11.10.09

Ese lazo que no pudimos romper

Siempre es lo mismo.

Piensa contemplando a sus compañeros encontrarse con sus familias después de casi dos meses de estar viajando por Europa. Recién aterrizó el jet privado y todos esperando en el hangar los reciben después de la larga espera. Se acomoda en la silla que eligió para hacer más llevadera su espera, ya se ha acostumbrado a eso. No que sea bueno, no que sea malo pero mira con hartazgo a los demás.

Sabe que de tantas veces que ha pasado bien podría acostumbrarse pero no quiere, no lo acepta por que de hacerlo sería como… reconocerlo. Él no lo hará, mas de uno creerá que es fácil, que es cualquier cosa teniendo los familiares como los que tiene. Incluso agradecer que no se aparecen ahí.

Pero no es así.

Ya ha acabado más de dos veces todos los juegos de su celular, se cansó de usar la conexión sin sentido, bosteza y mira a un lado y otro. Quizá con suerte alguno volteará a verlo y entenderá su gesto de urgencia, que ya quiere irse para acabar con la rutina de cada ocasión así.

Nadie le presta siquiera un segundo.

¿Quién los culpa? Vinieron a ver a sus familias no al malhumorado Hiwatari. Levanta la mirada, aún falta un buen rato para que llegue el autobús que habrá de llevarlos al restaurante donde el Sr. Dickenson les prometió celebrarlos.

Decide que es mejor hacer el recorrido misiones del ‘Metal Slug X’ que ver a los Tatibana seguirse abrazando entre llantos, u oír las pláticas entusiasmadas de los Tate intercambiando comentarios con los de China, aún mejor que las discusiones en broma de los Granger.

Si… destruir a los malos lanzándoles granadas es mejor que lo que tiene enfrente… corrección, lo que se le presenta enfrente, pues él no lo tiene… y no lo quiere; aunque le gustaría saber que se siente regresar después de un viaje y encontrarse con unos ojos ávidos por verlo, unas gargantas exclamando por su bien retorno.
Sonríe mientras presiona los botones; divertido de sus propios pensamientos. Lo ilógico de ellos. Una rata con rabia es mejor bienvenida que su abuelo, y lástima que su padre sea señalado sin razón, tampoco (los pocos que lo conocen) lo acogen bien.

¿Quién querría ser recibido por alguien así?

De milagro a él no lo han echado por el estigma que carga pero lo que hacen no es muy distinto. Es mejor ignorar que enfrentar, vaya que lo sabe bien.
-Ey viejo, ya llegó el autobús. Vamos.- Tyson exclama sacándolo de sus pensamientos.
Kai se estira, bosteza un poco y mira aburrido a los que van subiendo. Se levanta y con las manos en las bolsas se acerca un poco para esperar un momento y poder subir sin correr el riesgo de quedar en medio de un grupo familiar.

Siguen subiendo cuando el rechinido de un convoy de cinco vehículos se deja escuchar, cuatro autos se detienen y de ellos descienden unos quince hombres enfundados en trajes negros forman un camino que parte de la puerta de una gran camioneta. La puerta se abre, hay un grupo de murmullos expectantes por ver quien ha de aparecer.

Y se hace silencio cuando ven a Voltaire bajar de ella; el opulento hombre avanza con gesto despectivo dando solo una breve mirada a la concurrencia, seguido de él viene Susumu que si contempla plenamente a todos. Fuera del auto los dos hombres se detienen rodeados por su personal de seguridad.

-¿Cómo se atreve a aparecer aquí?- comenta Judy a su esposo.
-¿Qué demonios se cree viniendo como si nada?- Hiro exclama molesto pero su padre lo detiene antes de que haga algo.
-¿Qué hace aquí?- pregunta Lee entre dientes con un gesto claro de molestia.

Lo mismo se pregunta Kai, ‘¿qué hacen aquí?’

Después del silencio incómodo los que siguen afuera del autobús apresuran a los que se quedaron en la puerta para que aborden e irse tan rápido como puedan de ahí, no soportan la compañía de ese hombre. Aunque resulta ser que es Kai quien está por subir y no ha dado un solo paso pues no deja de ver a su padre y su abuelo.

-Muévete Hiwatari, tenemos hambre.- Lee grita para apurarlo.
Kai mueve la mirada y se hace a un lado. Ni siquiera puede ver con odio a Lee, está demasiado contrariado.

Los chinos suben siguiendo sus agresivos comentarios para el inesperado visitante, Kai los mira sin saber como reaccionar.

Tyson se acerca a él. -¿Qué esperas? ¡vamos se hace tarde!-
-Nn…- Kai articula mirando a cada momento a la distancia.
-¿Te quedarás?- pregunta Rei sabiendo que no hay mejor modo de confrontar la presente situación.
-No digas tonterías Rei, claro que no se va a quedar. ¿Por qué lo haría?-
-Tyson tiene razón, no es que hayan venido antes.- Max mira a Rei mientras pone una mano en su hombro.
-Si… nunca- Kai sigue pensativo.
-Nunca…- razona Tyson, -hasta ahora.-
-¿No fue él quien te usó y el otro el que te abandonó?- Hiro se acerca creyendo que sabe lo que es bueno para los demás, nunca ha sido entrenador de Kai pero siente que puede rebatir cosas con él.

-Si… ellos lo hicieron.- Kai da dos pasos hacia atrás alejándose de la puerta.
Ya han subido todos, solamente quedan los cinco muchachos.
-¿Qué esperan? ¡déjenlo ahí, ni que lo fuéramos a extrañar!- Lee grita desde adentro, los demás lo ignoran.
-¿Y?- Max urge aunque igual que Tyson entendió que no es una decisión fácil, podrían ser los seres más monstruosos del planeta. No un abuelo amoroso como Max los conoce, de esos que llegan repletos de regalos en Navidad y en tu cumpleaños es el primero en llamarte; para Max un papá es uno que tal vez no vive contigo pero sabes que si lo llamas y dices que irás a vivir con él, te abrirá las puertas de par en par, puede que no está ahí siempre pero no te dejará atrás.

No, estos no son los que conoce Max o cualquiera de los otros, por tanto, no tienen argumentos para decir si está bien o mal lo que Kai decida. Y Kai tampoco, aunque son su papá y su abuelo, jamás le ha gustado reparar en lo que ambos significan para él.

El que lo usó… pero no lo abandonó, incluso después de la más alta traición.
El que lo abandonó… pero no lo usó, aunque tuvo la oportunidad.

Esos que no han estado ahí cuando los necesita… o cuando no los necesita. Y que no quiere tampoco, con el tiempo todo ha resultado en eso. Es mejor si todos se quedan en su esquina sin molestarse más.

Pero en situaciones como ésta, no saben que hacer; algo, algo debió haberlos hecho venir. ¿Le gusta? ¿quiere que pase de nuevo?

Sonríe y baja la vista mientras niega, -Me quedo, los veo después.- Dice decidido con la mirada en alto y comienza a caminar hacia donde están los dos hombres. Sus tres compañeros lo ven alejarse, se encogen de hombros y suben dejando a Hiro confundido.

-¿No se odiaban?- pregunta a nadie en especial.
-Tal vez, ¿Quién los entiende?- dice Rei.
-Apuesto que ni ellos- Tyson exclama riendo, -¡aprisa Hiro que me muero de hambre!-

El autobús arranca dejando atrás a la comitiva de los recién llegados.

-¿Qué hacen aquí?- Kai formula entrando al círculo de seguridad.
Susumu mira a su papá y sonríe echándose las manos a las bolsas. Voltaire por su parte bufa mientras hace a un lado su teléfono. –Él quería venir, y no tenía ni para la gasolina de su auto.-
-Y él no consintió que viniera en autobús.- Susumu rió.

Kai asiente manteniendo a raya su indescriptible sorpresa y confusión extrema. Mira a Voltaire, él grita a alguien en la línea mientras llama agitando una mano a uno de sus asistentes para tomar un dictado, y Susumu sonríe de oreja a oreja mirando expectante a Kai, de pronto sube a la camioneta. Voltaire vuelve a agitar la mano y manda de regreso a todos a sus vehículos, aborda detrás de su hijo y mira a su nieto.

-¿Te quedarás ahí?-

Kai levanta la mirada y sigue a su abuelo.