3. El domingo o encontrar donde no hay nada.
Recargó la cabeza en el respaldo del sillón, cerró los ojos y movió un poco la cabeza de un lado a otro tratando de relajar los músculos del cuello, algunos crujidos y otro tanto de dolor acrecentado delataban la tensión acumulada. Abrió un ojo, buscando por el reloj en la sala se dio cuenta que ya era muy tarde, casi las once con cuarenta de la noche, hizo un repaso mental de todo lo que tenía pendiente al día siguiente.
No eran muchas cosas, pero tenía mucho cansancio. Tan sólo de pensar en el trayecto a su habitación donde la cama esperaba por él, le dio más sueño y se recostó en el sillón dándole la espalda a las manecillas que seguían avanzando sin cuidado, agradeció que cambiara el anterior modelo que no paraba en su ruidoso ‘tic tac’.
Estiró las piernas tratando de quitarse los zapatos con los pies, consiguió deshacerse del derecho pero el izquierdo no se movió. No queriendo cansarse en desatar las agujetas se acomodó de modo que no le molestara, cerró los ojos olvidando todo por un momento e intentando perderse en un sueño apacible que le diera el descanso que tanto necesitaba.
Enero comenzaba a irse como el agua, las fiestas de Diciembre fueron todo lo que ni en sus más salvajes sueños (o pesadillas) hubieran aparecido. Tan decidido que estaba de afianzarse un lugar para pasarlo con más estabilidad, y se mostraron otras dos opciones que en definitiva no hubiera elegido ni estando ebrio: los europeos, y su padre y abuelo.
Tan sólo de recordar el alboroto que se hizo cuando Tala halló una fotografía en el periódico del día dos de enero, sobre la fiesta ofrecida en el lujoso hotel, se veía al anfitrión y su familia pero de fondo podían distinguirse los tres Hiwatari brindando. Ni los chantajes, amenazas, promesas o berrinches de alguno de ellos le sacó una sola palabra, no mas que las maldiciones cuando él la vio. Para suerte suya, ninguno de sus otros conocidos leía ruso y en definitiva ninguno compraría esa edición.
Sirvió esa parada para enterarse de que la noche del treinta y uno no pudieron ni salir de la casa porque la tormenta desatada bloqueó la calle y Brian se negó a hacerla de barredora humana, Spencer se enfermó de una infección intestinal que no le dejó separare del baño.
Devolviéndoles las burlas que recibió salió disparado a Japón, pues Susumu lo buscó por teléfono ese mismo día invitándolo a comer; podría ser entretenido compartir la comida con su papá pero no quiso forzar el frágil lazo que se había reestablecido la cena de fin de año.
Mala suerte que en Japón ya sabían lo de su inusual Navidad, y lejos de haber burlas o reclamos por preferir al grupo de Robert que a su equipo; pasó por un riguroso interrogatorio que parecía exigirle los pocos recuerdos aún frescos que le quedaban. Lástima para la curiosidad de Tyson y Max porque Kai no dijo más que el menú y las razones del por qué terminó ahí… se guardó para sí la curiosa dinámica del equipo europeo y el inconcebible hecho que le había gustado, quizá hasta repetirlo a lo largo del año.
Rei lo puso al tanto de lo sucedido en la celebración de Tyson, a la que el chino terminó asistiendo también. Un duelo de karaoke y otro de baile donde la sorprendente pareja de Hilary y Max se llevó todo; mas un alcoholizado Hiro y Tyson quedándose dormido en el patio.
Desde ese día tres de enero donde regresó a Japón, parecía que esa magia de las fiestas de fin de año se había acabado con la cena del día treinta y uno de diciembre… no que creyera en la imagen comercial de todo pero hasta él reconocía que había un ambiente distinto en el aire; y con los viajes, el repentino acumulamiento de trabajo y lo confuso de ambas celebraciones… parecía haberse esfumado todo.
En su cómoda posición en el sillón y ante la negativa del sueño para abrazarle se puso a hacer un balance de su fin de año, de si había sido tan bueno o tan malo como había llegado a pensar.
No… no había estado con sus compañeros-amigos-camaradas… como quisieran nombrarse, con ellos con quienes había aprendido a aceptar la compañía como algo más que competencia, amenaza o reto… que aunque no había abrazos y gritos de alegría creaban un mundo habitable en su trastornado modo de vida. Dónde reírse o burlarse sin tapujos del mundo y sus ironías con Tala y compañía, ahogarse en alcohol y no temer por indiscreciones posteriores, lo que pasaba ahí, ahí se quedaba. Hallar un remanso invaluable de tranquilidad, ese aire de familiaridad y hogar que había perdido mucho tiempo atrás y que se materializaba en el dojo de Tyson con los demás del equipo.
Pero esa Navidad y Año Nuevo le habían gustado.
Hallar un grupo dentro del círculo mediato en el que se movía habitualmente, un grupo de acaudalados que no (siempre) iban con las mismas tendencias esnob de cuanto quisiera considerarse parte de las altas esferas; hallar donde podía hablar de inversiones y mercados sin ser acartonadas reuniones de habano y cognac.
Y lo mejor (en cuanto a descubrimientos), saber que había una segunda oportunidad hasta para las causas más perdidas: sus dos familiares. Resultó que su padre también podía jugar en la misma liga que Voltaire y él, de burla-verdad-reclamo-no agresión física; y que Voltaire, tenía sentido del humor… no era siempre el amargado y recio viejito que Kai se había fijado en la cabeza. Podían crear un lazo… frágil, casi invisible, tenso pero real; y que todos estaban de acuerdo en ello.
Se llevó las manos a la cara, sonrió mientras sentía unas cosas húmedas viniendo de sus ojos. ¿Qué le estaba pasando? ¿Acaso eso de la depresión invernal ya le había atacado?
Hacía años que dejó de ser el inestable adolescente que daba la impresión de tener problemas mentales y casi tendencia suicida, donde los problemas de su alrededor a veces lo rozaban levemente y otras lo golpeaban como a mazazos.
…rió, rió y rió.
Carcajadas como no recordaba haber lanzado fueron saliendo de su boca y se perdían en las paredes del departamento, se tuvo que colocar las manos sobre la boca para acallarlas y ahorrar las preguntas que los vecinos podrían hacer. ¡Qué risa! Nada de eso tenía sentido y sin embargo… no podía detenerse.
Se levantó, sentándose aún en el sillón y encorvando la espalda con los codos en las piernas y las manos aún sobre la boca. Un ‘miau’ detuvo al fin sus risas, y Kai quedó cara a cara con uno de los otros dos habitantes de ese lugar. El par de ojos ocres y la cara parda se movían de un lado a otro, curiosos por entender qué era ese anormal comportamiento de Kai.
-Lo siento… creo que me di cuenta de algo. ¿Cómo estás?-
El gato ronroneó enrollándose en sus piernas, Kai lo cargó y lo puso en la barra de la cocina mientras le buscaba algo de comer, el movimiento de las cosas en la cocina alertaron al otro ocupante, que había estado dormido desde la llegada de Kai. Con el infaltable sonido de las patitas sobre la loseta del piso, se acercó a su dueño y se paró en dos patas sin ladrar, el perro orejón movió levemente la cabeza, -…ya, también hay para ti.-
Dejó comida en los respectivos platos de cada uno y fue a su cuarto a cambiarse por algo más cómodo, ya eran la una de la mañana. Regresó a la cocina donde el cocker spaniel pedía más de comer y el abisinio ya se había enrollado en la mesita de la sala a dormir. Se preparó una taza de café mientras repasaba un poco lo que había pasado.
¿Qué le había provocado tanta risa?
No supo decirlo, pero una sonrisa lo asaltó otra vez.
¿Qué importaba si lo entendía o no?
Terminó su bebida, fue a su cuarto y los dos animales lo siguieron, el gato se trepó a la almohada de la orilla, el perrito esperó a ser subido para enrollarse a los pies de la cama. Kai se acostó y cerró los ojos. Habían pasado mas de tres semanas desde que el año había empezado y fue hasta ese momento que tuvo un entendimiento de lo que había sido todo eso… de su búsqueda de establecer una tradición y la negación del destino para dársela.
Y su respuesta fue simple: nada.
Ni tradición, ni razones abstractas o manifestaciones del destino. La ausencia absoluta donde (paradójicamente) había encontrado todo.
Durmió tan profundamente que no despertó a tiempo para su desayuno programado, ni regresó la lista de llamadas dejadas que la secretaria le había mandado; se quedó en la cama buena parte del día y en la sala el resto de la tarde viendo películas que hacia meses compró y no había tenido la paciencia de sentarse a ver.
La noche lo volvió a encontrar ahí, esta vez ya no le dio flojera regresar a su cuarto. Repitiendo lo de cada noche, el gato en la almohada, el perro en la orilla de la cama él se duerme poco a poco. Ya no volvió a pensar en nada de los días anteriores pues encontró una razón y sintió una ligereza en la mente como no la había tenido en mucho tiempo.
No se dio cuenta que con esa determinación si encontró una tradición, la ausencia de.
Y si la siguiente Navidad terminaba en un crucero en el mar del norte o cenando cordero en la Patagonia, quizá el Año Nuevo sobrevolaría África o vería a Max y Hilary volver a ganar el concurso de baile en el dojo de Tyson, o Ian entrando por la ventana de la tienda elegida mientras Spencer y Brian forzaban la puerta…
Lo que fuera que pasase, seguiría su tradición.
------------------
Chica... :D...
No tengo vergüenza, lo sé. No he tenido mucho tiempo para pensar y el poco que me queda no me traía ideas explotables, apenas hoy (o mejor dicho anoche-hoy en la madrugada) pude terminar esta historia, y como no iba a tener sentido hablar de principios de año siendo que ya hasta se nos va el primer mes. Decidí ubicarlo en la fecha dada.
Espero te guste aunque un poco...
Muchos saludos y nos leemos!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada