saber qué le pasa, pero está cansado de ser el mediador del equipo, tal vez, tal vez sólo por ese día se merezca un descanso. Y contra todo pronóstico, Rei Kon deja a su amiga con su problema sin tratar de ayudarla.
Hay sorpresas este día ¿no?
Agreguemos una más. Kai ha aparecido y se acerca a ellos, justo donde le dijeron que estarían (y que en nada le sorprendió): el área de comida.
-¡Eh aguafiestas, por aquí!- Tyson grita lanzando pedacitos de pollo con baba a los demás.
-Agh, Tyson ¡no hables mientras comes!- Hilary se pone de peor humor.
-Al fin llegas, pensamos que no ibas a venir.- Max lo saludo haciéndole espacio en la mesa, pero Kai decide que es mejor sentarse en otra.
-Dije que vendría.-
-De acuerdo, ¡vamos al Xtreme Race!-
-No, no, al Deep Darkness-
-…la aventura del Tío Tom- se escuchó la vocecita de Kenny, pues él no quiere ir a esas locas atracciones que Tyson y Max nombran.
Y como es de esperarse, las discusiones se reinician. Hiro y el abuelo se miran, bueno, el abuelo mira a Hiro porque el hermano de Tyson no puede dejar de ver a una linda trigueña que ofrece globos. Cuando Hiro le devuelve la mirada, es tarde, el abuelo ha decidido.
-Los que quieran las emociones fuertes vengan con el abuelo, los que no… con el viejo Hiro.- Aclama y levantando un brazo se va caminando.
Tyson, Max y Daichi van tras él; Hiro se queda petrificado, llama a su abuelo pero no es atendido, suspira y con la cabeza baja reconociendo su derrota llama.
-De acuerdo, vamos por acá.-
Kenny es el único que lo sigue sin dudar, Rei mira a los dos grupos comenzar a separarse. Ni Hilary ni Kai se han movido un milímetro. -¿A dónde irán?-
Nadie le responde, Hilary sigue fumando su coraje, Kai simplemente no piensa moverse de ahí.
-¿Van a ir con alguno?... ¿piensan moverse de ahí?-
Nada.
Rei suspira y sigue a Hiro, tal vez tampoco está hecho para esas emociones fuertes. Los dos restantes se quedan ahí, en silencio sin hacer mucho por entablar una plática o siquiera saludarse.
Sabemos que Kai tiene una paciencia casi infinita cuando algo no le molesta cosa contraria con Hilary que al tener al lado la razón de todas sus frustraciones del día no aguanta mucho tiempo.
-Muy bien, ¿vas a decirme por qué no has ido con Tyson?-
-No.-
-¿Por qué?-
-¿Por qué debería?-
Hilary cuenta hasta diez, y replantea su pregunta, -¿Te molesta si te pregunto a dónde has estado?-
Kai niega, -No, no me molesta.-
Hilary adelanta un poco la cara como esperando oír bien la respuesta de Kai, pero esta no llega. -¿Y… por que no contestas?-
-Dije que no me molesta que me preguntes, no que contestaría.-
-¿Qué pasa contigo?-
-No, ¿qué te pasa a tí? ¿qué pretendes?- Kai pregunta entre sorpresa y molestia.
-¿De qué hablas?-
-¿Quién te crees que eres como para cuestionarme o esperar razones de lo que hago o dejo de hacer?-
Hilary abre bastante los ojos y baja la cabeza, -Pensé que… tú… ¡no! ¿qué te crees?-
-Eres tú la que dice irracionalidades.-
Ella está por estallar, -¡Vete al diablo! Sólo me preocupé por ti- le grita y se va corriendo.
Kai se queda sin palabras, sentado y viéndola alejarse. Pero que problemática es la situación ahora, sólo quería ir y distraerse un rato, le hace mucha falta pero ahora ha creado un problema que no quería, si no había ido (además de la notable carga de trabajo que tiene) es por miedo.
Si, aunque no lo creas ese Kai Hiwatari que se enfrenta a locos bipolares tiene miedo de no saber como manejar la situación ante Hilary, porque es algo nuevo y algo que no había hecho antes. Sabe que es un tonto para esas cuestiones, pero vamos; él preferiría mil veces que lo vean como un insensible antes que como un tonto.
Pero al igual que aquellos dos días que convivieron en su casa, no quiere dejar así la situación.
Hilary corre tanto como puede, ya que no es ni maratonista ni hace mucho ejercicio, se cansa a los tres minutos. Con paso lento empieza a vagar por el parque de diversiones sin prestar mucha atención a donde va. Llega a… alguna parte. Se sienta en una banquita compartida con una pareja de ancianos, ella está cansada de eso: Intentar entender al conflictivo muchacho y pensar que puede esperar algo de él, ha tratado de convencerse que el beso aquél y esa agradable velada fue un capricho de Kai que jugó con los nobles sentimientos de ella y sólo se aprovechó de su inocencia… ni que le hubiera hecho que.
Pero no puede, sabe que ella también le dio cabida; que la ceguera sentimental e inexperiencia de Kai lo llevó a una situación que no podía manejar, y que ella (aunque no es lo que podría calificarse de mercenaria del amor) dio paso a algunas cosas. Fue cuestión de dos, y ni ella puede esperar que él caiga rendido a sus pies, ni él debiera ser tan frío.
La niña berrinchuda y el idiota sentimental. ¿Polos opuestos o idénticos?
Más que repulsión o atracción, hay una tensión estática que no los deja en paz.
Kai camina para distraerse, ha decidido que si la encuentra tratará de reparar la situación, sino… pues no. Pasa el tiempo, y el destino decide que se cansó de tanto rodeo para cuando ella se detiene a comprar un helado, él ha decidido que tiene hambre. Así que los ojos cafés de ella se topan con los rojos de él, ella también se convenció de que pondrá las cosas en claro, así que lejos de salir corriendo, gritarle o plantarle una soberana cachetada (como llegó a ocurrírsele) se sienta mirándolo de frente.
Kai hace a un lado su ensalada y la mira atento.
-No quería decirte eso. Malentendí las cosas.-
-Yo no supe explicarlas.-
-Entenderás que no esto no es lo normal para ninguno de nosotros.-
-Y que lo digas.-
-¿Sólo comes ensalada? Con razón.-
-Ese helado explica ciertas cosas.-
-¿Qué se supone que significa eso?-
-Lo mismo quisiera saber.-
De pronto ella echa a reír y él sonríe, percatándose de cómo la conversación de nuevo empieza a decantar en una discusión, pero ellos la detienen a tiempo.
-Muy bien, Kai Hiwatari me gustas, pero no estoy acostumbrada a tantas desapariciones y ausencias largas…- ella expresa con una seguridad impresionante, aunque le traicionan los temblores de sus piernas, su voz no duda.
-No me…- nada que ver con Kai, que ni se atreve a verle de frente ni tampoco puede hilar la frase completa… -no me eres… indiferente.-
Vaya, Kai puede ser tan obtuso como Tyson ocasionalmente Hilary nota con interés (y una sonrisa que no muestra) cuando menos hay que reconocerle que pudo expresar algo.
-No me gusta no saber lo que pasa con las personas que me interesan, no me gusta que me traten como si no existiera o como si nada de lo que he hecho por ellos les importara.- Ella siente que lleva las de ganar, y se aprovecha para expresar todo lo que tiene que decir.
-No suelo decir nada… a nadie.- Kai sigue en su remolino de ideas y palabras.
-¿Por qué? Es agradable preocuparte por los demás, y que los demás se preocupen por ti.-
-Es más fácil pensar del modo contrario, ¿buscar lo que ya no tienes?-
De pronto Hilary recuerda la casa, Chow-chow y la condición de depósito de objetos abandonados que es ahora la casa Hiwatari. Esa seguridad empieza a temblar tanto como sus piernas, -Pero no debiera ser así…-
Kai se encoge de hombros, -¿Para que molestarse en pensar así? No cambias lo que no puedes controlar.-
De pronto hacen otra pausa, contrario a lo de hace rato; la conversación amenaza con irse al otro extremo: el sentimiento barato.
-¿Y qué propones?- Hilary trata de regresar las cosas a mejor curso.
-Un punto medio.- Kai sonríe y el temblor de Hilary no cede, aunque éste… es agradable.
-No puedes esperar que deje de preocuparme o de preguntar, quiero preocuparme y quiero preguntar porque me interesa.-
-Hazlo si eso es lo que quieres hacer, pero no exageres.-
Hilary hace una mueca, -¿Y tú qué?-
-¿Dar un poco más de información?-
Ella se queda pensativa, -Podría ser… ¿y a dónde has estado?-
Kai le mira con una leve molestia por aprovecharse de la situación. –Trabajo de las empresas y la escuela, viaje de negocios.-
-¿A dónde fuiste? ¿Qué tal te fue?-
-China, bien.-
-¿Qué hiciste? ¿cuánto tiempo anduviste por allá?-
- No exageres.- Él sentencia y ella se pone a reír.
La risa desencajada de esa bruja frustrada llega a los oídos del inadaptado social como música ligera, agradable. Y sonríe también.
El sol va apuntándose al poniente, las bocinas a lo largo y ancho del parque de diversiones anuncian el pronto cierre, justo donde fue el punto de reunión de los grupos divididos coinciden al mismo tiempo. Hiro, Kenny y Rei llegan platicando y riendo a carcajadas recordando lo agradable que resultó se aquella ‘Aventura del Tío Tom’ al igual que el espectáculo de delfines y la granja interactiva.
Por el otro lado, Kai y Hilary comen helado mientras ven interesados las reacciones de todos.
Al final, el abuelo y los otros tres con cara de pocos amigos, Daichi llega sin camisa, Max con un pálido de muerte y Tyson discutiendo con el abuelo.
-¿Tenías que convencerlos que Daichi era mayor? ¡se vomitó enfrente de todos!-
El abuelo le responde, -¿Quién dijo que no era un recorrido muy rápido? El pobre pequeño se marea aún en el subterráneo.-
-¿Podemos irnos? Creo que no me siento muy bien.- Max dice con un susurro apenas inteligible.
-¿Qué les pasó?- Hilary pregunta divertida.
-¿Qué? Que el niño mono se mareó y dejó su camisa lista para la basura, que el abuelo no pudo subir a ninguno de los juegos por su edad, que Max se enfermó con las papas fritas con mayonesa, que al único juego que pude subir Daichi lo arruinó.- Tyson grita.
Todos miran a Daichi con cara de desagrado, quizá se deshicieron de la ropa pero el olor sigue ahí.
Kai mira a Hilary, -Ellos cabrán mejor si no vas con ellos.-
Y ella (ocultando su sorpresa) asiente, -Nos vemos chicos, buen viaje.-
-¡Espera! ¡No me dejes con ellos!- Kenny exclama casi asustado.
-¿Por qué nos dejas?- Tyson indignado.
-Ustedes me dejaron.- Ella sonríe con malicia, vengándose por el hecho que nadie la invitó a ir con ellos cuando los grupos se separaron.
Lo bruja le salió de pronto, y esa notable capacidad de indiferencia de Kai le vino bien, los dos se alejaron dejando atrás los llamados de todos.
No era el príncipe azul abandonado y desprotegido, urgido de cariño que Hilary imaginó. Tampoco ese romántico sensible, considerado y detallista que pudo haber querido, pero tampoco ese frío y agresivo solitario que todos conocían… ok, tal vez Kai si lo era, pero ella logró conseguir un poco mas.
No había resultado tan desencantador.
-------
Bueno, mis disculpas te había dicho que sería pronta pero por una u otra cosa. Le falto otro beso casi puedo imaginar que dirás, al menos si hubo uno. Jajaja!
Hilary está molesta, no es raro podrás decir pero no es por lo habitual, de hecho no le molesta que Tyson mastique mientras platica con Max, que Kenny siga tratando (va casi una hora de esto) de explicarle a Daichi como la cinética y la fuerza de gravedad hacen que la gente no se caiga de ciertos juegos mecánicos, o que Hiro siga viendo embobado a las edecanes que por ahí pasan.
Rei ha notado su gesto desde que llegaron, porque debas saber que gracias a que el menor de los Granger consiguió salvar su año escolar, su hermano y su abuelo decidieron premiarlo con un viaje al parque de diversiones de la ciudad vecina al que invitaron a todos.
Lo que ni tú ni Rei saben es que ella está molesta porque Kai sigue sin aparecer. Podrás haberte imaginado (como ella) que después de esa (según ella) mágica noche donde los dos compartieron una plática amena, algunos secretos que nadie sabía (como que Hilary inventa historias románticas que sube a la red bajo un seudónimo o que algunas decisiones de negocios de Kai son tomadas por Niedeck o Danka –no preguntes cómo-) y un beso. Una nueva etapa iba a acontecer.
En la mente romántica de muchos, ellos comenzarían a verse día tras día mientras su amor (incubado desde ese flechazo) brotaría como un hermoso ser que ambos cuidarían como lo más preciado del mundo.
Error.
Uno es un inadaptado social, apenas dice lo necesario, parece incapaz de llevar una conversación que requiere de reciprocidad y tiene un humor de tantos altibajos como el de una menopáusica abandonada (que no lo demuestre es otra cosa), además una tolerancia igual de dispar, puede ser casi un buda la mayor parte del tiempo pero… ocasionalmente, esa menopáusica estalla y si no fuera por el castigo ante la ley, dejaría cadáveres a su paso.
La otra, bajo una facha de chica linda y amable está una bruja (en todo el aspecto de la palabra) frustrada (por aquello que la brujería pasó de moda), que de haber podido hechizaría a cuanto no le gusta, cuya mejor cualidad es que es una entusiasta sin igual, aunque todo le demuestre que no es buena para algo, ahí está, insiste que insiste hasta que se cansa sin reconocer su derrota.
Los dos son dominantes, son agresivos, mandones, enojones, creen tener siempre la razón, no les gusta hablar de cosas que no les gustan. Cuando quieren ayudar parece que causan más daño que nada, si intentan ser amables para los demás es la señal del Apocalipsis.
El mejor modo de Kai para ayudar es dejar que se retuerzan en sus errores hasta que con un poco de mano dura encuentren una salida del atolladero. Mientras Hilary les grita (literalmente) todas las fallas que tienen, lo mal que lo hacen y lo que deberían hacer una y otra vez, hasta que de tanto hartazgo el pobre que recibe la ‘ayuda’ encuentra que no es tan inútil y consigue solucionar su problema.
¿No dicen que polos iguales se repelen?
Visto de lejos, por un lado la castaña con cuerpo de niña que no crecerá, una cara lozana con ojos avizores y optimistas, todo en ella grita de vida y que ella misma exclama a los cuatro vientos su gusto por todo; y por el otro, un muchacho que parece que creció antes de tiempo, un par de ojos que muestran nada enmarcados por una cara apática y un tono de piel nada saludable pero una condición física que dice lo contrario; pareciera que son perfectos opuestos.
Polos opuestos se atraen, entonces la regla natural de la vida es que estos terminen de pareja.
Pero nada es tan fácil.
-¿Quieres un poco de soda Hil?- Rei trata de aligerarle un poco el humor.
-No gracias Rei.-
-¿Qué te pasa?- pregunta calmadamente.
-¿Qué me pasa? ¿qué le pasa a él?- exclama de pronto.
-¿Él?-
-A Kai, ¿qué se cree? ¿no dijo que vendría?-
-Bueno si, pero que llegaría más tarde, tenía unos pendientes.-
-Si claro, se cree el rey del universo y todos deben disponer del tiempo como él decida.- Ella exclama y se levanta indignada.
Rei se queda en silencio, sorprendido de la repentina explosión de la chica. Como que sabe que tiene que saber qué le pasa, pero está cansado de ser el mediador del equipo, tal vez, tal vez sólo por ese día se merezca un descanso. Y contra todo pronóstico, Rei Kon deja a su amiga con su problema sin tratar de ayudarla.
Hay sorpresas este día ¿no?
Agreguemos una más. Kai ha aparecido y se acerca a ellos, justo donde le dijeron que estarían (y que en nada le sorprendió): el área de comida.
-¡Eh aguafiestas, por aquí!- Tyson grita lanzando pedacitos de pollo con baba a los demás.
-Agh, Tyson ¡no hables mientras comes!- Hilary se pone de peor humor.
-Al fin llegas, pensamos que no ibas a venir.- Max lo saludo haciéndole espacio en la mesa, pero Kai decide que es mejor sentarse en otra.
-Dije que vendría.-
-De acuerdo, ¡vamos al Xtreme Race!-
-No, no, al Deep Darkness-
-…la aventura del Tío Tom- se escuchó la vocecita de Kenny, pues él no quiere ir a esas locas atracciones que Tyson y Max nombran.
Y como es de esperarse, las discusiones se reinician. Hiro y el abuelo se miran, bueno, el abuelo mira a Hiro porque el hermano de Tyson no puede dejar de ver a una linda trigueña que ofrece globos. Cuando Hiro le devuelve la mirada, es tarde, el abuelo ha decidido.
-Los que quieran las emociones fuertes vengan con el abuelo, los que no… con el viejo Hiro.- Aclama y levantando un brazo se va caminando.
Tyson, Max y Daichi van tras él; Hiro se queda petrificado, llama a su abuelo pero no es atendido, suspira y con la cabeza baja reconociendo su derrota llama.
-De acuerdo, vamos por acá.-
Kenny es el único que lo sigue sin dudar, Rei mira a los dos grupos comenzar a separarse. Ni Hilary ni Kai se han movido un milímetro. -¿A dónde irán?-
Nadie le responde, Hilary sigue fumando su coraje, Kai simplemente no piensa moverse de ahí.
-¿Van a ir con alguno?... ¿piensan moverse de ahí?-
Nada.
Rei suspira y sigue a Hiro, tal vez tampoco está hecho para esas emociones fuertes. Los dos restantes se quedan ahí, en silencio sin hacer mucho por entablar una plática o siquiera saludarse.
Sabemos que Kai tiene una paciencia casi infinita cuando algo no le molesta cosa contraria con Hilary que al tener al lado la razón de todas sus frustraciones del día no aguanta mucho tiempo.
-Muy bien, ¿vas a decirme por qué no has ido con Tyson?-
-No.-
-¿Por qué?-
-¿Por qué debería?-
Hilary cuenta hasta diez, y replantea su pregunta, -¿Te molesta si te pregunto a dónde has estado?-
Kai niega, -No, no me molesta.-
Hilary adelanta un poco la cara como esperando oír bien la respuesta de Kai, pero esta no llega. -¿Y… por que no contestas?-
-Dije que no me molesta que me preguntes, no que contestaría.-
-¿Qué pasa contigo?-
-No, ¿qué te pasa a tí? ¿qué pretendes?- Kai pregunta entre sorpresa y molestia.
-¿De qué hablas?-
-¿Quién te crees que eres como para cuestionarme o esperar razones de lo que hago o dejo de hacer?-
Hilary abre bastante los ojos y baja la cabeza, -Pensé que… tú… ¡no! ¿qué te crees?-
-Eres tú la que dice irracionalidades.-
Ella está por estallar, -¡Vete al diablo! Sólo me preocupé por ti- le grita y se va corriendo.
Kai se queda sin palabras, sentado y viéndola alejarse. Pero que problemática es la situación ahora, sólo quería ir y distraerse un rato, le hace mucha falta pero ahora ha creado un problema que no quería, si no había ido (además de la notable carga de trabajo que tiene) es por miedo.
Si, aunque no lo creas ese Kai Hiwatari que se enfrenta a locos bipolares tiene miedo de no saber como manejar la situación ante Hilary, porque es algo nuevo y algo que no había hecho antes. Sabe que es un tonto para esas cuestiones, pero vamos; él preferiría mil veces que lo vean como un insensible antes que como un tonto.
Pero al igual que aquellos dos días que convivieron en su casa, no quiere dejar así la situación.
Hilary corre tanto como puede, ya que no es ni maratonista ni hace mucho ejercicio, se cansa a los tres minutos. Con paso lento empieza a vagar por el parque de diversiones sin prestar mucha atención a donde va. Llega a… alguna parte. Se sienta en una banquita compartida con una pareja de ancianos, ella está cansada de eso: Intentar entender al conflictivo muchacho y pensar que puede esperar algo de él, ha tratado de convencerse que el beso aquél y esa agradable velada fue un capricho de Kai que jugó con los nobles sentimientos de ella y sólo se aprovechó de su inocencia… ni que le hubiera hecho que.
Pero no puede, sabe que ella también le dio cabida; que la ceguera sentimental e inexperiencia de Kai lo llevó a una situación que no podía manejar, y que ella (aunque no es lo que podría calificarse de mercenaria del amor) dio paso a algunas cosas. Fue cuestión de dos, y ni ella puede esperar que él caiga rendido a sus pies, ni él debiera ser tan frío.
La niña berrinchuda y el idiota sentimental. ¿Polos opuestos o idénticos?
Más que repulsión o atracción, hay una tensión estática que no los deja en paz.
Kai camina para distraerse, ha decidido que si la encuentra tratará de reparar la situación, sino… pues no. Pasa el tiempo, y el destino decide que se cansó de tanto rodeo para cuando ella se detiene a comprar un helado, él ha decidido que tiene hambre. Así que los ojos cafés de ella se topan con los rojos de él, ella también se convenció de que pondrá las cosas en claro, así que lejos de salir corriendo, gritarle o plantarle una soberana cachetada (como llegó a ocurrírsele) se sienta mirándolo de frente.
Kai hace a un lado su ensalada y la mira atento.
-No quería decirte eso. Malentendí las cosas.-
-Yo no supe explicarlas.-
-Entenderás que no esto no es lo normal para ninguno de nosotros.-
-Y que lo digas.-
-¿Sólo comes ensalada? Con razón.-
-Ese helado explica ciertas cosas.-
-¿Qué se supone que significa eso?-
-Lo mismo quisiera saber.-
De pronto ella echa a reír y él sonríe, percatándose de cómo la conversación de nuevo empieza a decantar en una discusión, pero ellos la detienen a tiempo.
-Muy bien, Kai Hiwatari me gustas, pero no estoy acostumbrada a tantas desapariciones y ausencias largas…- ella expresa con una seguridad impresionante, aunque le traicionan los temblores de sus piernas, su voz no duda.
-No me…- nada que ver con Kai, que ni se atreve a verle de frente ni tampoco puede hilar la frase completa… -no me eres… indiferente.-
Vaya, Kai puede ser tan obtuso como Tyson ocasionalmente Hilary nota con interés (y una sonrisa que no muestra) cuando menos hay que reconocerle que pudo expresar algo.
-No me gusta no saber lo que pasa con las personas que me interesan, no me gusta que me traten como si no existiera o como si nada de lo que he hecho por ellos les importara.- Ella siente que lleva las de ganar, y se aprovecha para expresar todo lo que tiene que decir.
-No suelo decir nada… a nadie.- Kai sigue en su remolino de ideas y palabras.
-¿Por qué? Es agradable preocuparte por los demás, y que los demás se preocupen por ti.-
-Es más fácil pensar del modo contrario, ¿buscar lo que ya no tienes?-
De pronto Hilary recuerda la casa, Chow-chow y la condición de depósito de objetos abandonados que es ahora la casa Hiwatari. Esa seguridad empieza a temblar tanto como sus piernas, -Pero no debiera ser así…-
Kai se encoge de hombros, -¿Para que molestarse en pensar así? No cambias lo que no puedes controlar.-
De pronto hacen otra pausa, contrario a lo de hace rato; la conversación amenaza con irse al otro extremo: el sentimiento barato.
-¿Y qué propones?- Hilary trata de regresar las cosas a mejor curso.
-Un punto medio.- Kai sonríe y el temblor de Hilary no cede, aunque éste… es agradable.
-No puedes esperar que deje de preocuparme o de preguntar, quiero preocuparme y quiero preguntar porque me interesa.-
-Hazlo si eso es lo que quieres hacer, pero no exageres.-
Hilary hace una mueca, -¿Y tú qué?-
-¿Dar un poco más de información?-
Ella se queda pensativa, -Podría ser… ¿y a dónde has estado?-
Kai le mira con una leve molestia por aprovecharse de la situación. –Trabajo de las empresas y la escuela, viaje de negocios.-
-¿A dónde fuiste? ¿Qué tal te fue?-
-China, bien.-
-¿Qué hiciste? ¿cuánto tiempo anduviste por allá?-
- No exageres.- Él sentencia y ella se pone a reír.
La risa desencajada de esa bruja frustrada llega a los oídos del inadaptado social como música ligera, agradable. Y sonríe también.
El sol va apuntándose al poniente, las bocinas a lo largo y ancho del parque de diversiones anuncian el pronto cierre, justo donde fue el punto de reunión de los grupos divididos coinciden al mismo tiempo. Hiro, Kenny y Rei llegan platicando y riendo a carcajadas recordando lo agradable que resultó se aquella ‘Aventura del Tío Tom’ al igual que el espectáculo de delfines y la granja interactiva.
Por el otro lado, Kai y Hilary comen helado mientras ven interesados las reacciones de todos.
Al final, el abuelo y los otros tres con cara de pocos amigos, Daichi llega sin camisa, Max con un pálido de muerte y Tyson discutiendo con el abuelo.
-¿Tenías que convencerlos que Daichi era mayor? ¡se vomitó enfrente de todos!-
El abuelo le responde, -¿Quién dijo que no era un recorrido muy rápido? El pobre pequeño se marea aún en el subterráneo.-
-¿Podemos irnos? Creo que no me siento muy bien.- Max dice con un susurro apenas inteligible.
-¿Qué les pasó?- Hilary pregunta divertida.
-¿Qué? Que el niño mono se mareó y dejó su camisa lista para la basura, que el abuelo no pudo subir a ninguno de los juegos por su edad, que Max se enfermó con las papas fritas con mayonesa, que al único juego que pude subir Daichi lo arruinó.- Tyson grita.
Todos miran a Daichi con cara de desagrado, quizá se deshicieron de la ropa pero el olor sigue ahí.
Kai mira a Hilary, -Ellos cabrán mejor si no vas con ellos.-
Y ella (ocultando su sorpresa) asiente, -Nos vemos chicos, buen viaje.-
-¡Espera! ¡No me dejes con ellos!- Kenny exclama casi asustado.
-¿Por qué nos dejas?- Tyson indignado.
-Ustedes me dejaron.- Ella sonríe con malicia, vengándose por el hecho que nadie la invitó a ir con ellos cuando los grupos se separaron.
Lo bruja le salió de pronto, y esa notable capacidad de indiferencia de Kai le vino bien, los dos se alejaron dejando atrás los llamados de todos.
No era el príncipe azul abandonado y desprotegido, urgido de cariño que Hilary imaginó. Tampoco ese romántico sensible, considerado y detallista que pudo haber querido, pero tampoco ese frío y agresivo solitario que todos conocían… ok, tal vez Kai si lo era, pero ella logró conseguir un poco mas.
No había resultado tan desencantador.
-------
Bueno, mis disculpas te había dicho que sería pronta pero por una u otra cosa. Le falto otro beso casi puedo imaginar que dirás, al menos si hubo uno. Jajaja!
19.9.09
Trilogía de un desencanto encantador II
Podrìa ser
H
Abres los ojos, no es muy temprano dada la luz que entra por las ventanas. Le das un repaso alrededor.
De esto no te habías dado cuenta anoche.
La casa no sólo es un desastre afuera. También adentro… bueno, no que estén ratas y moscas habitando la sala, de hecho hay un orden en todo pero se ve tan… vacío. No hay televisión, ni estéreo o algún aparato que amenice la estancia en la sala. Decides ir a investigar si Kai sigue dormido, pasando por el gran comedor encuentras una nota.
“Cosas que hacer, regreso.”
‘Que explicativo’ piensas sarcásticamente, entonces Kai no está en la casa. ‘Uhm, interesante descubrimiento’ quizá puedas hallar algunas respuestas o… cuando menos saciar esa tendencia a ser metiche… es decir, de natural curiosidad.
Comienzas a recorrer la casa, haces una breve parada en la cocina para ingerir algo porque tu estomago se parece a ese perro, gruñe como loco. No hay mucho de donde escoger pero hay suficiente variedad, notas que la cocina se ve que sí es ocupada, hay algunos trastes limpios y señal de que hay gas en la estufa, pero se siente ese mismo vacío que en la sala.
Prosigues con el pasillo por donde él se dirigió a su cuarto, la puerta esta cerrada y aún no reúnes el valor para abrirla, será después. Hay otra hilera de puertas a lo largo de dicho pasillo, intentas abrir una y otra. Dos de los cinco cuartos parecen ser bodegas, están repletos de cajas y muebles empolvados. Otras dos puertas no se abren, la última si puede accesarse aunque mejor la hubieras dejado cerrada, la pequeña bola de pelos brinca sobre ti lista a hincarte sus dientes, a tiempo cierras la puerta y el animalillo rasga furioso mientras ladra como si no hubiera mañana.
Esa era una habitación… conseguiste ver una cama… ¿de quién?
Hay que seguir la revisión, subes lentamente la escalera; la madera cruje y te hace sentir que cederá ante tu peso (nota mental, necesitas una dieta) consigues llegar y tu sorpresa no podía ser mayor.
Todo está abandonado.
Y en toda la extensión de la palabra. No hay muebles, ni alfombras, sillones, nada… la sala de arriba es un espacio vacío. Ves dos pequeños pasillos con más puertas, quieres ir a ver pero entiendes que estás regresando a lo mismo de anoche: te estás inmiscuyendo de más.
Regresas sobre tus pasos hasta la cocina.
K
Nada ha estado saliendo como lo esperabas, nada raro realmente. Has acabado con tus pendientes y entonces recuerdas a la inesperada huésped de la casa.
Tu despensa mensual está a la perfección pero seguramente Hilary buscará algo más, no podrías jurarlo pero no te cuesta imaginar que sus gustos alimenticios van por la misma línea de los de Tyson aunque en cantidades muy distintas… eso es, comida rápida, postres, picante y grasa. No eres afecto a todo ello.
Quizá sea más como Tyson y la comida sea la bandera de paz, a ver si con eso ella se queda satisfecha y vuelve a marcar su distancia de siempre, será bueno… ¿verdad? Bueno no, pero será lo mejor.
Recorres el supermercado con un carrito, nunca lo haces pero no estás en condiciones de estar cargando nada. Te quedas eternidades delante de los anaqueles, no tienes idea de que llevar exactamente, no sabías que hubiera tanta variedad de esa comida.
Necesitas preguntar. Ves a una tímida encargada que te mira desde la esquina del pasillo, tratas de llamarla pero antes de mover el brazo para atraer su atención ella se esfuma.
Gruñes… éste será un día aún más largo de lo esperado.
Y apenas son las 11.
H
No serás cheff, no serás cocinera, ni ayudante de cocinera… pero eres genial. Conseguiste hacer un platillo sin quemar nada, sin hacer (tanto) desastre, sin romper un solo vaso, sin que quedaras como una víctima de una guerra de comida. Ves orgullosa tu creación cociéndose en el horno. ¡Bravo!
Han pasado ya tres horas y media, ¿a dónde pudo haber ido?
Ya llamaste a casa reportando (mas o menos tu ubicación –jamás te lo creerían o si lo hicieran, tu madre vendría como huracán a sacarte de aquí-), necesitas un cambio de ropa, un baño… ¿dónde está Kai?
Decides hacer un poco de tiempo, no abandonarás el cocimiento de tu proeza en ese horno. Sales al patio para darle una mejor vista, la noche anterior se veía como jardín público ahora que lo contemplas, te das cuenta que es peor. Parece una de esas zonas salvajes que salen en los documentales de naturaleza, las hierbas y el pasto crecen a placer, los pocos árboles están tupidos de frutos que de madurar y no ser recogidos llenan de fruta aplastada el piso, algunos arbustos que sin duda en algún momento tuvieron formas ahora se parecen a los dibujos de Daichi.
¿Qué pasó con este lugar?
El samoyedo llega corriendo y se detiene en seco, te reconoce y se acerca dócilmente. Su nombre… -Niedeck- él ladra animado.
De pronto se da la vuelta y se va corriendo, no hay nada mejor que hacer, lo sigues esperando que no te vaya a salir alguna alimaña de entre la hierba. Yendo a la parte trasera de la casa te quedas sin palabras, la extensión del patio es casi el triple del de enfrente, aquí el pasto está cortado en una pequeña extensión formando un cuadro perfecto, puedes distinguir las dos casas de los perros y los ves juguetear entre ellos.
Dirías que eso es raro, pero lo que se lleva las palmas es la enorme alberca que se extiende a tu vista, bueno, siendo objetiva no es tan grande pero para ti una alberca inflable de dos metros es enorme, así que ésta casi parece olímpica.
Aunque para no variar… vacía, descuidada, llena de hojas secas le da un aspecto tan deplorable a todo…
Te sientas en la orilla, mientras Danka llega corriendo y salta adentro, revolcándose entre la cama de hojas secas. Sonríes viéndola, aunque no evitas preguntarte ¿cómo vino este lugar a terminar así?
K
Son la dos con cincuenta, parece que has acabado por hoy.
Conduces lentamente, quisieras meter el acelerador a fondo pero ya se dijo que tu ojo no es de fiar. Te toma otros veinte minutos, cuando menos ya no hay tanto tráfico. Estacionas el carro (ya ni ganas tienes de meterlo), la puerta de la casa está abierta, cosa rara pero al menos sabes que nadie se atrevería a entrar (de afuera es claro que no hay nada que robar).
Entras a la casa, hay un aroma en el aire, no es desagradable… huele a comida casera. Curioso vas a la cocina, te asomas en el horno y un platillo se cuece, justo a tiempo, el reloj tintinea indicando que está listo. Lo abres y te deleitas con el olor, no se ve muy antojable pero basta con olerlo para que se haga agua la boca. Hacía tiempo que no había algo como eso en esta cocina.
Miras alrededor y suspiras, pareciera que un remolino pasó por aquí pero dejó una comida que se ve rica. Buscas por ella en la casa, no hay ni rastro, Chow-chow está vuelto loco y al abrirle brinca casi a la altura de tu cintura.
-Ey, ¿qué te pasa?- lo cargas y entras para saber que clase de daño pudo haber hecho a “su cuarto”, sólo la puerta ha sufrido daño. Mientras inspeccionas el sitio ves por la ventana, y ahí está ella, con Danka a un lado y mirando la alberca.
Sales cargando al perro, dirigiéndote a la parte trasera. Chow-chow te delata porque empieza a ladrar en cuanto la ve.
-Kai- te mira mientras sonríe –tardaste.-
…
H/K
La tarde pasa tan calmadamente que ninguno se da cuenta del paso de las horas, Hilary y Kai comen en silencio, Danka y Niedeck se pasean por el piso de arriba, Chow-chow tuvo que ser encerrado de nuevo y no deja de rasgar la puerta. Cuando acaban, levantan los platos y regresan a la mesa. Ella empieza a hacer una plática casual que no es difícil para él de sobrellevar, es agradable y no le implica ninguna situación incómoda o nada tolerable.
Él agradece eso.
De pronto ella se detiene y mira su reloj mientras sujeta su cabeza sorprendida, anuncia que debe irse y él sólo asiente, no dirá que le gustaría que se quedara.
-Tengo que irme, aún tengo mucha tarea.- Ella se despide sonriendo y sale sin que Kai pueda responder.
Él se asoma por la ventana viendo que es lo que ella hará, ella se ha quedado en la puerta mirando a un lado y a otro, el transporte público está a siete cuadras de ahí. Kai suspira resignado y toma las llaves del carro, sale detrás de la chica aborda y le abre la puerta.
Hilary está sorprendida, lo mira un momento y al ver su gesto decidido sonríe algo apenada, sube y cierra la puerta. Conduce apresurado hasta que al fin llegan a la casa de ella.
-Gracias, lo necesitaba.-
Kai asiente simplemente mientras espera que ella baje. Hilary se despide agitando la mano, él sólo la ve y arranca. Ella entra a su casa con una sonrisa de oreja a oreja, curioso porque no sabe ni de qué está tan feliz, pero no importa siente una tibieza recorriéndole de punta a punta.
-Ya era hora señorita.- Su mamá la saluda.
-Hola mamá, tengo que tomar un baño; vuelvo pronto.- Corre las escaleras y cierra su puerta, todo de pronto cae sobre ella, como si estuviera estado en una fantasía y de momento se da cuenta que… fue real.
Grita emocionada, se echa sobre la cama, brinca y vuelve a gritar.
-¿Pasa algo?- grita su mamá desde abajo, algo preocupada por el ruido.
-No, nada. Lo siento.- Hilary exclama en respuesta y se sonroja, busca un cambio de ropa y entra al baño.
Kai regresa a casa, esta vez sí mete el carro en el garage. Se hace camino hasta la puerta donde los tres perros quedaron adentro, abre la puerta al pequinés y se lanza sobre los dos más grandes como reclamándoles por qué él es el único que debe ser encerrado. Kai les da sus porciones de comida y entra a una de las dos puertas cerradas con llave, sabía que Hilary iba a tratar de entrar y aunque no hay nada que pueda llamarse “comprometedor” no ha dejado que nadie entre ahí en mucho tiempo.
Un estudio. Donde ya hay una pila de papeles esperando por ser revisados. Suspira cansado, se rasca la cabeza, cierra los ojos y sonríe al recordar lo que recién pasó. Empieza trabajar.
Dos semanas pasan como agua, no han vuelto a verse ya que el fin de semestre los sorprendió y cada uno tenía bastantes ocupaciones por su cuenta. Curiosamente, ella no ha sabido nada de él, se ha encontrado con Tyson y los demás, dándose apoyo moral con las notables cargas de trabajo que cada uno tenía. Unos para sacar un perfecto promedio, otros por mejorarlo tanto como se pudiera y uno… para salvar el año.
Una vez que han terminado su último examen se reúnen tanto para celebrar como para animar a Tyson en la preparación de sus exámenes extras. Ella nota confundida que ni ahí asiste Kai, aún más cuando recuerda cuanto gusta de molestar a Tyon por sus problemas académicos.
Pregunta por él pero ninguno puede darle una respuesta directa, ‘quizá anda de viaje’ ‘¿esperabas que viniera?’ ‘tendrá trabajo… ya se comunicará’ ella asiente a cada una, pero no deja de sentirse incómoda, aunque sabe que ellos le conocen bien y no que Kai sea de alguien por quien pueda preocuparse, ella no quiere quedarse con eso, simplemente quiere saberlo por sí misma.
No recuerda exactamente dónde se localiza la casa de Kai, decide que no preguntará a ninguno de los chicos para no enterarlos que ella ya ha ido, y con eso las infaltables preguntas y molestas suposiciones. Se aventura la tarde de ese mismo día, bajo un cielo listo a desbordarse desciende del autobús no muy segura.
Entre pregunta y memoria, llega a la descuidada casa; resulta que es bien conocida aunque quizá no precisamente por su bella fachada la ‘Casa Hiwatari’ como un viejo barrendero la nombró o… la ‘Mansión embrujada’ como unos niños gritaron mientras preguntaban emocionados si ‘de veras’ iba a entrar ahí.
Cuando las nubes comienzan a desparramar agua llega finalmente. Está bastante mojada pero no le importa, recuerda que no hay timbre para llamar a la puerta y armándose de valor abre la reja rezando que si los dos perros la escuchan la reconozcan… o lo lamentará, seguro.
Escucha ladridos y cierra los ojos pero nada llega, curiosamente el ruido viene de adentro de la casa, ve por la ventana que da a la entrada y divisa a Niedeck dando enormes brincos mientras ladra agresivo, percibe algo del pelaje negro de Danka, espera que Kai se deje ver… pero es el rostro de una mujer quien se asoma.
Se queda paralizada, ahora si no sabe que hacer. Escucha que se abre la puerta, sabe que tratar de esconderse sería ridículo. Mientras su cabeza se cansa de pensar en opciones una voz la hace brincar del susto.
-¿Puedo ayudarte?- es la mujer que se asomó.
-Ah… yo… venía, vengo… ¿está Kai?- dice nerviosa.
-¿Y tú eres?- pregunta con un tono que le recuerda a él.
-Hilary, ¿está?-
La mujer no se ve dispuesta a dejarla pasar, tiene una cara amable pero da una imagen que trasmite todo lo contrario. –Estos nos son horarios de visita señorita, mucho menos en un día así y en ese estado.-
-Nunca ha habido tal cosa para ustedes, déjala pasar.-
Ella escucha la voz de Kai, la mujer mueve la cabeza y entra a la casa. Hilary tímidamente la sigue mientras nota a Kai sentado en la mesa del comedor, los dos perros grandes recostados en los sillones, y la mujer retoma asiento en un pequeño sillón regresando a la lectura de su revista.
-¿Qué haces aquí?- pregunta Kai sin sonar tan agresivo como es su costumbre, ella se da cuenta de su aspecto cansado y el ceño fruncido mientras repasa la pantalla de la computadora que tiene enfrente.
-Me había preocupado de no verte en casi dos semanas.-
Cierra los ojos al escuchar a la mujer bufar cuando ella acaba su frase, Kai mira a la mujer y gruñe mientras se levanta dirigiéndose a la cocina, con un movimiento de cabeza ella entiende que le siga.
En la cocina Kai prepara un poco de café mientras parece reparar en el pequeño detalle del estado de Hilary. -¿Por qué vienes tan mojada?-
¡La pregunta de la semana, Kai Hiwatari! Piensa Hilary, y niega, -Calculé mal el clima- sonríe exprimiéndose un poco el cabello en el fregadero de la cocina.
-No respondiste por qué estabas aquí.- Él mira pensativo entre tres tarros de café.
-Uh… de hecho si lo hice Kai, te dije que me había preocupado de no haberte visto.-
Ella arquea una ceja, incapaz de comprender qué debió pasar como para que él terminara en un estado tan distraído como Daichi.
-¿En serio? Uhm, no me percaté. Habrá que hacer algo con eso, vamos te llevaré a tu casa.-
Hilary no sabe que decir, todo el tortuoso trayecto para ir ahí y de pronto ¡pum! Él la quiere mandar de regreso… ¡ah no, eso no va a pasar! –No, primero quiero saber qué pasó. No has vuelto a ir al dojo de Tyson, ¿qué pasó? pensé que….-
-Kai, ¿tardarás mucho? La lluvia no cesa y pronto traerán la cena.-
Hilary se queda callada, y mira a Kai. Éste se frota la frente con una mano, y mira su reloj, tallándose los ojos abre la puerta. -Regresaré en un rato, si llega la comida… come, ni que fuera necesario para completarte el día.-
Hilary no puede dejar de notar la molestia en la voz y (se atreve a pensarlo) un dolido rencor.
-No digas eso, ¿por qué no la invitas a comer?- La mujer dice mirando a otro lado.
-Enfermará de seguir así e, imaginarás que aquí no hay ropa que pueda prestarle.- Kai comenta buscando sus llaves.
-Espera… no, vete, total como no te importa que tu madre venga a visitarte.- Dice ella con algo de dureza.
Kai contiene la risa (que Hilary adivina forzada), -Como gustes, regreso después. Me llevo a la pequeña rata. Espera en el auto.- Kai dirige la frase final a Hilary mientras le da las llaves, pero ella no quiere irse así que espera por él en la puerta.
Nota entretenida como Kai regresa con el perrito y de pronto el silencio incómodo se ve roto por sus ladridos desesperados, Kai lo toma con fuerza pues amenaza con soltarse.
-Déjalo, tiene mucho que no paso tiempo con él, además es mío, ¿no?- la mujer… no, la madre de Kai exclama extendiendo los brazos.
Kai se encoge de hombros y lo baja al piso, presto está a soltarlo pero el pequinés encauza su furia a los pies de Hilary, ella brinca, la mujer le llama, el perro sigue ladrando, Kai lo detiene de nuevo, Danka y Niedeck empiezan a ladrar.
El escándalo alcanza tal magnitud que Kai se sujeta la frente y levanta la voz, -Silencio. Ustedes dos arriba,- los dos perros corren aprisa al piso superior, -vamos,- llama a Hilary y le abre la puerta, -regreso- dice mirando a su madre, -y tú vienes conmigo.- Toma al histérico animal.
Kai lo echa al asiento trasero y enciende el motor.
-¿Por qué no te quedas?- Hilary pregunta bastante incómoda por toda la situación.
-Prioridades.- Le responde secamente mientras mira hacia atrás al maniobrar el vehículo.
Conduce con relativa calma pues la lluvia está más tupida que nunca y aún tiene su ojo dañado. El silencio no tiene nada que ver al que compartieron aquella ocasión, es incómodo. Él se da cuenta que ella quiere preguntar y ella nota que él no quiere responder.
¿Qué se hace en estos casos?
Chow-chow se pasa al asiento delantero y se recuesta en las piernas de Kai, Hilary es incapaz de suprimir la risa ante lo que ve, el imponente y agresivo joven permite que un perrito (histérico pero perrito al final) se duerma en su regazo.
-¿Cómo te hiciste de un perro así?- La chica trata de sonar más seria pero es demasiado surreal, recuerda que no es de Kai pero… ¿cómo es que tolera que haga algo así?
-No le gustan los truenos.- Dice pasando una mano sobre la peluda cabeza.
-Dijiste que no era tuyo…- entonces recuerda las palabras de su madre, -es de tu mamá. ¿Por qué vive contigo?-
-Ella lo dejó, no combinaba con su departamento.- Kai comenta mirando concentrado al retrovisor pues están por dar una vuelta en ‘u’.
-Eso es ridículo,- las palabras dejan la boca de Hilary antes de que ella pueda razonarlas.
-Lo mismo pensé.- Se dibuja una sonrisa en Kai.
Hilary piensa en todo lo que hay en esa casa: los muebles en desuso, el jardín desarreglado, la fachada descuidada, la casa sin mantenimiento, la alberca… el perro abandonado, -Es como una bodega.- Piensa en voz alta.
-Eso es.- Él aclara deteniendo el carro. –Llegamos.-
Hilary brinca sorprendida, no ha puesto atención al camino. -¿Regresarás a casa?-
-Tengo pendientes.-
-Pero se nota que no quieres estar ahí… ¿no te agrada que te visite tu madre?-
-No lo hace por mí.-
Se quedan en silencio, los dos miran al perro. –También te dejaron allá.- Ella dice sin pensarlo mucho pero es una idea que se ha ido generando en su cabeza desde que conoció más de él.
Kai mira a otro lado, e insiste en rascar la cabeza del perro como queriendo negar las palabras, aunque no es posible, -Es tarde, enfermarás.-
Hilary entrecierra los ojos por la sutil forma de apurarla a irse y sonríe, -Es peligroso que regreses en ese estado, ven, pasa.-
La lluvia se ha incrementado y pequeños granizos caen, no hay luz eléctrica por la tormenta, es peligroso manejar así, –No, debo irme.- pero Kai es necio.
-No, no puedes. No debes arriesgarte, pasa. No está mamá.-
Para cualquiera pudiera parecer un comentario que invita a otras cosas pero él es sordo a eso, más bien le suena a ‘no hay nadie que te diga algo’ y sujetando con fuerza al perrito apaga el motor saliendo detrás de ella.
En efecto, la casa está sola y oscura. Hilary enciende la única vela que encuentra y le señala donde puede colgar su blazer, Kai queda de pie con el perro en sus manos y tratando de imaginar qué hacer.
Escucha la tintineante risa de ella que al verlo sin saber a dónde ir espera por ella. –Adelante, siéntate hace frío afuera. ¿Quieres café? ¿con crema, leche, té tal vez?-
Él asiente y toma lugar en la mesa, el perro firmemente sujeto en sus piernas. –Solo está bien.-
Después de unos minutos ella regresa con un par de tazas que despiden vapor y un aroma relajante, le extiende una y él de nuevo asiente. –Mamá fue a trabajar hoy, hace guardia en el hospital. A veces regresa hasta la tarde, le gusta quedarse cuando no hay suficiente personal.-
-Hoy 14 mi madre hace su visita mensual.- Kai comenta mecánicamente siendo lo único que puede aportar a la plática ante el recurrente tema.
-Nunca me han gustado los perros, tengo un gato pero me visita sólo cada que tiene hambre. Soy alérgica a las aves así que sólo tengo a Cachalote y Nemo.- La chica mira a la solitaria pecera donde dos peces van de aquí a allá, -como podrás imaginarte no son muy buena compañía.-
Kai sonríe un poco, -Tres perros tampoco lo son, todos quieren tu atención, si tienes un favorito, se ofenden.- Mira a Chow-chow.
-¿Por qué tienes a los otros dos?-
-Niedeck vivía con Tala y los otros en Rusia, pero son dueños terribles. Danka, apareció un día en la puerta.-
-¿Y ya?-
-Hay espacio para ellos.-
-Yo quería una tortuga, pero mamá vive aterrada de ellas…-
La plática se pierde por completo en temas de animales, compañías y soledades mal cubiertas, la vela (apenas un pequeño trozo) va consumiéndose, los truenos cesan y la lluvia pasa a un apacible goteo. Son casi dos horas, ella empieza a cabecear y él sonríe ante sus bostezos. Ante la pequeña llama que se va muriendo y sombras danzantes creadas por ésta, Hilary se acerca a él, y Kai entretenido por la flama pero consciente de las intenciones de la chica no hace nada.
Un pequeño beso que dura unas fracciones.
Ella se separa y levanta la mirada ‘voy a dormir’, mira el sillón ‘¿quieres quedarte?’
Él niega ‘No’
Sonriendo y con un gesto terrible de sueño, le besa la frente y sube.
‘Buen viaje’
Ni una sola palabra es intercambiada.
H
Abres los ojos, no es muy temprano dada la luz que entra por las ventanas. Le das un repaso alrededor.
De esto no te habías dado cuenta anoche.
La casa no sólo es un desastre afuera. También adentro… bueno, no que estén ratas y moscas habitando la sala, de hecho hay un orden en todo pero se ve tan… vacío. No hay televisión, ni estéreo o algún aparato que amenice la estancia en la sala. Decides ir a investigar si Kai sigue dormido, pasando por el gran comedor encuentras una nota.
“Cosas que hacer, regreso.”
‘Que explicativo’ piensas sarcásticamente, entonces Kai no está en la casa. ‘Uhm, interesante descubrimiento’ quizá puedas hallar algunas respuestas o… cuando menos saciar esa tendencia a ser metiche… es decir, de natural curiosidad.
Comienzas a recorrer la casa, haces una breve parada en la cocina para ingerir algo porque tu estomago se parece a ese perro, gruñe como loco. No hay mucho de donde escoger pero hay suficiente variedad, notas que la cocina se ve que sí es ocupada, hay algunos trastes limpios y señal de que hay gas en la estufa, pero se siente ese mismo vacío que en la sala.
Prosigues con el pasillo por donde él se dirigió a su cuarto, la puerta esta cerrada y aún no reúnes el valor para abrirla, será después. Hay otra hilera de puertas a lo largo de dicho pasillo, intentas abrir una y otra. Dos de los cinco cuartos parecen ser bodegas, están repletos de cajas y muebles empolvados. Otras dos puertas no se abren, la última si puede accesarse aunque mejor la hubieras dejado cerrada, la pequeña bola de pelos brinca sobre ti lista a hincarte sus dientes, a tiempo cierras la puerta y el animalillo rasga furioso mientras ladra como si no hubiera mañana.
Esa era una habitación… conseguiste ver una cama… ¿de quién?
Hay que seguir la revisión, subes lentamente la escalera; la madera cruje y te hace sentir que cederá ante tu peso (nota mental, necesitas una dieta) consigues llegar y tu sorpresa no podía ser mayor.
Todo está abandonado.
Y en toda la extensión de la palabra. No hay muebles, ni alfombras, sillones, nada… la sala de arriba es un espacio vacío. Ves dos pequeños pasillos con más puertas, quieres ir a ver pero entiendes que estás regresando a lo mismo de anoche: te estás inmiscuyendo de más.
Regresas sobre tus pasos hasta la cocina.
K
Nada ha estado saliendo como lo esperabas, nada raro realmente. Has acabado con tus pendientes y entonces recuerdas a la inesperada huésped de la casa.
Tu despensa mensual está a la perfección pero seguramente Hilary buscará algo más, no podrías jurarlo pero no te cuesta imaginar que sus gustos alimenticios van por la misma línea de los de Tyson aunque en cantidades muy distintas… eso es, comida rápida, postres, picante y grasa. No eres afecto a todo ello.
Quizá sea más como Tyson y la comida sea la bandera de paz, a ver si con eso ella se queda satisfecha y vuelve a marcar su distancia de siempre, será bueno… ¿verdad? Bueno no, pero será lo mejor.
Recorres el supermercado con un carrito, nunca lo haces pero no estás en condiciones de estar cargando nada. Te quedas eternidades delante de los anaqueles, no tienes idea de que llevar exactamente, no sabías que hubiera tanta variedad de esa comida.
Necesitas preguntar. Ves a una tímida encargada que te mira desde la esquina del pasillo, tratas de llamarla pero antes de mover el brazo para atraer su atención ella se esfuma.
Gruñes… éste será un día aún más largo de lo esperado.
Y apenas son las 11.
H
No serás cheff, no serás cocinera, ni ayudante de cocinera… pero eres genial. Conseguiste hacer un platillo sin quemar nada, sin hacer (tanto) desastre, sin romper un solo vaso, sin que quedaras como una víctima de una guerra de comida. Ves orgullosa tu creación cociéndose en el horno. ¡Bravo!
Han pasado ya tres horas y media, ¿a dónde pudo haber ido?
Ya llamaste a casa reportando (mas o menos tu ubicación –jamás te lo creerían o si lo hicieran, tu madre vendría como huracán a sacarte de aquí-), necesitas un cambio de ropa, un baño… ¿dónde está Kai?
Decides hacer un poco de tiempo, no abandonarás el cocimiento de tu proeza en ese horno. Sales al patio para darle una mejor vista, la noche anterior se veía como jardín público ahora que lo contemplas, te das cuenta que es peor. Parece una de esas zonas salvajes que salen en los documentales de naturaleza, las hierbas y el pasto crecen a placer, los pocos árboles están tupidos de frutos que de madurar y no ser recogidos llenan de fruta aplastada el piso, algunos arbustos que sin duda en algún momento tuvieron formas ahora se parecen a los dibujos de Daichi.
¿Qué pasó con este lugar?
El samoyedo llega corriendo y se detiene en seco, te reconoce y se acerca dócilmente. Su nombre… -Niedeck- él ladra animado.
De pronto se da la vuelta y se va corriendo, no hay nada mejor que hacer, lo sigues esperando que no te vaya a salir alguna alimaña de entre la hierba. Yendo a la parte trasera de la casa te quedas sin palabras, la extensión del patio es casi el triple del de enfrente, aquí el pasto está cortado en una pequeña extensión formando un cuadro perfecto, puedes distinguir las dos casas de los perros y los ves juguetear entre ellos.
Dirías que eso es raro, pero lo que se lleva las palmas es la enorme alberca que se extiende a tu vista, bueno, siendo objetiva no es tan grande pero para ti una alberca inflable de dos metros es enorme, así que ésta casi parece olímpica.
Aunque para no variar… vacía, descuidada, llena de hojas secas le da un aspecto tan deplorable a todo…
Te sientas en la orilla, mientras Danka llega corriendo y salta adentro, revolcándose entre la cama de hojas secas. Sonríes viéndola, aunque no evitas preguntarte ¿cómo vino este lugar a terminar así?
K
Son la dos con cincuenta, parece que has acabado por hoy.
Conduces lentamente, quisieras meter el acelerador a fondo pero ya se dijo que tu ojo no es de fiar. Te toma otros veinte minutos, cuando menos ya no hay tanto tráfico. Estacionas el carro (ya ni ganas tienes de meterlo), la puerta de la casa está abierta, cosa rara pero al menos sabes que nadie se atrevería a entrar (de afuera es claro que no hay nada que robar).
Entras a la casa, hay un aroma en el aire, no es desagradable… huele a comida casera. Curioso vas a la cocina, te asomas en el horno y un platillo se cuece, justo a tiempo, el reloj tintinea indicando que está listo. Lo abres y te deleitas con el olor, no se ve muy antojable pero basta con olerlo para que se haga agua la boca. Hacía tiempo que no había algo como eso en esta cocina.
Miras alrededor y suspiras, pareciera que un remolino pasó por aquí pero dejó una comida que se ve rica. Buscas por ella en la casa, no hay ni rastro, Chow-chow está vuelto loco y al abrirle brinca casi a la altura de tu cintura.
-Ey, ¿qué te pasa?- lo cargas y entras para saber que clase de daño pudo haber hecho a “su cuarto”, sólo la puerta ha sufrido daño. Mientras inspeccionas el sitio ves por la ventana, y ahí está ella, con Danka a un lado y mirando la alberca.
Sales cargando al perro, dirigiéndote a la parte trasera. Chow-chow te delata porque empieza a ladrar en cuanto la ve.
-Kai- te mira mientras sonríe –tardaste.-
…
H/K
La tarde pasa tan calmadamente que ninguno se da cuenta del paso de las horas, Hilary y Kai comen en silencio, Danka y Niedeck se pasean por el piso de arriba, Chow-chow tuvo que ser encerrado de nuevo y no deja de rasgar la puerta. Cuando acaban, levantan los platos y regresan a la mesa. Ella empieza a hacer una plática casual que no es difícil para él de sobrellevar, es agradable y no le implica ninguna situación incómoda o nada tolerable.
Él agradece eso.
De pronto ella se detiene y mira su reloj mientras sujeta su cabeza sorprendida, anuncia que debe irse y él sólo asiente, no dirá que le gustaría que se quedara.
-Tengo que irme, aún tengo mucha tarea.- Ella se despide sonriendo y sale sin que Kai pueda responder.
Él se asoma por la ventana viendo que es lo que ella hará, ella se ha quedado en la puerta mirando a un lado y a otro, el transporte público está a siete cuadras de ahí. Kai suspira resignado y toma las llaves del carro, sale detrás de la chica aborda y le abre la puerta.
Hilary está sorprendida, lo mira un momento y al ver su gesto decidido sonríe algo apenada, sube y cierra la puerta. Conduce apresurado hasta que al fin llegan a la casa de ella.
-Gracias, lo necesitaba.-
Kai asiente simplemente mientras espera que ella baje. Hilary se despide agitando la mano, él sólo la ve y arranca. Ella entra a su casa con una sonrisa de oreja a oreja, curioso porque no sabe ni de qué está tan feliz, pero no importa siente una tibieza recorriéndole de punta a punta.
-Ya era hora señorita.- Su mamá la saluda.
-Hola mamá, tengo que tomar un baño; vuelvo pronto.- Corre las escaleras y cierra su puerta, todo de pronto cae sobre ella, como si estuviera estado en una fantasía y de momento se da cuenta que… fue real.
Grita emocionada, se echa sobre la cama, brinca y vuelve a gritar.
-¿Pasa algo?- grita su mamá desde abajo, algo preocupada por el ruido.
-No, nada. Lo siento.- Hilary exclama en respuesta y se sonroja, busca un cambio de ropa y entra al baño.
Kai regresa a casa, esta vez sí mete el carro en el garage. Se hace camino hasta la puerta donde los tres perros quedaron adentro, abre la puerta al pequinés y se lanza sobre los dos más grandes como reclamándoles por qué él es el único que debe ser encerrado. Kai les da sus porciones de comida y entra a una de las dos puertas cerradas con llave, sabía que Hilary iba a tratar de entrar y aunque no hay nada que pueda llamarse “comprometedor” no ha dejado que nadie entre ahí en mucho tiempo.
Un estudio. Donde ya hay una pila de papeles esperando por ser revisados. Suspira cansado, se rasca la cabeza, cierra los ojos y sonríe al recordar lo que recién pasó. Empieza trabajar.
Dos semanas pasan como agua, no han vuelto a verse ya que el fin de semestre los sorprendió y cada uno tenía bastantes ocupaciones por su cuenta. Curiosamente, ella no ha sabido nada de él, se ha encontrado con Tyson y los demás, dándose apoyo moral con las notables cargas de trabajo que cada uno tenía. Unos para sacar un perfecto promedio, otros por mejorarlo tanto como se pudiera y uno… para salvar el año.
Una vez que han terminado su último examen se reúnen tanto para celebrar como para animar a Tyson en la preparación de sus exámenes extras. Ella nota confundida que ni ahí asiste Kai, aún más cuando recuerda cuanto gusta de molestar a Tyon por sus problemas académicos.
Pregunta por él pero ninguno puede darle una respuesta directa, ‘quizá anda de viaje’ ‘¿esperabas que viniera?’ ‘tendrá trabajo… ya se comunicará’ ella asiente a cada una, pero no deja de sentirse incómoda, aunque sabe que ellos le conocen bien y no que Kai sea de alguien por quien pueda preocuparse, ella no quiere quedarse con eso, simplemente quiere saberlo por sí misma.
No recuerda exactamente dónde se localiza la casa de Kai, decide que no preguntará a ninguno de los chicos para no enterarlos que ella ya ha ido, y con eso las infaltables preguntas y molestas suposiciones. Se aventura la tarde de ese mismo día, bajo un cielo listo a desbordarse desciende del autobús no muy segura.
Entre pregunta y memoria, llega a la descuidada casa; resulta que es bien conocida aunque quizá no precisamente por su bella fachada la ‘Casa Hiwatari’ como un viejo barrendero la nombró o… la ‘Mansión embrujada’ como unos niños gritaron mientras preguntaban emocionados si ‘de veras’ iba a entrar ahí.
Cuando las nubes comienzan a desparramar agua llega finalmente. Está bastante mojada pero no le importa, recuerda que no hay timbre para llamar a la puerta y armándose de valor abre la reja rezando que si los dos perros la escuchan la reconozcan… o lo lamentará, seguro.
Escucha ladridos y cierra los ojos pero nada llega, curiosamente el ruido viene de adentro de la casa, ve por la ventana que da a la entrada y divisa a Niedeck dando enormes brincos mientras ladra agresivo, percibe algo del pelaje negro de Danka, espera que Kai se deje ver… pero es el rostro de una mujer quien se asoma.
Se queda paralizada, ahora si no sabe que hacer. Escucha que se abre la puerta, sabe que tratar de esconderse sería ridículo. Mientras su cabeza se cansa de pensar en opciones una voz la hace brincar del susto.
-¿Puedo ayudarte?- es la mujer que se asomó.
-Ah… yo… venía, vengo… ¿está Kai?- dice nerviosa.
-¿Y tú eres?- pregunta con un tono que le recuerda a él.
-Hilary, ¿está?-
La mujer no se ve dispuesta a dejarla pasar, tiene una cara amable pero da una imagen que trasmite todo lo contrario. –Estos nos son horarios de visita señorita, mucho menos en un día así y en ese estado.-
-Nunca ha habido tal cosa para ustedes, déjala pasar.-
Ella escucha la voz de Kai, la mujer mueve la cabeza y entra a la casa. Hilary tímidamente la sigue mientras nota a Kai sentado en la mesa del comedor, los dos perros grandes recostados en los sillones, y la mujer retoma asiento en un pequeño sillón regresando a la lectura de su revista.
-¿Qué haces aquí?- pregunta Kai sin sonar tan agresivo como es su costumbre, ella se da cuenta de su aspecto cansado y el ceño fruncido mientras repasa la pantalla de la computadora que tiene enfrente.
-Me había preocupado de no verte en casi dos semanas.-
Cierra los ojos al escuchar a la mujer bufar cuando ella acaba su frase, Kai mira a la mujer y gruñe mientras se levanta dirigiéndose a la cocina, con un movimiento de cabeza ella entiende que le siga.
En la cocina Kai prepara un poco de café mientras parece reparar en el pequeño detalle del estado de Hilary. -¿Por qué vienes tan mojada?-
¡La pregunta de la semana, Kai Hiwatari! Piensa Hilary, y niega, -Calculé mal el clima- sonríe exprimiéndose un poco el cabello en el fregadero de la cocina.
-No respondiste por qué estabas aquí.- Él mira pensativo entre tres tarros de café.
-Uh… de hecho si lo hice Kai, te dije que me había preocupado de no haberte visto.-
Ella arquea una ceja, incapaz de comprender qué debió pasar como para que él terminara en un estado tan distraído como Daichi.
-¿En serio? Uhm, no me percaté. Habrá que hacer algo con eso, vamos te llevaré a tu casa.-
Hilary no sabe que decir, todo el tortuoso trayecto para ir ahí y de pronto ¡pum! Él la quiere mandar de regreso… ¡ah no, eso no va a pasar! –No, primero quiero saber qué pasó. No has vuelto a ir al dojo de Tyson, ¿qué pasó? pensé que….-
-Kai, ¿tardarás mucho? La lluvia no cesa y pronto traerán la cena.-
Hilary se queda callada, y mira a Kai. Éste se frota la frente con una mano, y mira su reloj, tallándose los ojos abre la puerta. -Regresaré en un rato, si llega la comida… come, ni que fuera necesario para completarte el día.-
Hilary no puede dejar de notar la molestia en la voz y (se atreve a pensarlo) un dolido rencor.
-No digas eso, ¿por qué no la invitas a comer?- La mujer dice mirando a otro lado.
-Enfermará de seguir así e, imaginarás que aquí no hay ropa que pueda prestarle.- Kai comenta buscando sus llaves.
-Espera… no, vete, total como no te importa que tu madre venga a visitarte.- Dice ella con algo de dureza.
Kai contiene la risa (que Hilary adivina forzada), -Como gustes, regreso después. Me llevo a la pequeña rata. Espera en el auto.- Kai dirige la frase final a Hilary mientras le da las llaves, pero ella no quiere irse así que espera por él en la puerta.
Nota entretenida como Kai regresa con el perrito y de pronto el silencio incómodo se ve roto por sus ladridos desesperados, Kai lo toma con fuerza pues amenaza con soltarse.
-Déjalo, tiene mucho que no paso tiempo con él, además es mío, ¿no?- la mujer… no, la madre de Kai exclama extendiendo los brazos.
Kai se encoge de hombros y lo baja al piso, presto está a soltarlo pero el pequinés encauza su furia a los pies de Hilary, ella brinca, la mujer le llama, el perro sigue ladrando, Kai lo detiene de nuevo, Danka y Niedeck empiezan a ladrar.
El escándalo alcanza tal magnitud que Kai se sujeta la frente y levanta la voz, -Silencio. Ustedes dos arriba,- los dos perros corren aprisa al piso superior, -vamos,- llama a Hilary y le abre la puerta, -regreso- dice mirando a su madre, -y tú vienes conmigo.- Toma al histérico animal.
Kai lo echa al asiento trasero y enciende el motor.
-¿Por qué no te quedas?- Hilary pregunta bastante incómoda por toda la situación.
-Prioridades.- Le responde secamente mientras mira hacia atrás al maniobrar el vehículo.
Conduce con relativa calma pues la lluvia está más tupida que nunca y aún tiene su ojo dañado. El silencio no tiene nada que ver al que compartieron aquella ocasión, es incómodo. Él se da cuenta que ella quiere preguntar y ella nota que él no quiere responder.
¿Qué se hace en estos casos?
Chow-chow se pasa al asiento delantero y se recuesta en las piernas de Kai, Hilary es incapaz de suprimir la risa ante lo que ve, el imponente y agresivo joven permite que un perrito (histérico pero perrito al final) se duerma en su regazo.
-¿Cómo te hiciste de un perro así?- La chica trata de sonar más seria pero es demasiado surreal, recuerda que no es de Kai pero… ¿cómo es que tolera que haga algo así?
-No le gustan los truenos.- Dice pasando una mano sobre la peluda cabeza.
-Dijiste que no era tuyo…- entonces recuerda las palabras de su madre, -es de tu mamá. ¿Por qué vive contigo?-
-Ella lo dejó, no combinaba con su departamento.- Kai comenta mirando concentrado al retrovisor pues están por dar una vuelta en ‘u’.
-Eso es ridículo,- las palabras dejan la boca de Hilary antes de que ella pueda razonarlas.
-Lo mismo pensé.- Se dibuja una sonrisa en Kai.
Hilary piensa en todo lo que hay en esa casa: los muebles en desuso, el jardín desarreglado, la fachada descuidada, la casa sin mantenimiento, la alberca… el perro abandonado, -Es como una bodega.- Piensa en voz alta.
-Eso es.- Él aclara deteniendo el carro. –Llegamos.-
Hilary brinca sorprendida, no ha puesto atención al camino. -¿Regresarás a casa?-
-Tengo pendientes.-
-Pero se nota que no quieres estar ahí… ¿no te agrada que te visite tu madre?-
-No lo hace por mí.-
Se quedan en silencio, los dos miran al perro. –También te dejaron allá.- Ella dice sin pensarlo mucho pero es una idea que se ha ido generando en su cabeza desde que conoció más de él.
Kai mira a otro lado, e insiste en rascar la cabeza del perro como queriendo negar las palabras, aunque no es posible, -Es tarde, enfermarás.-
Hilary entrecierra los ojos por la sutil forma de apurarla a irse y sonríe, -Es peligroso que regreses en ese estado, ven, pasa.-
La lluvia se ha incrementado y pequeños granizos caen, no hay luz eléctrica por la tormenta, es peligroso manejar así, –No, debo irme.- pero Kai es necio.
-No, no puedes. No debes arriesgarte, pasa. No está mamá.-
Para cualquiera pudiera parecer un comentario que invita a otras cosas pero él es sordo a eso, más bien le suena a ‘no hay nadie que te diga algo’ y sujetando con fuerza al perrito apaga el motor saliendo detrás de ella.
En efecto, la casa está sola y oscura. Hilary enciende la única vela que encuentra y le señala donde puede colgar su blazer, Kai queda de pie con el perro en sus manos y tratando de imaginar qué hacer.
Escucha la tintineante risa de ella que al verlo sin saber a dónde ir espera por ella. –Adelante, siéntate hace frío afuera. ¿Quieres café? ¿con crema, leche, té tal vez?-
Él asiente y toma lugar en la mesa, el perro firmemente sujeto en sus piernas. –Solo está bien.-
Después de unos minutos ella regresa con un par de tazas que despiden vapor y un aroma relajante, le extiende una y él de nuevo asiente. –Mamá fue a trabajar hoy, hace guardia en el hospital. A veces regresa hasta la tarde, le gusta quedarse cuando no hay suficiente personal.-
-Hoy 14 mi madre hace su visita mensual.- Kai comenta mecánicamente siendo lo único que puede aportar a la plática ante el recurrente tema.
-Nunca me han gustado los perros, tengo un gato pero me visita sólo cada que tiene hambre. Soy alérgica a las aves así que sólo tengo a Cachalote y Nemo.- La chica mira a la solitaria pecera donde dos peces van de aquí a allá, -como podrás imaginarte no son muy buena compañía.-
Kai sonríe un poco, -Tres perros tampoco lo son, todos quieren tu atención, si tienes un favorito, se ofenden.- Mira a Chow-chow.
-¿Por qué tienes a los otros dos?-
-Niedeck vivía con Tala y los otros en Rusia, pero son dueños terribles. Danka, apareció un día en la puerta.-
-¿Y ya?-
-Hay espacio para ellos.-
-Yo quería una tortuga, pero mamá vive aterrada de ellas…-
La plática se pierde por completo en temas de animales, compañías y soledades mal cubiertas, la vela (apenas un pequeño trozo) va consumiéndose, los truenos cesan y la lluvia pasa a un apacible goteo. Son casi dos horas, ella empieza a cabecear y él sonríe ante sus bostezos. Ante la pequeña llama que se va muriendo y sombras danzantes creadas por ésta, Hilary se acerca a él, y Kai entretenido por la flama pero consciente de las intenciones de la chica no hace nada.
Un pequeño beso que dura unas fracciones.
Ella se separa y levanta la mirada ‘voy a dormir’, mira el sillón ‘¿quieres quedarte?’
Él niega ‘No’
Sonriendo y con un gesto terrible de sueño, le besa la frente y sube.
‘Buen viaje’
Ni una sola palabra es intercambiada.
16.7.09
Trilogía de un desencanto encantador.
Antes de que empiece (si alguien lo hace) a leer esto, y si acaso se pregunta '¿por qué?' por la misma razón que los dos últimos post de fic de género que no había hecho antes. Petición/obsequio/prueba. No hay felicidad empalagosa pero ya no escribía de estos dos mucho rato atrás.
---- ahora sí....
Ubicado justo después de la batalla de BEGA. Dígamoslo, una especie de fiesta de celebración.
I. No es lo que esperaba
H
Pero qué cosas han venido a meterse en tu cabeza. Allá cuando lo conociste eran claros y obvios, ¿quién diría no? Pero vamos, pasaron dos años y nada de nada con él, primero te diste cuenta que era un perfecto idiota, poco a poco fue mostrando que no lo era… tanto.
Te hiciste a la idea que no intentarías ya nada, pero después de la proeza que consiguió con su batalla final como que algo se te movió, reconozcámoslo, tu atracción por él nunca se fue sólo como que se aplacó un poco.
Aunque nada nunca desaparece.
-Ey, ¿en qué estás pensando? ¡mira que cara tienes!- Julia te da una palmada que te saca de tu estupor.
-¿Ah? ¿de qué hablas?-
-Esos ojitos de borreguito, no son comunes en ti…-
-Eso es cierto, casi siempre son de ogro asesino.- Daichi interrumpe y sale corriendo antes de que puedas lanzarle tu vaso.
-Ignóralo, pero en serio ¿qué te pasa?-
-Nada, es que ya tengo sueño.-
Como que Julia no se traga tu mentira pero entiende que no quieres decir nada, al menos hay que reconocerle eso. Y sigues mirándole oculta bien detrás de tres AllStars, Miguel y Raúl que hablan entre carcajadas.
Él está en un rincón (como siempre), cerrando los ojos (como siempre) y solo (como siempre), lleva así más de diez minutos en los que le ha dado siete sorbos a su vaso y ha cambiado de pierna de apoyo tres veces…
Vaya que si eres observadora…
U obsesiva, lo que deba ser.
De pronto abre los ojos (u ojo considerando que aún no se recupera) y mira fijamente alrededor suyo, es obvio que se siente observado. Su mirada furtiva repasa todo lo que hay alrededor suyo, de inmediato miras a otro lado; aunque es imposible que se de cuenta de ti. Agradeces el enorme volumen de Rick que te bloquea de su vista.
Una vez que crees que ha pasado, lo miras disimuladamente… te está viendo.
K
¿Y ahora qué? Ha pasado ya una hora, ya cumpliste tu parte ¿no? Superaste (por mucho) el tiempo que paneabas quedarte y pareciera que ni siquiera estuvieras ahí, sólo por Rei que se acercó a hablar por cinco minutos, Tyson que te ofreció comida.
Sin embargo por qué esa sensación de que alguien te mira… maldito ojo inútil, la visión binocular no te ayudará esta vez. No serán Rick, Michael, Miguel, Raúl y Eddy que platican a pocos metros de ti, te ignoran perfectamente. Nada raro.
El maldito pelirrojo ya se dio a la fuga, los doctores le limitaron la estancia fuera del hospital por seis horas, maldito suertudo. A ti… a ti también te limitaron algo… o algo que sonaba a eso, no pusiste mucha atención, lo que sea, tienes que salir de aquí.
¿Cómo salir?
¡Oh! ¿pero qué es esto? Ahí está quien te veía, nada más y nada menos que Hilary del otro lado de la sala, sentada y tratando de ocultarse detrás del grupo que habla frente a ti.
¿Qué puede querer?
¿Qué importa?
-¡Ey! ¿a dónde se supone qué vas?- Tyson te llama cuando casi habías hecho un perfecto escape a la puerta.
No le contestas pero tratas de seguir tu camino con dirección a la puerta, el otro se interpone. –Hazte a un lado.-
-Anda aguafiestas, vete con… con… ¡ah! Con la otra aguafiestas, quizá juntitos puedan hacer una pequeña reunión de amargados.-
Te toma por el brazo y te jala, maldito, maldito Brooklyn, estúpida batalla, patético tú que no pudiste soportar el doble embate de ese loco… infeliz Tyson que se aprovecha de tu parcial debilidad. Y te lleva hasta donde Hilary está, te lanza al sillón y se aleja como si nada.
Iracundo tratas de levantarte para ir tras él, pero un mareo te hace tambalear y te manda de regreso al sillón… cayendo sobre Hilary.
H
‘Ay, ay, ay’ escúchate, el sueño de toda loca fanática haciéndose verdad justo… sobre ti. Extiendes los brazos tratando de sujetarlo y que no fuera a resbalar, pareciera que él lucha desesperado por alejarse de ti pero está más desorientado que nada y empeora la situación, su bufanda se enreda con tus pies y cada que trata de levantarse trastabilla y no lo consigue.
En un arranque jala el pedazo de tela y se sienta a un lado mirando molesto al lado contrario a donde estás.
-¿E… e… estás bien?- preguntas mostrando preocupación, aplacando tu risa y tratando de verte tranquila, aunque estás más que apenada.
-Si.- Se levanta esta vez sin duda y emprende la retirada sin decir mas.
No te toma ni un minuto decidirte a ir tras él. ‘Sólo para asegurarme que está bien’ tratas de convencerte… ¡nah! Quieres ir con él, quieres ir a verlo; sales aprisa sabiendo que parece que tiene patines o cohetes en los pies, desaparece al instante.
Esta vez (aunque te llevó un poco reaccionar), lo encuentras en la calle con la cabeza pegada a un poste y una mano sujetándolo como para darse apoyo.
-¿Kai?-
K
¡Pero que espectáculo estás dando Hiwatari! Deberías pedirle a los Fernández que te incluyan en su circo, payaso, equilibrista fracasado y momia egipcia, serías un buen número.
Ella te llama con duda, ‘¿qué más va a pasar?’ te preguntas pensando que este día no podía ser peor, ¿nunca has entendido? Jamás te preguntes si algo será peor, siempre lo será.
-¿Hn?- idiota, ¿crees que ella vino a preguntarte la hora?
-¿Te sientes bien? No puedes andar en ese estado solo. Vamos, te acompaño a tu casa.-
‘¿Eh?’ -¿Eh?- ¿lo pensaste o lo dijiste?
-Que vamos a tu casa, ¿cómo andas así como si nada?-
-Что?- parece que también te dañaron la cabeza.
-Anda Kai, te harás más daño.-
Ella te toma por el brazo izquierdo y empieza a caminar haciendo que te apoyes en ella, claramente no tienes ni las energías ni la condición para oponerte y alejarla.
-¿Qué haces?- preguntas tratando de zafarte de su agarre.
-¿Y dicen que eres de los listos del equipo? …espera, ¿para dónde es tu casa?-
-No es necesario.-
-¡Oh, claro que lo es!-
H
Tyson dice que no eres muy lista, varias de tus amigas claman lo contrario. No eres lo que se diría una genio pero sí ingeniosa. Y sin superar tu pena y nerviosismo, consigues acertarte más a él y acompañarle bajo el perfecto disfraz de la preocupación, y con esa personalidad de mandona que tanto molesta a Tyson.
Kai ya no te discute, y con la cabeza baja sigue caminando apoyándose tan poco en ti como puede. Tratas de no mirarle pero tus ojos te juegan mal, se dirigen a él poco a poquito viéndole de reojo. Está cansado, se le ve enfermo y molesto a morir, pero camina con tal orgullo que… te enchina la piel tenerlo tan cerca.
Tienes que jugar bien tus cartas y aclararte bien qué es lo que pretendes. Podría ser la oportunidad de oro.
¿Lo intentarás?
Es un engreído, es exageradamente serio, todos tachan de cruel aquello que le provoca risa, puede ser un infeliz y maldito, para él el fin justifica los medios… ¿qué le ves?
Hay algo, algo que poco a poco hizo que se ganara un lugar en el equipo, ya no como capitán o entrenador. Sino como amigo, al principio cuando te uniste a ellos no hallabas razón para integrarlo pero bueno, se fueron acumulando las razones hasta que llegaste a ser como Tyson, Max, Kenny y Rei que decían que no podían imaginar al equipo sin Kai.
Al llegar a la esquina él extiende la mano al taxi que va acercándose, te trepas antes de que intente siquiera dejarte ahí. Kai te mira resignado y le señala el camino al conductor, ves pasar calles y edificios la zona a la que van ingresando no la conoces del todo. Es demasiado elegante como para lo que frecuentas.
Se detienen en una casa de dos pisos, bastante descuidada comparada con las que hay alrededor, el patio es amplio y un jardín ocupa la mitad de él… bueno jardín porque hay hierbas pero parece zona salvaje entre arbustos y pasto crecido.
-¿Aquí?- preguntas mirando sorprendida el edificio.
Él paga y tú te quedas sorprendida de que ésta sea su casa. Sabes muy bien que viene de buena familia, pero esperabas una mansión de una manzana de extensión fuentes, jardines frondosos y toneladas de sirvientes.
-¿Te quedarás ahí?- pregunta ya que ha abierto la reja.
Pasas saliva y lo sigues, apenas pones un pie al interior un grupo de ladridos te hacen gritar. -¿Qué es eso?-
Lo escuchas sonreír. –Danka y Niedeck.-
-¿Qué?-
Enciende las luces del pórtico y te encuentras con dos perros. –Mis guardianes,- agrega sonriendo, -Danka, una schnauzer; Niedeck, el samoyedo.-
No esperabas eso, siguen caminando. Abre la puerta y otro gruñido te hace brincar detrás de él. -¿Y ese quién es?-
-Chow-chow- contesta molesto, -nombre estúpido para un perro.-
-Y si dices eso ¿por qué lo llamaste así?-
-Yo no fui.- Dice distraídamente mientras se planta frente al pequeño pequinés que te gruñe como rata, lo mira y sisea -дома- el perrito gruñe una última vez y se pierde por un pasillo.
Todo está silencioso. -¿Y los demás?-
-¿Demás?-
-Tus padres, tu abuelo, los que cuidan la casa.-
-No hay nadie mas. Siéntate o… haz lo que quieras.-
-Espera, ¿a dónde vas?-
K
No le vas a decir: necesito descansar pero estás al borde de tus energías, aquellos calmantes de pronto se vieron seductoramente necesarios. No vas a hacer un show enfrente de ella, ¿cómo viniste a permitir que ella llegara aquí? Jamás había sido necesario, jamás había pasado.
Sólo Rei, Max y Tyson saben de este decadente lugar. Claro, ¿quién esperaría de Kai Hiwatari un lugar así? una casa buena, sí. Un barrio elegante, sí; pero una propiedad que del descuido parece abandonada, nadie lo entendería… pero todo se parece a su dueño.
-No Kai, tienes que descansar. Déjame ver esos vendajes, creo que necesitan un cambio.-
-…aléjate.- No es tu intención pero la empujas con tu brazo una vez que ella pone su mano en tu brazo tirando de la venda. Es obvio que necesitan un cambio, de hecho lo necesitaban hace medio día pero eso es algo que sólo tú harás. Nadie, nadie habrá siquiera de intentar lo contrario.
Ella te mira sorprendida, un poco de agua cristaliza sus ojos. Baja la mirada y ve para un lado y otro mientras trata de encontrar las palabras, falla. Retrocede y se da la vuelta.
-¡Pues muérete entonces!- grita a todo lo que da la voz hecha nudo, y la ves salir por la puerta azotándola.
Suspiras, ¡vaya novedad Hiwatari! Que buen modo de alejar a quien te quiere ayudar, sí es una inconsciente y actúa sin preguntar, impone y cree tener la razón siempre… pero te quería ayudar. No cabe duda que estás enfermo, quizá sea por eso que con el tiempo te has quedado igual que esta casa.
Solo… abandonado… incomprendido… rechazado.
Habrá que tratar de hablar con ella, hacerle entender (quien sabe cómo y por qué) que así eres tú, que ya debería saberlo… que no puedes cambiar.
¿Verdad?
Pero primero lo primero, esas costillas necesitan un vendaje más ajustado.
H
Que si serás tonta… ¿qué esperabas? ¿Qué te dejara entrar a su casa y a su vida como si él te hubiera pedido que vinieras? Kai no es lo que puedas llamar alguien normal, sabes bien eso, no podías esperar una reacción común. ‘Fue muy grosero, sólo quería ayudar’
Bueno sí, pero una ayuda que él no pidió, que no quiere y que aunque necesita, no lo mostrará. Además, te metiste a esta casa como si fueras invitada, jamás te había invitado a venir… quizá por algo habrá sido.
¿Y los demás?
¡Vaya metida de pata! Sabes (aunque no con detalle) que su vida familiar es un desastre, es el único que no llegaba con algún adulto acompañándole a las ceremonias de premiación, que no habla de lo que hace en casa, que dice… nada sobre algún familiar. Y ahí justo tenías que regarla.
Aunque estamos de acuerdo que eso no justifica su reacción, ¿qué querías?
Quizá que tomara tu mano y con un gesto de infinita gratitud te llevara a su cuarto mientras dócilmente se dejaba atender y te contaba de por qué la casa tan descuidada, por qué tanto perro, por qué vive solo, por qué no está en un hospital…
No, eso no pasará.
Fuiste tú quien creó esta situación ¿cómo piensas salir de ella?
Opciones. Opciones.
Tratar de ayudar del único como en que sabes y ver si él acepta. Esperar que tenga buenos resultados, un poco de ti y un poco de él, quizá así todo tenga mejor final.
K
Todo tu cuerpo protesta cuando te incorporas de momento después de quedarte dormido por… 25 minutos.
Revisas que todo esté en orden, o tan bien como pueda estar. Las heridas ya no sangran, no se han infectado, las costillas parecen ir ajustándose bien, el ojo… bueno, aún no reacciona pero ya lo hará. Todo como puede esperarse que esté.
Recuerdas el problema con Hilary, ¿qué hacer? Eres un inepto con esa clase de cuestiones, si tan sólo fuera tan fácil como ignorarle y esperar que las cosas vuelvan a su modo normal, o discutirle hasta que se de cuenta que no es la gran cosa… pero ella no es Tala, ¿qué haces con los demás cuando pasa algo así?
Te vas, los dejas con su coraje; pero por extraña razón no puedes hacerlo con ella.
A ver que puedes hacer, abres la puerta planeando cómo vas ir y venir a esa hora de la noche, seguro ella ya regresó al dojo de Tyson.
Chow-chow ladra como loco desde la ventana, es extraño pues ni Danka o Niedeck lo imitan, tus hombros se tensan conforme vas abriendo silenciosamente la puerta.
-Eso debe ser ¿no? Va a ser difícil pero tengo que hacerlo, aunque sea un idiota, por algo ha de ser, no tenía derecho a meter tanto mis narices pero eso no justifica…-
-El modo en que reaccioné.-
Ella se para de momento y se gira para verte. –Kai… yo, no, ya me voy… no espera. No voy ir a ningún lado.-
Antes de que puedas responder ella entra a la casa. Grita por la bienvenida de Chow-chow, acudes de nuevo a mandar a su casa a la molesta rata. -дома-
-¿Qué le pasa?- pregunta con una cara de susto que te hace sonreír, pensando en que puede enfrentar sin temer las locuras que como equipo han pasado y se asusta de un pequinés más escandaloso que peligroso.
-No le gustan los extraños.-
-A ellos parece no molestarles.- Hilary señala a los dos grandes de afuera.
‘Ellos no fueron abandonados’ piensas decidiendo no contestar eso –Él es algo más complicado.-
Se quedan en silencio. Ella se sonroja de pronto, pero frunce el ceño y aprieta los puños. –Kai Hiwatari, no voy a ir a ningún lado; así que aunque quieras no saldré por esa puerta.-
Eso te toma por sorpresa, -Bueno, no te iba a correr. Es muy noche ya. Te traeré unas mantas.-
H
¿Ah?
Eso no lo veías venir. No la más agradable siendo que no te ofreció su cama (aunque eso al contarlo se oye a que hicieron ‘algo’), pero es lo MÁS inesperado viniendo de él.
Dormirás aquí… no te corrió, pareciera que reconoció su falta (aunque será un tema que habrá que abordar después), estás aquí y las aguas se han calmado.
No esperabas nada de esto ¿cierto?
---- ahora sí....
Ubicado justo después de la batalla de BEGA. Dígamoslo, una especie de fiesta de celebración.
I. No es lo que esperaba
H
Pero qué cosas han venido a meterse en tu cabeza. Allá cuando lo conociste eran claros y obvios, ¿quién diría no? Pero vamos, pasaron dos años y nada de nada con él, primero te diste cuenta que era un perfecto idiota, poco a poco fue mostrando que no lo era… tanto.
Te hiciste a la idea que no intentarías ya nada, pero después de la proeza que consiguió con su batalla final como que algo se te movió, reconozcámoslo, tu atracción por él nunca se fue sólo como que se aplacó un poco.
Aunque nada nunca desaparece.
-Ey, ¿en qué estás pensando? ¡mira que cara tienes!- Julia te da una palmada que te saca de tu estupor.
-¿Ah? ¿de qué hablas?-
-Esos ojitos de borreguito, no son comunes en ti…-
-Eso es cierto, casi siempre son de ogro asesino.- Daichi interrumpe y sale corriendo antes de que puedas lanzarle tu vaso.
-Ignóralo, pero en serio ¿qué te pasa?-
-Nada, es que ya tengo sueño.-
Como que Julia no se traga tu mentira pero entiende que no quieres decir nada, al menos hay que reconocerle eso. Y sigues mirándole oculta bien detrás de tres AllStars, Miguel y Raúl que hablan entre carcajadas.
Él está en un rincón (como siempre), cerrando los ojos (como siempre) y solo (como siempre), lleva así más de diez minutos en los que le ha dado siete sorbos a su vaso y ha cambiado de pierna de apoyo tres veces…
Vaya que si eres observadora…
U obsesiva, lo que deba ser.
De pronto abre los ojos (u ojo considerando que aún no se recupera) y mira fijamente alrededor suyo, es obvio que se siente observado. Su mirada furtiva repasa todo lo que hay alrededor suyo, de inmediato miras a otro lado; aunque es imposible que se de cuenta de ti. Agradeces el enorme volumen de Rick que te bloquea de su vista.
Una vez que crees que ha pasado, lo miras disimuladamente… te está viendo.
K
¿Y ahora qué? Ha pasado ya una hora, ya cumpliste tu parte ¿no? Superaste (por mucho) el tiempo que paneabas quedarte y pareciera que ni siquiera estuvieras ahí, sólo por Rei que se acercó a hablar por cinco minutos, Tyson que te ofreció comida.
Sin embargo por qué esa sensación de que alguien te mira… maldito ojo inútil, la visión binocular no te ayudará esta vez. No serán Rick, Michael, Miguel, Raúl y Eddy que platican a pocos metros de ti, te ignoran perfectamente. Nada raro.
El maldito pelirrojo ya se dio a la fuga, los doctores le limitaron la estancia fuera del hospital por seis horas, maldito suertudo. A ti… a ti también te limitaron algo… o algo que sonaba a eso, no pusiste mucha atención, lo que sea, tienes que salir de aquí.
¿Cómo salir?
¡Oh! ¿pero qué es esto? Ahí está quien te veía, nada más y nada menos que Hilary del otro lado de la sala, sentada y tratando de ocultarse detrás del grupo que habla frente a ti.
¿Qué puede querer?
¿Qué importa?
-¡Ey! ¿a dónde se supone qué vas?- Tyson te llama cuando casi habías hecho un perfecto escape a la puerta.
No le contestas pero tratas de seguir tu camino con dirección a la puerta, el otro se interpone. –Hazte a un lado.-
-Anda aguafiestas, vete con… con… ¡ah! Con la otra aguafiestas, quizá juntitos puedan hacer una pequeña reunión de amargados.-
Te toma por el brazo y te jala, maldito, maldito Brooklyn, estúpida batalla, patético tú que no pudiste soportar el doble embate de ese loco… infeliz Tyson que se aprovecha de tu parcial debilidad. Y te lleva hasta donde Hilary está, te lanza al sillón y se aleja como si nada.
Iracundo tratas de levantarte para ir tras él, pero un mareo te hace tambalear y te manda de regreso al sillón… cayendo sobre Hilary.
H
‘Ay, ay, ay’ escúchate, el sueño de toda loca fanática haciéndose verdad justo… sobre ti. Extiendes los brazos tratando de sujetarlo y que no fuera a resbalar, pareciera que él lucha desesperado por alejarse de ti pero está más desorientado que nada y empeora la situación, su bufanda se enreda con tus pies y cada que trata de levantarse trastabilla y no lo consigue.
En un arranque jala el pedazo de tela y se sienta a un lado mirando molesto al lado contrario a donde estás.
-¿E… e… estás bien?- preguntas mostrando preocupación, aplacando tu risa y tratando de verte tranquila, aunque estás más que apenada.
-Si.- Se levanta esta vez sin duda y emprende la retirada sin decir mas.
No te toma ni un minuto decidirte a ir tras él. ‘Sólo para asegurarme que está bien’ tratas de convencerte… ¡nah! Quieres ir con él, quieres ir a verlo; sales aprisa sabiendo que parece que tiene patines o cohetes en los pies, desaparece al instante.
Esta vez (aunque te llevó un poco reaccionar), lo encuentras en la calle con la cabeza pegada a un poste y una mano sujetándolo como para darse apoyo.
-¿Kai?-
K
¡Pero que espectáculo estás dando Hiwatari! Deberías pedirle a los Fernández que te incluyan en su circo, payaso, equilibrista fracasado y momia egipcia, serías un buen número.
Ella te llama con duda, ‘¿qué más va a pasar?’ te preguntas pensando que este día no podía ser peor, ¿nunca has entendido? Jamás te preguntes si algo será peor, siempre lo será.
-¿Hn?- idiota, ¿crees que ella vino a preguntarte la hora?
-¿Te sientes bien? No puedes andar en ese estado solo. Vamos, te acompaño a tu casa.-
‘¿Eh?’ -¿Eh?- ¿lo pensaste o lo dijiste?
-Que vamos a tu casa, ¿cómo andas así como si nada?-
-Что?- parece que también te dañaron la cabeza.
-Anda Kai, te harás más daño.-
Ella te toma por el brazo izquierdo y empieza a caminar haciendo que te apoyes en ella, claramente no tienes ni las energías ni la condición para oponerte y alejarla.
-¿Qué haces?- preguntas tratando de zafarte de su agarre.
-¿Y dicen que eres de los listos del equipo? …espera, ¿para dónde es tu casa?-
-No es necesario.-
-¡Oh, claro que lo es!-
H
Tyson dice que no eres muy lista, varias de tus amigas claman lo contrario. No eres lo que se diría una genio pero sí ingeniosa. Y sin superar tu pena y nerviosismo, consigues acertarte más a él y acompañarle bajo el perfecto disfraz de la preocupación, y con esa personalidad de mandona que tanto molesta a Tyson.
Kai ya no te discute, y con la cabeza baja sigue caminando apoyándose tan poco en ti como puede. Tratas de no mirarle pero tus ojos te juegan mal, se dirigen a él poco a poquito viéndole de reojo. Está cansado, se le ve enfermo y molesto a morir, pero camina con tal orgullo que… te enchina la piel tenerlo tan cerca.
Tienes que jugar bien tus cartas y aclararte bien qué es lo que pretendes. Podría ser la oportunidad de oro.
¿Lo intentarás?
Es un engreído, es exageradamente serio, todos tachan de cruel aquello que le provoca risa, puede ser un infeliz y maldito, para él el fin justifica los medios… ¿qué le ves?
Hay algo, algo que poco a poco hizo que se ganara un lugar en el equipo, ya no como capitán o entrenador. Sino como amigo, al principio cuando te uniste a ellos no hallabas razón para integrarlo pero bueno, se fueron acumulando las razones hasta que llegaste a ser como Tyson, Max, Kenny y Rei que decían que no podían imaginar al equipo sin Kai.
Al llegar a la esquina él extiende la mano al taxi que va acercándose, te trepas antes de que intente siquiera dejarte ahí. Kai te mira resignado y le señala el camino al conductor, ves pasar calles y edificios la zona a la que van ingresando no la conoces del todo. Es demasiado elegante como para lo que frecuentas.
Se detienen en una casa de dos pisos, bastante descuidada comparada con las que hay alrededor, el patio es amplio y un jardín ocupa la mitad de él… bueno jardín porque hay hierbas pero parece zona salvaje entre arbustos y pasto crecido.
-¿Aquí?- preguntas mirando sorprendida el edificio.
Él paga y tú te quedas sorprendida de que ésta sea su casa. Sabes muy bien que viene de buena familia, pero esperabas una mansión de una manzana de extensión fuentes, jardines frondosos y toneladas de sirvientes.
-¿Te quedarás ahí?- pregunta ya que ha abierto la reja.
Pasas saliva y lo sigues, apenas pones un pie al interior un grupo de ladridos te hacen gritar. -¿Qué es eso?-
Lo escuchas sonreír. –Danka y Niedeck.-
-¿Qué?-
Enciende las luces del pórtico y te encuentras con dos perros. –Mis guardianes,- agrega sonriendo, -Danka, una schnauzer; Niedeck, el samoyedo.-
No esperabas eso, siguen caminando. Abre la puerta y otro gruñido te hace brincar detrás de él. -¿Y ese quién es?-
-Chow-chow- contesta molesto, -nombre estúpido para un perro.-
-Y si dices eso ¿por qué lo llamaste así?-
-Yo no fui.- Dice distraídamente mientras se planta frente al pequeño pequinés que te gruñe como rata, lo mira y sisea -дома- el perrito gruñe una última vez y se pierde por un pasillo.
Todo está silencioso. -¿Y los demás?-
-¿Demás?-
-Tus padres, tu abuelo, los que cuidan la casa.-
-No hay nadie mas. Siéntate o… haz lo que quieras.-
-Espera, ¿a dónde vas?-
K
No le vas a decir: necesito descansar pero estás al borde de tus energías, aquellos calmantes de pronto se vieron seductoramente necesarios. No vas a hacer un show enfrente de ella, ¿cómo viniste a permitir que ella llegara aquí? Jamás había sido necesario, jamás había pasado.
Sólo Rei, Max y Tyson saben de este decadente lugar. Claro, ¿quién esperaría de Kai Hiwatari un lugar así? una casa buena, sí. Un barrio elegante, sí; pero una propiedad que del descuido parece abandonada, nadie lo entendería… pero todo se parece a su dueño.
-No Kai, tienes que descansar. Déjame ver esos vendajes, creo que necesitan un cambio.-
-…aléjate.- No es tu intención pero la empujas con tu brazo una vez que ella pone su mano en tu brazo tirando de la venda. Es obvio que necesitan un cambio, de hecho lo necesitaban hace medio día pero eso es algo que sólo tú harás. Nadie, nadie habrá siquiera de intentar lo contrario.
Ella te mira sorprendida, un poco de agua cristaliza sus ojos. Baja la mirada y ve para un lado y otro mientras trata de encontrar las palabras, falla. Retrocede y se da la vuelta.
-¡Pues muérete entonces!- grita a todo lo que da la voz hecha nudo, y la ves salir por la puerta azotándola.
Suspiras, ¡vaya novedad Hiwatari! Que buen modo de alejar a quien te quiere ayudar, sí es una inconsciente y actúa sin preguntar, impone y cree tener la razón siempre… pero te quería ayudar. No cabe duda que estás enfermo, quizá sea por eso que con el tiempo te has quedado igual que esta casa.
Solo… abandonado… incomprendido… rechazado.
Habrá que tratar de hablar con ella, hacerle entender (quien sabe cómo y por qué) que así eres tú, que ya debería saberlo… que no puedes cambiar.
¿Verdad?
Pero primero lo primero, esas costillas necesitan un vendaje más ajustado.
H
Que si serás tonta… ¿qué esperabas? ¿Qué te dejara entrar a su casa y a su vida como si él te hubiera pedido que vinieras? Kai no es lo que puedas llamar alguien normal, sabes bien eso, no podías esperar una reacción común. ‘Fue muy grosero, sólo quería ayudar’
Bueno sí, pero una ayuda que él no pidió, que no quiere y que aunque necesita, no lo mostrará. Además, te metiste a esta casa como si fueras invitada, jamás te había invitado a venir… quizá por algo habrá sido.
¿Y los demás?
¡Vaya metida de pata! Sabes (aunque no con detalle) que su vida familiar es un desastre, es el único que no llegaba con algún adulto acompañándole a las ceremonias de premiación, que no habla de lo que hace en casa, que dice… nada sobre algún familiar. Y ahí justo tenías que regarla.
Aunque estamos de acuerdo que eso no justifica su reacción, ¿qué querías?
Quizá que tomara tu mano y con un gesto de infinita gratitud te llevara a su cuarto mientras dócilmente se dejaba atender y te contaba de por qué la casa tan descuidada, por qué tanto perro, por qué vive solo, por qué no está en un hospital…
No, eso no pasará.
Fuiste tú quien creó esta situación ¿cómo piensas salir de ella?
Opciones. Opciones.
Tratar de ayudar del único como en que sabes y ver si él acepta. Esperar que tenga buenos resultados, un poco de ti y un poco de él, quizá así todo tenga mejor final.
K
Todo tu cuerpo protesta cuando te incorporas de momento después de quedarte dormido por… 25 minutos.
Revisas que todo esté en orden, o tan bien como pueda estar. Las heridas ya no sangran, no se han infectado, las costillas parecen ir ajustándose bien, el ojo… bueno, aún no reacciona pero ya lo hará. Todo como puede esperarse que esté.
Recuerdas el problema con Hilary, ¿qué hacer? Eres un inepto con esa clase de cuestiones, si tan sólo fuera tan fácil como ignorarle y esperar que las cosas vuelvan a su modo normal, o discutirle hasta que se de cuenta que no es la gran cosa… pero ella no es Tala, ¿qué haces con los demás cuando pasa algo así?
Te vas, los dejas con su coraje; pero por extraña razón no puedes hacerlo con ella.
A ver que puedes hacer, abres la puerta planeando cómo vas ir y venir a esa hora de la noche, seguro ella ya regresó al dojo de Tyson.
Chow-chow ladra como loco desde la ventana, es extraño pues ni Danka o Niedeck lo imitan, tus hombros se tensan conforme vas abriendo silenciosamente la puerta.
-Eso debe ser ¿no? Va a ser difícil pero tengo que hacerlo, aunque sea un idiota, por algo ha de ser, no tenía derecho a meter tanto mis narices pero eso no justifica…-
-El modo en que reaccioné.-
Ella se para de momento y se gira para verte. –Kai… yo, no, ya me voy… no espera. No voy ir a ningún lado.-
Antes de que puedas responder ella entra a la casa. Grita por la bienvenida de Chow-chow, acudes de nuevo a mandar a su casa a la molesta rata. -дома-
-¿Qué le pasa?- pregunta con una cara de susto que te hace sonreír, pensando en que puede enfrentar sin temer las locuras que como equipo han pasado y se asusta de un pequinés más escandaloso que peligroso.
-No le gustan los extraños.-
-A ellos parece no molestarles.- Hilary señala a los dos grandes de afuera.
‘Ellos no fueron abandonados’ piensas decidiendo no contestar eso –Él es algo más complicado.-
Se quedan en silencio. Ella se sonroja de pronto, pero frunce el ceño y aprieta los puños. –Kai Hiwatari, no voy a ir a ningún lado; así que aunque quieras no saldré por esa puerta.-
Eso te toma por sorpresa, -Bueno, no te iba a correr. Es muy noche ya. Te traeré unas mantas.-
H
¿Ah?
Eso no lo veías venir. No la más agradable siendo que no te ofreció su cama (aunque eso al contarlo se oye a que hicieron ‘algo’), pero es lo MÁS inesperado viniendo de él.
Dormirás aquí… no te corrió, pareciera que reconoció su falta (aunque será un tema que habrá que abordar después), estás aquí y las aguas se han calmado.
No esperabas nada de esto ¿cierto?
9.7.09
Desconocido II
La luna vista a través del derrumbe.
Parece que se me hubiera venido el mundo encima, me sacudo un poco entre sueños. Recuerdo la noche, el terremoto, y que nos separamos. Me levanto con la idea bien clara de buscar a Yuriy sin importar mi estado. Ya ha amanecido, aunque hay demasiada luz…
No estamos en la cueva.
Yuriy yace recostado no muy lejos de mi; me acerco ansioso esperando lo peor pero se retuerce un poco mientras lo veo mover los labios hablando en su sueño. No puedo detener el suspiro de alivio que me asalta.
Miro curioso alrededor, no estamos en la cueva pero estamos a pocos metros de ella, hay varias cosas que teníamos al interior acomodadas a nuestro alrededor, una agradable fogata en medio y un olor que me hace comenzar a salivar, un animal asándose sobre el fuego. Definitivamente Yuriy no hizo nada de esto, hasta imagino que ni siquiera se ha levantado.
¿Quién nos ayudó?
Estiro las pierna y busco algún rastro de heridas o lesiones serias, no tengo mas que unos cuantos moretones y un pequeño raspón en la mano derecha. Vaya, para ser tan aparatoso el movimiento, no dejó daños tan severos.
-Y yo que pensaba decirle a tu príncipe que te despertara con un beso.- Dice una voz entre los arbustos.
Me giro, no me suena desconocida pero no puedo adivinar exactamente a quien pertenece. -¿Kai?- me voy por la opción que más me suena.
Y sí, es él… bueno es y no, parece otra persona que ha pasado por todas las desgracias del mundo y no puede morir, salvo por su gesto y su mirada cualquiera diría que es otra persona.
-¿A quién esperabas? ¿tu cita del martes?-
Si, es Kai.
-¿Qué haces aquí?-
Me mira mientras niega, -Eres imposible,- entra a la cueva y saca tres platos, me da dos y con habilidad separa la carne del fuego, después la destaza y sirve porciones idénticas en cada plato.
-Tú nos sacaste… ¿Dónde has estado? ¿cómo supiste que estábamos aquí?-
-Lo he sabido hace más de dos meses.-
-Jamás dijiste nada, pensamos que estabas muerto.-
Ríe sardónicamente mientras le encaja los dientes a la carne, no hablará, mueve un poco la cabeza señalándome a Yuriy que sigue adormilado. Tiene que comer, ahora espero que no despierte de mal humor.
-Sé precavido.- Murmura el otro mientras come.
-Ya lo sé,- digo molesto porque me recuerda a esos tiempos donde Yuriy y Kai parecían inseparables, uno sabía lo que el otro tenía en la cabeza sin mediar palabra, jamás me agradó eso. Aunque el destino jugó diferente y nos colocó en lugares distintos. Ahora sé que conozco a Yuriy mejor que todo el mundo, quizá Kai lo hizo en su momento pero ahora no hay nada que no sepa de él.
Cuando me acerco a despertarlo lo llamo como siempre, esta vez me responde con un leve quejido que me enfría la sangre. No es normal que se queje así.
-¿Yuriy? Anda, la comida está lista.-
Él no abre los ojos, se retuerce mientras trata de volver a dormir. Avergonzado de mi presente ignorancia volteo a Kai que come calmadamente, se da cuenta de mi mirada y sólo niega. ¿Qué significa eso?
Un temor anidado hace cuatro meses me asalta, eso de no querer saber pero entender que tengo que saber. –Ey, anda.-
Al fin abre los ojos y tiene que parpadear muchas veces para adaptarse a la luz, como decía, no está mucho tiempo bajo la luz del sol. -¿Qué pasó? ¿dónde estamos?-
-Ayer tembló, la cueva se colapsó parcialmente un conocido del más allá nos ayudó.-
-Ey pelirrojo, tu compañerito comenzaba a preocuparse por ti.-
-Kai… ¿qué haces aquí?- Yuriy decide omitir la posible emoción del reencuentro.
-No tenía nada mejor que hacer anoche.-
Comemos en silencio perdidos en nuestros pensamientos. De vez en vez levanto la mirada para darme cuenta que no hay nada de ese juego de miradas entre Kai y Yuriy que mi cabeza ha estado creando desde hace un buen rato, de hecho parece que ignoran que el otro está ahí. Entre eso, me quedo viendo a Kai un poco, ha cambiado… bastante. El cabello quizá un poco más corto y la fisonomía más delgada con el mismo aire de depredador, aunque no como el de antes… de cazador superior, sino de rapiña… es como el de Yuriy.
-¿Dónde has estado?- pregunta Yuriy incómodo con el silencio, con el tiempo se ha acostumbrado a la plática durante la comida.
Kai niega de nuevo, -Vagando-
-¿Ya no estás en el ejército?- pregunto.
Kai bufa, -Ya no hay tal cosa, se han perdido de mucho estando en su luna de miel. Todos pelean contra todos.-
Bueno, eso podría explicar la aparente paz, aunque me queda una duda. -¿Quién está al mando?-
-Todos y nadie a la vez.-
Ok, eso no me dice nada pero al menos ya no hay riesgo de ser perseguidos como desertores. –Dijiste que sabías que estábamos aquí, ¿por qué nunca viniste?-
-¿Interrumpir su vida de casados? No le hago a eso, gracias.-
-Imbécil. ¿Cómo te sientes Yura?-
-¿Y-u-r-a?- ríe Kai burlándose, -mejor voy a buscar la cena.- dice y se pierde entre los arbustos.
-Bien, sólo me duele un poco la pierna pero ¿qué tiene eso de raro?- él dice sonriendo… pero sé que miente.
-¿Quieres que te la corte para que te duela más?- pregunto jugando con la etiqueta de masoquista que le colgamos desde hace mucho. Yo soy el sádico y él el masoquista… el par ideal.
-¿Y con qué te voy a patear?-
Intercambiamos insultos y risas unos diez minutos, en los que me confirma que hay algo malo en él. Si, desde que pasó aquello de su pierna pasó de ser la parte dominante a algo un tanto pasivo-agresivo. Ya no volvió a imponer nada, sino que conseguía las cosas con una paciencia que me obligaba a ceder, no era así. Era agresivo, mandón, exigente, perfeccionista… su encuentro con la muerte se llevó casi todo eso.
Tuve que conformarme con lo poco que quedó.
Sé que él no me dirá nada. –Voy a ver si su señoría cazó algo o ya se lo comieron, tú y yo sabemos que nunca fue bueno para eso.-
-Si.-
Entro a la arboleda siguiendo el rastro de Kai, me lleva casi quince minutos. Lo encuentro en un claro, sentado junto al cadáver de un ciervo pequeño, me da la espalda y puedo darme cuenta que está fumando.
-Eso te va a matar.-
-No tengo tanta suerte.- Pero que pesimista se ha vuelto.
-¿Por qué no habías venido? Te dimos por muerto.-
-Eso no es cierto, ¿recuerdas? Somos los microbios... de dios.-
-No respondiste.-
-No tenía a que venir… vamos, pronto va a oscurecer y él necesita dormir adentro.-
No me gusta su tono, -¿Qué hay de malo con Yuriy?-
-Eres tú quien vive con él, lo sabes pero no lo reconoces. Apresúrate.- Me lanza el animal muerto y se aleja aprisa.
No saber pero entender que tengo que saber…
O saber, pero no querer reconocer.
Una vez en la cueva, entramos a limpiar un poco los escombros. Es un desastre, entre los dos quitamos las rocas que se pueden mover y abrimos una especie de camino para poder entrar y salir sin tanto problema, me doy cuenta que Kai ha perdido bastante de su fuerza, viéndolo de cerca es como si estuviera casi en los huesos… digo, nunca fue un Tyson pero tampoco lo opuesto.
Ha oscurecido, Yuriy entra ayudado de mi. Ha estado tosiendo desde que el sol comenzaba a ocultarse, una tos insistente, nada ostentosa pero inquietante. Me preocupa. Encendemos una fogata, Kai ya ha separado las piezas útiles del animal y yo las coloco en varas para que se asen.
Mientras está lista, Kai se recuesta en una orilla, como siempre pareciera que ni está ahí. No digo nada porque estoy seguro que el sueño no es una de sus actividades más cotidianas, me di cuenta que no hay agua y creo que es momento de ir. Le aviso a Yuriy sólo mostrando el recipiente donde la almacenamos.
Me cuesta llegar, el cielo sigue nublado y no hay luz en la noche. Llego al río y lleno la gran vasija. Pesa los mil diablos pero siempre es bueno tener agua fresca, mi cabeza se vuelve a llenar de todo lo que ha pasado desde que desperté, lo que sea que Kai sabe, lo que Yuriy tiene, y… lo que siempre he sabido pero no quiero aceptar.
Conforme me acerco los escucho hablar y me detengo un momento.
-Las cosas no terminaron como hubiera esperado.- Yuriy dice en voz baja.
-Mira que curioso, para mí sí.-
-¿Estás loco? Ivan muerto, Serguei sepa el diablo dónde, tú como mercenario y el loco aquél y yo ¿juntos?-
-Nunca esperé nada, así que cualquier cosa es buena.-
-Eres un idiota…-
-No se lo dirás, ¿cierto?- Kai interrumpe la burla de Yuriy. –El muy zopenco no se dará cuenta.-
-Sí, sí lo sabe.-
-¿Si? No me lo parece.-
-Sabe más de lo que él mismo quiere reconocer.-
Tengo que retirarme de ahí, Yuriy está consciente que sé todo y aún así trata de cubrir nuestra propia mentira, aunque el temblor derribó la pequeña cortina de felicidad él trata de asirla de nuevo… no puedo, no quiero.
Recobro la calma y regreso como si nada, Kai está revisando sus armas, no había notado que viene armado hasta los dientes, armas ligeras y cortas (mas un rifle) que harían la delicia de Serguei. Quizá por eso anda de aquí a allá.
-¿Qué te crees, el ángel de la muerte?- río entretenido con el arsenal que Hiwatari extiende.
-No, 'ángel' sería el último modo de nombrarme.- Sonríe maliciosamente. Ahora es cuando decido que no quiero saber qué hace vagando por ahí con tantas armas (que sin duda han sido bastante utilizadas).
La noche sigue su curso, la tos de Yuriy parece incrementarse periódicamente, yo me entretengo atizando el fuego. Kai termina de limpiar y recoge sus cosas, los dos lo vemos acomodarse una mochila al hombro. Nos mira levemente y gira la cabeza.
-Adiós.-
Y se va.
Kai nunca se despide, era el movimiento de mano, una mirada o un ‘nos vemos’ …nunca le había escuchado un adiós.
Ya que se ha ido nos quedamos en silencio. Es roto por la tos de Yuriy que no se detiene, ese constante movimiento de su pecho me derrumba todo, porque ya no sólo soy consciente de nuestra mortalidad sino de la latente posibilidad de perderlo…
Sí, sabía que no podíamos estar toda la vida juntos, bueno, al menos sí mientras durara la de los dos pero entendía que no acabaría pronto, algunos años, un largo tiempo todavía…
Hoy cuando desperté me di cuenta que duraría mucho menos.
-Ey, toma un poco de esto.- Le doy una taza con un té que encontré en el pueblo para calmar los problemas respiratorios.
Aunque ése no es su problema.
Me abre espacio a su lado mientras sujeta la taza y le sopla enfriándola.
No importa si lo sé, si él sabe que lo sé, si ambos sabemos la verdad. Nos engañaremos, nos sujetaremos tanto como podamos a esa cortina que cubre torpemente la realidad, qué curioso, me di cuenta que al final nos parecemos más de lo que nos gustaría aceptar a esos estúpidos que preferían vivir en una mentira que afrontar la verdad.
¿A quién le importa?
Le tomo la mano, él pasa la suya por mi costado. Trato de no mirar el hilillo de sangre que corre por su boca a causa de la tos, levanto la mirada y percibo un pálido halo que se cuela entre la oscuridad de la cueva.
-¿La luna?-
-La luna-
Decimos juntos, giramos la cabeza a donde hay una abertura en el techo por que el se ve perfectamente la luna abriéndose camino entre las nubes.
Cierra los ojos y me sujeta con fuerza mientras le da la espalda al astro.
Si ella es su amante, entonces sé que morirá de celos pues no lo volverá a ver, porque el daño a los pulmones de Yuriy provocado por las costillas rotas no tendrá remedio. Quizá ni siquiera llegue a la mañana del día siguiente, no importa, ya no importa, que me sujetaré a él hasta que la misma muerte venga y lo arranque de mi.
Quién sabe, tal vez hasta resulte que si somos aquellos microbios del tal Arnaud. Y seremos los únicos que sobreviviremos a todo.
Si o no.
¿Qué diablos?
Con lo que he vivido, bien puedo morir feliz.
Aunque no soy yo quien morirá. ¿Qué importa?
La luna se vuelve a perder entre las nubes, desde hace muchas noches siente los celos al vernos, y me odia a morir.
Parece que se me hubiera venido el mundo encima, me sacudo un poco entre sueños. Recuerdo la noche, el terremoto, y que nos separamos. Me levanto con la idea bien clara de buscar a Yuriy sin importar mi estado. Ya ha amanecido, aunque hay demasiada luz…
No estamos en la cueva.
Yuriy yace recostado no muy lejos de mi; me acerco ansioso esperando lo peor pero se retuerce un poco mientras lo veo mover los labios hablando en su sueño. No puedo detener el suspiro de alivio que me asalta.
Miro curioso alrededor, no estamos en la cueva pero estamos a pocos metros de ella, hay varias cosas que teníamos al interior acomodadas a nuestro alrededor, una agradable fogata en medio y un olor que me hace comenzar a salivar, un animal asándose sobre el fuego. Definitivamente Yuriy no hizo nada de esto, hasta imagino que ni siquiera se ha levantado.
¿Quién nos ayudó?
Estiro las pierna y busco algún rastro de heridas o lesiones serias, no tengo mas que unos cuantos moretones y un pequeño raspón en la mano derecha. Vaya, para ser tan aparatoso el movimiento, no dejó daños tan severos.
-Y yo que pensaba decirle a tu príncipe que te despertara con un beso.- Dice una voz entre los arbustos.
Me giro, no me suena desconocida pero no puedo adivinar exactamente a quien pertenece. -¿Kai?- me voy por la opción que más me suena.
Y sí, es él… bueno es y no, parece otra persona que ha pasado por todas las desgracias del mundo y no puede morir, salvo por su gesto y su mirada cualquiera diría que es otra persona.
-¿A quién esperabas? ¿tu cita del martes?-
Si, es Kai.
-¿Qué haces aquí?-
Me mira mientras niega, -Eres imposible,- entra a la cueva y saca tres platos, me da dos y con habilidad separa la carne del fuego, después la destaza y sirve porciones idénticas en cada plato.
-Tú nos sacaste… ¿Dónde has estado? ¿cómo supiste que estábamos aquí?-
-Lo he sabido hace más de dos meses.-
-Jamás dijiste nada, pensamos que estabas muerto.-
Ríe sardónicamente mientras le encaja los dientes a la carne, no hablará, mueve un poco la cabeza señalándome a Yuriy que sigue adormilado. Tiene que comer, ahora espero que no despierte de mal humor.
-Sé precavido.- Murmura el otro mientras come.
-Ya lo sé,- digo molesto porque me recuerda a esos tiempos donde Yuriy y Kai parecían inseparables, uno sabía lo que el otro tenía en la cabeza sin mediar palabra, jamás me agradó eso. Aunque el destino jugó diferente y nos colocó en lugares distintos. Ahora sé que conozco a Yuriy mejor que todo el mundo, quizá Kai lo hizo en su momento pero ahora no hay nada que no sepa de él.
Cuando me acerco a despertarlo lo llamo como siempre, esta vez me responde con un leve quejido que me enfría la sangre. No es normal que se queje así.
-¿Yuriy? Anda, la comida está lista.-
Él no abre los ojos, se retuerce mientras trata de volver a dormir. Avergonzado de mi presente ignorancia volteo a Kai que come calmadamente, se da cuenta de mi mirada y sólo niega. ¿Qué significa eso?
Un temor anidado hace cuatro meses me asalta, eso de no querer saber pero entender que tengo que saber. –Ey, anda.-
Al fin abre los ojos y tiene que parpadear muchas veces para adaptarse a la luz, como decía, no está mucho tiempo bajo la luz del sol. -¿Qué pasó? ¿dónde estamos?-
-Ayer tembló, la cueva se colapsó parcialmente un conocido del más allá nos ayudó.-
-Ey pelirrojo, tu compañerito comenzaba a preocuparse por ti.-
-Kai… ¿qué haces aquí?- Yuriy decide omitir la posible emoción del reencuentro.
-No tenía nada mejor que hacer anoche.-
Comemos en silencio perdidos en nuestros pensamientos. De vez en vez levanto la mirada para darme cuenta que no hay nada de ese juego de miradas entre Kai y Yuriy que mi cabeza ha estado creando desde hace un buen rato, de hecho parece que ignoran que el otro está ahí. Entre eso, me quedo viendo a Kai un poco, ha cambiado… bastante. El cabello quizá un poco más corto y la fisonomía más delgada con el mismo aire de depredador, aunque no como el de antes… de cazador superior, sino de rapiña… es como el de Yuriy.
-¿Dónde has estado?- pregunta Yuriy incómodo con el silencio, con el tiempo se ha acostumbrado a la plática durante la comida.
Kai niega de nuevo, -Vagando-
-¿Ya no estás en el ejército?- pregunto.
Kai bufa, -Ya no hay tal cosa, se han perdido de mucho estando en su luna de miel. Todos pelean contra todos.-
Bueno, eso podría explicar la aparente paz, aunque me queda una duda. -¿Quién está al mando?-
-Todos y nadie a la vez.-
Ok, eso no me dice nada pero al menos ya no hay riesgo de ser perseguidos como desertores. –Dijiste que sabías que estábamos aquí, ¿por qué nunca viniste?-
-¿Interrumpir su vida de casados? No le hago a eso, gracias.-
-Imbécil. ¿Cómo te sientes Yura?-
-¿Y-u-r-a?- ríe Kai burlándose, -mejor voy a buscar la cena.- dice y se pierde entre los arbustos.
-Bien, sólo me duele un poco la pierna pero ¿qué tiene eso de raro?- él dice sonriendo… pero sé que miente.
-¿Quieres que te la corte para que te duela más?- pregunto jugando con la etiqueta de masoquista que le colgamos desde hace mucho. Yo soy el sádico y él el masoquista… el par ideal.
-¿Y con qué te voy a patear?-
Intercambiamos insultos y risas unos diez minutos, en los que me confirma que hay algo malo en él. Si, desde que pasó aquello de su pierna pasó de ser la parte dominante a algo un tanto pasivo-agresivo. Ya no volvió a imponer nada, sino que conseguía las cosas con una paciencia que me obligaba a ceder, no era así. Era agresivo, mandón, exigente, perfeccionista… su encuentro con la muerte se llevó casi todo eso.
Tuve que conformarme con lo poco que quedó.
Sé que él no me dirá nada. –Voy a ver si su señoría cazó algo o ya se lo comieron, tú y yo sabemos que nunca fue bueno para eso.-
-Si.-
Entro a la arboleda siguiendo el rastro de Kai, me lleva casi quince minutos. Lo encuentro en un claro, sentado junto al cadáver de un ciervo pequeño, me da la espalda y puedo darme cuenta que está fumando.
-Eso te va a matar.-
-No tengo tanta suerte.- Pero que pesimista se ha vuelto.
-¿Por qué no habías venido? Te dimos por muerto.-
-Eso no es cierto, ¿recuerdas? Somos los microbios... de dios.-
-No respondiste.-
-No tenía a que venir… vamos, pronto va a oscurecer y él necesita dormir adentro.-
No me gusta su tono, -¿Qué hay de malo con Yuriy?-
-Eres tú quien vive con él, lo sabes pero no lo reconoces. Apresúrate.- Me lanza el animal muerto y se aleja aprisa.
No saber pero entender que tengo que saber…
O saber, pero no querer reconocer.
Una vez en la cueva, entramos a limpiar un poco los escombros. Es un desastre, entre los dos quitamos las rocas que se pueden mover y abrimos una especie de camino para poder entrar y salir sin tanto problema, me doy cuenta que Kai ha perdido bastante de su fuerza, viéndolo de cerca es como si estuviera casi en los huesos… digo, nunca fue un Tyson pero tampoco lo opuesto.
Ha oscurecido, Yuriy entra ayudado de mi. Ha estado tosiendo desde que el sol comenzaba a ocultarse, una tos insistente, nada ostentosa pero inquietante. Me preocupa. Encendemos una fogata, Kai ya ha separado las piezas útiles del animal y yo las coloco en varas para que se asen.
Mientras está lista, Kai se recuesta en una orilla, como siempre pareciera que ni está ahí. No digo nada porque estoy seguro que el sueño no es una de sus actividades más cotidianas, me di cuenta que no hay agua y creo que es momento de ir. Le aviso a Yuriy sólo mostrando el recipiente donde la almacenamos.
Me cuesta llegar, el cielo sigue nublado y no hay luz en la noche. Llego al río y lleno la gran vasija. Pesa los mil diablos pero siempre es bueno tener agua fresca, mi cabeza se vuelve a llenar de todo lo que ha pasado desde que desperté, lo que sea que Kai sabe, lo que Yuriy tiene, y… lo que siempre he sabido pero no quiero aceptar.
Conforme me acerco los escucho hablar y me detengo un momento.
-Las cosas no terminaron como hubiera esperado.- Yuriy dice en voz baja.
-Mira que curioso, para mí sí.-
-¿Estás loco? Ivan muerto, Serguei sepa el diablo dónde, tú como mercenario y el loco aquél y yo ¿juntos?-
-Nunca esperé nada, así que cualquier cosa es buena.-
-Eres un idiota…-
-No se lo dirás, ¿cierto?- Kai interrumpe la burla de Yuriy. –El muy zopenco no se dará cuenta.-
-Sí, sí lo sabe.-
-¿Si? No me lo parece.-
-Sabe más de lo que él mismo quiere reconocer.-
Tengo que retirarme de ahí, Yuriy está consciente que sé todo y aún así trata de cubrir nuestra propia mentira, aunque el temblor derribó la pequeña cortina de felicidad él trata de asirla de nuevo… no puedo, no quiero.
Recobro la calma y regreso como si nada, Kai está revisando sus armas, no había notado que viene armado hasta los dientes, armas ligeras y cortas (mas un rifle) que harían la delicia de Serguei. Quizá por eso anda de aquí a allá.
-¿Qué te crees, el ángel de la muerte?- río entretenido con el arsenal que Hiwatari extiende.
-No, 'ángel' sería el último modo de nombrarme.- Sonríe maliciosamente. Ahora es cuando decido que no quiero saber qué hace vagando por ahí con tantas armas (que sin duda han sido bastante utilizadas).
La noche sigue su curso, la tos de Yuriy parece incrementarse periódicamente, yo me entretengo atizando el fuego. Kai termina de limpiar y recoge sus cosas, los dos lo vemos acomodarse una mochila al hombro. Nos mira levemente y gira la cabeza.
-Adiós.-
Y se va.
Kai nunca se despide, era el movimiento de mano, una mirada o un ‘nos vemos’ …nunca le había escuchado un adiós.
Ya que se ha ido nos quedamos en silencio. Es roto por la tos de Yuriy que no se detiene, ese constante movimiento de su pecho me derrumba todo, porque ya no sólo soy consciente de nuestra mortalidad sino de la latente posibilidad de perderlo…
Sí, sabía que no podíamos estar toda la vida juntos, bueno, al menos sí mientras durara la de los dos pero entendía que no acabaría pronto, algunos años, un largo tiempo todavía…
Hoy cuando desperté me di cuenta que duraría mucho menos.
-Ey, toma un poco de esto.- Le doy una taza con un té que encontré en el pueblo para calmar los problemas respiratorios.
Aunque ése no es su problema.
Me abre espacio a su lado mientras sujeta la taza y le sopla enfriándola.
No importa si lo sé, si él sabe que lo sé, si ambos sabemos la verdad. Nos engañaremos, nos sujetaremos tanto como podamos a esa cortina que cubre torpemente la realidad, qué curioso, me di cuenta que al final nos parecemos más de lo que nos gustaría aceptar a esos estúpidos que preferían vivir en una mentira que afrontar la verdad.
¿A quién le importa?
Le tomo la mano, él pasa la suya por mi costado. Trato de no mirar el hilillo de sangre que corre por su boca a causa de la tos, levanto la mirada y percibo un pálido halo que se cuela entre la oscuridad de la cueva.
-¿La luna?-
-La luna-
Decimos juntos, giramos la cabeza a donde hay una abertura en el techo por que el se ve perfectamente la luna abriéndose camino entre las nubes.
Cierra los ojos y me sujeta con fuerza mientras le da la espalda al astro.
Si ella es su amante, entonces sé que morirá de celos pues no lo volverá a ver, porque el daño a los pulmones de Yuriy provocado por las costillas rotas no tendrá remedio. Quizá ni siquiera llegue a la mañana del día siguiente, no importa, ya no importa, que me sujetaré a él hasta que la misma muerte venga y lo arranque de mi.
Quién sabe, tal vez hasta resulte que si somos aquellos microbios del tal Arnaud. Y seremos los únicos que sobreviviremos a todo.
Si o no.
¿Qué diablos?
Con lo que he vivido, bien puedo morir feliz.
Aunque no soy yo quien morirá. ¿Qué importa?
La luna se vuelve a perder entre las nubes, desde hace muchas noches siente los celos al vernos, y me odia a morir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)