4.4.09

Estremecimiento

¿Alguna vez has escuchado que cuando un desastre va a ocurrir parece que el tiempo se detiene? El aire se enfría y puedes sentir que cada instante es como una eternidad, el cuerpo se paraliza y la mente parece acelerarse mientras intenta asimilar (o predecir) lo que está por venir.
Y sin embargo. No puede siquiera considerar lo que vendrá después: las consecuencias.
Es justo ahora lo que puedo sentir. Veo a la distancia entre la lluvia incesante como el avión se precipita en nuestra dirección, se enreda en los cables de al lado de la carretera mientras se inclina sobre su extremo izquierdo, el ala comienza a rozar en el pavimento sacando chispas. Sin poder dar un paso siquiera contemplo como se lleva los carros que siguen detenidos por el tráfico de la tarde.

El pequeño fuego que se crea con los automóviles impactados es nada con lo que le sigue, al hacer completo contacto con el piso el cuerpo del avión se destroza conforme va rodando, primero se parte la cola, después el ala derecha y al final la nariz sale volando para venir a caer a corta distancia. Todo estalla en explosiones de inmediato y la gente que tiene sus carros aparcados en la carretera está exactamente igual que yo. No sabe que hacer.

Poco a poco el sentido común hace acto de presencia y da respuestas distintas, unos corren lo más lejos que pueden, otros se lanzan al piso, hay quienes no razonan bien y simplemente se echan a gritar y llorar, habemos quienes vamos a ver que podemos hacer para ayudar.

Quizá esta clase de sentido común sea (paradójicamente) el más irracional.
Pues me encuentro con cuerpos calcinados aún con vida saliendo de entre los escombros, llamas que amenazan con crecer mas, los lamentos de los que agonizan sin saber siquiera dónde están… un infierno en la tierra.

Trato de sacar a una mujer de lo que me parece ser la parte media del avión, sin embargo una vez que consigo liberar la parte media de su cuerpo me doy cuenta que sus piernas se quedaron en la parte baja del asiento. De pronto un hombre pasa envuelto en llamas exclamando por ayuda o un nombre… no sé, tomó mi saco empapado y la lanzó sobre él esperando que aminore un poco su tormento.

Una chica me pide que le ayude a cargar a un hombre que sangra profusamente, ella también está ayudando. Cuando conseguimos ponerlo fuera de peligro nos damos cuenta que sirvió de nada.

–Hicimos lo que pudimos.- Dice ella con media sonrisa. Yo simplemente asiento mientras me pregunto por qué sonríe.

Los rescatistas y bomberos poco a poco llegan, retiran a todos los civiles mientras se aseguran que no lleven heridas. Un hombre me detiene mientras me señala mi brazo derecho. Sangra del codo hacia abajo, ni siquiera me había dado cuenta.

Me niego a que me atiendan, sé que no es serio. Y por allá hay cosas mucho más serias que una leve hemorragia. Vuelvo a mi auto que sorprendentemente quedó fuera del área de daño. Conduzco mientras veo patrullas y ambulancias ir en dirección contraria.
Era justo lo que me faltaba, la semana ha sido terrible. Los problemas en casa están yéndose directo a la perdición, ella sigue insistiendo en el divorcio mientras mi abogado me aconseja que es mejor esperar a que se apacigüen las cosas para colmo de males, las cosas no han ido tan bien en los negocios. El plan de expansión tendrá que esperar.

Creo que necesito unas vacaciones… olvidarme de todo, no quería tantas responsabilidades, nunca las quise. Una familia, una empresa, que gente dependiera de mi… siempre ha sido lo mismo. Dirigir, guiar, mandar, disponer, proteger, educar, decidir, mantener… el precio por no obedecer.

No sé que sea mejor.

Cuando llego a la casa veo algo extraño y de nuevo esa sensación que creí haber dejado con los restos del avión vuelve a renacer, ahí está el carro de Rei. Algo pasó… algo mas.
Mientras refuerzo el torniquete con el que detuve la sangre cierro los ojos buscando excusas para mi estado, lo que menos necesita esta casa son mas problemas.

Entro con toda la paciencia del mundo, al menos en el pórtico puedo imaginar que no presencié un accidente hoy, que mi joven familia no se cae a pedazos, que aquella persona que creí querer no me está exigiendo una separación, que el negocio de la familia no parece fracturarse.
Abro la puerta.

Tengo que parpadear un par de veces al hallarme con Rei, Lin y Gou sentados viendo tv, Mao apoyada en la mesa con un directorio telefónico. Los dos adultos al verme brincan de su asiento y me reciben con gestos de preocupación, sé que se contienen las preguntas para no alterar a los dos pequeños. Mao me lleva a la parte de arriba mientras Rei les dice a los chicos que bajará luego por que tiene que decirme algo muy importante; ‘plática de adultos’ es como Lin le explica a Gou que no me quita la mirada de encima, por su gesto sé que algo estalló también aquí.

-¿Cómo estás? Oímos lo del accidente, al oír de la ruta y la hora donde ocurrió, pensamos que estabas ahí. Cuando no contestaste el teléfono pensamos lo peor.- Mao explica mientras revisa la herida.

Rei sube con una taza de té caliente que me extiende y recibo sin agradecer. -¿Por qué no contestaste?-
-¿Eh?- es entonces cuando razono que debí haber perdido el teléfono mientras ayudaba a los heridos.

-Kai, sé que no es el momento pero debo decirte algo.- Rei ejerce presión en mi brazo mientras Mao aplica antiséptico. -Ella se fue. Cuando no contestaste vinimos de inmediato, encontramos a Gou solo en la sala, dijo que su madre no estaba cuando regresó de la escuela.-

-Ah- no puedo decir mas.

Sin verlos puedo percibir que Mao y Rei se miran entre sí.
-No le hemos dicho nada a Gou. Hallamos una nota en tu habitación, ella dice que se va y te mandará los papeles con el abogado esperando que los firmes cuanto antes, que después verán quien se quedará con Gou. Que ella debe irse.- Mao dice como disculpándose.

Asiento mientras todo en mi interior se enfría a pesar del té de Rei, ¿qué se cree? ¿qué se supone que voy a hacer? ¿cree que esto es lo mejor? ¿qué cree que es Gou? ¿alguna clase de mueble de la casa con el que también se puede negociar?

-Kai… yo…- Rei quiere sacarme algunas palabras o quizá, mostrarme apoyo.
-Gracias, creo que…- de pronto me doy cuenta que no tengo idea de que debo hacer. Mi madre no fue precisamente el mejor ejemplo a seguir en lo referente a abandonos. Cuando mi padre se fue ella aceptó todo con la cabeza inclinada. Me dejó que enfrentara ese cambio yo solo, no debo hacer lo mismo con él.

¿Pero qué debo hacer?

Me recuesto en el sillón sin importarme que Rei y Mao siguen ahí. Quiero… necesito descansar, les doy la espalda mientras trato de cerrar los ojos tratando de engañarme que nada pasó, mañana me levantaré y todo seguirá como siempre… las discusiones, la pesadumbre, la indecisión… todo.

No sé cuanto tiempo me quedo ahí. En mi mente todo es un caos, veo las caras de los muertos y los heridos, la de ella yéndose, la de Gou cuando se lo diga, la mía cuando él se fue… despierto de golpe envuelto en sudor. Después de tomarme un tiempo para regular mi agitada respiración bajo a la sala para saber que fue de todos pues ya es noche, son casi las doce de la noche.

Rei, Mao y Lin duermen en la sala, no veo a Gou por ningún lado, eso me inquieta no sé que tanto sepa de lo que ha estado pasando hoy. Lo encuentro en su cuarto, sentado en su cama cubierto por las cobijas y viendo televisión. Cuando escucha que abro la puerta me mira con un gesto que no puedo leer. Dicen que él heredó mis ojos, qué sé yo… aunque lo dudo por que los de él si son capaces de expresar algo. Hace mucho que los míos dejaron de hacerlo.

-Ey- dice saludándome.
-Ey- le respondo.
-Estuviste ahí, ¿no?- me señala la pantalla con las escenas del accidente.
Sé que no tiene caso mentir. –Si pero no me pasó nada. Un rasguño no mas.-
-Lo imaginé.-

Nos quedamos en silencio unos minutos, no me atrevo a decir nada más y aunque sé que él está desesperado por hablar, me conoce. No insistirá. –Hasta mañana.– Digo miserablemente para terminar este incómodo momento.
-Si… hasta mañana.-

Cierro la puerta mientras sujeto mi brazo lastimado. Voy al (ahora mi) cuarto. Me recuesto en la cama mientras veo la nota de la que habló Rei, no hay rastro de las cosas de ella, está mejor así. Cierro los ojos tratando (nuevamente) de pensar que todo es un mal sueño, entonces caigo a cuenta… estoy repitiendo el papel de mi madre. Ella solamente asintió cuando él se fue y no hizo nada por ayudarme a entender.

Me levanto de golpe con la firme idea de ir al cuarto de Gou y tratar de explicarle las cosas, dejándole ver que al menos yo no me iré. Si los juzgados deciden otra cosa, que sepa que si de mi depende no le daré la espalda. Lo que no esperaba es verlo ahí en la puerta. Con la cara llena de duda y algo de temor.

Me vuelvo a sentar en la cama mientras le hago espacio, él entiende y se sube a la cama. Nos quedamos mirando por un buen rato hasta que se acuesta y tuerce un poco la cabeza esperando por mí. Me acuesto rodeándolo con un brazo.

-Ya no vendrá, ¿verdad?- pregunta como si fuera la cosa más natural del mundo (quizá lo es).
-No, parece que ya no.-
-¿Quién fue? ¿tú, yo, el abuelo? ¿qué?- pregunta mientras se sujeta con fuerza al brazo con el que lo rodeo.
-No… nadie fue. O fue todo o fue nada. No lo sé.-

Lo siento asentir y voltea a verme, de nuevo esos ojos llenos de expresión. -¿Seguirás aquí mañana?-

Hago lo mejor que puedo por enmascarar mi expresión de sorpresa, ¿cómo pregunta eso? Tal vez porque me conoce. Si hay algo que he mostrado en esta vida es que no estoy dispuesto a asumir responsabilidades completas. Ni con el equipo, ni con las amistades, ni con ella, ni con las empresas… ni con él en su crianza, hago lo mejor que puedo pero no me había dedicado por completo. Siempre he pensado que no debo dedicarme por completo a nadie, ese alguien habrá de dar la espalda algún día. Cuando Gou nació supe que llegaría el día en que debía dejar mi isla de egoísmo y tender un puente aunque fuera a una sola persona. Quizá ahora es cuando.

De pronto sonrío como aquella chica a la que ayudé con el hombre herido, entonces entiendo el por qué de su risa. Se ha hecho lo que se pudo, hice cuanto estuvo a mi alcance para reparar esta situación, no bastó. No hay más por hacer con esto, sólo levantar los escombros que quedan y tratar de seguir adelante.

-Sí, aquí seguiré.- Respondo mientras lo veo asentir compartiendo mi sonrisa y suspira resignado, evidentemente tampoco está contento pero ambos sabemos que esto, es lo mejor.

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