Se levantó temprano, el sol aún no se colaba por la ventana. De hecho fue tan temprano que el halo lunar aún lanzaba su mortecino resplandor medio iluminando la habitación. Tenía sueño y estaba cansado, dormir después de media noche y levantarse antes del amanecer no era una forma ideal de descansar pero no había mucha elección en la recurrente situación.
Después de tomar un baño, tomó su ropa y comenzó a colocársela mientras contemplaba lo que había delante de él.
¿Sabes una cosa? Eres tú la razón por la que mi vida no ha tomado forma aún. Insistes en no dejarme aceptar la situación de las cosas, ya sé que jamás he sido alguien que se queda sentado ante los problemas de su vida. Sabes que he tenido demasiados y que siempre he hecho hasta lo imposible por modificarlos.
Pero a veces, lo mejor es dar la espalda y seguir. No todo se puede solucionar.
Y eres tú quien me lo ha impedido.
Rei cree que es Voltaire a quien más odio, eso es lo mejor que puedo hacer para que el viejo mantenga su distancia. Max y Kenny imaginan que debe ser Tyson, pero él sabe que no. Porque si así fuera, estaría en emergencias el mismo número de veces que en un buffet de dos por uno. En sus raros momentos de lucidez, Tyson supone que es Hilary, con esa afición que tiene por estar a corta distancia y largo tiempo cerca de mi. Ella me es algo molesta pero simplemente no merece que le preste mucha atención.
Sólo tú conoces la verdad, y aunque lo sabes no lo reconoces, hemos caído a cuenta que si le ignoras todo sigue funcionando.
¿No te cansas de esto?
Cavilando de nuevo en la situación que parece no tener fin. Si padre o madre estuvieran aquí, no sería lo mismo. Eso no me cuesta creerlo, no me vería obligado a tener esta vida de errante. Pero las cosas son del modo en que deben ser; así que solamente me limitaré a los esporádicos y pequeños asaltos de suposición y vacío, se aprende a vivir así.
Aunque hay una razón por la que te maldigo aún mas. Me haces ser una persona contradictoria. Porque el mundo sabe que no soy del tipo que se deje acercar emocionalmente con nadie. Eso me sienta bien, me ahorra muchos problemas y me permite hacer muchas cosas. Pero también me ha obligado privarme de otras mas, y lo principal, es lo que hecho de menos. Quiero recordar cómo se sentían las cosas antes de ir a Rusia. Antes de la explosión, antes… de todo eso.
Pero no me lo permites, no dejas que investigue. Apenas la intención nace, te encargas de aplastarla indiscriminadamente. ¿Nunca te has puesto a pensar que pasará en cinco, diez, quince años? Cuando alguien pregunte por el pasado al que no me permites acercarme.
Tal pareciera que la regla que me dieron fuera ley para ti. ‘El débil es el que siente, el que se permite sentir… está perdido.’ Y si eso fuera cierto, y se supone que no debo estar perdido… ¿dónde estoy?
Evitando la presencia de Voltaire, estando tan poco como puedo con mis ‘amigos’, enfrascándome como un adicto al trabajo y la escuela con tal de olvidar lo demás y mostrarme digno de mayores responsabilidades. Para ganar poder y poder largarme de aquí.
¿Esto es estar donde querías que llegara? Felicidades.
No odio mi situación. Te odio a ti por haberlo hecho posible, por ser quien me impulsa a seguir adelante y no dejar que mire en otra dirección. Si tú fueras la persona siempre presente, Voltaire podría decir con sinceridad que está orgulloso de su nieto, no decir ante los demás que lo está con una sonrisa tan acartonada como la unión que tenemos.
Su reloj despertador señaló las seis de la mañana. Él terminó de ajustar su corbata y cerró los ojos. Cansado de hablar con esa persona que tanto odiaba, esa persona jamás le contestaba, aunque él le gritara y le reclamara, la otra jamás decía una sola palabra. Bueno, si las decía pero venían a ser las mismas que él lanzaba, como un eco pero que únicamente llegaba a su cabeza.
Kai suspiró derrotado como siempre y bajó la cabeza, después de reunir todos los pensamientos que le asaltaban al despertar y guardarlos en lo más hondo de su mente. Levantó la mirada y se vio recuperar su inquebrantable máscara. -¿Algún día me escucharás?- dijo y se fue.
Como cada mañana, el espejo no respondió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario