La historia había sido la misma, viviendo solo como el último par de años, o cuando compartía la inmensa mansión con su abuelo. Abrir la puerta y no encontrar a nadie del otro lado, y no era que él fuera de esas personas que consideraba a los sirvientes o demás personal de la casa como parte del mobiliario, pero jamás había tenido una relación que fuera más allá de jefe y empleado, por tanto no entraba en el rango de considerarse un recibimiento grato, era neutro.
Y se había acostumbrado a encontrar la sala y la planta medio descuidada cada que regresaba a casa. En el par de años viviendo ahí después del irreconciliable rompimiento con su abuelo, se retiró sin la más mínima señal de querer reparar el asunto pero con el trato firme con el contador de regresar cuando tuviera la mayoría de edad a nivel mundial para reclamar su lugar de heredero.
Pero esa era otra historia, aquí lo que interesa conocer es su deseo aplacado de volver a sentir la sensación de bienvenida, que no meros muebles minimalistas o aparatos de alta tecnología le vieran llegar, como en aquellas vagas memorias donde padre y madre hacían las clásicas pero ahora añoradas preguntas ‘¿cómo te fue?’ ‘¿qué tal el día?’
Asistía a una universidad local, donde recibía clases a distancia de prestigiosas instituciones, si no se había ido del país era por que en esa pequeña ciudad tenía lo único cercano a la familiaridad, del lugar y de cierta gente. Frecuentaba el círculo de amistades que aún no había quebrado.
Rei había hecho lo mismo, trayéndose consigo a Mariah. Max vivía en E.U. y tenía a Kenny como inquilino en la casa de su mamá, y Daichi casi era miembro del dojo Granger. Como siempre Tyson se convirtió en el centro de sus vidas, era el punto de reunión de ley, ni él ni Hilary habían cambiado su lugar de residencia. Así que a medias, el grupo original se veía a menudo.
El día casi obligado eran los sábados, donde la pareja china llegaba desde temprano para preparar comida, Tyson y su abuelo preparaban mesas y sillas y uno que otro adorno en el patio, Daichi hacía un poco en cada lado. Pasado el medio día, Hilary llegaba con el postre que su mamá le ayudaba a preparar. Y para cuando el sol comenzaba a ocultarse, Kai arribaba con alguna exoticidad culinaria (palabras textuales de Rei) que hallaba en sus viajes de viernes obligado por su trabajo.
Se saludaban, se preguntaban por las novedades de la semana, por los planes de la siguiente y por cualquier nueva noticia o cosa para chismosear un rato (aunque Kai jamás se incluía).
Una rutina cálida y agradable, reuniones que podían hacer olvidar una pesada semana de trabajo y/o escuela. Esta vez no hubo nada nuevo, pero comenzaba a cocinarse uno de los más inesperados sucesos.
Ya era casi de noche, Kai descansaba en el pórtico medio platicando con Rei, Mariah y el abuelo discutían por el ‘mejor’ modo de servir el platillo que habrían de cenar. Tyson brincaba de canal en canal en la tv bajo las protestas de Daichi y Hilary, cuando la discusión en la cocina comenzó a incluir gritos de Mariah, Rei entró a escena para calmar a la chica y ver quien de los dos tenía la razón. Por su parte, Daichi y Tyson fueron a apoyar al abuelo en caso que se hiciera el típico combate de grupos los Granger (mas Daichi) contra Rei y Mariah.
Hilary suspiró aburrida, al menos había una de esas cada mes, con resultados variables pero era molesto y ciertamente, inmaduro. Salió a tomar aire, y se encontró con Kai con los ojos entrecerrados escuchando música.
-Siempre es lo mismo.- Ella comenzó la conversación. Era imposible que él lo hiciera, pero a Hilary le agradaba lo enriquecedora (en todos los aspectos) que era una escueta conversación con Kai.
Al oírla se quitó los audífonos y contestó sin verla –Si, pero a todos parece hacerle feliz.-
Ella asintió, -¿Qué oyes?- quiso guiar el asunto por otro lado.
-No tengo idea- miró su reproductor de música –es música rara que Tala me envió ayer.- Agregó con una sonrisa por las extrañas tonadas que su conocido escuchaba.
-¿Puedo oír?- preguntó sintiendo que era infructuoso hacer semejante pedido.
-Toma- él le extendió los audífonos, algo estupefacta ella se sentó al lado de él y comenzó a escuchar.
Una curiosa combinación de percusiones, algún instrumento de cuerdas y algo que no pudo nombrar de otro modo mas que alaridos sacudían los audífono -¿De dónde es?-
-No podría decirte, Colombia, Pakistán, Samoa… que sé yo.-
Ella le dio uno y quedaron escuchando juntos. Cuando pasaron tres canciones y se dieron cuenta que la trifulca en la cocina se había aplacado lo apagaron. –Me gustó, deberías prestármelo un día.- Ella le sonrió.
-Seguro.-
-Vamos a ver si sobrevivió algo de comida.-
Los dos entraron para darse cuenta que la pipa de la paz (en forma de pastel de frutas) era compartida entre todos. Les dieron un pedazo a cada uno y la paz cayó en el dojo. Pasada la media noche, Rei y Mariah anunciaron que se quedarían a dormir, Hilary no podía por que tenía visita familiar el domingo. Pero considerando la hora, todos miraron a Kai que vio su oportunidad para que no le insistieran en que se quedara también. Y aceptó acompañarla sin tanto regañadiente.
Kai tenía carro, pero lo usaba lo menos que podía. Justo como esa ocasión y se fueron caminando. Era una templada noche de principios de otoño, estaban a dos cuadras de la casa de Hilary cuando ella comenzó a buscar desesperada en su pantalón, y de pronto se dio un pequeño golpe con su mano mientras murmuraba ‘tonta’ y se insultaba otro tanto.
Él no quería mostrar interés pero fue tan cómico su acto que no se contuvo -¿Qué?-
-No saqué mis llaves.- Dijo incrédula.
Kai, práctico como siempre contestó –Pues pide que te abran.-
-No conoces a mi madre, me recibirá con un regaño que dejaría frito al abuelo. No, creo que después de todo si me tendré que quedar con Tyson.-
Kai hizo un gesto de desagrado y halló la solución que le beneficiaba. –O podrías quedarte en mi departamento, y mañana regresas temprano.-
Ella balanceó las posibilidades, si regresaban con Tyson sería el mismo teatro de siempre, Daichi peleando por la cama con Tyson, los arrumacos de Rei y Mariah y las extrañezas del abuelo, en cambio con Kai… no, no había nada que pensar. –Me parece mejor.-
Cambiaron de ruta y caminaron en silencio, ella sintió una pequeña ola de nerviosismo, nunca había estado en el departamento de Kai a solas, y mucho menos dormir ahí pero quería conocer, por sana curiosidad y afán de fisgonear. Al llegar, tomaron el ascensor hasta el octavo piso, era un edificio reciente y con algunos lujos.
La puerta era negra contrastando con las demás aburridas de simple madera café. Al interior, la clásica sala negra y el mueble de los aparatos, una minúscula mesa redonda y un anaquel repleto de curiosidades de todo el mundo. Ella le pidió un poco de agua, él le dijo que se sirviera mientras buscaba cobijas. Mientras ella aprovechó para curiosear la cocina, las alacenas, todo estaba impecable, de hecho parecía todo nuevo, la estufa y los demás utensilios. De trastes solo un vaso y un plato escurriendo, el refrigerador vacío salvo por un poco de comida congelada y embutidos. En la alacena, enlatados y comida precocida, nada fresco que denotara que alguna vez cocinara.
-¿Hace cuanto que no comes comida casera?- Vino su pregunta casi sin pensar.
-Si no contamos esas reuniones… ya ni me acuerdo.- Contestó Kai desde el marco de la puerta con un par de cobertores y una almohada en manos.
Ella no halló que responder, sabía de los conflictos familiares de Hiwatari, y siempre tenía el tacto de no tocar el tema, así que no insistió y siguió a Kai a la sala, ella estaba apenada por hacerlo dormir fuera de su cama. –Prometo que me iré temprano, así puedes regresar a tu cama a terminar de dormir.-
Kai arqueó una ceja –Pero si tú vas a dormir aquí.- Colocó las cobijas, la almohada y le deseo buenas noches asintiendo simplemente.
Hilary no esperaba eso, se quedó con las palabras en la boca y un reclamo que ni pudo formular. Kai apagó las demás luces y desapareció por el pasillo. Ella tenía sueño, pero no pudo conciliarlo, tres cosas en su cabeza. Sorpresa por la acción de Kai, un sentimiento confuso que regresaba y la extraña sensación de la frialdad de ese lugar, un poco extraño, pero ella creía eso de la calidez de los lugares, su casa era tibieza pura, la de Tyson una energía explosiva, la de Rei calma candente pero ese departamento se sentía helado, estático.
Se sentó en el sillón, halló una mesa esquinera donde reposaba el teléfono y tres fotografías: de ellos, de los rusos y de Kai muy pequeño con su familia. Mirándolo sonrió, si, ahí estaba de nuevo ese agrado-aprecio-seudo amor por él, nacido cuando lo vio por primera vez, apagado cuando lo trató, renacido cuando lo conoció mas tiempo, aplacado por la costumbre y el paso de los años. Pero nunca desaparecido.
Los domingos para Kai eran el único día cuando rompía su casi horario de monje, despertaba tarde y rara vez salía. Ese día al abrir los ojos se encontró con un aroma ajeno, agradable pero que no correspondía. Desconfiado y alerta como siempre salió de su cuarto y se encontró a Hilary cocinando. -¿Qué haces?-
-¿Qué parece genio?-
Él le dio una dura mirada pero asintió –Me doy cuenta, ¿pero no deberías estar en tu casa?-
-Nah, mis tíos y la abuela van cada semana, pero preparar comida en la cocina Hiwatari no todos los días.- Contestó sonriendo –Dame dos platos, y trae los vasos, hallé jugo en el fondo, sírvelo.-
Kai se quedó estático, esa chica osaba transgredir su cocina, burlarse de él y lo peor, ordenarle. Pero halló tan seductor el aroma que no discutió. El desayuno no era precisamente lo mejor que hubiera probado, pero tenía esa cualidad que hace que no importen las cosas, estaba caliente, recién hecho y estaba en su casa.
Cuando terminaron, él le acompañó a su casa ante las protestas de la chica, cuando llegaron ella se deshacía en agradecimientos pero él la calló diciéndole simplemente –Estamos a mano.- Y regresó despidiéndose levantando una mano.
Desde entonces como por un pacto sin palabras, ella aparecía de vez en vez en su puerta, llevándole un poco de la comida que hacía en su casa, o con ingredientes para preparar. Y comenzó una relación, que podía ser vista de modos distintos dependiendo el ángulo, una buena amistad, un noviazgo, un beneficio mutuo, el colmo de la rutina o un potencial conjunto de todo lo anterior.
Pero a los dos les gustaba. Y aunque sigue sin animarse a darle la llave de su departamento; los martes, jueves y cada veintidós de mes, Kai llega a casa, descansa un poco, llaman a la puerta y al abrirla se encuentra con esa sensación de que alguien le da la bienvenida.
21.2.09
Счастливый день
La vida no era tan complicada como clamaban, si, en ese maldito infierno podía ser un poco adversa, pero nada que no se pudiera superar con el compañero de a lado. Se suponía que existían reglas y mayores que las hacían valer con poco miramiento hacia la fuerza usada. Pero ellos sabían que los adultos, mayores como eran y cegados por sus tontos ideales, inseguras filosofías y vanas metas, eran necios y torpes. Y ciertamente, se les podía engañar.
Parecía que el calendario no existía ahí, un día de invierno podía ser igual a uno de verano, lo único diferente era el clima, pero por lo demás, la misma rutina día tras día, donde cualquier festividad pasaba inadvertida.
Ellos habían hallado como único modo de ‘celebración’ variar un poco la situación por cuenta propia. Uno de ellos había escuchado en el radio del comedor de entrenadores que sería día del niño, ciertamente no esperaban ninguna clase de novedad por parte de los dirigentes de ese maldito lugar, pero ellos podían alegrarse el día, alegrar el de otros, y arruinárselo a otros tantos.
El plan estaba trazado, cada quien sabía cual era su parte y como hacerla. El reloj de la torre indicó las once de la noche, la hora del cambio de guardia y donde iniciaban todo, se miraron entre si para comprobar que no había inseguridades, a partir de ese momento no había marcha atrás. -¿Listos?- se escuchó la voz del líder, pelirrojo, piel pálida y ojos de hielo.
Todos asintieron. Él fue el primero en asomarse por el pasillo, perfecto, el guardia se movía de su lugar, el relevo tardaría varios minutos. Esos holgazanes se tomaban su tiempo, y eso era a favor del grupo. Con un solo movimiento de mano, los cinco salieron sin producir un solo sonido. En la primera intersección se dividieron.
El más pequeño y el más alto se fueron hacia la izquierda, el pequeño de gran nariz y revuelto cabello azul oscuro era el que imitaba a la perfección la voz del director, y el más alto de hombros anchos y cabello rubio, era el único que alcanzaba las elevadas alacenas. Se deslizaron hacia las cocinas.
El segundo grupo, conformado por el líder y el segundo al mando, la adquisición más reciente a la banda, era el segundo más joven pero rivalizaba en inteligencia, agilidad y suspicacia, de hecho él había sido el autor intelectual del plan. Sus ojos rojos bajo el cabello gris se movían con precisión de cazador. Ellos tenían la tarea más peligrosa, obtener las llaves de la oficina del mismísimo director.
El último tenía la misión menos riesgosa, pero la más importante, éste chico de cabello lavanda era el del toque artístico y humor ácido, el ideal para crear la sorpresa que tenían preparada para la mañana siguiente, él se dirigía a la lavandería, solo ahí encontraría la tela de suficiente tamaño para la obra, ya habían guardado un día antes la pintura y los pinceles, sólo era cuestión de extraer las cosas.
-¿No deberían estar trabajando? ¿para eso es que les pago?- se escuchó una recia voz al fondo, los tres que consumían alimentos brincaron de sus sillas y tartamudeando disculpas salieron corriendo por la otra puerta, los dos chicos rieron silenciosamente y entraron.
-Sigo sin entender como haces eso.- Spencer se asomaba para asegurarse que no había quedado nadie. Después, aprisa se dirigió a las alacenas y extrajo lo indicado en la lista, pan, carne, algunas frutas y dulces, cosas que pocas veces podían degustar pero ese día, era para celebrar.
Mientras Ian se aseguraba que nadie se acercara. –Libre, ¿tienes todo?-
Spencer asintió y viendo el reloj supieron que iban a tiempo.
-Kai, ¿estás seguro que por ahí se puede entrar?-
-Por tercera vez, si. Mi abuelo siempre entra por ahí.-
-Tiene sus ventajas ser el nieto del dueño.-
-Cállate.- Kai le siseó indicándole que estaban a punto de llegar al pasillo más custodiado. Tenían perfecto conocimiento de la ubicación de las cámaras de seguridad y habían practicado el modo de evadirlas. Al fin llegaron a una puerta oculta entre altas cortinas rojas, se suponía que nadie sabía de ella y por ello permanecía desbloqueada. Al girar la perilla los dos contuvieron la respiración, el Director Boris dormía temprano, aunque en ocasiones se pasaba hasta tarde en su oficina, la suerte fue buena, estaba vacía. Suspiraron aliviados, se miraron y asintieron.
Después de una búsqueda sistemática hallaron su objetivo y salieron aprisa, iban retrasados y no podía permitirse ningún error. La salida fue más sencilla, y recuperaron el tiempo perdido, coincidieron con Spencer e Ian en las escaleras, y Brian ya estaba esperándolos en la puerta de la torre.
-Tardaron.-
Tala introdujo la llave y con extremo cuidado abrió la puerta, el crujir de la madera les pareció tan inmenso que mas de uno volteó hacia atrás esperando ser descubiertos, pero nadie apareció. Subieron hasta el punto más elevado de una de las cuatro torres de la Abadía. Y ahí dispusieron las cosas.
La comida en un lado, la manta extendida en otro, rodeada de la pintura y los pinceles. –A trabajar Kandinsky.- Kai dijo con una sonrisa de burla.
-¿Qué?- dijeron juntos Spencer, Ian y Tala.
-Ignorantes.- Kai se asomó por la ventana disfrutando la brisa fría y la vista. En sus tres años ahí había descubierto infinidad de lugares interesantes, gracias a la curiosa naturaleza de Tala y las locas ideas de Brian, además del apoyo de Ian y Spencer.
La espera se tornaba aburrida, por suerte Ian había cargado con una pequeña pelota, él, Tala y Spencer se entretuvieron lanzándola por todo el lugar, entre risas y burlas, era precisamente eso lo que les había permitido imaginar y llevar a cabo travesuras como esa, tener con quien reír, de quien burlarse, con quien pelear para después estallar en carcajadas. Apoyar y verse apoyados en los malos momentos. Que ahí no eran pocos.
El más pequeño de seis, seguido por Kai con ocho años, Tala le llevaba un año, Brian no aparentaba sus diez años, y al final Spencer, con doce era el más grande en edad además de estatura.
Se estaban durmiendo, Ian ya se había dormido sobre la pierna de Spencer, que para mitigar su aburrimiento comenzó a desparramar migajas de pan entre el cabello del pequeño, Tala sentado contra la pared lanzando la pelota hacia el otro muro, Kai miraba desde la otra ventana. -¡Listo!- los cuatro brincaron al escuchar la triunfal voz de Brian. Se acercaron a ver el producto de su trabajo. Brian se levantó, se sacudió la pintura de las manos y los miró. -¿Qué les parece?-
-¡Excelente!- Spencer levantó ambos pulgares.
-¡No puedo creerlo! Es idéntico.- Dijo Ian conteniéndose las carcajadas, fallando y revolcándose en el piso mientras reía.
-No eres un caso perdido.- Kai asintió, al igual que Tala.
Brian miró de nuevo, orgulloso de su trabajo, y se recostó en el piso. –Ahora, a colocarla. Y después a comer.-
Kai y Spencer fueron los encargados de trepar al techo, amarraron firmemente lazos en dos puntos y los unieron con dos esquinas de la manta, Ian y Tala abajo amarraron las piedras más pesadas que pudieron cargar en las esquinas restantes y las lanzaron por la enorme ventana, incapaces de contener las risas al imaginar las caras de todos. Acabada la labor, se tiraron al lado de Brian descansando un momento.
-Muero por ver la cara de Boris cuando la vea.- Dijo Tala.
-Apuesto que nos matará.- Kai continuó.
-¿Y? no sabrá quien fue.- Brian se puso de pie. -¿Qué esperamos? Me muero de hambre.-
La perfecta manera de celebrar una pequeña victoria en medio de ese mundo de injusticia y limitaciones, comieron hasta que ya no pudieron contener ni un bocado, bebieron jugo y soda que normalmente les estaban vedados, se regocijaron con todo lo que normalmente les prohibían. No tenían temor del mañana, por que a esa edad, el mundo es inmenso y no hay nada que les limite.
El reloj anunciando las cuatro de la mañana les indicó que era momento de regresar para cubrir cualquier clase de sospecha. De nuevo en grupo y equipo se deslizaron hacia los dormitorios, como si nada hubiera pasado se recostaron a esperar que en menos de una hora, los entrenadores comenzaran a levantarlos.
La luz del sol pronto a salir iluminó una manta colocada en una torre, una caricatura de Boris, exagerando el gesto y con el cuerpo de un cerdo. ‘Я воняю’ Apesto se le veía decir, y una frase abajo ‘Счастливый день’ Feliz día. Al correrse la noticia ningún guardia, entrenador o amenaza de castigo contuvo la horda de estudiantes que abarrotaron los patios, todos queriendo contemplarla. Los ejecutores de la broma se habían separado para no levantar sospecha, pero cuando la risa generalizada se calmó, se miraron entre si a la distancia orgullosos de su obra.
Si, en ese momento casi todo era posible mientras estuvieran lado a lado para hacerlo, sabían que con el paso de los años, podía ser que se convirtieran como esos adultos, y aunque quisieran evitarlo, las ambiciones, las metas, las envidias, y todo eso que detestaban de los mayores los contagiaría.
Pero por ese instante. No importaba. Amigos o no, aún los descubrieran había quien cubriría sus espaldas y con quien planear la siguiente broma para celebrar o simplemente para abrillantar los opacos días.
¿Qué festividad seguía?
Parecía que el calendario no existía ahí, un día de invierno podía ser igual a uno de verano, lo único diferente era el clima, pero por lo demás, la misma rutina día tras día, donde cualquier festividad pasaba inadvertida.
Ellos habían hallado como único modo de ‘celebración’ variar un poco la situación por cuenta propia. Uno de ellos había escuchado en el radio del comedor de entrenadores que sería día del niño, ciertamente no esperaban ninguna clase de novedad por parte de los dirigentes de ese maldito lugar, pero ellos podían alegrarse el día, alegrar el de otros, y arruinárselo a otros tantos.
El plan estaba trazado, cada quien sabía cual era su parte y como hacerla. El reloj de la torre indicó las once de la noche, la hora del cambio de guardia y donde iniciaban todo, se miraron entre si para comprobar que no había inseguridades, a partir de ese momento no había marcha atrás. -¿Listos?- se escuchó la voz del líder, pelirrojo, piel pálida y ojos de hielo.
Todos asintieron. Él fue el primero en asomarse por el pasillo, perfecto, el guardia se movía de su lugar, el relevo tardaría varios minutos. Esos holgazanes se tomaban su tiempo, y eso era a favor del grupo. Con un solo movimiento de mano, los cinco salieron sin producir un solo sonido. En la primera intersección se dividieron.
El más pequeño y el más alto se fueron hacia la izquierda, el pequeño de gran nariz y revuelto cabello azul oscuro era el que imitaba a la perfección la voz del director, y el más alto de hombros anchos y cabello rubio, era el único que alcanzaba las elevadas alacenas. Se deslizaron hacia las cocinas.
El segundo grupo, conformado por el líder y el segundo al mando, la adquisición más reciente a la banda, era el segundo más joven pero rivalizaba en inteligencia, agilidad y suspicacia, de hecho él había sido el autor intelectual del plan. Sus ojos rojos bajo el cabello gris se movían con precisión de cazador. Ellos tenían la tarea más peligrosa, obtener las llaves de la oficina del mismísimo director.
El último tenía la misión menos riesgosa, pero la más importante, éste chico de cabello lavanda era el del toque artístico y humor ácido, el ideal para crear la sorpresa que tenían preparada para la mañana siguiente, él se dirigía a la lavandería, solo ahí encontraría la tela de suficiente tamaño para la obra, ya habían guardado un día antes la pintura y los pinceles, sólo era cuestión de extraer las cosas.
-¿No deberían estar trabajando? ¿para eso es que les pago?- se escuchó una recia voz al fondo, los tres que consumían alimentos brincaron de sus sillas y tartamudeando disculpas salieron corriendo por la otra puerta, los dos chicos rieron silenciosamente y entraron.
-Sigo sin entender como haces eso.- Spencer se asomaba para asegurarse que no había quedado nadie. Después, aprisa se dirigió a las alacenas y extrajo lo indicado en la lista, pan, carne, algunas frutas y dulces, cosas que pocas veces podían degustar pero ese día, era para celebrar.
Mientras Ian se aseguraba que nadie se acercara. –Libre, ¿tienes todo?-
Spencer asintió y viendo el reloj supieron que iban a tiempo.
-Kai, ¿estás seguro que por ahí se puede entrar?-
-Por tercera vez, si. Mi abuelo siempre entra por ahí.-
-Tiene sus ventajas ser el nieto del dueño.-
-Cállate.- Kai le siseó indicándole que estaban a punto de llegar al pasillo más custodiado. Tenían perfecto conocimiento de la ubicación de las cámaras de seguridad y habían practicado el modo de evadirlas. Al fin llegaron a una puerta oculta entre altas cortinas rojas, se suponía que nadie sabía de ella y por ello permanecía desbloqueada. Al girar la perilla los dos contuvieron la respiración, el Director Boris dormía temprano, aunque en ocasiones se pasaba hasta tarde en su oficina, la suerte fue buena, estaba vacía. Suspiraron aliviados, se miraron y asintieron.
Después de una búsqueda sistemática hallaron su objetivo y salieron aprisa, iban retrasados y no podía permitirse ningún error. La salida fue más sencilla, y recuperaron el tiempo perdido, coincidieron con Spencer e Ian en las escaleras, y Brian ya estaba esperándolos en la puerta de la torre.
-Tardaron.-
Tala introdujo la llave y con extremo cuidado abrió la puerta, el crujir de la madera les pareció tan inmenso que mas de uno volteó hacia atrás esperando ser descubiertos, pero nadie apareció. Subieron hasta el punto más elevado de una de las cuatro torres de la Abadía. Y ahí dispusieron las cosas.
La comida en un lado, la manta extendida en otro, rodeada de la pintura y los pinceles. –A trabajar Kandinsky.- Kai dijo con una sonrisa de burla.
-¿Qué?- dijeron juntos Spencer, Ian y Tala.
-Ignorantes.- Kai se asomó por la ventana disfrutando la brisa fría y la vista. En sus tres años ahí había descubierto infinidad de lugares interesantes, gracias a la curiosa naturaleza de Tala y las locas ideas de Brian, además del apoyo de Ian y Spencer.
La espera se tornaba aburrida, por suerte Ian había cargado con una pequeña pelota, él, Tala y Spencer se entretuvieron lanzándola por todo el lugar, entre risas y burlas, era precisamente eso lo que les había permitido imaginar y llevar a cabo travesuras como esa, tener con quien reír, de quien burlarse, con quien pelear para después estallar en carcajadas. Apoyar y verse apoyados en los malos momentos. Que ahí no eran pocos.
El más pequeño de seis, seguido por Kai con ocho años, Tala le llevaba un año, Brian no aparentaba sus diez años, y al final Spencer, con doce era el más grande en edad además de estatura.
Se estaban durmiendo, Ian ya se había dormido sobre la pierna de Spencer, que para mitigar su aburrimiento comenzó a desparramar migajas de pan entre el cabello del pequeño, Tala sentado contra la pared lanzando la pelota hacia el otro muro, Kai miraba desde la otra ventana. -¡Listo!- los cuatro brincaron al escuchar la triunfal voz de Brian. Se acercaron a ver el producto de su trabajo. Brian se levantó, se sacudió la pintura de las manos y los miró. -¿Qué les parece?-
-¡Excelente!- Spencer levantó ambos pulgares.
-¡No puedo creerlo! Es idéntico.- Dijo Ian conteniéndose las carcajadas, fallando y revolcándose en el piso mientras reía.
-No eres un caso perdido.- Kai asintió, al igual que Tala.
Brian miró de nuevo, orgulloso de su trabajo, y se recostó en el piso. –Ahora, a colocarla. Y después a comer.-
Kai y Spencer fueron los encargados de trepar al techo, amarraron firmemente lazos en dos puntos y los unieron con dos esquinas de la manta, Ian y Tala abajo amarraron las piedras más pesadas que pudieron cargar en las esquinas restantes y las lanzaron por la enorme ventana, incapaces de contener las risas al imaginar las caras de todos. Acabada la labor, se tiraron al lado de Brian descansando un momento.
-Muero por ver la cara de Boris cuando la vea.- Dijo Tala.
-Apuesto que nos matará.- Kai continuó.
-¿Y? no sabrá quien fue.- Brian se puso de pie. -¿Qué esperamos? Me muero de hambre.-
La perfecta manera de celebrar una pequeña victoria en medio de ese mundo de injusticia y limitaciones, comieron hasta que ya no pudieron contener ni un bocado, bebieron jugo y soda que normalmente les estaban vedados, se regocijaron con todo lo que normalmente les prohibían. No tenían temor del mañana, por que a esa edad, el mundo es inmenso y no hay nada que les limite.
El reloj anunciando las cuatro de la mañana les indicó que era momento de regresar para cubrir cualquier clase de sospecha. De nuevo en grupo y equipo se deslizaron hacia los dormitorios, como si nada hubiera pasado se recostaron a esperar que en menos de una hora, los entrenadores comenzaran a levantarlos.
La luz del sol pronto a salir iluminó una manta colocada en una torre, una caricatura de Boris, exagerando el gesto y con el cuerpo de un cerdo. ‘Я воняю’ Apesto se le veía decir, y una frase abajo ‘Счастливый день’ Feliz día. Al correrse la noticia ningún guardia, entrenador o amenaza de castigo contuvo la horda de estudiantes que abarrotaron los patios, todos queriendo contemplarla. Los ejecutores de la broma se habían separado para no levantar sospecha, pero cuando la risa generalizada se calmó, se miraron entre si a la distancia orgullosos de su obra.
Si, en ese momento casi todo era posible mientras estuvieran lado a lado para hacerlo, sabían que con el paso de los años, podía ser que se convirtieran como esos adultos, y aunque quisieran evitarlo, las ambiciones, las metas, las envidias, y todo eso que detestaban de los mayores los contagiaría.
Pero por ese instante. No importaba. Amigos o no, aún los descubrieran había quien cubriría sus espaldas y con quien planear la siguiente broma para celebrar o simplemente para abrillantar los opacos días.
¿Qué festividad seguía?
La nula importancia de alguien indispensable
Desde mucho antes de que la mañana hubiese llegado comenzaste a preguntarte una vez mas tu razón, ¿cada cuánto era esto? Como dos o tres veces por semana, a esa hora y, hasta antes de ese día, duraba cuando decidías dejar la cama. Pero no en esta ocasión, no después de dormirte con la cabeza saturada de las palabras en ese reportaje que viste, en aquel insulso programa. Recordabas bien de que trató, ¿no?
Claro, sobre el equipo, los invencibles Bladebreakers, los campeones, el animado Max, el inteligente Kyouju, el explosivo Daichi, el carismático Takao, el misterioso Kai, el dinámico Rei y… Hikary, si, solo habías sido eso, ni siquiera se tomaron la molestia de decir bien tu nombre. Mientras que con cada uno se habían pasado un amplío segmento del reportaje; contigo, se habían limitado a ahondar en la pregunta que esa y otras mañanas te agobiaba ¿Qué hacías en el equipo? Podías hallar algunas respuestas parciales, nada que te convenciera del todo, pero aplacaban un tanto tus ansias; pero ante la otra gran duda ¿soy importante para ellos?
Para eso, no podías encontrar contestación que te convenciera, Max te aseguraría que si, por supuesto que ese niño no dirá nada que te ofenda, con esa sonrisa en la cara no le creerías algo negativo; si acaso conseguías una respuesta de Kai, no tenías ni idea de que clase pudiera ser, no es muy diplomático que digamos, pero sabes que nunca miente; Rei al igual que Kyouju podrían llegar a imitar la respuesta de Max, con la diferencia que Kyouju lo haría por no contradecirte y no meterse en problemas, y Rei, sabemos que Rei es honesto, tiene un poco mas de tacto, pero no es Max. Takao, de ese puedes estar segura que te diría que es verdad lo que el reportero dijo, una inútil que ni siquiera sabe usar un blade, mandona sin razón, porrista cascarrabias sin gracia... si, eso diría. Y al final, Daichi, puede ser igual a Takao o llegarse a parecer a Rei y Max, aunque en el fondo sabes que su respuesta es tan misteriosa como la de Kai.
Fue el grito de tu mamá el que te sacó de esos pensamientos, miraste el reloj, eran mas de las once de la mañana, te sorprendiste de cuanto tiempo habías pasado metida en esas depresivas ideas, te arreglaste un poco, aún meditando si debías ir o no al entrenamiento sabatino, ibas ya muy tarde pero seguramente ni siquiera se habían percatado de tu ausencia. Que ocurrencias las tuyas.
-¿Qué pasa?- mamá te cuestionó preocupada de verte en ese estado.
Separaste la vista del plato que contenía tu desayuno –Nada, solo me dolió un poco la cabeza.- Le sonreíste como siempre, exactamente como cada que ocultabas esas contradicciones internas, sonreír y esperar a que se diluyeran con el día, pero no esta vez.
-¿Irás hoy con tus amigos?- mamá arremetió de nuevo nada convencida con tu fingir.
-No lo sé, no estoy de humor.- Miraste a otro lado.
-Entonces es por eso que debes ir, ellos te animarán.-
Por esa necedad tuya de no contradecirla, decidiste hundirte un tanto más en tu miseria dirigiéndote al dojo de Takao. La hora del entrenamiento siempre había sido firmemente fijada por Kai, las siete de la mañana, era casi el medio día, cinco horas tarde. Si por alguna misteriosa decisión retorcida del destino ocurría que Kai no te friera con la mirada al verte llegando tarde, por si es que sí habían notado tu ausencia, entonces podría ser un día normal, te dejarías llevar por las cosas en las que los podías apoyar creyéndote importante aunque nadie te lo dijera.
El camino se hizo más eterno que nunca, las palabras del reportero y las opiniones de algunas fans siendo entrevistadas a las afueras de una de las tantas convenciones en donde habían aparecido como equipo invitado, habían sido claras, al público no le eras muy grata. Y la verdad era que no te importaba mucho, lo que te importaba eran las palabras de tu equipo. Esas de las que no estabas segura por que no te las habían dicho. Bueno, si lo habían hecho, pero en contadas ocasiones, y te lo habían mostrado mas con hechos, pero tu querías oírlo de sus bocas, eres una necia.
Lo que fuera que estabas pensando cuando llegaste frente al dojo, desapareció de tu cabeza. Estabas a punto de dar la vuelta, regresar a casa y deprimirte en tu cuarto con el peligro de escuchar de nuevo ese reportaje, pero eres obstinada y tiendes a esperar lo mejor de la situación, entraste a la propiedad Kinomiya.
En el patio trasero estaban todos, Kyouju filmaba las batallas de Rei contra Daichi, y Max contra Takao, a su lado Kai parecía prestar atención tanto a los comentarios de Kyouju y a ambas batallas. Decidiste que no querías estar ahí, te diste media vuelta pero de inmediato sentiste la mirada de Kai encima de ti y te giraste de nuevo agitando la mano y con una mueca risueña, aunque no te sentías de mucho humor.
Fue… fue… algo que con esos pensamientos negativos jamás hubieras concebido, detuvieron sus batallas, Kyouju dejó su computadora a un lado, y se acercaron a ti. Max y Rei se acercaban sonriendo para saludarte, pero en cuanto tus ojos se humedecieron del impacto de la acción te miraron preocupados. -¿Ahora qué te pasa? ¿Si vas a llorar quién pondrá al niño mono bajo control?- dijo Takao.
-¿Niño mono? ¿ponerme bajo control? Qué bueno que llegas Hiromi, Takao me dejó sin desayuno, no quiero que me deje sin comida.- Daichi brincó sobre Takao y comenzaron a pelear haciéndose a un lado para que pudieras ver las inquietas caras de Rei y Max.
-Comenzaba a preocuparme por ti, nunca te ausentas sin avisar.- Rei te sonrió.
-¿Pasó algo?- Max preguntó.
Tú solo sacudiste un poco la cabeza, aún incapaz de formular una frase completa –No, nada.-
-¿Podrías ayudarme mas tarde con mi tarea? No entiendo algunas cosas.- Max tenía una vez mas esa brillante sonrisa.
Asentiste.
-No vuelvas a hacerlo por favor, Rei tuvo que explicarle a mamá que iría al entrenamiento. Como no fuiste por mi, no me dejaba ir solo.- Kyouju explicaba con ese nerviosismo que te hacía reír, sonreíste.
-Vamos, falta mucho por hacer.- Rei comenzó a caminar al interior de la casa olvidando las batallas, Max y Kyouju lo siguieron, viendo esto, Daichi y Takao dejaron de pelear y corrieron desesperados pensando que era hora de comer. Tú aún sonriendo, asentiste y los seguiste a cierta distancia, pasabas a un lado de Kai.
-Llegas tarde, le das mal ejemplo al resto de equipo. Suficiente tenemos con Takao.- Dijo sin verte de frente.
Te detuviste, ‘el resto del equipo’ volteaste con la sonrisa aún más grande –No volverá a pasar.-
-Eso espero, aún así pensaré en un castigo.- Finalizó alejándose en otra dirección.
Bajaste la mirada, la sonrisa no desapareció y aún así tus ojos se humedecieron de nuevo, por la emoción. Te sentiste una tonta por todo lo que habías pensado, comprendiste que eras parte de ahí, como las otras veces. Pero en esta ocasión con más firmeza, quizá solo había sido un mal día o una inestabilidad en tu seguridad o un lapsus de locura contagiado por Takao.
-¿Te vas a quedar ahí? Pronto lloverá y recuerda que las brujas se deshacen con el agua.- escuchó la voz de Takao.
-¡Ya voy!- gritaste y corriste, feliz con tu redescubrimiento y dispuesta una vez mas a matar a Takao por ese comentario.
Claro, sobre el equipo, los invencibles Bladebreakers, los campeones, el animado Max, el inteligente Kyouju, el explosivo Daichi, el carismático Takao, el misterioso Kai, el dinámico Rei y… Hikary, si, solo habías sido eso, ni siquiera se tomaron la molestia de decir bien tu nombre. Mientras que con cada uno se habían pasado un amplío segmento del reportaje; contigo, se habían limitado a ahondar en la pregunta que esa y otras mañanas te agobiaba ¿Qué hacías en el equipo? Podías hallar algunas respuestas parciales, nada que te convenciera del todo, pero aplacaban un tanto tus ansias; pero ante la otra gran duda ¿soy importante para ellos?
Para eso, no podías encontrar contestación que te convenciera, Max te aseguraría que si, por supuesto que ese niño no dirá nada que te ofenda, con esa sonrisa en la cara no le creerías algo negativo; si acaso conseguías una respuesta de Kai, no tenías ni idea de que clase pudiera ser, no es muy diplomático que digamos, pero sabes que nunca miente; Rei al igual que Kyouju podrían llegar a imitar la respuesta de Max, con la diferencia que Kyouju lo haría por no contradecirte y no meterse en problemas, y Rei, sabemos que Rei es honesto, tiene un poco mas de tacto, pero no es Max. Takao, de ese puedes estar segura que te diría que es verdad lo que el reportero dijo, una inútil que ni siquiera sabe usar un blade, mandona sin razón, porrista cascarrabias sin gracia... si, eso diría. Y al final, Daichi, puede ser igual a Takao o llegarse a parecer a Rei y Max, aunque en el fondo sabes que su respuesta es tan misteriosa como la de Kai.
Fue el grito de tu mamá el que te sacó de esos pensamientos, miraste el reloj, eran mas de las once de la mañana, te sorprendiste de cuanto tiempo habías pasado metida en esas depresivas ideas, te arreglaste un poco, aún meditando si debías ir o no al entrenamiento sabatino, ibas ya muy tarde pero seguramente ni siquiera se habían percatado de tu ausencia. Que ocurrencias las tuyas.
-¿Qué pasa?- mamá te cuestionó preocupada de verte en ese estado.
Separaste la vista del plato que contenía tu desayuno –Nada, solo me dolió un poco la cabeza.- Le sonreíste como siempre, exactamente como cada que ocultabas esas contradicciones internas, sonreír y esperar a que se diluyeran con el día, pero no esta vez.
-¿Irás hoy con tus amigos?- mamá arremetió de nuevo nada convencida con tu fingir.
-No lo sé, no estoy de humor.- Miraste a otro lado.
-Entonces es por eso que debes ir, ellos te animarán.-
Por esa necedad tuya de no contradecirla, decidiste hundirte un tanto más en tu miseria dirigiéndote al dojo de Takao. La hora del entrenamiento siempre había sido firmemente fijada por Kai, las siete de la mañana, era casi el medio día, cinco horas tarde. Si por alguna misteriosa decisión retorcida del destino ocurría que Kai no te friera con la mirada al verte llegando tarde, por si es que sí habían notado tu ausencia, entonces podría ser un día normal, te dejarías llevar por las cosas en las que los podías apoyar creyéndote importante aunque nadie te lo dijera.
El camino se hizo más eterno que nunca, las palabras del reportero y las opiniones de algunas fans siendo entrevistadas a las afueras de una de las tantas convenciones en donde habían aparecido como equipo invitado, habían sido claras, al público no le eras muy grata. Y la verdad era que no te importaba mucho, lo que te importaba eran las palabras de tu equipo. Esas de las que no estabas segura por que no te las habían dicho. Bueno, si lo habían hecho, pero en contadas ocasiones, y te lo habían mostrado mas con hechos, pero tu querías oírlo de sus bocas, eres una necia.
Lo que fuera que estabas pensando cuando llegaste frente al dojo, desapareció de tu cabeza. Estabas a punto de dar la vuelta, regresar a casa y deprimirte en tu cuarto con el peligro de escuchar de nuevo ese reportaje, pero eres obstinada y tiendes a esperar lo mejor de la situación, entraste a la propiedad Kinomiya.
En el patio trasero estaban todos, Kyouju filmaba las batallas de Rei contra Daichi, y Max contra Takao, a su lado Kai parecía prestar atención tanto a los comentarios de Kyouju y a ambas batallas. Decidiste que no querías estar ahí, te diste media vuelta pero de inmediato sentiste la mirada de Kai encima de ti y te giraste de nuevo agitando la mano y con una mueca risueña, aunque no te sentías de mucho humor.
Fue… fue… algo que con esos pensamientos negativos jamás hubieras concebido, detuvieron sus batallas, Kyouju dejó su computadora a un lado, y se acercaron a ti. Max y Rei se acercaban sonriendo para saludarte, pero en cuanto tus ojos se humedecieron del impacto de la acción te miraron preocupados. -¿Ahora qué te pasa? ¿Si vas a llorar quién pondrá al niño mono bajo control?- dijo Takao.
-¿Niño mono? ¿ponerme bajo control? Qué bueno que llegas Hiromi, Takao me dejó sin desayuno, no quiero que me deje sin comida.- Daichi brincó sobre Takao y comenzaron a pelear haciéndose a un lado para que pudieras ver las inquietas caras de Rei y Max.
-Comenzaba a preocuparme por ti, nunca te ausentas sin avisar.- Rei te sonrió.
-¿Pasó algo?- Max preguntó.
Tú solo sacudiste un poco la cabeza, aún incapaz de formular una frase completa –No, nada.-
-¿Podrías ayudarme mas tarde con mi tarea? No entiendo algunas cosas.- Max tenía una vez mas esa brillante sonrisa.
Asentiste.
-No vuelvas a hacerlo por favor, Rei tuvo que explicarle a mamá que iría al entrenamiento. Como no fuiste por mi, no me dejaba ir solo.- Kyouju explicaba con ese nerviosismo que te hacía reír, sonreíste.
-Vamos, falta mucho por hacer.- Rei comenzó a caminar al interior de la casa olvidando las batallas, Max y Kyouju lo siguieron, viendo esto, Daichi y Takao dejaron de pelear y corrieron desesperados pensando que era hora de comer. Tú aún sonriendo, asentiste y los seguiste a cierta distancia, pasabas a un lado de Kai.
-Llegas tarde, le das mal ejemplo al resto de equipo. Suficiente tenemos con Takao.- Dijo sin verte de frente.
Te detuviste, ‘el resto del equipo’ volteaste con la sonrisa aún más grande –No volverá a pasar.-
-Eso espero, aún así pensaré en un castigo.- Finalizó alejándose en otra dirección.
Bajaste la mirada, la sonrisa no desapareció y aún así tus ojos se humedecieron de nuevo, por la emoción. Te sentiste una tonta por todo lo que habías pensado, comprendiste que eras parte de ahí, como las otras veces. Pero en esta ocasión con más firmeza, quizá solo había sido un mal día o una inestabilidad en tu seguridad o un lapsus de locura contagiado por Takao.
-¿Te vas a quedar ahí? Pronto lloverá y recuerda que las brujas se deshacen con el agua.- escuchó la voz de Takao.
-¡Ya voy!- gritaste y corriste, feliz con tu redescubrimiento y dispuesta una vez mas a matar a Takao por ese comentario.
Orgullo
Por que el orgullo no sólo se siente por aquellos a quienes se quiere.
-Muy buenas tardes, estamos reportando desde las oficinas centrales de las empresas Hiwatari, en donde después de una deliberación de varias horas, se ha dado a conocer el nombre del nuevo Presidente. Y estamos a la espera de la salida de…-
Era tarde, llovía, el frío no se manifestaba por completo pero se dejaba sentir una atmósfera hostil. Cualquiera que hubiese presenciado la batalla que se libró al interior de la sala de juntas sin muchas dudas, afirmaría que el cielo reflejaba el estado de humor del anciano Voltaire Hiwatari. Bueno, si se le veía la cara, nadie diría lo contrario. Pero si supieran que había en la cabeza del viejo hombre, dudarían un poco.
El viejo estaba sentado aún en la sala de juntas, los miembros del consejo habían salido unos minutos atrás un poco agotados después de haber expuesto sus razones para que uno u otro tomara el papel de Presidente, algunos alegaban que debía seguir en manos del anciano, sus largos años en el puesto le daban la experiencia, el conocimiento y la visión para continuar levantando las ganancias.
Pero había otros que exponían que esos mismos años hacían que tuviera una perspectiva anticuada de las cosas, necesitaban sangre nueva, y ahí entraba en juego Kai. Pero el muchacho, aunque había estado presente, parecía haberle importado un perfecto comino todo lo que se dijo, y eso hizo dudar un poco a los que apoyaban su asenso al puesto de Presidente, aún así siguieron defendiendo sus ideas, esperando que una vez que el muchacho tomara el puesto, les diera una generosa compensación por su apoyo.
Voltaire había sabido que las cosas iban a acabar así. Desde que comenzaron a pedir ciertas renovaciones, supo que había llegado el momento del cambio, y aunque él no estaba contento de dejar el poder, algo… algo en todo lo que había pasando apenas unos momentos atrás lo tenía sin mucho enfado. Comenzó a recordar como se había llevado a cabo todo.
‘Entré delante de todos los medios que aguardaban la decisión, sabes que me gusta hacer alarde de mi grandeza, que los ojos del mundo se posen en mi para que sepan de ella. Y en la sala de juntas me senté en mi lugar, a la cabeza de la mesa que es donde se sienta el que tiene el poder.
-Muy buenas tardes, estamos reportando desde las oficinas centrales de las empresas Hiwatari, en donde después de una deliberación de varias horas, se ha dado a conocer el nombre del nuevo Presidente. Y estamos a la espera de la salida de…-
Era tarde, llovía, el frío no se manifestaba por completo pero se dejaba sentir una atmósfera hostil. Cualquiera que hubiese presenciado la batalla que se libró al interior de la sala de juntas sin muchas dudas, afirmaría que el cielo reflejaba el estado de humor del anciano Voltaire Hiwatari. Bueno, si se le veía la cara, nadie diría lo contrario. Pero si supieran que había en la cabeza del viejo hombre, dudarían un poco.
El viejo estaba sentado aún en la sala de juntas, los miembros del consejo habían salido unos minutos atrás un poco agotados después de haber expuesto sus razones para que uno u otro tomara el papel de Presidente, algunos alegaban que debía seguir en manos del anciano, sus largos años en el puesto le daban la experiencia, el conocimiento y la visión para continuar levantando las ganancias.
Pero había otros que exponían que esos mismos años hacían que tuviera una perspectiva anticuada de las cosas, necesitaban sangre nueva, y ahí entraba en juego Kai. Pero el muchacho, aunque había estado presente, parecía haberle importado un perfecto comino todo lo que se dijo, y eso hizo dudar un poco a los que apoyaban su asenso al puesto de Presidente, aún así siguieron defendiendo sus ideas, esperando que una vez que el muchacho tomara el puesto, les diera una generosa compensación por su apoyo.
Voltaire había sabido que las cosas iban a acabar así. Desde que comenzaron a pedir ciertas renovaciones, supo que había llegado el momento del cambio, y aunque él no estaba contento de dejar el poder, algo… algo en todo lo que había pasando apenas unos momentos atrás lo tenía sin mucho enfado. Comenzó a recordar como se había llevado a cabo todo.
(…)
‘Entré delante de todos los medios que aguardaban la decisión, sabes que me gusta hacer alarde de mi grandeza, que los ojos del mundo se posen en mi para que sepan de ella. Y en la sala de juntas me senté en mi lugar, a la cabeza de la mesa que es donde se sienta el que tiene el poder.
Esperamos por casi quince minutos a que entraras detrás de mi, pero no apareciste. Pensé por un momento que te habías acobardado, pensé que me había equivocado contigo, y cuando estaba seguro de ello. Hablaste, en el extremo opuesto de la mesa, exigiendo que comenzáramos que tenías cosas más importantes por hacer. Por un instante olvidé que no eres como yo, a ti, te gusta pasar desapercibido, el triunfo sin tanto despliegue. Hacer sólo lo que es necesario.
Oleg comenzó a hablar, le secundó Yevgueni, así me di cuenta de cuan divididos estaban. Tú, parecías no prestar atención en nada, pero sabía que estabas pendiente de cada palabra y acción del lugar, eso te lo enseñé yo. Estar pendiente de tu alrededor, cosas y gente.
Sabía que adivinabas que aquellos que se habían puesto de tu lado era por que esperaban una tajada del botín que representa el control de las empresas. Pero no eres tonto, fingiste estar de acuerdo con sus propuestas y consejos, la verdad es que los usarás mientas te sean necesarios, así soy y así eres. Aprovecharse de quien nos es útil, después, hacerlo a un lado. Lo hice contigo…
Pero eres necio, y no te hiciste a un lado. Hace tiempo me demostraste que no eres el ser que me encargué de moldear por años aprovechando la ausencia de tu padre, se suponía que debías ser un personaje que debía estar listo para ocupar mi lugar cuando fuera necesario, como una marioneta que obedece a su dueño. Tú, rompes ataduras e imposiciones, no obedeces a nadie, sabes que eres quien dará las órdenes.
En eso también nos parecemos, con la diferencia que tu interés vaga entre el beneficio propio y el comunal, por torcido que parezca y por mas que lo niegues, conozco esa parte en ti. Yo la llamo debilidad, tú, fortaleza útil. Y te ha ayudado a ir siempre un paso más allá de mis expectativas. Para bien o mal, has pasado por encima de lo que esperé de ti, y te ha llevado a donde estás.
Los hombres y mujeres presentes comenzaron a discutir, yo seguí en silencio buscando una debilidad en los argumentos de aquellos que te apoyaban, pero no hallé ninguna, tú si. Sacaste de nuevo el desastre que representó el patrocinio del equipo ruso y BEGA los últimos torneos, y expusiste una serie de fallas que fueron directamente mías y del torpe de Boris. Supe que había perdido.
También entendí que eres una versión superior a mi. La mente calmada, la inteligencia, la actitud de superioridad, la seguridad inquebrantable… has retomado muchas cosas de mi. Pero también has desarrollado bastante por cuenta tuya. Tiendes a no permitir que los demás sepan que es lo que pasa por tu mente, eres un enigma que casi nadie puede descifrar. Si el contrario no sabe que hay en tu cabeza, no sabrá como atacarte pues no conoce como será tu respuesta. Sabes controlar tus sentimientos y reacciones, eso yo no puedo hacerlo, y fue la clave de mi destrucción.
Por que jamás imaginé que salieras con esos argumentos, era obvio que lo tenías bien estudiado. Esperaste con calma y falso desinterés el momento adecuado para dar el golpe mortal. Eres así, una peligrosa combinación de paciencia y certeza, el enemigo cree que no atacarás y en el momento menos esperado respondes con violencia infalible y calculada.
Apenas entendí que eso es reflejo del sistema de ataque que usabas en tus batallas, no te detenías mucho a pensar lo que hacías, por que ya lo habías pensado antes. Pensar antes de actuar, y actuar del modo más efectivo para obtener lo mejor.
Apenas entendí que eso es reflejo del sistema de ataque que usabas en tus batallas, no te detenías mucho a pensar lo que hacías, por que ya lo habías pensado antes. Pensar antes de actuar, y actuar del modo más efectivo para obtener lo mejor.
Tu breve comentario fue tan contundente que aquellos que estaban de mi lado se pasaron al tuyo, y dieron su voto por unanimidad para elegirte nuevo Presidente. No lo hiciste por que quisieras el poder ¿verdad? lo hiciste para quitarme de tu camino. Te conozco y sé que detestas la vida de oficina, aunque aún eres muy joven, no piensas encadenarte a esta vida.
No sé que pensar, me has quitado lo que construí por muchos años, y lo peor es que no fue por la codicia, como la que tenía cuando hice lo mismo con mi padre. Fue como por capricho, o quizá para cumplir tu amenaza de enviarme al asilo más lejano que pudieras hallar una vez que fueras el jefe. Si, eso debe ser, debo irme despidiendo de este lugar.’
(…)
El viejo había pasado varios minutos ahí, meditando sobre el nuevo cambio que se presentaba en su vida. En la pequeña sala contigua, mirando por la ventana Kai pensaba un poco también, pero no tanto en aquello que le deparaba el futuro como empresario, sino en la satisfacción de haberle arruinado la vida al anciano, Voltaire le había hecho lo mismo algunas veces, ahora, Kai le había devuelto el favor.
Se dio cuenta que las luces de la sala principal estaban encendidas y entró con la intención de apagarlas, pero se topó con la imagen de su abuelo sentado por última vez en la silla principal.
-¿Despidiéndote?- preguntó Kai con un leve sarcasmo.
-…- el viejo no contestó, era verdad pero no estaba dispuesto a reconocerlo.
-Quédate cuanto quieras, si quieres llévate esa silla, cambiaré todo para que no quede rastro de tu paso por aquí.- Dijo Kai resuelto y se dirigió a la puerta.
-…- el viejo no contestó, era verdad pero no estaba dispuesto a reconocerlo.
-Quédate cuanto quieras, si quieres llévate esa silla, cambiaré todo para que no quede rastro de tu paso por aquí.- Dijo Kai resuelto y se dirigió a la puerta.
Pero Voltaire lo detuvo con una pregunta -¿Cumplirás tu amenaza?-
Kai no respondió de momento, lo miró directamente, su mirada era como si se riera por los ojos, aunque su gesto era tan sobrio como Voltaire recordaba, su mirada parecía lanzar una carcajada, y no de esas como cuando se estalla en júbilo, nunca le había visto una de esa clase. Esta mirada era como de una burla incontenible, como de diversión por un buen chiste de humor negro.
-¿Qué me dijiste cuando aceptaste que me quedara en la mansión de Moscú, después de llegar de Japón?-
Voltaire bajó la cabeza cerrando los ojos y sonrió, recordando claramente qué había dicho y con que intención. –Mantén a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más cerca.- Los abrió queriendo decir mas pero Kai ya había desaparecido.
Salió ayudado por su bastón por la parte trasera del edificio, quería evitar a los reporteros pues se negaba a reconocer su derrota ante el resto de la gente, aunque él ya la había aceptado. Cuando su chofer le abrió la puerta, una reportera solitaria se acercó a él.
-Señor Hiwatari, ¿puede darme unas palabras? Ahora que su nieto lo ha dejado fuera del Consejo ¿qué es lo que siente por él?- Dijo un poco agitada por la carrera, y esperando una fuerte declaración de odio, cosa que imaginaba sería el encabezado principal del día siguiente.
El viejo se detuvo, miró de frente a la mujer y sonrió un poco -¿Qué siento? …orgullo.-
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