31.12.09

Tradición previo

Previo. De cómo son las cosas

Tyson acostumbraba reunir a su padre, hermano y abuelo, juntos se iban a cualquier balneario termal y pasar la noche comiendo en algún restaurante típico, después irse a dar un buen chapuzón con la cálida agua que espantaba cualquier intento del invierno por arruinarles la fecha.

Max iba con su papá a visitar a su mamá, en Nueva York se la pasaban recorriendo las grandes tiendas comerciales con sus inmensos aparadores. Cenaban afuera y patinaban en el Rockefeller Center, hasta ya entrada la noche cuando regresaban a casa, bajo un enorme árbol intercambiaban regalos.

Rei llamaba por todos sus compañeros de China, ya que no era costumbre de la aldea celebrar, en Japón todos se sentían un poco más libres y hacían una cena tradicional china acompañados de villancicos en chino y un árbol navideño.

En Rusia se encerraban a piedra y lodo en su casa, previa compra de toneladas de comida y bebida, un abeto que Bryan seguro robó de algún parque era adornado por éste e Ian, Spencer y Tala se encargaban de cocinar, dejando a los más desastrosos afuera y en la cocina se dedicaban con una extraña devoción a los platillos que devorarían llegada la noche.

Año Nuevo

Aquí los rusos, seguían en su plan de ermitaños pero como seguramente sus provisiones se habrían acabado, se lanzaban casi en misión suicida a comprar más a sabiendas que casi ningún establecimiento estaría abierto y que las tormentas estarían a todo. Lo que daba como resultado, pasar la noche vieja en la primer taberna que hallaran y el cambio de año casi asaltando alguna tienda para iniciar las primeras horas del año ahora sí en casa con toda las cosas que pudieron conseguir.

Rei lo celebraba con quien lo invitaba pues aquí si era de ley que Mariah y los demás esperaban para celebrarlo ‘como se debe’ en espera del Año Chino, así que a veces convivía con Tyson o Max, otras simplemente como si no hubiera pasado nada y dormía a las once de la noche.

Max por su parte regresaba a Japón, con uno o ambos padres, decía que antes lo celebraban con su abuela pero desde la muerte de ésta, en casa sin más familia pero había habido dos ocasiones en que se ponían de acuerdo con Tyson y reunían las celebraciones.

Si, con Tyson el Año Nuevo era una gran fiesta de familia y amigos, el abuelo organizaba su festejo invitando a todos los vecinos que podía, Bruce y Hiro seguían ahí y la fiesta se extendía hasta la mañana del día primero. La típica cena y el brindis, así como los deseos seguidos de las campanadas… después, después todo se desbordaba de ánimo y alegría, bailes y cantos improvisados en el patio.

Él… él no tenía lo que pudiera llamarse una tradición, se repartía entre unos y otros en Navidad, más en Rusia que extenuantes noches con Max o extrañas con Rei, jamás había ido con Tyson porque sería una locura imaginarlo: baños termales y la familia Granger reunida, eran un par de cosas que no iban con él.

El Año Nuevo también se repetía, era invitado muy cordialmente con Tyson pero no era mucho de su naturaleza celebrar con tanta gente, así que ese par de años que lo había intentado una vez había terminado en el departamento de Rei huyendo de los borrachos cantantes que querían que los acompañara o la vecina que quería bailar con él. Por eso lo usual era que se decidiera por Rusia, aunque eso traía como consecuencia ser delincuente casi toda la noche, si no era engañando al pobre tabernero diciendo que habían bebido menos de lo que en verdad habían hecho, era entrando ilícitamente a alguna tienda descuidada, no a robar porque dejaban el importe por todo lo que tomaban pero aún así, a veces terminaba conflictuando con sus propios principios.

Quizá era cierto…
Que había cambiado.

Sumido en la vida de los negocios ya no pasaba las tardes holgazaneando en el dojo de Tyson, era un milagro si se aparecía ahí una o dos veces a la semana, y aparición en el perfecto sentido de la palabra, llegaba, saludaba, se enteraba de las novedades, se sentaba un momento, quizá a comer o tomar lo que le ofrecían y si no era una llamada, él mismo salía aprisa diciendo que a la otra se quedaría más tiempo.

Seguían esperando.

Los rusos ya ni se molestaban en si lo veían o no, era común verlo llegar alguna que otra vez por las noches, tirarse en el sillón sin saludar y dormir hasta entrado el día, o salir disparado con el primer ruido de la casa.

Aún así, las invitaciones no se detenían e infaltables estaban las animosas llamadas de Max, las estridentes de Tyson o las ecuánimes de Rei, incluso no faltaba el escueto mensaje ruso, ‘ya sabes’. Pues era conocimiento general que no tenía de otra si no quería pasársela a solas, la familia era una opción tan incuestionable como las fastuosas cenas de socios mercantiles.

Se dio cuenta de lo caótico que era su fin de año, ir de aquí a allá como errante sin que realmente se pudiera decir que era clásico que estuviera ahí, Navidad escuchando cánticos chinos en Japón, Año Nuevo viendo a un par de borrachos bailando también Japón; Navidad cayéndose de patines en una pista de hielo en Nueva York, Año Nuevo en una taberna helada en Rusia… había de todo.

Y justo el año que decidió que buscaría algo medianamente fijo, nada salió como esperaba.

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