1. La Navidad
Se suponía que todo estaba fríamente calculado.
El congreso en Inglaterra terminaba el veintitrés, pasaría a Rusia a alborotar a todos diciéndoles que irían al Caribe a pasar las fiestas, se iría la madrugada del veinticuatro dejándolos plantados para llegar a tiempo a Japón, descansar un poco e ir con Rei, ya que no planeaba nada agitado para esa Navidad.
Pero nada salió como esperaba.
Las actividades se extendieron hasta casi la noche del veintitrés, había perdido su vuelo, tuvo que humillarse hablando con su abuelo para que le prestara el avión de las empresas, hasta Voltaire había accedido pero lo impensable llegó cuando los aeropuertos fueron cerrados sin aviso de pronta apertura dada la onda gélida que se liberó.
Estaba que se lo llevaba el diablo, a punto estuvo de amenazar de muerte a la pobre dependienta de la sección de información que no pudo orientarlo de cómo conseguir boletos para el eurotúnel hasta París.
Sorpresivamente Robert andaba por ahí, si, el Robert Jurgens que tanta lata les había dado varios años atrás y que asistía como Kai, en representación del grupo empresarial de la familia. Lo llamó sorprendido que el ruso-japonés hubiera perdido los estribos, Kai al verlo se calmó y lo siguió hasta el bar del centro de convenciones.
-¿Qué pasó qué andas así?-
Kai le dio un trago a su vaso y bufó, -Que me la pasaré aquí varado.-
-¿Qué? ¿Querías pasar la Navidad en algún lado?- Robert no pudo ocultar sus sorpresa de su propia pregunta, y con el gesto de Kai se hizo confirmación. –¿Qué harás?-
Kai se encogió de hombros, -Buscar un cuarto de hotel y esperar que noticias hay mañana.-
Robert asintió, sorprendido que Kai se hubiera molestado en contestarle, y aún más que a su modo aceptara que, en efecto, tenía planeado pasarla en algún lado. Se quedó con él unos veinte minutos en que intercambiaron impresiones del congreso que recién había acabado. Al menos en eso podían congeniar bien y hubo una retroalimentación lo suficientemente satisfactoria que Robert no quería despedirse cuando recibió una llamada que exigía su presencia en otro lado.
-Debo retirarme, en cuanto te hayas instalado mándame un mensaje. Tu concepto de la economía cerrada del sur es interesante.-
Kai se contuvo de arquear una ceja, no era usual tener una conversación de ese tipo con alguien y aunque también le había sido agradable, no terminaba de asimilar esa clase de diálogo, -Aja… pero espero largarme de aquí cuanto antes.-
Robert sonrió y asintió, estrechó formalmente la mano con Kai y se perdió fuera del bar. Él se quedó sentado en la barra, pidió al cantinero otro trago y su directorio, se fue a una de las mesitas de la orilla, cerca del árbol navideño que adornaba el lugar. Quitó el jocoso Santa Claus como centro de mesa y se puso a buscar direcciones de hoteles…
Robert fue a encontrarse con sus invitados y ver como iban con los arreglos, se enteró del berrinche que Oliver hizo por no encontrar los mismos ingredientes que en Francia (aún en la tienda orgánica más exclusiva de la ciudad), y Enrique pedía a gritos que fuera a ayudarlo a tratar de adornar porque parecía Jhonny había llegado sólo a ver televisión y beber cerveza.
Le apagó la televisión al escocés y le amenazó de sacarlo a la calle sino ponía de su parte pues había sido decisión de todos pasarla ahí, Enrique le dijo algo así como ‘eres la ley’ y se apresuró a sacar las bolsas de los adornos que recién habían comprado mientras Jhonny reclamaba el por qué no habían contratado servidumbre para ese día, porque el padre de Robert (dueño de la propiedad) pensó que nadie la ocuparía.
El alemán se aseguró que todo estuviera en los horarios que esperaban, antes de acabar el día debía estar todo adornado y la comida comenzando a prepararse. Para los Júrgen no debía hacerse nada la víspera de Navidad, pero a falta de sirvientes tenían que moverse por sus medios. Aunque lo mínimo necesario.
Eran casi las diez, tenía casi tres horas de haber llegado pero había algo que lo había estado molestando la última hora, dijo que volvía pronto y salió. Regresó al centro de convenciones donde aún estaban varios asistentes moviéndose nerviosos por las instalaciones aunque los trabajos del congreso habían terminado a las seis con treinta. Llegó otra vez al bar casi imaginando lo que iba a encontrar.
Kai aún en la mesa, con el teléfono en una mano y el directorio al frente; su gesto decía claramente que había estado todo ese tiempo tratando de conseguir una habitación sin éxito. Al ver a Robert no pudo evitar cerrar los ojos y reírse de su propio infortunio.
-Nada va saliendo bien, ¿eh?- Robert se paró junto a su mesa.
-No, nada.-
-Bueno, tengo un penthouse aquí. Puedes venir si quieres, o si prefieres dormir en la calle, este lugar lo cerrarán en una hora.-
Kai se le quedó viendo un momento, incapaz de asociar las palabras y la persona que las decía, pero una rápida evaluación de la situación le dijo que no se hiciera tonto y lo aceptara, o en verdad se quedaría a la intemperie; pues no había un solo cuarto en la ciudad. Se levantó y fue con él.
Se preguntó si en verdad había sido una decisión inteligente, como que las congelantes temperaturas de la capital inglesa o la incomodidad de las bancas del aeropuerto no se oían tan mal ahora que estaba ahí. Un lujoso penthouse en las calles céntricas y con un agradable sistema de calefacción, además de una tradicional chimenea que sólo servía de adorno pero creaba un invitador ambiente además de… un francés cantando en la cocina, un italiano aullando emocionado al ver un certamen de belleza y un escocés gritando histérico en otra habitación por el juego de fútbol americano que veía.
-¡Robert llegaste! ¡Hey Kai! No pensé que también estarías por aquí.- Enrique gritó cuando los vio entrar, echando a perder todo factor sorpresa que pudieran tener.
Oliver se asomó por la puerta de la cocina cuando escuchó a Enrique, -¿Kai? ¿Cómo has estado?-
-¿Qué tal?-
-¡¿Hiwatari?! ¿qué demonios está haciendo aquí?- Jhonny rugió desde la otra habitación.
Robert lo miró con dureza cuando el pelirrojo salió hecho una furia de la habitación, se plantó frente a Kai y lo señaló con un despectivo dedo, que el ruso hizo a un lado con la palma de su mano, le dio la espalda y estrechó la mano con la que Enrique y Oliver lo saludaban.
-Es mi invitado Jhonny, así que conmino a que te comportes que tú también lo eres.-
-¿Estás bromeando, no? Ése no puede ser tu invitado. ¡Yo me largo!- Jhonny entró otra vez al cuarto de donde había salido y azotó la puerta.
-Ah, ignóralo. ¿Qué te trae por aquí?- Enrique preguntó con esa enorme sonrisa despreocupada.
Kai medio asintió y después de que se saludaron, Oliver regresó a la cocina, Enrique a la colocación de una tira de festón verde en la sala sin quitar la vista de la pantalla; por su parte Robert se sentó a leer el periódico… ¡pero qué bienvenido se sentía! Se quedó en una silla contemplando el árbol que se tambaleaba pese a los intentos de Enrique por nivelarlo.
Se preguntó qué era lo que debía hacer. Nada le iba a costar seguir en silencio, quizá sacar su teléfono o la computadora de su maleta; aunque eso implicaría que no habría ni la más mínima posibilidad de encajar lo suficiente como para dejar de sentirse un ‘extra’ al menos en lo que conseguía salir de ahí.
Recordando antiguas experiencias bien aprendidas y maldiciéndose un poco, se levantó y se acercó con Enrique, -Quedará si sientas bien la base.- Kai tomó dos pedazos de las ramas y las puso abajo nivelando el pie del árbol.
-¡Ea, eso si que sirvió! ¿me echas una mano con las esferas?-
Kai asintió de no muy buena gana pero ya era un buen paso.
Dieron las doce de la noche y Robert empezó a apagar las luces ante la sorpresa de Kai que miró confundido a Enrique, el otro se rió. –Su forma amable de decir que es hora de dormir, mañana hay que despertar temprano.-
‘Pero es muy pronto’ Kai pensó, molesto con la idea que por primera vez en quién sabe cuantos años alguien le pusiera una hora de dormir. Lo que le sorprendió fue que todos los demás (aún con los berridos del escocés) obedecieron y fueron a meterse a sus cuartos, Robert se quedó al final como capataz viendo que todos obedecieran. Era inconcebible para él que lo disfuncional que parecían ser ellos como equipo y con el ego tan crecido (impresión de Tyson) fueran de pronto algo así como dóciles, sin protestar las… no, no eran órdenes, era como un acuerdo silencioso y que nadie quería romper.
-¿Qué pasa?- Robert le preguntó tomando un trago en la cantina colocada en una esquina. -¿Qué es tan extraño?-
-Nn…o,- era demasiado inverosímil para Kai.
Robert sonrió bastante divertido, -Si, apuesto que no esperabas algo como esto. Nuestra amistad se remonta a los primeros años de la niñez, espero eso explique la familiaridad que nos tenemos y el resto de lo que posiblemente te sorprenda.-
-No, no sé.- Kai fue sincero porque en verdad no tenía nada con que argumentar esa postura.
-No importa quizá mañana lo entiendas mejor. Si no te molesta ocupar el sofá-cama del cuarto anexo; de haber sabido con tiempo hubiera condicionado el estudio.-
Kai negó, aún sorprendido de la increíble diplomacia del alemán. Sabía que no era un esnob como suele ser el caso con los hijos de poderosos empresarios, pero tenía otra imagen, quizá bastante influenciada por la opinión de Tyson. –No, no importa.-
Escuchó a Robert reírse entre dientes en la oscuridad, -No te conozco bien, pero sé que puedo esperar de ti lo mejor; espero comprendas que nuestras familias han convivido por muchos años y no solemos tener invitados, pero como tu anfitrión, estoy seguro que no habrá problemas.-
Kai asintió, confundido por la elección de palabras como si algo más allá de su imaginación (que no era poca) fuera a pasar al día siguiente. Se sentó en el sofá pensativo, ¿qué estaba pasando? ¿cómo de una navidad planeada en Japón terminó atrapado en aquel departamento con esa gente?
El veinticuatro lo halló en la sala buscando en la computadora alguna noticia ya fuera de apertura de aeropuertos o de salida (aunque en barco) de Inglaterra. Vaya suerte, las posibilidades de pasar la Navidad en suelo inglés crecían con el paso de las horas. Trató de resignarse buscando una excusa o cualquier situación que le permitiera salir de ahí cuando menos para en la noche y no pasar una vergonzosa cena en ese lugar.
No podía estar seguro que fuera a ser algo que le hiciera querer olvidarlo pero, con esa gente (conociendo los hábitos de Enrique, los arranques de Jhonny y bueno… Oliver) no podía pensar de otro modo.
-¿Y qué hay?- la voz de Robert se escuchó en la oscuridad, después las luces se encendieron, Enrique y Oliver estaban a su lado con cara de sueño.
-No nada, ¿qué… hacen despiertos a esta hora?- Kai respondió y preguntó a la vez viendo a los otros dos.
-Hoy el día comienza temprano.- Robert afirmó.
-Eres un malnacido, ¿cómo pretendes despertarnos a las seis de la mañana?- Jhonny gruñó desde la puerta de su cuarto.
-¿Y tú que haces aquí? ¿no que te ibas a ir?- Robert cuestionó.
El escocés hizo un gesto que arrancó carcajadas al italiano y francés. -¿Y qué esperabas? Si ese idiota sigue aquí, tampoco me iba a poder largar de este maldito país.- Y volvió a cerrar su puerta.
-Cada uno sabe ya que hacer.- Robert ignoró olímpicamente los reclamos del otro y miró a sus dos compañeros, -todo debe estar antes del medio día. ¿Lo conseguirán?-
Enrique asintió y guiñando un ojo se frotó las manos, -Aún antes de que puedas decir ‘Feliz Navidad’-
Oliver se veía más pensativo, -Dependerá si consigo todo.-
Robert asintió, -Asumamos que te quedarás aquí,- dijo viendo a Kai, -cada uno tiene que hacer su parte. ¿Qué puedes preparar?-
-¿Ah?-
-Cada uno hace lo que sabe para preparar la celebración. Enrique la decoración, Oliver la comida; en el menú tenemos platillos típicos de nuestras patrias.-
Kai arqueó una ceja, -Yo no cocino.-
-¿¿Cómo que no conoces los placeres de ser cheff?!- Oliver exclamó.
-Para eso están los restaurantes.-
-¡Aja! Lo mismo pienso yo, si no eres tan idiota Hiwatari.- Jhonny volvió a gritar desde adentro del cuarto.
-De acuerdo, nos falta un postre. Alguna receta o algo, Oliver seguro podrá prepararlo.-
Kai se miró ofuscado, debía dar una respuesta rápida para no hacer más largo ese incómodo momento, -Eh… hay un postre que alguna vez vi a Spencer hacer, aunque no creo recordar todo.- Esperó que con eso se zafara de la situación.
-Podríamos hablarle.-
-¡No! No… creo que si lo recuerdo.- Kai exclamó imaginando el hazmerreír que sería con los rusos si se enteraban que estaba con esos europeos.
-Perfecto, entonces irás con Oliver por lo que le falta y a comprar lo que se necesite.- Robert sentenció y ante el gesto de Kai, supuso que debía una explicación, -necesitamos esturión para un platillo. Oliver no cocina peces y no sabe cómo elegir uno bueno, tu tiempo Rusia debe haberte dado un conocimiento de primera mano de cómo debe ser una buena pieza teniendo a consideración su tamaño y origen de pesca, y viviendo en Japón, debes tener experiencia al elegir peces frescos. Aunque no cocines, la cultura gastronómica japonesa tiene como base el pescado fresco, debes haber visitado cuando menos una vez un mercado.-
Kai asintió, en todo ese discurso le dijo, ‘sabes comprar peces mejor que ése que se dice cheff’ o al menos, él así lo hubiera dicho. Ya no quiso discutir pidiendo explicaciones porque podría ganarse otro sermón, miró al francés y se resignó a pasarla ahí.
En lo que pensaba un modo ideal de salir antes de la cena.
Fueron y vinieron, en el camino Oliver le platicaba de lo que iban a hacer de comida y por qué a cada uno le tocaba lo que Robert había explicado. En su caso, no había necesidad de explicar el porqué se encargaba de la cocina, para con Enrique, siendo que visitaba Milán y los puntos directos donde se gestaban las tendencias había venido a desarrollarle cierto ojo estético y parecía tener buen gusto para la decoración. No tenía idea de lo que Jhonny podía hacer, pero seguro era el inútil tolerable como solían ser Daichi o Ian.
-¿Y qué hace Robert?- Kai no pudo evitar preguntar.
-Ya lo verás.-
Las palabras de Oliver fueron confirmándose poco a poco. Para empezar, cuando regresaron al penthouse de los Jurgen dio por hecho que Enrique quizá se moriría de hambre (si alguna vez se dignaba a trabajar) como don Juan, pero podía tener un futuro promisorio como decorador de interiores; cuando entró a la cocina para dejar las bolsas con las que habían regresado, quedó atrapado cuando Oliver empezó a pedirle que hiciera tal o cual cosa, y aunque eran contadas las veces que se había metido a la cocina (casi siempre actividad de Rei, Spencer o la cocinera en turno), se sorprendió de la habilidad del francés haciendo más de una cosa a la vez. Tal vez el ser cheff era algo risible para Kai, pero tenía que reconocer que era interesante.
Ayudando un poco en la cocina, otro tanto a Enrique de pronto se dio cuenta que era el medio día. Revisó una vez más la computadora, nada había cambiado, ningún anuncio de parte de las autoridades. Suspiró y regresó a la sala.
-¿Qué quieres jugar tú, Kai?- Enrique le preguntó.
De nuevo su gesto de confusión exigió una explicación, -Después del medio día, jugamos juegos de mesa o vemos largometrajes. Usualmente es no realizar ninguna clase de actividad la víspera de Noche Buena, pero hoy tuvimos que hacer una excepción, al menos medio día será.- Robert miró los juegos en la mesa.
-Ah… ¿ajedrez?-
Si ayudando a Oliver y Enrique se le había ido el tiempo, con las partidas de ajedrez el tiempo se le fue como agua. Lo que esos dos tenían de buenos en lo que Kai reconoció, lo tenían de malos en casi todos los juegos, salvo el póker en que Enrique se defendía decentemente y Oliver en el solitario, pero no le sirvió de mucho. Se llevaron a cabo un par de batallas titánicas en el torneo improvisado de ajedrez que realizaron, Robert solía ser el campeón indiscutible pero Kai le mostró ser un rival de temer y tuvieron que rendirse porque nadie ganaba, siguieron juegos con cartas y uno de monopoly que sacó a relucir los dotes empresariales de cada uno, y se enfrascaron en una batalla casi campal donde era tan peligroso caer en una propiedad ajena como armar alianzas.
Les dieron las diez de la noche.
Kai no podía creerlo, sus ideas de salir de ahí con cualquier pretexto se habían ido con las horas jugando, concentrado en derrotar a su rival se les había pasado el tiempo como viento… no sintieron ni el paso del tiempo ni el apetito. Y ahora estaban que se morían de hambre.
La mesa fue preparada, y ninguno pudo contener el involuntario salivar. Todo despedía un olor tan peculiar y a la vez alentador que los estómagos respondieron de inmediato sacando risas. Se sentaron a la mesa; Oliver hizo casi una presentación de su banquete.
-Como entrada desde Italia, tortellini in Brodo, como plato fuerte desde las tierras germánicas tenemos pato Entendraten y de mi patria, Boudin blanc... además, el platillo que todos acordamos esturión confitado con vieiras y caviar.- Oliver solito se aplaudió y a falta de otra respuesta, se sirvió.
Kai tomó un poco de los pequeños panes rellenos venidos de Italia, y miró con atención el resto de la comida. Entonces arqueó una ceja, -¿No hay nada de Escocia?-
Enrique se atragantó con su pedazo de pato alemán, -¿Bromeas?-
-Cállate Enrique,- Jhonny masculló.
-No, espera, espera… tengo que decirle.-
-Que te calles.-
Enrique sonrió, de cierto modo le recordó a Tyson, y continuó su plática, -Seis letras, H-a-g-g-i-s-
Kai asintió entendiendo perfectamente a qué se refería, y no pudo ocultar una sonrisa. Si un platillo consistente en un estomago relleno de corazón, hígado y pulmones cocido por algunas horas era el manjar principal de un país… ¿qué podía esperarse del resto de su comida? Sabía que era un error juzgar algo sin haberlo probado, pero quería hacer rabiar un poco al pelirrojo. –Ah, ya entiendo. Inteligente decisión.-
Las risas otra vez se dejaron escuchar, humillando por un momento al escocés y elogiando a Kai por lo acertado del comentario; Jhonny azotó su vaso contra la mesa y exclamó fúrico.
-¡La cocina de Escocia es la mejor del mundo! Además,- le bajó un poco al tono de su palabras, -ya verás para qué somos buenos también.-
-Todavía no Jhonny, sabes que después de la una.- Robert lo calmó.
Mascullando un poco se sentó sin protestar más, Kai seguía sorprendido de esa habilidad. Miró otra vez el reloj, once con treinta, de cierto modo no echaba de menos el haberse quedado varado ahí.
Al poco tiempo Robert se puso de pie y golpeteó con su cuchara un poco la copa delante de él, innecesariamente porque ya tenía la atención de todos.
-Aquí va,- le dijo Oliver por lo bajo.
-Esta noche se celebra el nacimiento del salvador del mundo. Los sentimientos más nobles de la humanidad se presentan hoy como un refrendo de que los hombres del mundo en verdad podemos llegar a una edad de paz como la que el Señor anunció. A veces como familia, otras con amigos, algunas en soledad; lo significativo de la noche de Navidad radica en el corazón de cada uno. Donde no importa si hay regalos, árbol o una suculenta cena. Así que los exhorto a encontrar ese significado en cada uno.-
Hubo un silencio después de las palabras de Robert, le quedó claro a Kai cuál era su habilidad, y no podía negar que era admirable su capacidad para armar discursos en la nada con semejante carga emocional y de significado, si fuera uno de los que se deslumbraban por bonitas palabras estallaría en aplausos.
Ahora quedaba una última incógnita… ¿qué demonios hacía de útil el escocés?
La primera hora del veinticinco trajo la respuesta a esa pregunta, Jhonny recibió la aprobación de Robert y se fue a la cantina.
-Ya verás lo que es bueno, Hiwatari.-
Si… el talento de Jhonny era el alcohol y la preparación de distintas bebidas, un
descubrimiento tan bien recibido como la multitud de mezclas que ese pelirrojo malhumorado sabía y que consiguió que Kai comenzara a sentirse con cierta congestión alcohólica, cosa que no había pasado en muchos, muchos años.
Kai tuvo que reconocer que la velada fue memorable, se dio cuenta que no extrañaba nada de las opciones que tenía, y que había sido bueno que cerraran el aeropuerto. Aprendió a ver con distintos ojos a esos cuatro que apostaba antes no podrían ser otra cosa que niños mimados y esnobs hartantes.
Se quedaron dormidos en la sala con poco miramiento a los modales, sólo Robert tuvo la propiedad de instalarse en su habitación, despertaron ya entrada la tarde donde comieron otro poco y jugaron otra ronda de monopoly. Ese mismo día se abrieron los aeropuertos, pero Kai no se fue sino hasta el día siguiente.
Se despidió de todos, bastante agradecido pero apenas mostrando lo suficiente como para darles a entender que en efecto le había agradado.
-Sería bueno que te dieras una vuelta por acá otro día.- Dijo Enrique.
-Podríamos avisarte cuando nos veremos otra vez.- A Oliver se le ocurrió.
-Sería una grata experiencia si se repite esta velada, tal vez no en las condiciones en que se dieron pero podríamos acordar una fecha en tiempos venideros.- Robert meditó.
-Lo que mi estirado amigo quiere decir, es que te llamaremos a la siguiente.- Jhonny le estrechó finalmente la mano.
-Jhonny por favor.- El alemán recriminó.
-¡Vamos, relájate!-
-Deberías escucharlo de vez en cuando.- Kai dijo finalmente y salió del penthouse hacia el taxi que esperaba por él. –Al aeropuerto,- dijo al conductor y sonrió.
Ya había una nueva opción para pasar la Navidad.
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Chica, ya están dos de cuatro... ahm, para mañana estará completa.
Lo prometido es deuda... aunque a medias, jejeje.
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