III. No, no es… pero no importa.
Hilary está molesta, no es raro podrás decir pero no es por lo habitual, de hecho no le molesta que Tyson mastique mientras platica con Max, que Kenny siga tratando (va casi una hora de esto) de explicarle a Daichi como la cinética y la fuerza de gravedad hacen que la gente no se caiga de ciertos juegos mecánicos, o que Hiro siga viendo embobado a las edecanes que por ahí pasan.
Rei ha notado su gesto desde que llegaron, porque debas saber que gracias a que el menor de los Granger consiguió salvar su año escolar, su hermano y su abuelo decidieron premiarlo con un viaje al parque de diversiones de la ciudad vecina al que invitaron a todos.
Lo que ni tú ni Rei saben es que ella está molesta porque Kai sigue sin aparecer. Podrás haberte imaginado (como ella) que después de esa (según ella) mágica noche donde los dos compartieron una plática amena, algunos secretos que nadie sabía (como que Hilary inventa historias románticas que sube a la red bajo un seudónimo o que algunas decisiones de negocios de Kai son tomadas por Niedeck o Danka –no preguntes cómo-) y un beso. Una nueva etapa iba a acontecer.
En la mente romántica de muchos, ellos comenzarían a verse día tras día mientras su amor (incubado desde ese flechazo) brotaría como un hermoso ser que ambos cuidarían como lo más preciado del mundo.
Error.
Uno es un inadaptado social, apenas dice lo necesario, parece incapaz de llevar una conversación que requiere de reciprocidad y tiene un humor de tantos altibajos como el de una menopáusica abandonada (que no lo demuestre es otra cosa), además una tolerancia igual de dispar, puede ser casi un buda la mayor parte del tiempo pero… ocasionalmente, esa menopáusica estalla y si no fuera por el castigo ante la ley, dejaría cadáveres a su paso.
La otra, bajo una facha de chica linda y amable está una bruja (en todo el aspecto de la palabra) frustrada (por aquello que la brujería pasó de moda), que de haber podido hechizaría a cuanto no le gusta, cuya mejor cualidad es que es una entusiasta sin igual, aunque todo le demuestre que no es buena para algo, ahí está, insiste que insiste hasta que se cansa sin reconocer su derrota.
Los dos son dominantes, son agresivos, mandones, enojones, creen tener siempre la razón, no les gusta hablar de cosas que no les gustan. Cuando quieren ayudar parece que causan más daño que nada, si intentan ser amables para los demás es la señal del Apocalipsis.
El mejor modo de Kai para ayudar es dejar que se retuerzan en sus errores hasta que con un poco de mano dura encuentren una salida del atolladero. Mientras Hilary les grita (literalmente) todas las fallas que tienen, lo mal que lo hacen y lo que deberían hacer una y otra vez, hasta que de tanto hartazgo el pobre que recibe la ‘ayuda’ encuentra que no es tan inútil y consigue solucionar su problema.
¿No dicen que polos iguales se repelen?
Visto de lejos, por un lado la castaña con cuerpo de niña que no crecerá, una cara lozana con ojos avizores y optimistas, todo en ella grita de vida y que ella misma exclama a los cuatro vientos su gusto por todo; y por el otro, un muchacho que parece que creció antes de tiempo, un par de ojos que muestran nada enmarcados por una cara apática y un tono de piel nada saludable pero una condición física que dice lo contrario; pareciera que son perfectos opuestos.
Polos opuestos se atraen, entonces la regla natural de la vida es que estos terminen de pareja.
Pero nada es tan fácil.
-¿Quieres un poco de soda Hil?- Rei trata de aligerarle un poco el humor.
-No gracias Rei.-
-¿Qué te pasa?- pregunta calmadamente.
-¿Qué me pasa? ¿qué le pasa a él?- exclama de pronto.
-¿Él?-
-A Kai, ¿qué se cree? ¿no dijo que vendría?-
-Bueno si, pero que llegaría más tarde, tenía unos pendientes.-
-Si claro, se cree el rey del universo y todos deben disponer del tiempo como él decida.- Ella exclama y se levanta indignada.
Rei se queda en silencio, sorprendido de la repentina explosión de la chica. Como que sabe que tiene que saber qué le pasa, pero está cansado de ser el mediador del equipo, tal vez, tal vez sólo por ese día se merezca un descanso. Y contra todo pronóstico, Rei Kon deja a su amiga con su problema sin tratar de ayudarla.
Hay sorpresas este día ¿no?
Agreguemos una más. Kai ha aparecido y se acerca a ellos, justo donde le dijeron que estarían (y que en nada le sorprendió): el área de comida.
-¡Eh aguafiestas, por aquí!- Tyson grita lanzando pedacitos de pollo con baba a los demás.
-Agh, Tyson ¡no hables mientras comes!- Hilary se pone de peor humor.
-Al fin llegas, pensamos que no ibas a venir.- Max lo saludo haciéndole espacio en la mesa, pero Kai decide que es mejor sentarse en otra.
-Dije que vendría.-
-De acuerdo, ¡vamos al Xtreme Race!-
-No, no, al Deep Darkness-
-…la aventura del Tío Tom- se escuchó la vocecita de Kenny, pues él no quiere ir a esas locas atracciones que Tyson y Max nombran.
Y como es de esperarse, las discusiones se reinician. Hiro y el abuelo se miran, bueno, el abuelo mira a Hiro porque el hermano de Tyson no puede dejar de ver a una linda trigueña que ofrece globos. Cuando Hiro le devuelve la mirada, es tarde, el abuelo ha decidido.
-Los que quieran las emociones fuertes vengan con el abuelo, los que no… con el viejo Hiro.- Aclama y levantando un brazo se va caminando.
Tyson, Max y Daichi van tras él; Hiro se queda petrificado, llama a su abuelo pero no es atendido, suspira y con la cabeza baja reconociendo su derrota llama.
-De acuerdo, vamos por acá.-
Kenny es el único que lo sigue sin dudar, Rei mira a los dos grupos comenzar a separarse. Ni Hilary ni Kai se han movido un milímetro. -¿A dónde irán?-
Nadie le responde, Hilary sigue fumando su coraje, Kai simplemente no piensa moverse de ahí.
-¿Van a ir con alguno?... ¿piensan moverse de ahí?-
Nada.
Rei suspira y sigue a Hiro, tal vez tampoco está hecho para esas emociones fuertes. Los dos restantes se quedan ahí, en silencio sin hacer mucho por entablar una plática o siquiera saludarse.
Sabemos que Kai tiene una paciencia casi infinita cuando algo no le molesta cosa contraria con Hilary que al tener al lado la razón de todas sus frustraciones del día no aguanta mucho tiempo.
-Muy bien, ¿vas a decirme por qué no has ido con Tyson?-
-No.-
-¿Por qué?-
-¿Por qué debería?-
Hilary cuenta hasta diez, y replantea su pregunta, -¿Te molesta si te pregunto a dónde has estado?-
Kai niega, -No, no me molesta.-
Hilary adelanta un poco la cara como esperando oír bien la respuesta de Kai, pero esta no llega. -¿Y… por que no contestas?-
-Dije que no me molesta que me preguntes, no que contestaría.-
-¿Qué pasa contigo?-
-No, ¿qué te pasa a tí? ¿qué pretendes?- Kai pregunta entre sorpresa y molestia.
-¿De qué hablas?-
-¿Quién te crees que eres como para cuestionarme o esperar razones de lo que hago o dejo de hacer?-
Hilary abre bastante los ojos y baja la cabeza, -Pensé que… tú… ¡no! ¿qué te crees?-
-Eres tú la que dice irracionalidades.-
Ella está por estallar, -¡Vete al diablo! Sólo me preocupé por ti- le grita y se va corriendo.
Kai se queda sin palabras, sentado y viéndola alejarse. Pero que problemática es la situación ahora, sólo quería ir y distraerse un rato, le hace mucha falta pero ahora ha creado un problema que no quería, si no había ido (además de la notable carga de trabajo que tiene) es por miedo.
Si, aunque no lo creas ese Kai Hiwatari que se enfrenta a locos bipolares tiene miedo de no saber como manejar la situación ante Hilary, porque es algo nuevo y algo que no había hecho antes. Sabe que es un tonto para esas cuestiones, pero vamos; él preferiría mil veces que lo vean como un insensible antes que como un tonto.
Pero al igual que aquellos dos días que convivieron en su casa, no quiere dejar así la situación.
Hilary corre tanto como puede, ya que no es ni maratonista ni hace mucho ejercicio, se cansa a los tres minutos. Con paso lento empieza a vagar por el parque de diversiones sin prestar mucha atención a donde va. Llega a… alguna parte. Se sienta en una banquita compartida con una pareja de ancianos, ella está cansada de eso: Intentar entender al conflictivo muchacho y pensar que puede esperar algo de él, ha tratado de convencerse que el beso aquél y esa agradable velada fue un capricho de Kai que jugó con los nobles sentimientos de ella y sólo se aprovechó de su inocencia… ni que le hubiera hecho que.
Pero no puede, sabe que ella también le dio cabida; que la ceguera sentimental e inexperiencia de Kai lo llevó a una situación que no podía manejar, y que ella (aunque no es lo que podría calificarse de mercenaria del amor) dio paso a algunas cosas. Fue cuestión de dos, y ni ella puede esperar que él caiga rendido a sus pies, ni él debiera ser tan frío.
La niña berrinchuda y el idiota sentimental. ¿Polos opuestos o idénticos?
Más que repulsión o atracción, hay una tensión estática que no los deja en paz.
Kai camina para distraerse, ha decidido que si la encuentra tratará de reparar la situación, sino… pues no. Pasa el tiempo, y el destino decide que se cansó de tanto rodeo para cuando ella se detiene a comprar un helado, él ha decidido que tiene hambre. Así que los ojos cafés de ella se topan con los rojos de él, ella también se convenció de que pondrá las cosas en claro, así que lejos de salir corriendo, gritarle o plantarle una soberana cachetada (como llegó a ocurrírsele) se sienta mirándolo de frente.
Kai hace a un lado su ensalada y la mira atento.
-No quería decirte eso. Malentendí las cosas.-
-Yo no supe explicarlas.-
-Entenderás que no esto no es lo normal para ninguno de nosotros.-
-Y que lo digas.-
-¿Sólo comes ensalada? Con razón.-
-Ese helado explica ciertas cosas.-
-¿Qué se supone que significa eso?-
-Lo mismo quisiera saber.-
De pronto ella echa a reír y él sonríe, percatándose de cómo la conversación de nuevo empieza a decantar en una discusión, pero ellos la detienen a tiempo.
-Muy bien, Kai Hiwatari me gustas, pero no estoy acostumbrada a tantas desapariciones y ausencias largas…- ella expresa con una seguridad impresionante, aunque le traicionan los temblores de sus piernas, su voz no duda.
-No me…- nada que ver con Kai, que ni se atreve a verle de frente ni tampoco puede hilar la frase completa… -no me eres… indiferente.-
Vaya, Kai puede ser tan obtuso como Tyson ocasionalmente Hilary nota con interés (y una sonrisa que no muestra) cuando menos hay que reconocerle que pudo expresar algo.
-No me gusta no saber lo que pasa con las personas que me interesan, no me gusta que me traten como si no existiera o como si nada de lo que he hecho por ellos les importara.- Ella siente que lleva las de ganar, y se aprovecha para expresar todo lo que tiene que decir.
-No suelo decir nada… a nadie.- Kai sigue en su remolino de ideas y palabras.
-¿Por qué? Es agradable preocuparte por los demás, y que los demás se preocupen por ti.-
-Es más fácil pensar del modo contrario, ¿buscar lo que ya no tienes?-
De pronto Hilary recuerda la casa, Chow-chow y la condición de depósito de objetos abandonados que es ahora la casa Hiwatari. Esa seguridad empieza a temblar tanto como sus piernas, -Pero no debiera ser así…-
Kai se encoge de hombros, -¿Para que molestarse en pensar así? No cambias lo que no puedes controlar.-
De pronto hacen otra pausa, contrario a lo de hace rato; la conversación amenaza con irse al otro extremo: el sentimiento barato.
-¿Y qué propones?- Hilary trata de regresar las cosas a mejor curso.
-Un punto medio.- Kai sonríe y el temblor de Hilary no cede, aunque éste… es agradable.
-No puedes esperar que deje de preocuparme o de preguntar, quiero preocuparme y quiero preguntar porque me interesa.-
-Hazlo si eso es lo que quieres hacer, pero no exageres.-
Hilary hace una mueca, -¿Y tú qué?-
-¿Dar un poco más de información?-
Ella se queda pensativa, -Podría ser… ¿y a dónde has estado?-
Kai le mira con una leve molestia por aprovecharse de la situación. –Trabajo de las empresas y la escuela, viaje de negocios.-
-¿A dónde fuiste? ¿Qué tal te fue?-
-China, bien.-
-¿Qué hiciste? ¿cuánto tiempo anduviste por allá?-
- No exageres.- Él sentencia y ella se pone a reír.
La risa desencajada de esa bruja frustrada llega a los oídos del inadaptado social como música ligera, agradable. Y sonríe también.
El sol va apuntándose al poniente, las bocinas a lo largo y ancho del parque de diversiones anuncian el pronto cierre, justo donde fue el punto de reunión de los grupos divididos coinciden al mismo tiempo. Hiro, Kenny y Rei llegan platicando y riendo a carcajadas recordando lo agradable que resultó se aquella ‘Aventura del Tío Tom’ al igual que el espectáculo de delfines y la granja interactiva.
Por el otro lado, Kai y Hilary comen helado mientras ven interesados las reacciones de todos.
Al final, el abuelo y los otros tres con cara de pocos amigos, Daichi llega sin camisa, Max con un pálido de muerte y Tyson discutiendo con el abuelo.
-¿Tenías que convencerlos que Daichi era mayor? ¡se vomitó enfrente de todos!-
El abuelo le responde, -¿Quién dijo que no era un recorrido muy rápido? El pobre pequeño se marea aún en el subterráneo.-
-¿Podemos irnos? Creo que no me siento muy bien.- Max dice con un susurro apenas inteligible.
-¿Qué les pasó?- Hilary pregunta divertida.
-¿Qué? Que el niño mono se mareó y dejó su camisa lista para la basura, que el abuelo no pudo subir a ninguno de los juegos por su edad, que Max se enfermó con las papas fritas con mayonesa, que al único juego que pude subir Daichi lo arruinó.- Tyson grita.
Todos miran a Daichi con cara de desagrado, quizá se deshicieron de la ropa pero el olor sigue ahí.
Kai mira a Hilary, -Ellos cabrán mejor si no vas con ellos.-
Y ella (ocultando su sorpresa) asiente, -Nos vemos chicos, buen viaje.-
-¡Espera! ¡No me dejes con ellos!- Kenny exclama casi asustado.
-¿Por qué nos dejas?- Tyson indignado.
-Ustedes me dejaron.- Ella sonríe con malicia, vengándose por el hecho que nadie la invitó a ir con ellos cuando los grupos se separaron.
Lo bruja le salió de pronto, y esa notable capacidad de indiferencia de Kai le vino bien, los dos se alejaron dejando atrás los llamados de todos.
No era el príncipe azul abandonado y desprotegido, urgido de cariño que Hilary imaginó. Tampoco ese romántico sensible, considerado y detallista que pudo haber querido, pero tampoco ese frío y agresivo solitario que todos conocían… ok, tal vez Kai si lo era, pero ella logró conseguir un poco mas.
No había resultado tan desencantador.
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Bueno, mis disculpas te había dicho que sería pronta pero por una u otra cosa. Le falto otro beso casi puedo imaginar que dirás, al menos si hubo uno. Jajaja!
30.9.09
19.9.09
Trilogía de un desencanto encantador II
Podrìa ser
H
Abres los ojos, no es muy temprano dada la luz que entra por las ventanas. Le das un repaso alrededor.
De esto no te habías dado cuenta anoche.
La casa no sólo es un desastre afuera. También adentro… bueno, no que estén ratas y moscas habitando la sala, de hecho hay un orden en todo pero se ve tan… vacío. No hay televisión, ni estéreo o algún aparato que amenice la estancia en la sala. Decides ir a investigar si Kai sigue dormido, pasando por el gran comedor encuentras una nota.
“Cosas que hacer, regreso.”
‘Que explicativo’ piensas sarcásticamente, entonces Kai no está en la casa. ‘Uhm, interesante descubrimiento’ quizá puedas hallar algunas respuestas o… cuando menos saciar esa tendencia a ser metiche… es decir, de natural curiosidad.
Comienzas a recorrer la casa, haces una breve parada en la cocina para ingerir algo porque tu estomago se parece a ese perro, gruñe como loco. No hay mucho de donde escoger pero hay suficiente variedad, notas que la cocina se ve que sí es ocupada, hay algunos trastes limpios y señal de que hay gas en la estufa, pero se siente ese mismo vacío que en la sala.
Prosigues con el pasillo por donde él se dirigió a su cuarto, la puerta esta cerrada y aún no reúnes el valor para abrirla, será después. Hay otra hilera de puertas a lo largo de dicho pasillo, intentas abrir una y otra. Dos de los cinco cuartos parecen ser bodegas, están repletos de cajas y muebles empolvados. Otras dos puertas no se abren, la última si puede accesarse aunque mejor la hubieras dejado cerrada, la pequeña bola de pelos brinca sobre ti lista a hincarte sus dientes, a tiempo cierras la puerta y el animalillo rasga furioso mientras ladra como si no hubiera mañana.
Esa era una habitación… conseguiste ver una cama… ¿de quién?
Hay que seguir la revisión, subes lentamente la escalera; la madera cruje y te hace sentir que cederá ante tu peso (nota mental, necesitas una dieta) consigues llegar y tu sorpresa no podía ser mayor.
Todo está abandonado.
Y en toda la extensión de la palabra. No hay muebles, ni alfombras, sillones, nada… la sala de arriba es un espacio vacío. Ves dos pequeños pasillos con más puertas, quieres ir a ver pero entiendes que estás regresando a lo mismo de anoche: te estás inmiscuyendo de más.
Regresas sobre tus pasos hasta la cocina.
K
Nada ha estado saliendo como lo esperabas, nada raro realmente. Has acabado con tus pendientes y entonces recuerdas a la inesperada huésped de la casa.
Tu despensa mensual está a la perfección pero seguramente Hilary buscará algo más, no podrías jurarlo pero no te cuesta imaginar que sus gustos alimenticios van por la misma línea de los de Tyson aunque en cantidades muy distintas… eso es, comida rápida, postres, picante y grasa. No eres afecto a todo ello.
Quizá sea más como Tyson y la comida sea la bandera de paz, a ver si con eso ella se queda satisfecha y vuelve a marcar su distancia de siempre, será bueno… ¿verdad? Bueno no, pero será lo mejor.
Recorres el supermercado con un carrito, nunca lo haces pero no estás en condiciones de estar cargando nada. Te quedas eternidades delante de los anaqueles, no tienes idea de que llevar exactamente, no sabías que hubiera tanta variedad de esa comida.
Necesitas preguntar. Ves a una tímida encargada que te mira desde la esquina del pasillo, tratas de llamarla pero antes de mover el brazo para atraer su atención ella se esfuma.
Gruñes… éste será un día aún más largo de lo esperado.
Y apenas son las 11.
H
No serás cheff, no serás cocinera, ni ayudante de cocinera… pero eres genial. Conseguiste hacer un platillo sin quemar nada, sin hacer (tanto) desastre, sin romper un solo vaso, sin que quedaras como una víctima de una guerra de comida. Ves orgullosa tu creación cociéndose en el horno. ¡Bravo!
Han pasado ya tres horas y media, ¿a dónde pudo haber ido?
Ya llamaste a casa reportando (mas o menos tu ubicación –jamás te lo creerían o si lo hicieran, tu madre vendría como huracán a sacarte de aquí-), necesitas un cambio de ropa, un baño… ¿dónde está Kai?
Decides hacer un poco de tiempo, no abandonarás el cocimiento de tu proeza en ese horno. Sales al patio para darle una mejor vista, la noche anterior se veía como jardín público ahora que lo contemplas, te das cuenta que es peor. Parece una de esas zonas salvajes que salen en los documentales de naturaleza, las hierbas y el pasto crecen a placer, los pocos árboles están tupidos de frutos que de madurar y no ser recogidos llenan de fruta aplastada el piso, algunos arbustos que sin duda en algún momento tuvieron formas ahora se parecen a los dibujos de Daichi.
¿Qué pasó con este lugar?
El samoyedo llega corriendo y se detiene en seco, te reconoce y se acerca dócilmente. Su nombre… -Niedeck- él ladra animado.
De pronto se da la vuelta y se va corriendo, no hay nada mejor que hacer, lo sigues esperando que no te vaya a salir alguna alimaña de entre la hierba. Yendo a la parte trasera de la casa te quedas sin palabras, la extensión del patio es casi el triple del de enfrente, aquí el pasto está cortado en una pequeña extensión formando un cuadro perfecto, puedes distinguir las dos casas de los perros y los ves juguetear entre ellos.
Dirías que eso es raro, pero lo que se lleva las palmas es la enorme alberca que se extiende a tu vista, bueno, siendo objetiva no es tan grande pero para ti una alberca inflable de dos metros es enorme, así que ésta casi parece olímpica.
Aunque para no variar… vacía, descuidada, llena de hojas secas le da un aspecto tan deplorable a todo…
Te sientas en la orilla, mientras Danka llega corriendo y salta adentro, revolcándose entre la cama de hojas secas. Sonríes viéndola, aunque no evitas preguntarte ¿cómo vino este lugar a terminar así?
K
Son la dos con cincuenta, parece que has acabado por hoy.
Conduces lentamente, quisieras meter el acelerador a fondo pero ya se dijo que tu ojo no es de fiar. Te toma otros veinte minutos, cuando menos ya no hay tanto tráfico. Estacionas el carro (ya ni ganas tienes de meterlo), la puerta de la casa está abierta, cosa rara pero al menos sabes que nadie se atrevería a entrar (de afuera es claro que no hay nada que robar).
Entras a la casa, hay un aroma en el aire, no es desagradable… huele a comida casera. Curioso vas a la cocina, te asomas en el horno y un platillo se cuece, justo a tiempo, el reloj tintinea indicando que está listo. Lo abres y te deleitas con el olor, no se ve muy antojable pero basta con olerlo para que se haga agua la boca. Hacía tiempo que no había algo como eso en esta cocina.
Miras alrededor y suspiras, pareciera que un remolino pasó por aquí pero dejó una comida que se ve rica. Buscas por ella en la casa, no hay ni rastro, Chow-chow está vuelto loco y al abrirle brinca casi a la altura de tu cintura.
-Ey, ¿qué te pasa?- lo cargas y entras para saber que clase de daño pudo haber hecho a “su cuarto”, sólo la puerta ha sufrido daño. Mientras inspeccionas el sitio ves por la ventana, y ahí está ella, con Danka a un lado y mirando la alberca.
Sales cargando al perro, dirigiéndote a la parte trasera. Chow-chow te delata porque empieza a ladrar en cuanto la ve.
-Kai- te mira mientras sonríe –tardaste.-
…
H/K
La tarde pasa tan calmadamente que ninguno se da cuenta del paso de las horas, Hilary y Kai comen en silencio, Danka y Niedeck se pasean por el piso de arriba, Chow-chow tuvo que ser encerrado de nuevo y no deja de rasgar la puerta. Cuando acaban, levantan los platos y regresan a la mesa. Ella empieza a hacer una plática casual que no es difícil para él de sobrellevar, es agradable y no le implica ninguna situación incómoda o nada tolerable.
Él agradece eso.
De pronto ella se detiene y mira su reloj mientras sujeta su cabeza sorprendida, anuncia que debe irse y él sólo asiente, no dirá que le gustaría que se quedara.
-Tengo que irme, aún tengo mucha tarea.- Ella se despide sonriendo y sale sin que Kai pueda responder.
Él se asoma por la ventana viendo que es lo que ella hará, ella se ha quedado en la puerta mirando a un lado y a otro, el transporte público está a siete cuadras de ahí. Kai suspira resignado y toma las llaves del carro, sale detrás de la chica aborda y le abre la puerta.
Hilary está sorprendida, lo mira un momento y al ver su gesto decidido sonríe algo apenada, sube y cierra la puerta. Conduce apresurado hasta que al fin llegan a la casa de ella.
-Gracias, lo necesitaba.-
Kai asiente simplemente mientras espera que ella baje. Hilary se despide agitando la mano, él sólo la ve y arranca. Ella entra a su casa con una sonrisa de oreja a oreja, curioso porque no sabe ni de qué está tan feliz, pero no importa siente una tibieza recorriéndole de punta a punta.
-Ya era hora señorita.- Su mamá la saluda.
-Hola mamá, tengo que tomar un baño; vuelvo pronto.- Corre las escaleras y cierra su puerta, todo de pronto cae sobre ella, como si estuviera estado en una fantasía y de momento se da cuenta que… fue real.
Grita emocionada, se echa sobre la cama, brinca y vuelve a gritar.
-¿Pasa algo?- grita su mamá desde abajo, algo preocupada por el ruido.
-No, nada. Lo siento.- Hilary exclama en respuesta y se sonroja, busca un cambio de ropa y entra al baño.
Kai regresa a casa, esta vez sí mete el carro en el garage. Se hace camino hasta la puerta donde los tres perros quedaron adentro, abre la puerta al pequinés y se lanza sobre los dos más grandes como reclamándoles por qué él es el único que debe ser encerrado. Kai les da sus porciones de comida y entra a una de las dos puertas cerradas con llave, sabía que Hilary iba a tratar de entrar y aunque no hay nada que pueda llamarse “comprometedor” no ha dejado que nadie entre ahí en mucho tiempo.
Un estudio. Donde ya hay una pila de papeles esperando por ser revisados. Suspira cansado, se rasca la cabeza, cierra los ojos y sonríe al recordar lo que recién pasó. Empieza trabajar.
Dos semanas pasan como agua, no han vuelto a verse ya que el fin de semestre los sorprendió y cada uno tenía bastantes ocupaciones por su cuenta. Curiosamente, ella no ha sabido nada de él, se ha encontrado con Tyson y los demás, dándose apoyo moral con las notables cargas de trabajo que cada uno tenía. Unos para sacar un perfecto promedio, otros por mejorarlo tanto como se pudiera y uno… para salvar el año.
Una vez que han terminado su último examen se reúnen tanto para celebrar como para animar a Tyson en la preparación de sus exámenes extras. Ella nota confundida que ni ahí asiste Kai, aún más cuando recuerda cuanto gusta de molestar a Tyon por sus problemas académicos.
Pregunta por él pero ninguno puede darle una respuesta directa, ‘quizá anda de viaje’ ‘¿esperabas que viniera?’ ‘tendrá trabajo… ya se comunicará’ ella asiente a cada una, pero no deja de sentirse incómoda, aunque sabe que ellos le conocen bien y no que Kai sea de alguien por quien pueda preocuparse, ella no quiere quedarse con eso, simplemente quiere saberlo por sí misma.
No recuerda exactamente dónde se localiza la casa de Kai, decide que no preguntará a ninguno de los chicos para no enterarlos que ella ya ha ido, y con eso las infaltables preguntas y molestas suposiciones. Se aventura la tarde de ese mismo día, bajo un cielo listo a desbordarse desciende del autobús no muy segura.
Entre pregunta y memoria, llega a la descuidada casa; resulta que es bien conocida aunque quizá no precisamente por su bella fachada la ‘Casa Hiwatari’ como un viejo barrendero la nombró o… la ‘Mansión embrujada’ como unos niños gritaron mientras preguntaban emocionados si ‘de veras’ iba a entrar ahí.
Cuando las nubes comienzan a desparramar agua llega finalmente. Está bastante mojada pero no le importa, recuerda que no hay timbre para llamar a la puerta y armándose de valor abre la reja rezando que si los dos perros la escuchan la reconozcan… o lo lamentará, seguro.
Escucha ladridos y cierra los ojos pero nada llega, curiosamente el ruido viene de adentro de la casa, ve por la ventana que da a la entrada y divisa a Niedeck dando enormes brincos mientras ladra agresivo, percibe algo del pelaje negro de Danka, espera que Kai se deje ver… pero es el rostro de una mujer quien se asoma.
Se queda paralizada, ahora si no sabe que hacer. Escucha que se abre la puerta, sabe que tratar de esconderse sería ridículo. Mientras su cabeza se cansa de pensar en opciones una voz la hace brincar del susto.
-¿Puedo ayudarte?- es la mujer que se asomó.
-Ah… yo… venía, vengo… ¿está Kai?- dice nerviosa.
-¿Y tú eres?- pregunta con un tono que le recuerda a él.
-Hilary, ¿está?-
La mujer no se ve dispuesta a dejarla pasar, tiene una cara amable pero da una imagen que trasmite todo lo contrario. –Estos nos son horarios de visita señorita, mucho menos en un día así y en ese estado.-
-Nunca ha habido tal cosa para ustedes, déjala pasar.-
Ella escucha la voz de Kai, la mujer mueve la cabeza y entra a la casa. Hilary tímidamente la sigue mientras nota a Kai sentado en la mesa del comedor, los dos perros grandes recostados en los sillones, y la mujer retoma asiento en un pequeño sillón regresando a la lectura de su revista.
-¿Qué haces aquí?- pregunta Kai sin sonar tan agresivo como es su costumbre, ella se da cuenta de su aspecto cansado y el ceño fruncido mientras repasa la pantalla de la computadora que tiene enfrente.
-Me había preocupado de no verte en casi dos semanas.-
Cierra los ojos al escuchar a la mujer bufar cuando ella acaba su frase, Kai mira a la mujer y gruñe mientras se levanta dirigiéndose a la cocina, con un movimiento de cabeza ella entiende que le siga.
En la cocina Kai prepara un poco de café mientras parece reparar en el pequeño detalle del estado de Hilary. -¿Por qué vienes tan mojada?-
¡La pregunta de la semana, Kai Hiwatari! Piensa Hilary, y niega, -Calculé mal el clima- sonríe exprimiéndose un poco el cabello en el fregadero de la cocina.
-No respondiste por qué estabas aquí.- Él mira pensativo entre tres tarros de café.
-Uh… de hecho si lo hice Kai, te dije que me había preocupado de no haberte visto.-
Ella arquea una ceja, incapaz de comprender qué debió pasar como para que él terminara en un estado tan distraído como Daichi.
-¿En serio? Uhm, no me percaté. Habrá que hacer algo con eso, vamos te llevaré a tu casa.-
Hilary no sabe que decir, todo el tortuoso trayecto para ir ahí y de pronto ¡pum! Él la quiere mandar de regreso… ¡ah no, eso no va a pasar! –No, primero quiero saber qué pasó. No has vuelto a ir al dojo de Tyson, ¿qué pasó? pensé que….-
-Kai, ¿tardarás mucho? La lluvia no cesa y pronto traerán la cena.-
Hilary se queda callada, y mira a Kai. Éste se frota la frente con una mano, y mira su reloj, tallándose los ojos abre la puerta. -Regresaré en un rato, si llega la comida… come, ni que fuera necesario para completarte el día.-
Hilary no puede dejar de notar la molestia en la voz y (se atreve a pensarlo) un dolido rencor.
-No digas eso, ¿por qué no la invitas a comer?- La mujer dice mirando a otro lado.
-Enfermará de seguir así e, imaginarás que aquí no hay ropa que pueda prestarle.- Kai comenta buscando sus llaves.
-Espera… no, vete, total como no te importa que tu madre venga a visitarte.- Dice ella con algo de dureza.
Kai contiene la risa (que Hilary adivina forzada), -Como gustes, regreso después. Me llevo a la pequeña rata. Espera en el auto.- Kai dirige la frase final a Hilary mientras le da las llaves, pero ella no quiere irse así que espera por él en la puerta.
Nota entretenida como Kai regresa con el perrito y de pronto el silencio incómodo se ve roto por sus ladridos desesperados, Kai lo toma con fuerza pues amenaza con soltarse.
-Déjalo, tiene mucho que no paso tiempo con él, además es mío, ¿no?- la mujer… no, la madre de Kai exclama extendiendo los brazos.
Kai se encoge de hombros y lo baja al piso, presto está a soltarlo pero el pequinés encauza su furia a los pies de Hilary, ella brinca, la mujer le llama, el perro sigue ladrando, Kai lo detiene de nuevo, Danka y Niedeck empiezan a ladrar.
El escándalo alcanza tal magnitud que Kai se sujeta la frente y levanta la voz, -Silencio. Ustedes dos arriba,- los dos perros corren aprisa al piso superior, -vamos,- llama a Hilary y le abre la puerta, -regreso- dice mirando a su madre, -y tú vienes conmigo.- Toma al histérico animal.
Kai lo echa al asiento trasero y enciende el motor.
-¿Por qué no te quedas?- Hilary pregunta bastante incómoda por toda la situación.
-Prioridades.- Le responde secamente mientras mira hacia atrás al maniobrar el vehículo.
Conduce con relativa calma pues la lluvia está más tupida que nunca y aún tiene su ojo dañado. El silencio no tiene nada que ver al que compartieron aquella ocasión, es incómodo. Él se da cuenta que ella quiere preguntar y ella nota que él no quiere responder.
¿Qué se hace en estos casos?
Chow-chow se pasa al asiento delantero y se recuesta en las piernas de Kai, Hilary es incapaz de suprimir la risa ante lo que ve, el imponente y agresivo joven permite que un perrito (histérico pero perrito al final) se duerma en su regazo.
-¿Cómo te hiciste de un perro así?- La chica trata de sonar más seria pero es demasiado surreal, recuerda que no es de Kai pero… ¿cómo es que tolera que haga algo así?
-No le gustan los truenos.- Dice pasando una mano sobre la peluda cabeza.
-Dijiste que no era tuyo…- entonces recuerda las palabras de su madre, -es de tu mamá. ¿Por qué vive contigo?-
-Ella lo dejó, no combinaba con su departamento.- Kai comenta mirando concentrado al retrovisor pues están por dar una vuelta en ‘u’.
-Eso es ridículo,- las palabras dejan la boca de Hilary antes de que ella pueda razonarlas.
-Lo mismo pensé.- Se dibuja una sonrisa en Kai.
Hilary piensa en todo lo que hay en esa casa: los muebles en desuso, el jardín desarreglado, la fachada descuidada, la casa sin mantenimiento, la alberca… el perro abandonado, -Es como una bodega.- Piensa en voz alta.
-Eso es.- Él aclara deteniendo el carro. –Llegamos.-
Hilary brinca sorprendida, no ha puesto atención al camino. -¿Regresarás a casa?-
-Tengo pendientes.-
-Pero se nota que no quieres estar ahí… ¿no te agrada que te visite tu madre?-
-No lo hace por mí.-
Se quedan en silencio, los dos miran al perro. –También te dejaron allá.- Ella dice sin pensarlo mucho pero es una idea que se ha ido generando en su cabeza desde que conoció más de él.
Kai mira a otro lado, e insiste en rascar la cabeza del perro como queriendo negar las palabras, aunque no es posible, -Es tarde, enfermarás.-
Hilary entrecierra los ojos por la sutil forma de apurarla a irse y sonríe, -Es peligroso que regreses en ese estado, ven, pasa.-
La lluvia se ha incrementado y pequeños granizos caen, no hay luz eléctrica por la tormenta, es peligroso manejar así, –No, debo irme.- pero Kai es necio.
-No, no puedes. No debes arriesgarte, pasa. No está mamá.-
Para cualquiera pudiera parecer un comentario que invita a otras cosas pero él es sordo a eso, más bien le suena a ‘no hay nadie que te diga algo’ y sujetando con fuerza al perrito apaga el motor saliendo detrás de ella.
En efecto, la casa está sola y oscura. Hilary enciende la única vela que encuentra y le señala donde puede colgar su blazer, Kai queda de pie con el perro en sus manos y tratando de imaginar qué hacer.
Escucha la tintineante risa de ella que al verlo sin saber a dónde ir espera por ella. –Adelante, siéntate hace frío afuera. ¿Quieres café? ¿con crema, leche, té tal vez?-
Él asiente y toma lugar en la mesa, el perro firmemente sujeto en sus piernas. –Solo está bien.-
Después de unos minutos ella regresa con un par de tazas que despiden vapor y un aroma relajante, le extiende una y él de nuevo asiente. –Mamá fue a trabajar hoy, hace guardia en el hospital. A veces regresa hasta la tarde, le gusta quedarse cuando no hay suficiente personal.-
-Hoy 14 mi madre hace su visita mensual.- Kai comenta mecánicamente siendo lo único que puede aportar a la plática ante el recurrente tema.
-Nunca me han gustado los perros, tengo un gato pero me visita sólo cada que tiene hambre. Soy alérgica a las aves así que sólo tengo a Cachalote y Nemo.- La chica mira a la solitaria pecera donde dos peces van de aquí a allá, -como podrás imaginarte no son muy buena compañía.-
Kai sonríe un poco, -Tres perros tampoco lo son, todos quieren tu atención, si tienes un favorito, se ofenden.- Mira a Chow-chow.
-¿Por qué tienes a los otros dos?-
-Niedeck vivía con Tala y los otros en Rusia, pero son dueños terribles. Danka, apareció un día en la puerta.-
-¿Y ya?-
-Hay espacio para ellos.-
-Yo quería una tortuga, pero mamá vive aterrada de ellas…-
La plática se pierde por completo en temas de animales, compañías y soledades mal cubiertas, la vela (apenas un pequeño trozo) va consumiéndose, los truenos cesan y la lluvia pasa a un apacible goteo. Son casi dos horas, ella empieza a cabecear y él sonríe ante sus bostezos. Ante la pequeña llama que se va muriendo y sombras danzantes creadas por ésta, Hilary se acerca a él, y Kai entretenido por la flama pero consciente de las intenciones de la chica no hace nada.
Un pequeño beso que dura unas fracciones.
Ella se separa y levanta la mirada ‘voy a dormir’, mira el sillón ‘¿quieres quedarte?’
Él niega ‘No’
Sonriendo y con un gesto terrible de sueño, le besa la frente y sube.
‘Buen viaje’
Ni una sola palabra es intercambiada.
H
Abres los ojos, no es muy temprano dada la luz que entra por las ventanas. Le das un repaso alrededor.
De esto no te habías dado cuenta anoche.
La casa no sólo es un desastre afuera. También adentro… bueno, no que estén ratas y moscas habitando la sala, de hecho hay un orden en todo pero se ve tan… vacío. No hay televisión, ni estéreo o algún aparato que amenice la estancia en la sala. Decides ir a investigar si Kai sigue dormido, pasando por el gran comedor encuentras una nota.
“Cosas que hacer, regreso.”
‘Que explicativo’ piensas sarcásticamente, entonces Kai no está en la casa. ‘Uhm, interesante descubrimiento’ quizá puedas hallar algunas respuestas o… cuando menos saciar esa tendencia a ser metiche… es decir, de natural curiosidad.
Comienzas a recorrer la casa, haces una breve parada en la cocina para ingerir algo porque tu estomago se parece a ese perro, gruñe como loco. No hay mucho de donde escoger pero hay suficiente variedad, notas que la cocina se ve que sí es ocupada, hay algunos trastes limpios y señal de que hay gas en la estufa, pero se siente ese mismo vacío que en la sala.
Prosigues con el pasillo por donde él se dirigió a su cuarto, la puerta esta cerrada y aún no reúnes el valor para abrirla, será después. Hay otra hilera de puertas a lo largo de dicho pasillo, intentas abrir una y otra. Dos de los cinco cuartos parecen ser bodegas, están repletos de cajas y muebles empolvados. Otras dos puertas no se abren, la última si puede accesarse aunque mejor la hubieras dejado cerrada, la pequeña bola de pelos brinca sobre ti lista a hincarte sus dientes, a tiempo cierras la puerta y el animalillo rasga furioso mientras ladra como si no hubiera mañana.
Esa era una habitación… conseguiste ver una cama… ¿de quién?
Hay que seguir la revisión, subes lentamente la escalera; la madera cruje y te hace sentir que cederá ante tu peso (nota mental, necesitas una dieta) consigues llegar y tu sorpresa no podía ser mayor.
Todo está abandonado.
Y en toda la extensión de la palabra. No hay muebles, ni alfombras, sillones, nada… la sala de arriba es un espacio vacío. Ves dos pequeños pasillos con más puertas, quieres ir a ver pero entiendes que estás regresando a lo mismo de anoche: te estás inmiscuyendo de más.
Regresas sobre tus pasos hasta la cocina.
K
Nada ha estado saliendo como lo esperabas, nada raro realmente. Has acabado con tus pendientes y entonces recuerdas a la inesperada huésped de la casa.
Tu despensa mensual está a la perfección pero seguramente Hilary buscará algo más, no podrías jurarlo pero no te cuesta imaginar que sus gustos alimenticios van por la misma línea de los de Tyson aunque en cantidades muy distintas… eso es, comida rápida, postres, picante y grasa. No eres afecto a todo ello.
Quizá sea más como Tyson y la comida sea la bandera de paz, a ver si con eso ella se queda satisfecha y vuelve a marcar su distancia de siempre, será bueno… ¿verdad? Bueno no, pero será lo mejor.
Recorres el supermercado con un carrito, nunca lo haces pero no estás en condiciones de estar cargando nada. Te quedas eternidades delante de los anaqueles, no tienes idea de que llevar exactamente, no sabías que hubiera tanta variedad de esa comida.
Necesitas preguntar. Ves a una tímida encargada que te mira desde la esquina del pasillo, tratas de llamarla pero antes de mover el brazo para atraer su atención ella se esfuma.
Gruñes… éste será un día aún más largo de lo esperado.
Y apenas son las 11.
H
No serás cheff, no serás cocinera, ni ayudante de cocinera… pero eres genial. Conseguiste hacer un platillo sin quemar nada, sin hacer (tanto) desastre, sin romper un solo vaso, sin que quedaras como una víctima de una guerra de comida. Ves orgullosa tu creación cociéndose en el horno. ¡Bravo!
Han pasado ya tres horas y media, ¿a dónde pudo haber ido?
Ya llamaste a casa reportando (mas o menos tu ubicación –jamás te lo creerían o si lo hicieran, tu madre vendría como huracán a sacarte de aquí-), necesitas un cambio de ropa, un baño… ¿dónde está Kai?
Decides hacer un poco de tiempo, no abandonarás el cocimiento de tu proeza en ese horno. Sales al patio para darle una mejor vista, la noche anterior se veía como jardín público ahora que lo contemplas, te das cuenta que es peor. Parece una de esas zonas salvajes que salen en los documentales de naturaleza, las hierbas y el pasto crecen a placer, los pocos árboles están tupidos de frutos que de madurar y no ser recogidos llenan de fruta aplastada el piso, algunos arbustos que sin duda en algún momento tuvieron formas ahora se parecen a los dibujos de Daichi.
¿Qué pasó con este lugar?
El samoyedo llega corriendo y se detiene en seco, te reconoce y se acerca dócilmente. Su nombre… -Niedeck- él ladra animado.
De pronto se da la vuelta y se va corriendo, no hay nada mejor que hacer, lo sigues esperando que no te vaya a salir alguna alimaña de entre la hierba. Yendo a la parte trasera de la casa te quedas sin palabras, la extensión del patio es casi el triple del de enfrente, aquí el pasto está cortado en una pequeña extensión formando un cuadro perfecto, puedes distinguir las dos casas de los perros y los ves juguetear entre ellos.
Dirías que eso es raro, pero lo que se lleva las palmas es la enorme alberca que se extiende a tu vista, bueno, siendo objetiva no es tan grande pero para ti una alberca inflable de dos metros es enorme, así que ésta casi parece olímpica.
Aunque para no variar… vacía, descuidada, llena de hojas secas le da un aspecto tan deplorable a todo…
Te sientas en la orilla, mientras Danka llega corriendo y salta adentro, revolcándose entre la cama de hojas secas. Sonríes viéndola, aunque no evitas preguntarte ¿cómo vino este lugar a terminar así?
K
Son la dos con cincuenta, parece que has acabado por hoy.
Conduces lentamente, quisieras meter el acelerador a fondo pero ya se dijo que tu ojo no es de fiar. Te toma otros veinte minutos, cuando menos ya no hay tanto tráfico. Estacionas el carro (ya ni ganas tienes de meterlo), la puerta de la casa está abierta, cosa rara pero al menos sabes que nadie se atrevería a entrar (de afuera es claro que no hay nada que robar).
Entras a la casa, hay un aroma en el aire, no es desagradable… huele a comida casera. Curioso vas a la cocina, te asomas en el horno y un platillo se cuece, justo a tiempo, el reloj tintinea indicando que está listo. Lo abres y te deleitas con el olor, no se ve muy antojable pero basta con olerlo para que se haga agua la boca. Hacía tiempo que no había algo como eso en esta cocina.
Miras alrededor y suspiras, pareciera que un remolino pasó por aquí pero dejó una comida que se ve rica. Buscas por ella en la casa, no hay ni rastro, Chow-chow está vuelto loco y al abrirle brinca casi a la altura de tu cintura.
-Ey, ¿qué te pasa?- lo cargas y entras para saber que clase de daño pudo haber hecho a “su cuarto”, sólo la puerta ha sufrido daño. Mientras inspeccionas el sitio ves por la ventana, y ahí está ella, con Danka a un lado y mirando la alberca.
Sales cargando al perro, dirigiéndote a la parte trasera. Chow-chow te delata porque empieza a ladrar en cuanto la ve.
-Kai- te mira mientras sonríe –tardaste.-
…
H/K
La tarde pasa tan calmadamente que ninguno se da cuenta del paso de las horas, Hilary y Kai comen en silencio, Danka y Niedeck se pasean por el piso de arriba, Chow-chow tuvo que ser encerrado de nuevo y no deja de rasgar la puerta. Cuando acaban, levantan los platos y regresan a la mesa. Ella empieza a hacer una plática casual que no es difícil para él de sobrellevar, es agradable y no le implica ninguna situación incómoda o nada tolerable.
Él agradece eso.
De pronto ella se detiene y mira su reloj mientras sujeta su cabeza sorprendida, anuncia que debe irse y él sólo asiente, no dirá que le gustaría que se quedara.
-Tengo que irme, aún tengo mucha tarea.- Ella se despide sonriendo y sale sin que Kai pueda responder.
Él se asoma por la ventana viendo que es lo que ella hará, ella se ha quedado en la puerta mirando a un lado y a otro, el transporte público está a siete cuadras de ahí. Kai suspira resignado y toma las llaves del carro, sale detrás de la chica aborda y le abre la puerta.
Hilary está sorprendida, lo mira un momento y al ver su gesto decidido sonríe algo apenada, sube y cierra la puerta. Conduce apresurado hasta que al fin llegan a la casa de ella.
-Gracias, lo necesitaba.-
Kai asiente simplemente mientras espera que ella baje. Hilary se despide agitando la mano, él sólo la ve y arranca. Ella entra a su casa con una sonrisa de oreja a oreja, curioso porque no sabe ni de qué está tan feliz, pero no importa siente una tibieza recorriéndole de punta a punta.
-Ya era hora señorita.- Su mamá la saluda.
-Hola mamá, tengo que tomar un baño; vuelvo pronto.- Corre las escaleras y cierra su puerta, todo de pronto cae sobre ella, como si estuviera estado en una fantasía y de momento se da cuenta que… fue real.
Grita emocionada, se echa sobre la cama, brinca y vuelve a gritar.
-¿Pasa algo?- grita su mamá desde abajo, algo preocupada por el ruido.
-No, nada. Lo siento.- Hilary exclama en respuesta y se sonroja, busca un cambio de ropa y entra al baño.
Kai regresa a casa, esta vez sí mete el carro en el garage. Se hace camino hasta la puerta donde los tres perros quedaron adentro, abre la puerta al pequinés y se lanza sobre los dos más grandes como reclamándoles por qué él es el único que debe ser encerrado. Kai les da sus porciones de comida y entra a una de las dos puertas cerradas con llave, sabía que Hilary iba a tratar de entrar y aunque no hay nada que pueda llamarse “comprometedor” no ha dejado que nadie entre ahí en mucho tiempo.
Un estudio. Donde ya hay una pila de papeles esperando por ser revisados. Suspira cansado, se rasca la cabeza, cierra los ojos y sonríe al recordar lo que recién pasó. Empieza trabajar.
Dos semanas pasan como agua, no han vuelto a verse ya que el fin de semestre los sorprendió y cada uno tenía bastantes ocupaciones por su cuenta. Curiosamente, ella no ha sabido nada de él, se ha encontrado con Tyson y los demás, dándose apoyo moral con las notables cargas de trabajo que cada uno tenía. Unos para sacar un perfecto promedio, otros por mejorarlo tanto como se pudiera y uno… para salvar el año.
Una vez que han terminado su último examen se reúnen tanto para celebrar como para animar a Tyson en la preparación de sus exámenes extras. Ella nota confundida que ni ahí asiste Kai, aún más cuando recuerda cuanto gusta de molestar a Tyon por sus problemas académicos.
Pregunta por él pero ninguno puede darle una respuesta directa, ‘quizá anda de viaje’ ‘¿esperabas que viniera?’ ‘tendrá trabajo… ya se comunicará’ ella asiente a cada una, pero no deja de sentirse incómoda, aunque sabe que ellos le conocen bien y no que Kai sea de alguien por quien pueda preocuparse, ella no quiere quedarse con eso, simplemente quiere saberlo por sí misma.
No recuerda exactamente dónde se localiza la casa de Kai, decide que no preguntará a ninguno de los chicos para no enterarlos que ella ya ha ido, y con eso las infaltables preguntas y molestas suposiciones. Se aventura la tarde de ese mismo día, bajo un cielo listo a desbordarse desciende del autobús no muy segura.
Entre pregunta y memoria, llega a la descuidada casa; resulta que es bien conocida aunque quizá no precisamente por su bella fachada la ‘Casa Hiwatari’ como un viejo barrendero la nombró o… la ‘Mansión embrujada’ como unos niños gritaron mientras preguntaban emocionados si ‘de veras’ iba a entrar ahí.
Cuando las nubes comienzan a desparramar agua llega finalmente. Está bastante mojada pero no le importa, recuerda que no hay timbre para llamar a la puerta y armándose de valor abre la reja rezando que si los dos perros la escuchan la reconozcan… o lo lamentará, seguro.
Escucha ladridos y cierra los ojos pero nada llega, curiosamente el ruido viene de adentro de la casa, ve por la ventana que da a la entrada y divisa a Niedeck dando enormes brincos mientras ladra agresivo, percibe algo del pelaje negro de Danka, espera que Kai se deje ver… pero es el rostro de una mujer quien se asoma.
Se queda paralizada, ahora si no sabe que hacer. Escucha que se abre la puerta, sabe que tratar de esconderse sería ridículo. Mientras su cabeza se cansa de pensar en opciones una voz la hace brincar del susto.
-¿Puedo ayudarte?- es la mujer que se asomó.
-Ah… yo… venía, vengo… ¿está Kai?- dice nerviosa.
-¿Y tú eres?- pregunta con un tono que le recuerda a él.
-Hilary, ¿está?-
La mujer no se ve dispuesta a dejarla pasar, tiene una cara amable pero da una imagen que trasmite todo lo contrario. –Estos nos son horarios de visita señorita, mucho menos en un día así y en ese estado.-
-Nunca ha habido tal cosa para ustedes, déjala pasar.-
Ella escucha la voz de Kai, la mujer mueve la cabeza y entra a la casa. Hilary tímidamente la sigue mientras nota a Kai sentado en la mesa del comedor, los dos perros grandes recostados en los sillones, y la mujer retoma asiento en un pequeño sillón regresando a la lectura de su revista.
-¿Qué haces aquí?- pregunta Kai sin sonar tan agresivo como es su costumbre, ella se da cuenta de su aspecto cansado y el ceño fruncido mientras repasa la pantalla de la computadora que tiene enfrente.
-Me había preocupado de no verte en casi dos semanas.-
Cierra los ojos al escuchar a la mujer bufar cuando ella acaba su frase, Kai mira a la mujer y gruñe mientras se levanta dirigiéndose a la cocina, con un movimiento de cabeza ella entiende que le siga.
En la cocina Kai prepara un poco de café mientras parece reparar en el pequeño detalle del estado de Hilary. -¿Por qué vienes tan mojada?-
¡La pregunta de la semana, Kai Hiwatari! Piensa Hilary, y niega, -Calculé mal el clima- sonríe exprimiéndose un poco el cabello en el fregadero de la cocina.
-No respondiste por qué estabas aquí.- Él mira pensativo entre tres tarros de café.
-Uh… de hecho si lo hice Kai, te dije que me había preocupado de no haberte visto.-
Ella arquea una ceja, incapaz de comprender qué debió pasar como para que él terminara en un estado tan distraído como Daichi.
-¿En serio? Uhm, no me percaté. Habrá que hacer algo con eso, vamos te llevaré a tu casa.-
Hilary no sabe que decir, todo el tortuoso trayecto para ir ahí y de pronto ¡pum! Él la quiere mandar de regreso… ¡ah no, eso no va a pasar! –No, primero quiero saber qué pasó. No has vuelto a ir al dojo de Tyson, ¿qué pasó? pensé que….-
-Kai, ¿tardarás mucho? La lluvia no cesa y pronto traerán la cena.-
Hilary se queda callada, y mira a Kai. Éste se frota la frente con una mano, y mira su reloj, tallándose los ojos abre la puerta. -Regresaré en un rato, si llega la comida… come, ni que fuera necesario para completarte el día.-
Hilary no puede dejar de notar la molestia en la voz y (se atreve a pensarlo) un dolido rencor.
-No digas eso, ¿por qué no la invitas a comer?- La mujer dice mirando a otro lado.
-Enfermará de seguir así e, imaginarás que aquí no hay ropa que pueda prestarle.- Kai comenta buscando sus llaves.
-Espera… no, vete, total como no te importa que tu madre venga a visitarte.- Dice ella con algo de dureza.
Kai contiene la risa (que Hilary adivina forzada), -Como gustes, regreso después. Me llevo a la pequeña rata. Espera en el auto.- Kai dirige la frase final a Hilary mientras le da las llaves, pero ella no quiere irse así que espera por él en la puerta.
Nota entretenida como Kai regresa con el perrito y de pronto el silencio incómodo se ve roto por sus ladridos desesperados, Kai lo toma con fuerza pues amenaza con soltarse.
-Déjalo, tiene mucho que no paso tiempo con él, además es mío, ¿no?- la mujer… no, la madre de Kai exclama extendiendo los brazos.
Kai se encoge de hombros y lo baja al piso, presto está a soltarlo pero el pequinés encauza su furia a los pies de Hilary, ella brinca, la mujer le llama, el perro sigue ladrando, Kai lo detiene de nuevo, Danka y Niedeck empiezan a ladrar.
El escándalo alcanza tal magnitud que Kai se sujeta la frente y levanta la voz, -Silencio. Ustedes dos arriba,- los dos perros corren aprisa al piso superior, -vamos,- llama a Hilary y le abre la puerta, -regreso- dice mirando a su madre, -y tú vienes conmigo.- Toma al histérico animal.
Kai lo echa al asiento trasero y enciende el motor.
-¿Por qué no te quedas?- Hilary pregunta bastante incómoda por toda la situación.
-Prioridades.- Le responde secamente mientras mira hacia atrás al maniobrar el vehículo.
Conduce con relativa calma pues la lluvia está más tupida que nunca y aún tiene su ojo dañado. El silencio no tiene nada que ver al que compartieron aquella ocasión, es incómodo. Él se da cuenta que ella quiere preguntar y ella nota que él no quiere responder.
¿Qué se hace en estos casos?
Chow-chow se pasa al asiento delantero y se recuesta en las piernas de Kai, Hilary es incapaz de suprimir la risa ante lo que ve, el imponente y agresivo joven permite que un perrito (histérico pero perrito al final) se duerma en su regazo.
-¿Cómo te hiciste de un perro así?- La chica trata de sonar más seria pero es demasiado surreal, recuerda que no es de Kai pero… ¿cómo es que tolera que haga algo así?
-No le gustan los truenos.- Dice pasando una mano sobre la peluda cabeza.
-Dijiste que no era tuyo…- entonces recuerda las palabras de su madre, -es de tu mamá. ¿Por qué vive contigo?-
-Ella lo dejó, no combinaba con su departamento.- Kai comenta mirando concentrado al retrovisor pues están por dar una vuelta en ‘u’.
-Eso es ridículo,- las palabras dejan la boca de Hilary antes de que ella pueda razonarlas.
-Lo mismo pensé.- Se dibuja una sonrisa en Kai.
Hilary piensa en todo lo que hay en esa casa: los muebles en desuso, el jardín desarreglado, la fachada descuidada, la casa sin mantenimiento, la alberca… el perro abandonado, -Es como una bodega.- Piensa en voz alta.
-Eso es.- Él aclara deteniendo el carro. –Llegamos.-
Hilary brinca sorprendida, no ha puesto atención al camino. -¿Regresarás a casa?-
-Tengo pendientes.-
-Pero se nota que no quieres estar ahí… ¿no te agrada que te visite tu madre?-
-No lo hace por mí.-
Se quedan en silencio, los dos miran al perro. –También te dejaron allá.- Ella dice sin pensarlo mucho pero es una idea que se ha ido generando en su cabeza desde que conoció más de él.
Kai mira a otro lado, e insiste en rascar la cabeza del perro como queriendo negar las palabras, aunque no es posible, -Es tarde, enfermarás.-
Hilary entrecierra los ojos por la sutil forma de apurarla a irse y sonríe, -Es peligroso que regreses en ese estado, ven, pasa.-
La lluvia se ha incrementado y pequeños granizos caen, no hay luz eléctrica por la tormenta, es peligroso manejar así, –No, debo irme.- pero Kai es necio.
-No, no puedes. No debes arriesgarte, pasa. No está mamá.-
Para cualquiera pudiera parecer un comentario que invita a otras cosas pero él es sordo a eso, más bien le suena a ‘no hay nadie que te diga algo’ y sujetando con fuerza al perrito apaga el motor saliendo detrás de ella.
En efecto, la casa está sola y oscura. Hilary enciende la única vela que encuentra y le señala donde puede colgar su blazer, Kai queda de pie con el perro en sus manos y tratando de imaginar qué hacer.
Escucha la tintineante risa de ella que al verlo sin saber a dónde ir espera por ella. –Adelante, siéntate hace frío afuera. ¿Quieres café? ¿con crema, leche, té tal vez?-
Él asiente y toma lugar en la mesa, el perro firmemente sujeto en sus piernas. –Solo está bien.-
Después de unos minutos ella regresa con un par de tazas que despiden vapor y un aroma relajante, le extiende una y él de nuevo asiente. –Mamá fue a trabajar hoy, hace guardia en el hospital. A veces regresa hasta la tarde, le gusta quedarse cuando no hay suficiente personal.-
-Hoy 14 mi madre hace su visita mensual.- Kai comenta mecánicamente siendo lo único que puede aportar a la plática ante el recurrente tema.
-Nunca me han gustado los perros, tengo un gato pero me visita sólo cada que tiene hambre. Soy alérgica a las aves así que sólo tengo a Cachalote y Nemo.- La chica mira a la solitaria pecera donde dos peces van de aquí a allá, -como podrás imaginarte no son muy buena compañía.-
Kai sonríe un poco, -Tres perros tampoco lo son, todos quieren tu atención, si tienes un favorito, se ofenden.- Mira a Chow-chow.
-¿Por qué tienes a los otros dos?-
-Niedeck vivía con Tala y los otros en Rusia, pero son dueños terribles. Danka, apareció un día en la puerta.-
-¿Y ya?-
-Hay espacio para ellos.-
-Yo quería una tortuga, pero mamá vive aterrada de ellas…-
La plática se pierde por completo en temas de animales, compañías y soledades mal cubiertas, la vela (apenas un pequeño trozo) va consumiéndose, los truenos cesan y la lluvia pasa a un apacible goteo. Son casi dos horas, ella empieza a cabecear y él sonríe ante sus bostezos. Ante la pequeña llama que se va muriendo y sombras danzantes creadas por ésta, Hilary se acerca a él, y Kai entretenido por la flama pero consciente de las intenciones de la chica no hace nada.
Un pequeño beso que dura unas fracciones.
Ella se separa y levanta la mirada ‘voy a dormir’, mira el sillón ‘¿quieres quedarte?’
Él niega ‘No’
Sonriendo y con un gesto terrible de sueño, le besa la frente y sube.
‘Buen viaje’
Ni una sola palabra es intercambiada.
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