Antes de que empiece (si alguien lo hace) a leer esto, y si acaso se pregunta '¿por qué?' por la misma razón que los dos últimos post de fic de género que no había hecho antes. Petición/obsequio/prueba. No hay felicidad empalagosa pero ya no escribía de estos dos mucho rato atrás.
---- ahora sí....
Ubicado justo después de la batalla de BEGA. Dígamoslo, una especie de fiesta de celebración.
I. No es lo que esperaba
H
Pero qué cosas han venido a meterse en tu cabeza. Allá cuando lo conociste eran claros y obvios, ¿quién diría no? Pero vamos, pasaron dos años y nada de nada con él, primero te diste cuenta que era un perfecto idiota, poco a poco fue mostrando que no lo era… tanto.
Te hiciste a la idea que no intentarías ya nada, pero después de la proeza que consiguió con su batalla final como que algo se te movió, reconozcámoslo, tu atracción por él nunca se fue sólo como que se aplacó un poco.
Aunque nada nunca desaparece.
-Ey, ¿en qué estás pensando? ¡mira que cara tienes!- Julia te da una palmada que te saca de tu estupor.
-¿Ah? ¿de qué hablas?-
-Esos ojitos de borreguito, no son comunes en ti…-
-Eso es cierto, casi siempre son de ogro asesino.- Daichi interrumpe y sale corriendo antes de que puedas lanzarle tu vaso.
-Ignóralo, pero en serio ¿qué te pasa?-
-Nada, es que ya tengo sueño.-
Como que Julia no se traga tu mentira pero entiende que no quieres decir nada, al menos hay que reconocerle eso. Y sigues mirándole oculta bien detrás de tres AllStars, Miguel y Raúl que hablan entre carcajadas.
Él está en un rincón (como siempre), cerrando los ojos (como siempre) y solo (como siempre), lleva así más de diez minutos en los que le ha dado siete sorbos a su vaso y ha cambiado de pierna de apoyo tres veces…
Vaya que si eres observadora…
U obsesiva, lo que deba ser.
De pronto abre los ojos (u ojo considerando que aún no se recupera) y mira fijamente alrededor suyo, es obvio que se siente observado. Su mirada furtiva repasa todo lo que hay alrededor suyo, de inmediato miras a otro lado; aunque es imposible que se de cuenta de ti. Agradeces el enorme volumen de Rick que te bloquea de su vista.
Una vez que crees que ha pasado, lo miras disimuladamente… te está viendo.
K
¿Y ahora qué? Ha pasado ya una hora, ya cumpliste tu parte ¿no? Superaste (por mucho) el tiempo que paneabas quedarte y pareciera que ni siquiera estuvieras ahí, sólo por Rei que se acercó a hablar por cinco minutos, Tyson que te ofreció comida.
Sin embargo por qué esa sensación de que alguien te mira… maldito ojo inútil, la visión binocular no te ayudará esta vez. No serán Rick, Michael, Miguel, Raúl y Eddy que platican a pocos metros de ti, te ignoran perfectamente. Nada raro.
El maldito pelirrojo ya se dio a la fuga, los doctores le limitaron la estancia fuera del hospital por seis horas, maldito suertudo. A ti… a ti también te limitaron algo… o algo que sonaba a eso, no pusiste mucha atención, lo que sea, tienes que salir de aquí.
¿Cómo salir?
¡Oh! ¿pero qué es esto? Ahí está quien te veía, nada más y nada menos que Hilary del otro lado de la sala, sentada y tratando de ocultarse detrás del grupo que habla frente a ti.
¿Qué puede querer?
¿Qué importa?
-¡Ey! ¿a dónde se supone qué vas?- Tyson te llama cuando casi habías hecho un perfecto escape a la puerta.
No le contestas pero tratas de seguir tu camino con dirección a la puerta, el otro se interpone. –Hazte a un lado.-
-Anda aguafiestas, vete con… con… ¡ah! Con la otra aguafiestas, quizá juntitos puedan hacer una pequeña reunión de amargados.-
Te toma por el brazo y te jala, maldito, maldito Brooklyn, estúpida batalla, patético tú que no pudiste soportar el doble embate de ese loco… infeliz Tyson que se aprovecha de tu parcial debilidad. Y te lleva hasta donde Hilary está, te lanza al sillón y se aleja como si nada.
Iracundo tratas de levantarte para ir tras él, pero un mareo te hace tambalear y te manda de regreso al sillón… cayendo sobre Hilary.
H
‘Ay, ay, ay’ escúchate, el sueño de toda loca fanática haciéndose verdad justo… sobre ti. Extiendes los brazos tratando de sujetarlo y que no fuera a resbalar, pareciera que él lucha desesperado por alejarse de ti pero está más desorientado que nada y empeora la situación, su bufanda se enreda con tus pies y cada que trata de levantarse trastabilla y no lo consigue.
En un arranque jala el pedazo de tela y se sienta a un lado mirando molesto al lado contrario a donde estás.
-¿E… e… estás bien?- preguntas mostrando preocupación, aplacando tu risa y tratando de verte tranquila, aunque estás más que apenada.
-Si.- Se levanta esta vez sin duda y emprende la retirada sin decir mas.
No te toma ni un minuto decidirte a ir tras él. ‘Sólo para asegurarme que está bien’ tratas de convencerte… ¡nah! Quieres ir con él, quieres ir a verlo; sales aprisa sabiendo que parece que tiene patines o cohetes en los pies, desaparece al instante.
Esta vez (aunque te llevó un poco reaccionar), lo encuentras en la calle con la cabeza pegada a un poste y una mano sujetándolo como para darse apoyo.
-¿Kai?-
K
¡Pero que espectáculo estás dando Hiwatari! Deberías pedirle a los Fernández que te incluyan en su circo, payaso, equilibrista fracasado y momia egipcia, serías un buen número.
Ella te llama con duda, ‘¿qué más va a pasar?’ te preguntas pensando que este día no podía ser peor, ¿nunca has entendido? Jamás te preguntes si algo será peor, siempre lo será.
-¿Hn?- idiota, ¿crees que ella vino a preguntarte la hora?
-¿Te sientes bien? No puedes andar en ese estado solo. Vamos, te acompaño a tu casa.-
‘¿Eh?’ -¿Eh?- ¿lo pensaste o lo dijiste?
-Que vamos a tu casa, ¿cómo andas así como si nada?-
-Что?- parece que también te dañaron la cabeza.
-Anda Kai, te harás más daño.-
Ella te toma por el brazo izquierdo y empieza a caminar haciendo que te apoyes en ella, claramente no tienes ni las energías ni la condición para oponerte y alejarla.
-¿Qué haces?- preguntas tratando de zafarte de su agarre.
-¿Y dicen que eres de los listos del equipo? …espera, ¿para dónde es tu casa?-
-No es necesario.-
-¡Oh, claro que lo es!-
H
Tyson dice que no eres muy lista, varias de tus amigas claman lo contrario. No eres lo que se diría una genio pero sí ingeniosa. Y sin superar tu pena y nerviosismo, consigues acertarte más a él y acompañarle bajo el perfecto disfraz de la preocupación, y con esa personalidad de mandona que tanto molesta a Tyson.
Kai ya no te discute, y con la cabeza baja sigue caminando apoyándose tan poco en ti como puede. Tratas de no mirarle pero tus ojos te juegan mal, se dirigen a él poco a poquito viéndole de reojo. Está cansado, se le ve enfermo y molesto a morir, pero camina con tal orgullo que… te enchina la piel tenerlo tan cerca.
Tienes que jugar bien tus cartas y aclararte bien qué es lo que pretendes. Podría ser la oportunidad de oro.
¿Lo intentarás?
Es un engreído, es exageradamente serio, todos tachan de cruel aquello que le provoca risa, puede ser un infeliz y maldito, para él el fin justifica los medios… ¿qué le ves?
Hay algo, algo que poco a poco hizo que se ganara un lugar en el equipo, ya no como capitán o entrenador. Sino como amigo, al principio cuando te uniste a ellos no hallabas razón para integrarlo pero bueno, se fueron acumulando las razones hasta que llegaste a ser como Tyson, Max, Kenny y Rei que decían que no podían imaginar al equipo sin Kai.
Al llegar a la esquina él extiende la mano al taxi que va acercándose, te trepas antes de que intente siquiera dejarte ahí. Kai te mira resignado y le señala el camino al conductor, ves pasar calles y edificios la zona a la que van ingresando no la conoces del todo. Es demasiado elegante como para lo que frecuentas.
Se detienen en una casa de dos pisos, bastante descuidada comparada con las que hay alrededor, el patio es amplio y un jardín ocupa la mitad de él… bueno jardín porque hay hierbas pero parece zona salvaje entre arbustos y pasto crecido.
-¿Aquí?- preguntas mirando sorprendida el edificio.
Él paga y tú te quedas sorprendida de que ésta sea su casa. Sabes muy bien que viene de buena familia, pero esperabas una mansión de una manzana de extensión fuentes, jardines frondosos y toneladas de sirvientes.
-¿Te quedarás ahí?- pregunta ya que ha abierto la reja.
Pasas saliva y lo sigues, apenas pones un pie al interior un grupo de ladridos te hacen gritar. -¿Qué es eso?-
Lo escuchas sonreír. –Danka y Niedeck.-
-¿Qué?-
Enciende las luces del pórtico y te encuentras con dos perros. –Mis guardianes,- agrega sonriendo, -Danka, una schnauzer; Niedeck, el samoyedo.-
No esperabas eso, siguen caminando. Abre la puerta y otro gruñido te hace brincar detrás de él. -¿Y ese quién es?-
-Chow-chow- contesta molesto, -nombre estúpido para un perro.-
-Y si dices eso ¿por qué lo llamaste así?-
-Yo no fui.- Dice distraídamente mientras se planta frente al pequeño pequinés que te gruñe como rata, lo mira y sisea -дома- el perrito gruñe una última vez y se pierde por un pasillo.
Todo está silencioso. -¿Y los demás?-
-¿Demás?-
-Tus padres, tu abuelo, los que cuidan la casa.-
-No hay nadie mas. Siéntate o… haz lo que quieras.-
-Espera, ¿a dónde vas?-
K
No le vas a decir: necesito descansar pero estás al borde de tus energías, aquellos calmantes de pronto se vieron seductoramente necesarios. No vas a hacer un show enfrente de ella, ¿cómo viniste a permitir que ella llegara aquí? Jamás había sido necesario, jamás había pasado.
Sólo Rei, Max y Tyson saben de este decadente lugar. Claro, ¿quién esperaría de Kai Hiwatari un lugar así? una casa buena, sí. Un barrio elegante, sí; pero una propiedad que del descuido parece abandonada, nadie lo entendería… pero todo se parece a su dueño.
-No Kai, tienes que descansar. Déjame ver esos vendajes, creo que necesitan un cambio.-
-…aléjate.- No es tu intención pero la empujas con tu brazo una vez que ella pone su mano en tu brazo tirando de la venda. Es obvio que necesitan un cambio, de hecho lo necesitaban hace medio día pero eso es algo que sólo tú harás. Nadie, nadie habrá siquiera de intentar lo contrario.
Ella te mira sorprendida, un poco de agua cristaliza sus ojos. Baja la mirada y ve para un lado y otro mientras trata de encontrar las palabras, falla. Retrocede y se da la vuelta.
-¡Pues muérete entonces!- grita a todo lo que da la voz hecha nudo, y la ves salir por la puerta azotándola.
Suspiras, ¡vaya novedad Hiwatari! Que buen modo de alejar a quien te quiere ayudar, sí es una inconsciente y actúa sin preguntar, impone y cree tener la razón siempre… pero te quería ayudar. No cabe duda que estás enfermo, quizá sea por eso que con el tiempo te has quedado igual que esta casa.
Solo… abandonado… incomprendido… rechazado.
Habrá que tratar de hablar con ella, hacerle entender (quien sabe cómo y por qué) que así eres tú, que ya debería saberlo… que no puedes cambiar.
¿Verdad?
Pero primero lo primero, esas costillas necesitan un vendaje más ajustado.
H
Que si serás tonta… ¿qué esperabas? ¿Qué te dejara entrar a su casa y a su vida como si él te hubiera pedido que vinieras? Kai no es lo que puedas llamar alguien normal, sabes bien eso, no podías esperar una reacción común. ‘Fue muy grosero, sólo quería ayudar’
Bueno sí, pero una ayuda que él no pidió, que no quiere y que aunque necesita, no lo mostrará. Además, te metiste a esta casa como si fueras invitada, jamás te había invitado a venir… quizá por algo habrá sido.
¿Y los demás?
¡Vaya metida de pata! Sabes (aunque no con detalle) que su vida familiar es un desastre, es el único que no llegaba con algún adulto acompañándole a las ceremonias de premiación, que no habla de lo que hace en casa, que dice… nada sobre algún familiar. Y ahí justo tenías que regarla.
Aunque estamos de acuerdo que eso no justifica su reacción, ¿qué querías?
Quizá que tomara tu mano y con un gesto de infinita gratitud te llevara a su cuarto mientras dócilmente se dejaba atender y te contaba de por qué la casa tan descuidada, por qué tanto perro, por qué vive solo, por qué no está en un hospital…
No, eso no pasará.
Fuiste tú quien creó esta situación ¿cómo piensas salir de ella?
Opciones. Opciones.
Tratar de ayudar del único como en que sabes y ver si él acepta. Esperar que tenga buenos resultados, un poco de ti y un poco de él, quizá así todo tenga mejor final.
K
Todo tu cuerpo protesta cuando te incorporas de momento después de quedarte dormido por… 25 minutos.
Revisas que todo esté en orden, o tan bien como pueda estar. Las heridas ya no sangran, no se han infectado, las costillas parecen ir ajustándose bien, el ojo… bueno, aún no reacciona pero ya lo hará. Todo como puede esperarse que esté.
Recuerdas el problema con Hilary, ¿qué hacer? Eres un inepto con esa clase de cuestiones, si tan sólo fuera tan fácil como ignorarle y esperar que las cosas vuelvan a su modo normal, o discutirle hasta que se de cuenta que no es la gran cosa… pero ella no es Tala, ¿qué haces con los demás cuando pasa algo así?
Te vas, los dejas con su coraje; pero por extraña razón no puedes hacerlo con ella.
A ver que puedes hacer, abres la puerta planeando cómo vas ir y venir a esa hora de la noche, seguro ella ya regresó al dojo de Tyson.
Chow-chow ladra como loco desde la ventana, es extraño pues ni Danka o Niedeck lo imitan, tus hombros se tensan conforme vas abriendo silenciosamente la puerta.
-Eso debe ser ¿no? Va a ser difícil pero tengo que hacerlo, aunque sea un idiota, por algo ha de ser, no tenía derecho a meter tanto mis narices pero eso no justifica…-
-El modo en que reaccioné.-
Ella se para de momento y se gira para verte. –Kai… yo, no, ya me voy… no espera. No voy ir a ningún lado.-
Antes de que puedas responder ella entra a la casa. Grita por la bienvenida de Chow-chow, acudes de nuevo a mandar a su casa a la molesta rata. -дома-
-¿Qué le pasa?- pregunta con una cara de susto que te hace sonreír, pensando en que puede enfrentar sin temer las locuras que como equipo han pasado y se asusta de un pequinés más escandaloso que peligroso.
-No le gustan los extraños.-
-A ellos parece no molestarles.- Hilary señala a los dos grandes de afuera.
‘Ellos no fueron abandonados’ piensas decidiendo no contestar eso –Él es algo más complicado.-
Se quedan en silencio. Ella se sonroja de pronto, pero frunce el ceño y aprieta los puños. –Kai Hiwatari, no voy a ir a ningún lado; así que aunque quieras no saldré por esa puerta.-
Eso te toma por sorpresa, -Bueno, no te iba a correr. Es muy noche ya. Te traeré unas mantas.-
H
¿Ah?
Eso no lo veías venir. No la más agradable siendo que no te ofreció su cama (aunque eso al contarlo se oye a que hicieron ‘algo’), pero es lo MÁS inesperado viniendo de él.
Dormirás aquí… no te corrió, pareciera que reconoció su falta (aunque será un tema que habrá que abordar después), estás aquí y las aguas se han calmado.
No esperabas nada de esto ¿cierto?
16.7.09
9.7.09
Desconocido II
La luna vista a través del derrumbe.
Parece que se me hubiera venido el mundo encima, me sacudo un poco entre sueños. Recuerdo la noche, el terremoto, y que nos separamos. Me levanto con la idea bien clara de buscar a Yuriy sin importar mi estado. Ya ha amanecido, aunque hay demasiada luz…
No estamos en la cueva.
Yuriy yace recostado no muy lejos de mi; me acerco ansioso esperando lo peor pero se retuerce un poco mientras lo veo mover los labios hablando en su sueño. No puedo detener el suspiro de alivio que me asalta.
Miro curioso alrededor, no estamos en la cueva pero estamos a pocos metros de ella, hay varias cosas que teníamos al interior acomodadas a nuestro alrededor, una agradable fogata en medio y un olor que me hace comenzar a salivar, un animal asándose sobre el fuego. Definitivamente Yuriy no hizo nada de esto, hasta imagino que ni siquiera se ha levantado.
¿Quién nos ayudó?
Estiro las pierna y busco algún rastro de heridas o lesiones serias, no tengo mas que unos cuantos moretones y un pequeño raspón en la mano derecha. Vaya, para ser tan aparatoso el movimiento, no dejó daños tan severos.
-Y yo que pensaba decirle a tu príncipe que te despertara con un beso.- Dice una voz entre los arbustos.
Me giro, no me suena desconocida pero no puedo adivinar exactamente a quien pertenece. -¿Kai?- me voy por la opción que más me suena.
Y sí, es él… bueno es y no, parece otra persona que ha pasado por todas las desgracias del mundo y no puede morir, salvo por su gesto y su mirada cualquiera diría que es otra persona.
-¿A quién esperabas? ¿tu cita del martes?-
Si, es Kai.
-¿Qué haces aquí?-
Me mira mientras niega, -Eres imposible,- entra a la cueva y saca tres platos, me da dos y con habilidad separa la carne del fuego, después la destaza y sirve porciones idénticas en cada plato.
-Tú nos sacaste… ¿Dónde has estado? ¿cómo supiste que estábamos aquí?-
-Lo he sabido hace más de dos meses.-
-Jamás dijiste nada, pensamos que estabas muerto.-
Ríe sardónicamente mientras le encaja los dientes a la carne, no hablará, mueve un poco la cabeza señalándome a Yuriy que sigue adormilado. Tiene que comer, ahora espero que no despierte de mal humor.
-Sé precavido.- Murmura el otro mientras come.
-Ya lo sé,- digo molesto porque me recuerda a esos tiempos donde Yuriy y Kai parecían inseparables, uno sabía lo que el otro tenía en la cabeza sin mediar palabra, jamás me agradó eso. Aunque el destino jugó diferente y nos colocó en lugares distintos. Ahora sé que conozco a Yuriy mejor que todo el mundo, quizá Kai lo hizo en su momento pero ahora no hay nada que no sepa de él.
Cuando me acerco a despertarlo lo llamo como siempre, esta vez me responde con un leve quejido que me enfría la sangre. No es normal que se queje así.
-¿Yuriy? Anda, la comida está lista.-
Él no abre los ojos, se retuerce mientras trata de volver a dormir. Avergonzado de mi presente ignorancia volteo a Kai que come calmadamente, se da cuenta de mi mirada y sólo niega. ¿Qué significa eso?
Un temor anidado hace cuatro meses me asalta, eso de no querer saber pero entender que tengo que saber. –Ey, anda.-
Al fin abre los ojos y tiene que parpadear muchas veces para adaptarse a la luz, como decía, no está mucho tiempo bajo la luz del sol. -¿Qué pasó? ¿dónde estamos?-
-Ayer tembló, la cueva se colapsó parcialmente un conocido del más allá nos ayudó.-
-Ey pelirrojo, tu compañerito comenzaba a preocuparse por ti.-
-Kai… ¿qué haces aquí?- Yuriy decide omitir la posible emoción del reencuentro.
-No tenía nada mejor que hacer anoche.-
Comemos en silencio perdidos en nuestros pensamientos. De vez en vez levanto la mirada para darme cuenta que no hay nada de ese juego de miradas entre Kai y Yuriy que mi cabeza ha estado creando desde hace un buen rato, de hecho parece que ignoran que el otro está ahí. Entre eso, me quedo viendo a Kai un poco, ha cambiado… bastante. El cabello quizá un poco más corto y la fisonomía más delgada con el mismo aire de depredador, aunque no como el de antes… de cazador superior, sino de rapiña… es como el de Yuriy.
-¿Dónde has estado?- pregunta Yuriy incómodo con el silencio, con el tiempo se ha acostumbrado a la plática durante la comida.
Kai niega de nuevo, -Vagando-
-¿Ya no estás en el ejército?- pregunto.
Kai bufa, -Ya no hay tal cosa, se han perdido de mucho estando en su luna de miel. Todos pelean contra todos.-
Bueno, eso podría explicar la aparente paz, aunque me queda una duda. -¿Quién está al mando?-
-Todos y nadie a la vez.-
Ok, eso no me dice nada pero al menos ya no hay riesgo de ser perseguidos como desertores. –Dijiste que sabías que estábamos aquí, ¿por qué nunca viniste?-
-¿Interrumpir su vida de casados? No le hago a eso, gracias.-
-Imbécil. ¿Cómo te sientes Yura?-
-¿Y-u-r-a?- ríe Kai burlándose, -mejor voy a buscar la cena.- dice y se pierde entre los arbustos.
-Bien, sólo me duele un poco la pierna pero ¿qué tiene eso de raro?- él dice sonriendo… pero sé que miente.
-¿Quieres que te la corte para que te duela más?- pregunto jugando con la etiqueta de masoquista que le colgamos desde hace mucho. Yo soy el sádico y él el masoquista… el par ideal.
-¿Y con qué te voy a patear?-
Intercambiamos insultos y risas unos diez minutos, en los que me confirma que hay algo malo en él. Si, desde que pasó aquello de su pierna pasó de ser la parte dominante a algo un tanto pasivo-agresivo. Ya no volvió a imponer nada, sino que conseguía las cosas con una paciencia que me obligaba a ceder, no era así. Era agresivo, mandón, exigente, perfeccionista… su encuentro con la muerte se llevó casi todo eso.
Tuve que conformarme con lo poco que quedó.
Sé que él no me dirá nada. –Voy a ver si su señoría cazó algo o ya se lo comieron, tú y yo sabemos que nunca fue bueno para eso.-
-Si.-
Entro a la arboleda siguiendo el rastro de Kai, me lleva casi quince minutos. Lo encuentro en un claro, sentado junto al cadáver de un ciervo pequeño, me da la espalda y puedo darme cuenta que está fumando.
-Eso te va a matar.-
-No tengo tanta suerte.- Pero que pesimista se ha vuelto.
-¿Por qué no habías venido? Te dimos por muerto.-
-Eso no es cierto, ¿recuerdas? Somos los microbios... de dios.-
-No respondiste.-
-No tenía a que venir… vamos, pronto va a oscurecer y él necesita dormir adentro.-
No me gusta su tono, -¿Qué hay de malo con Yuriy?-
-Eres tú quien vive con él, lo sabes pero no lo reconoces. Apresúrate.- Me lanza el animal muerto y se aleja aprisa.
No saber pero entender que tengo que saber…
O saber, pero no querer reconocer.
Una vez en la cueva, entramos a limpiar un poco los escombros. Es un desastre, entre los dos quitamos las rocas que se pueden mover y abrimos una especie de camino para poder entrar y salir sin tanto problema, me doy cuenta que Kai ha perdido bastante de su fuerza, viéndolo de cerca es como si estuviera casi en los huesos… digo, nunca fue un Tyson pero tampoco lo opuesto.
Ha oscurecido, Yuriy entra ayudado de mi. Ha estado tosiendo desde que el sol comenzaba a ocultarse, una tos insistente, nada ostentosa pero inquietante. Me preocupa. Encendemos una fogata, Kai ya ha separado las piezas útiles del animal y yo las coloco en varas para que se asen.
Mientras está lista, Kai se recuesta en una orilla, como siempre pareciera que ni está ahí. No digo nada porque estoy seguro que el sueño no es una de sus actividades más cotidianas, me di cuenta que no hay agua y creo que es momento de ir. Le aviso a Yuriy sólo mostrando el recipiente donde la almacenamos.
Me cuesta llegar, el cielo sigue nublado y no hay luz en la noche. Llego al río y lleno la gran vasija. Pesa los mil diablos pero siempre es bueno tener agua fresca, mi cabeza se vuelve a llenar de todo lo que ha pasado desde que desperté, lo que sea que Kai sabe, lo que Yuriy tiene, y… lo que siempre he sabido pero no quiero aceptar.
Conforme me acerco los escucho hablar y me detengo un momento.
-Las cosas no terminaron como hubiera esperado.- Yuriy dice en voz baja.
-Mira que curioso, para mí sí.-
-¿Estás loco? Ivan muerto, Serguei sepa el diablo dónde, tú como mercenario y el loco aquél y yo ¿juntos?-
-Nunca esperé nada, así que cualquier cosa es buena.-
-Eres un idiota…-
-No se lo dirás, ¿cierto?- Kai interrumpe la burla de Yuriy. –El muy zopenco no se dará cuenta.-
-Sí, sí lo sabe.-
-¿Si? No me lo parece.-
-Sabe más de lo que él mismo quiere reconocer.-
Tengo que retirarme de ahí, Yuriy está consciente que sé todo y aún así trata de cubrir nuestra propia mentira, aunque el temblor derribó la pequeña cortina de felicidad él trata de asirla de nuevo… no puedo, no quiero.
Recobro la calma y regreso como si nada, Kai está revisando sus armas, no había notado que viene armado hasta los dientes, armas ligeras y cortas (mas un rifle) que harían la delicia de Serguei. Quizá por eso anda de aquí a allá.
-¿Qué te crees, el ángel de la muerte?- río entretenido con el arsenal que Hiwatari extiende.
-No, 'ángel' sería el último modo de nombrarme.- Sonríe maliciosamente. Ahora es cuando decido que no quiero saber qué hace vagando por ahí con tantas armas (que sin duda han sido bastante utilizadas).
La noche sigue su curso, la tos de Yuriy parece incrementarse periódicamente, yo me entretengo atizando el fuego. Kai termina de limpiar y recoge sus cosas, los dos lo vemos acomodarse una mochila al hombro. Nos mira levemente y gira la cabeza.
-Adiós.-
Y se va.
Kai nunca se despide, era el movimiento de mano, una mirada o un ‘nos vemos’ …nunca le había escuchado un adiós.
Ya que se ha ido nos quedamos en silencio. Es roto por la tos de Yuriy que no se detiene, ese constante movimiento de su pecho me derrumba todo, porque ya no sólo soy consciente de nuestra mortalidad sino de la latente posibilidad de perderlo…
Sí, sabía que no podíamos estar toda la vida juntos, bueno, al menos sí mientras durara la de los dos pero entendía que no acabaría pronto, algunos años, un largo tiempo todavía…
Hoy cuando desperté me di cuenta que duraría mucho menos.
-Ey, toma un poco de esto.- Le doy una taza con un té que encontré en el pueblo para calmar los problemas respiratorios.
Aunque ése no es su problema.
Me abre espacio a su lado mientras sujeta la taza y le sopla enfriándola.
No importa si lo sé, si él sabe que lo sé, si ambos sabemos la verdad. Nos engañaremos, nos sujetaremos tanto como podamos a esa cortina que cubre torpemente la realidad, qué curioso, me di cuenta que al final nos parecemos más de lo que nos gustaría aceptar a esos estúpidos que preferían vivir en una mentira que afrontar la verdad.
¿A quién le importa?
Le tomo la mano, él pasa la suya por mi costado. Trato de no mirar el hilillo de sangre que corre por su boca a causa de la tos, levanto la mirada y percibo un pálido halo que se cuela entre la oscuridad de la cueva.
-¿La luna?-
-La luna-
Decimos juntos, giramos la cabeza a donde hay una abertura en el techo por que el se ve perfectamente la luna abriéndose camino entre las nubes.
Cierra los ojos y me sujeta con fuerza mientras le da la espalda al astro.
Si ella es su amante, entonces sé que morirá de celos pues no lo volverá a ver, porque el daño a los pulmones de Yuriy provocado por las costillas rotas no tendrá remedio. Quizá ni siquiera llegue a la mañana del día siguiente, no importa, ya no importa, que me sujetaré a él hasta que la misma muerte venga y lo arranque de mi.
Quién sabe, tal vez hasta resulte que si somos aquellos microbios del tal Arnaud. Y seremos los únicos que sobreviviremos a todo.
Si o no.
¿Qué diablos?
Con lo que he vivido, bien puedo morir feliz.
Aunque no soy yo quien morirá. ¿Qué importa?
La luna se vuelve a perder entre las nubes, desde hace muchas noches siente los celos al vernos, y me odia a morir.
Parece que se me hubiera venido el mundo encima, me sacudo un poco entre sueños. Recuerdo la noche, el terremoto, y que nos separamos. Me levanto con la idea bien clara de buscar a Yuriy sin importar mi estado. Ya ha amanecido, aunque hay demasiada luz…
No estamos en la cueva.
Yuriy yace recostado no muy lejos de mi; me acerco ansioso esperando lo peor pero se retuerce un poco mientras lo veo mover los labios hablando en su sueño. No puedo detener el suspiro de alivio que me asalta.
Miro curioso alrededor, no estamos en la cueva pero estamos a pocos metros de ella, hay varias cosas que teníamos al interior acomodadas a nuestro alrededor, una agradable fogata en medio y un olor que me hace comenzar a salivar, un animal asándose sobre el fuego. Definitivamente Yuriy no hizo nada de esto, hasta imagino que ni siquiera se ha levantado.
¿Quién nos ayudó?
Estiro las pierna y busco algún rastro de heridas o lesiones serias, no tengo mas que unos cuantos moretones y un pequeño raspón en la mano derecha. Vaya, para ser tan aparatoso el movimiento, no dejó daños tan severos.
-Y yo que pensaba decirle a tu príncipe que te despertara con un beso.- Dice una voz entre los arbustos.
Me giro, no me suena desconocida pero no puedo adivinar exactamente a quien pertenece. -¿Kai?- me voy por la opción que más me suena.
Y sí, es él… bueno es y no, parece otra persona que ha pasado por todas las desgracias del mundo y no puede morir, salvo por su gesto y su mirada cualquiera diría que es otra persona.
-¿A quién esperabas? ¿tu cita del martes?-
Si, es Kai.
-¿Qué haces aquí?-
Me mira mientras niega, -Eres imposible,- entra a la cueva y saca tres platos, me da dos y con habilidad separa la carne del fuego, después la destaza y sirve porciones idénticas en cada plato.
-Tú nos sacaste… ¿Dónde has estado? ¿cómo supiste que estábamos aquí?-
-Lo he sabido hace más de dos meses.-
-Jamás dijiste nada, pensamos que estabas muerto.-
Ríe sardónicamente mientras le encaja los dientes a la carne, no hablará, mueve un poco la cabeza señalándome a Yuriy que sigue adormilado. Tiene que comer, ahora espero que no despierte de mal humor.
-Sé precavido.- Murmura el otro mientras come.
-Ya lo sé,- digo molesto porque me recuerda a esos tiempos donde Yuriy y Kai parecían inseparables, uno sabía lo que el otro tenía en la cabeza sin mediar palabra, jamás me agradó eso. Aunque el destino jugó diferente y nos colocó en lugares distintos. Ahora sé que conozco a Yuriy mejor que todo el mundo, quizá Kai lo hizo en su momento pero ahora no hay nada que no sepa de él.
Cuando me acerco a despertarlo lo llamo como siempre, esta vez me responde con un leve quejido que me enfría la sangre. No es normal que se queje así.
-¿Yuriy? Anda, la comida está lista.-
Él no abre los ojos, se retuerce mientras trata de volver a dormir. Avergonzado de mi presente ignorancia volteo a Kai que come calmadamente, se da cuenta de mi mirada y sólo niega. ¿Qué significa eso?
Un temor anidado hace cuatro meses me asalta, eso de no querer saber pero entender que tengo que saber. –Ey, anda.-
Al fin abre los ojos y tiene que parpadear muchas veces para adaptarse a la luz, como decía, no está mucho tiempo bajo la luz del sol. -¿Qué pasó? ¿dónde estamos?-
-Ayer tembló, la cueva se colapsó parcialmente un conocido del más allá nos ayudó.-
-Ey pelirrojo, tu compañerito comenzaba a preocuparse por ti.-
-Kai… ¿qué haces aquí?- Yuriy decide omitir la posible emoción del reencuentro.
-No tenía nada mejor que hacer anoche.-
Comemos en silencio perdidos en nuestros pensamientos. De vez en vez levanto la mirada para darme cuenta que no hay nada de ese juego de miradas entre Kai y Yuriy que mi cabeza ha estado creando desde hace un buen rato, de hecho parece que ignoran que el otro está ahí. Entre eso, me quedo viendo a Kai un poco, ha cambiado… bastante. El cabello quizá un poco más corto y la fisonomía más delgada con el mismo aire de depredador, aunque no como el de antes… de cazador superior, sino de rapiña… es como el de Yuriy.
-¿Dónde has estado?- pregunta Yuriy incómodo con el silencio, con el tiempo se ha acostumbrado a la plática durante la comida.
Kai niega de nuevo, -Vagando-
-¿Ya no estás en el ejército?- pregunto.
Kai bufa, -Ya no hay tal cosa, se han perdido de mucho estando en su luna de miel. Todos pelean contra todos.-
Bueno, eso podría explicar la aparente paz, aunque me queda una duda. -¿Quién está al mando?-
-Todos y nadie a la vez.-
Ok, eso no me dice nada pero al menos ya no hay riesgo de ser perseguidos como desertores. –Dijiste que sabías que estábamos aquí, ¿por qué nunca viniste?-
-¿Interrumpir su vida de casados? No le hago a eso, gracias.-
-Imbécil. ¿Cómo te sientes Yura?-
-¿Y-u-r-a?- ríe Kai burlándose, -mejor voy a buscar la cena.- dice y se pierde entre los arbustos.
-Bien, sólo me duele un poco la pierna pero ¿qué tiene eso de raro?- él dice sonriendo… pero sé que miente.
-¿Quieres que te la corte para que te duela más?- pregunto jugando con la etiqueta de masoquista que le colgamos desde hace mucho. Yo soy el sádico y él el masoquista… el par ideal.
-¿Y con qué te voy a patear?-
Intercambiamos insultos y risas unos diez minutos, en los que me confirma que hay algo malo en él. Si, desde que pasó aquello de su pierna pasó de ser la parte dominante a algo un tanto pasivo-agresivo. Ya no volvió a imponer nada, sino que conseguía las cosas con una paciencia que me obligaba a ceder, no era así. Era agresivo, mandón, exigente, perfeccionista… su encuentro con la muerte se llevó casi todo eso.
Tuve que conformarme con lo poco que quedó.
Sé que él no me dirá nada. –Voy a ver si su señoría cazó algo o ya se lo comieron, tú y yo sabemos que nunca fue bueno para eso.-
-Si.-
Entro a la arboleda siguiendo el rastro de Kai, me lleva casi quince minutos. Lo encuentro en un claro, sentado junto al cadáver de un ciervo pequeño, me da la espalda y puedo darme cuenta que está fumando.
-Eso te va a matar.-
-No tengo tanta suerte.- Pero que pesimista se ha vuelto.
-¿Por qué no habías venido? Te dimos por muerto.-
-Eso no es cierto, ¿recuerdas? Somos los microbios... de dios.-
-No respondiste.-
-No tenía a que venir… vamos, pronto va a oscurecer y él necesita dormir adentro.-
No me gusta su tono, -¿Qué hay de malo con Yuriy?-
-Eres tú quien vive con él, lo sabes pero no lo reconoces. Apresúrate.- Me lanza el animal muerto y se aleja aprisa.
No saber pero entender que tengo que saber…
O saber, pero no querer reconocer.
Una vez en la cueva, entramos a limpiar un poco los escombros. Es un desastre, entre los dos quitamos las rocas que se pueden mover y abrimos una especie de camino para poder entrar y salir sin tanto problema, me doy cuenta que Kai ha perdido bastante de su fuerza, viéndolo de cerca es como si estuviera casi en los huesos… digo, nunca fue un Tyson pero tampoco lo opuesto.
Ha oscurecido, Yuriy entra ayudado de mi. Ha estado tosiendo desde que el sol comenzaba a ocultarse, una tos insistente, nada ostentosa pero inquietante. Me preocupa. Encendemos una fogata, Kai ya ha separado las piezas útiles del animal y yo las coloco en varas para que se asen.
Mientras está lista, Kai se recuesta en una orilla, como siempre pareciera que ni está ahí. No digo nada porque estoy seguro que el sueño no es una de sus actividades más cotidianas, me di cuenta que no hay agua y creo que es momento de ir. Le aviso a Yuriy sólo mostrando el recipiente donde la almacenamos.
Me cuesta llegar, el cielo sigue nublado y no hay luz en la noche. Llego al río y lleno la gran vasija. Pesa los mil diablos pero siempre es bueno tener agua fresca, mi cabeza se vuelve a llenar de todo lo que ha pasado desde que desperté, lo que sea que Kai sabe, lo que Yuriy tiene, y… lo que siempre he sabido pero no quiero aceptar.
Conforme me acerco los escucho hablar y me detengo un momento.
-Las cosas no terminaron como hubiera esperado.- Yuriy dice en voz baja.
-Mira que curioso, para mí sí.-
-¿Estás loco? Ivan muerto, Serguei sepa el diablo dónde, tú como mercenario y el loco aquél y yo ¿juntos?-
-Nunca esperé nada, así que cualquier cosa es buena.-
-Eres un idiota…-
-No se lo dirás, ¿cierto?- Kai interrumpe la burla de Yuriy. –El muy zopenco no se dará cuenta.-
-Sí, sí lo sabe.-
-¿Si? No me lo parece.-
-Sabe más de lo que él mismo quiere reconocer.-
Tengo que retirarme de ahí, Yuriy está consciente que sé todo y aún así trata de cubrir nuestra propia mentira, aunque el temblor derribó la pequeña cortina de felicidad él trata de asirla de nuevo… no puedo, no quiero.
Recobro la calma y regreso como si nada, Kai está revisando sus armas, no había notado que viene armado hasta los dientes, armas ligeras y cortas (mas un rifle) que harían la delicia de Serguei. Quizá por eso anda de aquí a allá.
-¿Qué te crees, el ángel de la muerte?- río entretenido con el arsenal que Hiwatari extiende.
-No, 'ángel' sería el último modo de nombrarme.- Sonríe maliciosamente. Ahora es cuando decido que no quiero saber qué hace vagando por ahí con tantas armas (que sin duda han sido bastante utilizadas).
La noche sigue su curso, la tos de Yuriy parece incrementarse periódicamente, yo me entretengo atizando el fuego. Kai termina de limpiar y recoge sus cosas, los dos lo vemos acomodarse una mochila al hombro. Nos mira levemente y gira la cabeza.
-Adiós.-
Y se va.
Kai nunca se despide, era el movimiento de mano, una mirada o un ‘nos vemos’ …nunca le había escuchado un adiós.
Ya que se ha ido nos quedamos en silencio. Es roto por la tos de Yuriy que no se detiene, ese constante movimiento de su pecho me derrumba todo, porque ya no sólo soy consciente de nuestra mortalidad sino de la latente posibilidad de perderlo…
Sí, sabía que no podíamos estar toda la vida juntos, bueno, al menos sí mientras durara la de los dos pero entendía que no acabaría pronto, algunos años, un largo tiempo todavía…
Hoy cuando desperté me di cuenta que duraría mucho menos.
-Ey, toma un poco de esto.- Le doy una taza con un té que encontré en el pueblo para calmar los problemas respiratorios.
Aunque ése no es su problema.
Me abre espacio a su lado mientras sujeta la taza y le sopla enfriándola.
No importa si lo sé, si él sabe que lo sé, si ambos sabemos la verdad. Nos engañaremos, nos sujetaremos tanto como podamos a esa cortina que cubre torpemente la realidad, qué curioso, me di cuenta que al final nos parecemos más de lo que nos gustaría aceptar a esos estúpidos que preferían vivir en una mentira que afrontar la verdad.
¿A quién le importa?
Le tomo la mano, él pasa la suya por mi costado. Trato de no mirar el hilillo de sangre que corre por su boca a causa de la tos, levanto la mirada y percibo un pálido halo que se cuela entre la oscuridad de la cueva.
-¿La luna?-
-La luna-
Decimos juntos, giramos la cabeza a donde hay una abertura en el techo por que el se ve perfectamente la luna abriéndose camino entre las nubes.
Cierra los ojos y me sujeta con fuerza mientras le da la espalda al astro.
Si ella es su amante, entonces sé que morirá de celos pues no lo volverá a ver, porque el daño a los pulmones de Yuriy provocado por las costillas rotas no tendrá remedio. Quizá ni siquiera llegue a la mañana del día siguiente, no importa, ya no importa, que me sujetaré a él hasta que la misma muerte venga y lo arranque de mi.
Quién sabe, tal vez hasta resulte que si somos aquellos microbios del tal Arnaud. Y seremos los únicos que sobreviviremos a todo.
Si o no.
¿Qué diablos?
Con lo que he vivido, bien puedo morir feliz.
Aunque no soy yo quien morirá. ¿Qué importa?
La luna se vuelve a perder entre las nubes, desde hace muchas noches siente los celos al vernos, y me odia a morir.
7.7.09
Desconocido I
I. El terremoto en la oscuridad
La vida ha sido un asco desde siempre, lo mismo una y otra vez, la apestosa niñez, el loco del padre de Yuriy, la propia estupidez de mi padre, la Abadía, Boris…
Después, esta guerra que no alcanzo a recordar cuando ni donde comenzó, unos dicen que ya de tantos años que tiene será la única que quedará con vida. Todos terminarán matándose entre sí sin saber siquiera porque peleaban, aún me río recordando que éramos como ellos. Cegados por esos hechizos de los llamados líderes.
Lo que sea, ya no somos parte de eso, pero eso no significa que estamos fuera de esa locura, vivimos apenas a una orilla pero sé que pronto volverá a envolvernos.
Lo dije, la vida es un asco.
Aunque tengo que reconocerlo, ya no me importa cuan repugnante pueda ser, hallé mi
lugar y puedo seguirla sobrellevando, mientras sigamos lado a lado.
-Ey, ¿aún piensas que debiste haber traído ese perro que encontraste?- él pregunta sonriéndome.
-No digas estupideces, terminaría siendo la cena antes una mascota. No son tiempos para alimentar al desvalido.-
-Oh vamos, alegraría un poco este lugar.-
-Disculpe usted señor sonrisas que no pueda ser suficiente entretenimiento y que esta cueva no sea un circo. Entenderás que prefiero sobrevivir.-
-Un poco de diversión no nos caería mal, pareciera que ya estamos m… muertos.-
Él trata de contener la última palabra, es tarde. Ha dejado ya sus delgados labios y se escapa entre la brisa fría que va a morir en la hoguera. Yuriy baja la vista y se da la vuelta en su cama (o intento de), me da la espalda confirmándome las ideas de que se siente mal por haber traído siquiera la palabra.
-Ey,- me siento junto a él mientras lo obligó a verme de frente –tienes razón, mejor divertidos a morir que…-
-Vivos y aburridos.- Dice con una pequeña sonrisa mientras sujeta mi mano apretándola. –Además,- continúa mientras le veo, -…necesito compañía, eres lo más espantoso que he visto en mucho tiempo.- Dice empujándome y lanzándome al piso, su risa tintinea en mis oídos. El contacto con el piso duele pero prefiero cien veces eso que escucharlo abatido.
-Pues ni te creas lo máximo, creo que sí traeré ese perro flaco pero para que me alegre el día a mí.-
-¡Ey!- Yuriy me lanza uno de los cojines mientras yo le devuelvo un zapatazo. -¡Jódete!-
-No, jódete tú.-
Nos lanzamos ofensas y las cosas que encontramos a la mano por unos cinco minutos, un poco cansados (y algo adoloridos) nos detenemos y nos vemos mientras intercambiamos miradas que refuerzan nuestro lazo, que venga lo que deba venir. Somos fuertes.
-Oye, quiero salir ¿ya se ve la luna?- Yuriy me llama extendiendo su brazo.
Lo sujeto y lo ayudo a apoyarse en mi. Al ver su tambaleante pierna no puedo evitar recordar. De cuando éramos miembros del mundo que nos rodea.
La batalla siempre ha estado en nuestras venas, los combates de aquellos torneos de la niñez que parecen memorias borroneadas, la abadía que se ve más como un recuerdo inventado, los juegos de siempre ‘mata al primero que encuentres’ cuyas armas pasaron de meros diábolos de aire a balas verdaderas… nos unimos a la guerra.
Parecía la cosa más natural para nosotros, decían que estamos hechos para ella. No lo niego. Siempre hemos sido guerreros, Yuriy y yo éramos equipo, Ivan y Seguei otro, Kai el que anda solo. Fuimos leyenda desde la abadía. Quizá algo escucharon de eso, porque no tardamos en ser colocados en escuadrones especiales, los que van a limpiar el terreno.
No diré que no me gustó, era como embriagarse en compañía de las únicas personas que consideras de valor para estar contigo, bacanales de sangre y placer, como una orgía en medio de la decadencia. Si, fueron tiempos buenos.
Entonces nos separaron. Ivan y Serguei fueron colocados en escuadrones distintos, supimos que el enano murió al poco tiempo, no volvimos a escuchar noticia de Seguei. No puedo asegurar que esté muerto, tengo la firme idea que anda disparando a placer en algún sitio del mundo.
Kai fue historia diferente. El maldito principito no pudo borrar esa marca invisible que Souichiro le impuso, aunque se ocultó bien entre lo más despreciable de las barracas (nosotros) brincó a la vista esa silente aura de poder. Sin siquiera querer fue subiendo rangos una y otra vez, nosotros éramos escoria feliz. Él nunca pudo serlo.
Aunque duró un buen tiempo como oficial en jefe de nuestra unidad completa, lo enviaron a los servicios de elite. Nunca nos dijo que hacía ahí, pero cuando regresó de su primera misión no fue el mismo, al poco tiempo simplemente ya no regresó.
Como con Serguei dudo que haya muerto (si mala hierba nunca muere, y nosotros somos la plaga que mata hasta a esa hierba, debemos ser alguna especie de inmortales).
‘Los microbios de dios’, decía Kai citando a un tal Artaud. Si, por mucho tiempo lo creí. Los cinco, la compañía deseada en el lugar soñado y haciendo lo único para lo que parecía éramos buenos, nunca fuimos normales.
Cuando supimos de la muerte de Ivan, tras la desaparición de Serguei, el reasignamiento de Kai… la explosión que casi mata a Yuriy.
Entendí nuestra propia mortalidad.
Estábamos ocultos entre un prado de pasto muy alto, el viento soplaba sacudiéndolo y creando sonidos que opacaban el creado por el enemigo. Yuriy iba al frente como siempre, yo apenas detrás de él, el resto… nunca lo supe, nunca me interesó después de que los otros tres se fueron… sólo él y yo.
-El que acabe primero con el vigía, gana.-
-¿Gana?- pregunté haciendo un enorme gesto de duda.
-La primera mano,- sonrió haciéndome temblar de placer.
No necesitaba explicar mas.
Emprendimos la loca carrera por ser el que obtuviera más. Quería ser yo. Nunca mido las consecuencias, no en balde siempre fui el impulsivo, al que le iba peor, el que no podía hacer nada bien… el que arruinaba las cosas cuando salían mal.
Esa vez no fue la excepción.
Tratando de adelantarme a la posición de Yuriy me desvié del plan que habíamos fijado, salí del pasto que nos serviría de cobijo, la posición de Yuriy (que me llevaba buena distancia) quedó al descubierto para el enemigo. Que simplemente accionó el mecanismo de las minas colocadas.
Todo fue como en cámara lenta. La visión de la tierra siendo levantada y el olor a pólvora nublaron mi mirada y mi olfato, los gritos de los demás soldados ni siquiera llegaron a mi oído, sólo una cosa percibí. El aullido de dolor de Yuriy.
En unos cuantos segundos mi mente quedó fijada sólo en una cosa. ‘Búscalo, sálvalo, sácalo de ahí… no lo pierdas.’
No iba a permitir que mi único lazo con mi cordura fuera perdido. Él se había convertido en todo para mí.
Casi gateando llegué al cráter de la explosión, divisé su cabello rojo entre los terrones de tierra, estiraba sus brazos para ayudarse en su movimiento. Extendí mis manos y sujeté las suyas prometiéndole con mi mirada que no lo dejaría ir, no a él.
-Muévete idiota, esto duele como el infierno.- Siseó entre la sangre que manaba de su boca.
Enfrié lo poco de mi mente aún consciente y lo levanté en vilo, colocándolo sobre mi espalda y emprendiendo la loca carrera hacia el interior de la arboleda más cercana, nadie nos siguió. Después de casi veinte minutos me detuve, y sólo por que él me lo pidió. Pude haber corrido por toda la eternidad si con eso me aseguraba que lo salvaba.
Lo eché al piso sabiendo que lo que fuera que le hubiera pasado no era bueno, no quería verlo pero tenía que hacerlo. Él respiraba agitadamente mientras movía torpemente sus manos hacia sus piernas… o deba decir, su pierna. Debajo de su rodilla derecha no había otra cosa que jirones de carne y tela envueltos en sangre que aún brotaba lentamente de entre un tosco envoltijo de tela, él mismo se había vendado mientras corría.
-Ey idiota, ¿qué esperas? Sé que nunca fuiste bueno en medicina pero al menos algo debió haberse pegado en ese cerebro de insecto… detén la hemorragia. No voy a morir aquí.-
Por primera vez mi cerebro funcionó como debía, parecía que mis manos estaban hechas para ello, hurgar en la carne, cerrar agujeros, apretar venas…
Kai no estaba tan errado, quizá si éramos esos microbios de dios. Si es que existe, nunca nos ha visto bien así que siendo las criaturas más bajas… no le importaba lo que fuera de nosotros. Éramos los felices microbios.
Y nos dimos cuenta de tres cosas grandiosas.
-Estábamos lejos del campo de batalla donde seguramente nos darían por muertos.
-Estábamos vivos.
-Estábamos juntos.
Y bueno, vagamos por algunos días hasta que dimos con esta cueva lejos de la franja de conflicto, a segura distancia de la zona habitada y tan bien oculta, que nadie daría con nosotros en un buen tiempo.
Cuatro meses y contando.
Yuriy no puede caminar solo, su pierna que se salvó quedó tan dañada que no soporta todo su peso, parece que perdió algo de su fuerza y que no ha recuperado; solamente le quedó esa excitante energía que sigue anidada en él, aún me arranca unas cuantas sorpresas noche a noche.
No me arrepiento de nada, es un mundo asqueroso, una vida patética, una situación despreciable… pero hemos alcanzado nuestro mundo ideal, ya ninguna de las circunstancias alrededor de nosotros puede alcanzarnos.
Lo llevo a la entrada de la cueva, maldigo al cielo pues aún está nublado. Él mira con ojos decepcionados las gruesas nubes que se interponen entre la luna y él, parece que es lo único que lo atrae del exterior. Ya no le gusta que le cuente del pueblo, vamos en ocasiones al río y la montaña pero sé que lo único que lo alegra realmente (bueno, una de dos cosas) es ver la luna.
-Bueno, parece que tu enamorada no se asomará hoy a verte.-
-¿Celos?- pregunta con una sonrisa simulada.
-Vete al diablo. Además, si yo quisiera… puedo encontrar…-
-…- se queda callado, molesto mientras mira al cielo.
-¡Jajaja! ¿dónde están tus sarcásticos comentarios Ivanov?-
-¿Quieres saber?- pregunta con un tono incitante. –Acércate.- Me mira de frente.
No soy tonto, sé que planea algo… pero esa cabeza enferma tiene ideas interesantes. Si lo sabré yo.
Disminuyó la distancia entre él y yo, él no me mira directamente de pronto levanta la mirada haciéndome saltar hacia atrás. Él me muestra la palma de su mano, mueve graciosamente los dedos (aunque parezca increíble siendo la mano de un asesino) entonces… dobla todos sus dedos salvo el medio que se introduce en mi nariz y lo dobla un poco rasgándome con su uña.
-¡Maldito hijo de p…! ¡te voy a arrancar ese dedo y todos los demás! ¡Además de la otra pierna!-
Mientras sigo con mis gritos y sujetando mi nariz que sangra, lo escuchó reír, con sus manos aleja la mía y… como con un conjuro (en donde lo único que participa son sus labios) me calma en un segundo.
…
No ha terminado cuando entramos a la cueva, la luna no sale y dudo que salga esa noche.
¿Qué importa?
Lo otro que lo hace feliz.
Pero una sacudida nos manda al piso, él sujeta con fuerza mi mano mientras el movimiento se incrementa. La fogata se apaga, la cueva se cimbra, rocas y ramas caen en la entrada bloqueando la endeble luz de la noche…
Todo se oscurece.
Nuestras manos se sueltan. Llamo, estiro mi brazo, lo busco en la oscuridad mientras la cueva parece que se derrumba sobre nosotros.
Nadie contesta.
Andábamos a ciegas en la vida, fingiendo que éramos felices. Un temblor en mas un aspecto nos arrancó de esa idea. Tal vez si éramos felices pero tanta embriaguez de ella nos hizo creer que era eterna.
No sé que siga después.
La vida ha sido un asco desde siempre, lo mismo una y otra vez, la apestosa niñez, el loco del padre de Yuriy, la propia estupidez de mi padre, la Abadía, Boris…
Después, esta guerra que no alcanzo a recordar cuando ni donde comenzó, unos dicen que ya de tantos años que tiene será la única que quedará con vida. Todos terminarán matándose entre sí sin saber siquiera porque peleaban, aún me río recordando que éramos como ellos. Cegados por esos hechizos de los llamados líderes.
Lo que sea, ya no somos parte de eso, pero eso no significa que estamos fuera de esa locura, vivimos apenas a una orilla pero sé que pronto volverá a envolvernos.
Lo dije, la vida es un asco.
Aunque tengo que reconocerlo, ya no me importa cuan repugnante pueda ser, hallé mi
lugar y puedo seguirla sobrellevando, mientras sigamos lado a lado.
-Ey, ¿aún piensas que debiste haber traído ese perro que encontraste?- él pregunta sonriéndome.
-No digas estupideces, terminaría siendo la cena antes una mascota. No son tiempos para alimentar al desvalido.-
-Oh vamos, alegraría un poco este lugar.-
-Disculpe usted señor sonrisas que no pueda ser suficiente entretenimiento y que esta cueva no sea un circo. Entenderás que prefiero sobrevivir.-
-Un poco de diversión no nos caería mal, pareciera que ya estamos m… muertos.-
Él trata de contener la última palabra, es tarde. Ha dejado ya sus delgados labios y se escapa entre la brisa fría que va a morir en la hoguera. Yuriy baja la vista y se da la vuelta en su cama (o intento de), me da la espalda confirmándome las ideas de que se siente mal por haber traído siquiera la palabra.
-Ey,- me siento junto a él mientras lo obligó a verme de frente –tienes razón, mejor divertidos a morir que…-
-Vivos y aburridos.- Dice con una pequeña sonrisa mientras sujeta mi mano apretándola. –Además,- continúa mientras le veo, -…necesito compañía, eres lo más espantoso que he visto en mucho tiempo.- Dice empujándome y lanzándome al piso, su risa tintinea en mis oídos. El contacto con el piso duele pero prefiero cien veces eso que escucharlo abatido.
-Pues ni te creas lo máximo, creo que sí traeré ese perro flaco pero para que me alegre el día a mí.-
-¡Ey!- Yuriy me lanza uno de los cojines mientras yo le devuelvo un zapatazo. -¡Jódete!-
-No, jódete tú.-
Nos lanzamos ofensas y las cosas que encontramos a la mano por unos cinco minutos, un poco cansados (y algo adoloridos) nos detenemos y nos vemos mientras intercambiamos miradas que refuerzan nuestro lazo, que venga lo que deba venir. Somos fuertes.
-Oye, quiero salir ¿ya se ve la luna?- Yuriy me llama extendiendo su brazo.
Lo sujeto y lo ayudo a apoyarse en mi. Al ver su tambaleante pierna no puedo evitar recordar. De cuando éramos miembros del mundo que nos rodea.
La batalla siempre ha estado en nuestras venas, los combates de aquellos torneos de la niñez que parecen memorias borroneadas, la abadía que se ve más como un recuerdo inventado, los juegos de siempre ‘mata al primero que encuentres’ cuyas armas pasaron de meros diábolos de aire a balas verdaderas… nos unimos a la guerra.
Parecía la cosa más natural para nosotros, decían que estamos hechos para ella. No lo niego. Siempre hemos sido guerreros, Yuriy y yo éramos equipo, Ivan y Seguei otro, Kai el que anda solo. Fuimos leyenda desde la abadía. Quizá algo escucharon de eso, porque no tardamos en ser colocados en escuadrones especiales, los que van a limpiar el terreno.
No diré que no me gustó, era como embriagarse en compañía de las únicas personas que consideras de valor para estar contigo, bacanales de sangre y placer, como una orgía en medio de la decadencia. Si, fueron tiempos buenos.
Entonces nos separaron. Ivan y Serguei fueron colocados en escuadrones distintos, supimos que el enano murió al poco tiempo, no volvimos a escuchar noticia de Seguei. No puedo asegurar que esté muerto, tengo la firme idea que anda disparando a placer en algún sitio del mundo.
Kai fue historia diferente. El maldito principito no pudo borrar esa marca invisible que Souichiro le impuso, aunque se ocultó bien entre lo más despreciable de las barracas (nosotros) brincó a la vista esa silente aura de poder. Sin siquiera querer fue subiendo rangos una y otra vez, nosotros éramos escoria feliz. Él nunca pudo serlo.
Aunque duró un buen tiempo como oficial en jefe de nuestra unidad completa, lo enviaron a los servicios de elite. Nunca nos dijo que hacía ahí, pero cuando regresó de su primera misión no fue el mismo, al poco tiempo simplemente ya no regresó.
Como con Serguei dudo que haya muerto (si mala hierba nunca muere, y nosotros somos la plaga que mata hasta a esa hierba, debemos ser alguna especie de inmortales).
‘Los microbios de dios’, decía Kai citando a un tal Artaud. Si, por mucho tiempo lo creí. Los cinco, la compañía deseada en el lugar soñado y haciendo lo único para lo que parecía éramos buenos, nunca fuimos normales.
Cuando supimos de la muerte de Ivan, tras la desaparición de Serguei, el reasignamiento de Kai… la explosión que casi mata a Yuriy.
Entendí nuestra propia mortalidad.
Estábamos ocultos entre un prado de pasto muy alto, el viento soplaba sacudiéndolo y creando sonidos que opacaban el creado por el enemigo. Yuriy iba al frente como siempre, yo apenas detrás de él, el resto… nunca lo supe, nunca me interesó después de que los otros tres se fueron… sólo él y yo.
-El que acabe primero con el vigía, gana.-
-¿Gana?- pregunté haciendo un enorme gesto de duda.
-La primera mano,- sonrió haciéndome temblar de placer.
No necesitaba explicar mas.
Emprendimos la loca carrera por ser el que obtuviera más. Quería ser yo. Nunca mido las consecuencias, no en balde siempre fui el impulsivo, al que le iba peor, el que no podía hacer nada bien… el que arruinaba las cosas cuando salían mal.
Esa vez no fue la excepción.
Tratando de adelantarme a la posición de Yuriy me desvié del plan que habíamos fijado, salí del pasto que nos serviría de cobijo, la posición de Yuriy (que me llevaba buena distancia) quedó al descubierto para el enemigo. Que simplemente accionó el mecanismo de las minas colocadas.
Todo fue como en cámara lenta. La visión de la tierra siendo levantada y el olor a pólvora nublaron mi mirada y mi olfato, los gritos de los demás soldados ni siquiera llegaron a mi oído, sólo una cosa percibí. El aullido de dolor de Yuriy.
En unos cuantos segundos mi mente quedó fijada sólo en una cosa. ‘Búscalo, sálvalo, sácalo de ahí… no lo pierdas.’
No iba a permitir que mi único lazo con mi cordura fuera perdido. Él se había convertido en todo para mí.
Casi gateando llegué al cráter de la explosión, divisé su cabello rojo entre los terrones de tierra, estiraba sus brazos para ayudarse en su movimiento. Extendí mis manos y sujeté las suyas prometiéndole con mi mirada que no lo dejaría ir, no a él.
-Muévete idiota, esto duele como el infierno.- Siseó entre la sangre que manaba de su boca.
Enfrié lo poco de mi mente aún consciente y lo levanté en vilo, colocándolo sobre mi espalda y emprendiendo la loca carrera hacia el interior de la arboleda más cercana, nadie nos siguió. Después de casi veinte minutos me detuve, y sólo por que él me lo pidió. Pude haber corrido por toda la eternidad si con eso me aseguraba que lo salvaba.
Lo eché al piso sabiendo que lo que fuera que le hubiera pasado no era bueno, no quería verlo pero tenía que hacerlo. Él respiraba agitadamente mientras movía torpemente sus manos hacia sus piernas… o deba decir, su pierna. Debajo de su rodilla derecha no había otra cosa que jirones de carne y tela envueltos en sangre que aún brotaba lentamente de entre un tosco envoltijo de tela, él mismo se había vendado mientras corría.
-Ey idiota, ¿qué esperas? Sé que nunca fuiste bueno en medicina pero al menos algo debió haberse pegado en ese cerebro de insecto… detén la hemorragia. No voy a morir aquí.-
Por primera vez mi cerebro funcionó como debía, parecía que mis manos estaban hechas para ello, hurgar en la carne, cerrar agujeros, apretar venas…
Kai no estaba tan errado, quizá si éramos esos microbios de dios. Si es que existe, nunca nos ha visto bien así que siendo las criaturas más bajas… no le importaba lo que fuera de nosotros. Éramos los felices microbios.
Y nos dimos cuenta de tres cosas grandiosas.
-Estábamos lejos del campo de batalla donde seguramente nos darían por muertos.
-Estábamos vivos.
-Estábamos juntos.
Y bueno, vagamos por algunos días hasta que dimos con esta cueva lejos de la franja de conflicto, a segura distancia de la zona habitada y tan bien oculta, que nadie daría con nosotros en un buen tiempo.
Cuatro meses y contando.
Yuriy no puede caminar solo, su pierna que se salvó quedó tan dañada que no soporta todo su peso, parece que perdió algo de su fuerza y que no ha recuperado; solamente le quedó esa excitante energía que sigue anidada en él, aún me arranca unas cuantas sorpresas noche a noche.
No me arrepiento de nada, es un mundo asqueroso, una vida patética, una situación despreciable… pero hemos alcanzado nuestro mundo ideal, ya ninguna de las circunstancias alrededor de nosotros puede alcanzarnos.
Lo llevo a la entrada de la cueva, maldigo al cielo pues aún está nublado. Él mira con ojos decepcionados las gruesas nubes que se interponen entre la luna y él, parece que es lo único que lo atrae del exterior. Ya no le gusta que le cuente del pueblo, vamos en ocasiones al río y la montaña pero sé que lo único que lo alegra realmente (bueno, una de dos cosas) es ver la luna.
-Bueno, parece que tu enamorada no se asomará hoy a verte.-
-¿Celos?- pregunta con una sonrisa simulada.
-Vete al diablo. Además, si yo quisiera… puedo encontrar…-
-…- se queda callado, molesto mientras mira al cielo.
-¡Jajaja! ¿dónde están tus sarcásticos comentarios Ivanov?-
-¿Quieres saber?- pregunta con un tono incitante. –Acércate.- Me mira de frente.
No soy tonto, sé que planea algo… pero esa cabeza enferma tiene ideas interesantes. Si lo sabré yo.
Disminuyó la distancia entre él y yo, él no me mira directamente de pronto levanta la mirada haciéndome saltar hacia atrás. Él me muestra la palma de su mano, mueve graciosamente los dedos (aunque parezca increíble siendo la mano de un asesino) entonces… dobla todos sus dedos salvo el medio que se introduce en mi nariz y lo dobla un poco rasgándome con su uña.
-¡Maldito hijo de p…! ¡te voy a arrancar ese dedo y todos los demás! ¡Además de la otra pierna!-
Mientras sigo con mis gritos y sujetando mi nariz que sangra, lo escuchó reír, con sus manos aleja la mía y… como con un conjuro (en donde lo único que participa son sus labios) me calma en un segundo.
…
No ha terminado cuando entramos a la cueva, la luna no sale y dudo que salga esa noche.
¿Qué importa?
Lo otro que lo hace feliz.
Pero una sacudida nos manda al piso, él sujeta con fuerza mi mano mientras el movimiento se incrementa. La fogata se apaga, la cueva se cimbra, rocas y ramas caen en la entrada bloqueando la endeble luz de la noche…
Todo se oscurece.
Nuestras manos se sueltan. Llamo, estiro mi brazo, lo busco en la oscuridad mientras la cueva parece que se derrumba sobre nosotros.
Nadie contesta.
Andábamos a ciegas en la vida, fingiendo que éramos felices. Un temblor en mas un aspecto nos arrancó de esa idea. Tal vez si éramos felices pero tanta embriaguez de ella nos hizo creer que era eterna.
No sé que siga después.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)