La luna vista a través del derrumbe.
Parece que se me hubiera venido el mundo encima, me sacudo un poco entre sueños. Recuerdo la noche, el terremoto, y que nos separamos. Me levanto con la idea bien clara de buscar a Yuriy sin importar mi estado. Ya ha amanecido, aunque hay demasiada luz…
No estamos en la cueva.
Yuriy yace recostado no muy lejos de mi; me acerco ansioso esperando lo peor pero se retuerce un poco mientras lo veo mover los labios hablando en su sueño. No puedo detener el suspiro de alivio que me asalta.
Miro curioso alrededor, no estamos en la cueva pero estamos a pocos metros de ella, hay varias cosas que teníamos al interior acomodadas a nuestro alrededor, una agradable fogata en medio y un olor que me hace comenzar a salivar, un animal asándose sobre el fuego. Definitivamente Yuriy no hizo nada de esto, hasta imagino que ni siquiera se ha levantado.
¿Quién nos ayudó?
Estiro las pierna y busco algún rastro de heridas o lesiones serias, no tengo mas que unos cuantos moretones y un pequeño raspón en la mano derecha. Vaya, para ser tan aparatoso el movimiento, no dejó daños tan severos.
-Y yo que pensaba decirle a tu príncipe que te despertara con un beso.- Dice una voz entre los arbustos.
Me giro, no me suena desconocida pero no puedo adivinar exactamente a quien pertenece. -¿Kai?- me voy por la opción que más me suena.
Y sí, es él… bueno es y no, parece otra persona que ha pasado por todas las desgracias del mundo y no puede morir, salvo por su gesto y su mirada cualquiera diría que es otra persona.
-¿A quién esperabas? ¿tu cita del martes?-
Si, es Kai.
-¿Qué haces aquí?-
Me mira mientras niega, -Eres imposible,- entra a la cueva y saca tres platos, me da dos y con habilidad separa la carne del fuego, después la destaza y sirve porciones idénticas en cada plato.
-Tú nos sacaste… ¿Dónde has estado? ¿cómo supiste que estábamos aquí?-
-Lo he sabido hace más de dos meses.-
-Jamás dijiste nada, pensamos que estabas muerto.-
Ríe sardónicamente mientras le encaja los dientes a la carne, no hablará, mueve un poco la cabeza señalándome a Yuriy que sigue adormilado. Tiene que comer, ahora espero que no despierte de mal humor.
-Sé precavido.- Murmura el otro mientras come.
-Ya lo sé,- digo molesto porque me recuerda a esos tiempos donde Yuriy y Kai parecían inseparables, uno sabía lo que el otro tenía en la cabeza sin mediar palabra, jamás me agradó eso. Aunque el destino jugó diferente y nos colocó en lugares distintos. Ahora sé que conozco a Yuriy mejor que todo el mundo, quizá Kai lo hizo en su momento pero ahora no hay nada que no sepa de él.
Cuando me acerco a despertarlo lo llamo como siempre, esta vez me responde con un leve quejido que me enfría la sangre. No es normal que se queje así.
-¿Yuriy? Anda, la comida está lista.-
Él no abre los ojos, se retuerce mientras trata de volver a dormir. Avergonzado de mi presente ignorancia volteo a Kai que come calmadamente, se da cuenta de mi mirada y sólo niega. ¿Qué significa eso?
Un temor anidado hace cuatro meses me asalta, eso de no querer saber pero entender que tengo que saber. –Ey, anda.-
Al fin abre los ojos y tiene que parpadear muchas veces para adaptarse a la luz, como decía, no está mucho tiempo bajo la luz del sol. -¿Qué pasó? ¿dónde estamos?-
-Ayer tembló, la cueva se colapsó parcialmente un conocido del más allá nos ayudó.-
-Ey pelirrojo, tu compañerito comenzaba a preocuparse por ti.-
-Kai… ¿qué haces aquí?- Yuriy decide omitir la posible emoción del reencuentro.
-No tenía nada mejor que hacer anoche.-
Comemos en silencio perdidos en nuestros pensamientos. De vez en vez levanto la mirada para darme cuenta que no hay nada de ese juego de miradas entre Kai y Yuriy que mi cabeza ha estado creando desde hace un buen rato, de hecho parece que ignoran que el otro está ahí. Entre eso, me quedo viendo a Kai un poco, ha cambiado… bastante. El cabello quizá un poco más corto y la fisonomía más delgada con el mismo aire de depredador, aunque no como el de antes… de cazador superior, sino de rapiña… es como el de Yuriy.
-¿Dónde has estado?- pregunta Yuriy incómodo con el silencio, con el tiempo se ha acostumbrado a la plática durante la comida.
Kai niega de nuevo, -Vagando-
-¿Ya no estás en el ejército?- pregunto.
Kai bufa, -Ya no hay tal cosa, se han perdido de mucho estando en su luna de miel. Todos pelean contra todos.-
Bueno, eso podría explicar la aparente paz, aunque me queda una duda. -¿Quién está al mando?-
-Todos y nadie a la vez.-
Ok, eso no me dice nada pero al menos ya no hay riesgo de ser perseguidos como desertores. –Dijiste que sabías que estábamos aquí, ¿por qué nunca viniste?-
-¿Interrumpir su vida de casados? No le hago a eso, gracias.-
-Imbécil. ¿Cómo te sientes Yura?-
-¿Y-u-r-a?- ríe Kai burlándose, -mejor voy a buscar la cena.- dice y se pierde entre los arbustos.
-Bien, sólo me duele un poco la pierna pero ¿qué tiene eso de raro?- él dice sonriendo… pero sé que miente.
-¿Quieres que te la corte para que te duela más?- pregunto jugando con la etiqueta de masoquista que le colgamos desde hace mucho. Yo soy el sádico y él el masoquista… el par ideal.
-¿Y con qué te voy a patear?-
Intercambiamos insultos y risas unos diez minutos, en los que me confirma que hay algo malo en él. Si, desde que pasó aquello de su pierna pasó de ser la parte dominante a algo un tanto pasivo-agresivo. Ya no volvió a imponer nada, sino que conseguía las cosas con una paciencia que me obligaba a ceder, no era así. Era agresivo, mandón, exigente, perfeccionista… su encuentro con la muerte se llevó casi todo eso.
Tuve que conformarme con lo poco que quedó.
Sé que él no me dirá nada. –Voy a ver si su señoría cazó algo o ya se lo comieron, tú y yo sabemos que nunca fue bueno para eso.-
-Si.-
Entro a la arboleda siguiendo el rastro de Kai, me lleva casi quince minutos. Lo encuentro en un claro, sentado junto al cadáver de un ciervo pequeño, me da la espalda y puedo darme cuenta que está fumando.
-Eso te va a matar.-
-No tengo tanta suerte.- Pero que pesimista se ha vuelto.
-¿Por qué no habías venido? Te dimos por muerto.-
-Eso no es cierto, ¿recuerdas? Somos los microbios... de dios.-
-No respondiste.-
-No tenía a que venir… vamos, pronto va a oscurecer y él necesita dormir adentro.-
No me gusta su tono, -¿Qué hay de malo con Yuriy?-
-Eres tú quien vive con él, lo sabes pero no lo reconoces. Apresúrate.- Me lanza el animal muerto y se aleja aprisa.
No saber pero entender que tengo que saber…
O saber, pero no querer reconocer.
Una vez en la cueva, entramos a limpiar un poco los escombros. Es un desastre, entre los dos quitamos las rocas que se pueden mover y abrimos una especie de camino para poder entrar y salir sin tanto problema, me doy cuenta que Kai ha perdido bastante de su fuerza, viéndolo de cerca es como si estuviera casi en los huesos… digo, nunca fue un Tyson pero tampoco lo opuesto.
Ha oscurecido, Yuriy entra ayudado de mi. Ha estado tosiendo desde que el sol comenzaba a ocultarse, una tos insistente, nada ostentosa pero inquietante. Me preocupa. Encendemos una fogata, Kai ya ha separado las piezas útiles del animal y yo las coloco en varas para que se asen.
Mientras está lista, Kai se recuesta en una orilla, como siempre pareciera que ni está ahí. No digo nada porque estoy seguro que el sueño no es una de sus actividades más cotidianas, me di cuenta que no hay agua y creo que es momento de ir. Le aviso a Yuriy sólo mostrando el recipiente donde la almacenamos.
Me cuesta llegar, el cielo sigue nublado y no hay luz en la noche. Llego al río y lleno la gran vasija. Pesa los mil diablos pero siempre es bueno tener agua fresca, mi cabeza se vuelve a llenar de todo lo que ha pasado desde que desperté, lo que sea que Kai sabe, lo que Yuriy tiene, y… lo que siempre he sabido pero no quiero aceptar.
Conforme me acerco los escucho hablar y me detengo un momento.
-Las cosas no terminaron como hubiera esperado.- Yuriy dice en voz baja.
-Mira que curioso, para mí sí.-
-¿Estás loco? Ivan muerto, Serguei sepa el diablo dónde, tú como mercenario y el loco aquél y yo ¿juntos?-
-Nunca esperé nada, así que cualquier cosa es buena.-
-Eres un idiota…-
-No se lo dirás, ¿cierto?- Kai interrumpe la burla de Yuriy. –El muy zopenco no se dará cuenta.-
-Sí, sí lo sabe.-
-¿Si? No me lo parece.-
-Sabe más de lo que él mismo quiere reconocer.-
Tengo que retirarme de ahí, Yuriy está consciente que sé todo y aún así trata de cubrir nuestra propia mentira, aunque el temblor derribó la pequeña cortina de felicidad él trata de asirla de nuevo… no puedo, no quiero.
Recobro la calma y regreso como si nada, Kai está revisando sus armas, no había notado que viene armado hasta los dientes, armas ligeras y cortas (mas un rifle) que harían la delicia de Serguei. Quizá por eso anda de aquí a allá.
-¿Qué te crees, el ángel de la muerte?- río entretenido con el arsenal que Hiwatari extiende.
-No, 'ángel' sería el último modo de nombrarme.- Sonríe maliciosamente. Ahora es cuando decido que no quiero saber qué hace vagando por ahí con tantas armas (que sin duda han sido bastante utilizadas).
La noche sigue su curso, la tos de Yuriy parece incrementarse periódicamente, yo me entretengo atizando el fuego. Kai termina de limpiar y recoge sus cosas, los dos lo vemos acomodarse una mochila al hombro. Nos mira levemente y gira la cabeza.
-Adiós.-
Y se va.
Kai nunca se despide, era el movimiento de mano, una mirada o un ‘nos vemos’ …nunca le había escuchado un adiós.
Ya que se ha ido nos quedamos en silencio. Es roto por la tos de Yuriy que no se detiene, ese constante movimiento de su pecho me derrumba todo, porque ya no sólo soy consciente de nuestra mortalidad sino de la latente posibilidad de perderlo…
Sí, sabía que no podíamos estar toda la vida juntos, bueno, al menos sí mientras durara la de los dos pero entendía que no acabaría pronto, algunos años, un largo tiempo todavía…
Hoy cuando desperté me di cuenta que duraría mucho menos.
-Ey, toma un poco de esto.- Le doy una taza con un té que encontré en el pueblo para calmar los problemas respiratorios.
Aunque ése no es su problema.
Me abre espacio a su lado mientras sujeta la taza y le sopla enfriándola.
No importa si lo sé, si él sabe que lo sé, si ambos sabemos la verdad. Nos engañaremos, nos sujetaremos tanto como podamos a esa cortina que cubre torpemente la realidad, qué curioso, me di cuenta que al final nos parecemos más de lo que nos gustaría aceptar a esos estúpidos que preferían vivir en una mentira que afrontar la verdad.
¿A quién le importa?
Le tomo la mano, él pasa la suya por mi costado. Trato de no mirar el hilillo de sangre que corre por su boca a causa de la tos, levanto la mirada y percibo un pálido halo que se cuela entre la oscuridad de la cueva.
-¿La luna?-
-La luna-
Decimos juntos, giramos la cabeza a donde hay una abertura en el techo por que el se ve perfectamente la luna abriéndose camino entre las nubes.
Cierra los ojos y me sujeta con fuerza mientras le da la espalda al astro.
Si ella es su amante, entonces sé que morirá de celos pues no lo volverá a ver, porque el daño a los pulmones de Yuriy provocado por las costillas rotas no tendrá remedio. Quizá ni siquiera llegue a la mañana del día siguiente, no importa, ya no importa, que me sujetaré a él hasta que la misma muerte venga y lo arranque de mi.
Quién sabe, tal vez hasta resulte que si somos aquellos microbios del tal Arnaud. Y seremos los únicos que sobreviviremos a todo.
Si o no.
¿Qué diablos?
Con lo que he vivido, bien puedo morir feliz.
Aunque no soy yo quien morirá. ¿Qué importa?
La luna se vuelve a perder entre las nubes, desde hace muchas noches siente los celos al vernos, y me odia a morir.
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