17.8.10

Extranjero III

Canción: Sunny road
Canta: Emiliana Torrini
Disco: Fisherman's woman

3. Sunnyroad

¿Cuántos años han pasado desde que dejé de verlo?

Ya no lo recuerdo tan nítidamente como me gustaría, su rostro y su presencia en ocasiones cambian y se mezclan con los de otros que he conocido. Sólo su voz y ese acento siguen intactos en mis memorias.

Su cara ocasionalmente me asalta por las tardes cuando volteo a mi pared de recuerdos; la única foto que mantengo de él está entre mi viejo prometido y mi primer novio, admito que le he dado lugar entre los preferidos. No fue cualquiera; como pocos, dejó una buena memoria.

He cambiado mi vida en estos últimos años, dejé la agitada vida de nómada y opté por una más estable… estable en un sentido, aún viajo y mi agenda se divide por regiones, pero ya no es tan exigente como la de unos años atrás cuando lo frecuentaba a él.

Trabajo como reportera, corresponsal de un diario de mediana circulación en mi país natal, sigo con un pie en el avión y otro en tierra, pero mis periodos son más estables que antes.

Aunque mantengo aún cierta relación con ese pasado, frecuento a algunos amigos de esas épocas y lidio bien con los recuerdos. No he vuelto a saber nada concreto de Kai, debo suponer que aún es un nombre frecuente en las grandes ligas de los negocios, y quizá hasta haya alguna fundación con su apellido, evidentemente no por su iniciativa sino la de algún jefe de relaciones públicas.

No me cuesta creer que si tecleara ‘Kai Hiwatari’ en algún buscador, me aparecerían ligas con información relacionada a él; pero me he negado a hacerlo, de vez en cuando me asalta la curiosidad y la nostalgia, pero nunca a un nivel en que quiera desesperadamente saber de él. Además, es un hecho que no encontraré nada de su vida personal, sólo de sus negocios y sus asociaciones, y de eso la verdad no quiero saber ya nada.

Muchos años me moví en el circuito económico, y no me dejó muy buen sabor de boca. Ahora me dedico al periodismo cultural, aunque la mayor parte de mis notas son de corte político, no se puede tener todo en esta vida.

En este preciso momento me encuentro en los Países Bajos, en el DEAF (Deutch Electronic Arts Festival) que se realiza en Rótterdam cubriendo tanto como me es posible, es increíble todo lo que pueden hacer con un tanto de imaginación y otro de habilidad. Cinco días de locura digital.

Terminé mi redacción apenas hace una hora y he dejado mi habitación de hotel para pasear en este tercer día del festival. Camino por uno de los tantos centros de reunión, la fascinante arquitectura está por doquier… al igual que las masas de gente pendientes de las múltiples actividades del festival.

Es tarde pero las luces por todos lados le quitan el encanto a ciudad vieja que en definitiva Rótterdam no es. Hay una instalación y un performance en un parque cerca Boymans Van Beuningen. Me detengo a verlo aunque jamás ha sido mi fuerte este tipo de arte. Me detengo a tratar de entenderlo, una chica vestida de rojo y otra de azul, que se contorsionan en un escenario repleto de ramas secas mientras se proyectan escenas de un desierto sobre puestas sobre un fondo impreso de cielo… no, en definitiva no entiendo.

-¿Qué es eso? —se escucha una voz de mujer hablando en inglés, —la verdad no tengo ni idea de por qué nos trajiste aquí. —Ella se escucha molesta.
-¿No puedes callarte? —Otra voz le responde.
-¡Pero esto no tiene sentido!
La segunda voz bufa y maldice, —Puedes regresarte.
-¿Mamá, pasa algo? —un tono más infantil pregunta ahora en japonés.
-No pequeño, sólo comentaba con tu papá lo curioso que es esto. —La mujer, ahora en japonés, explica mintiendo. Evidentemente ese niño no habla inglés. —¿No es así?
-Seguro. —El hombre confirma, mintiendo también.

Por alguna extraña razón, siento conocida esa voz…

-¿Dónde está la proyección, mamá?
-Donde… buena pregunta, no sé ni qué estamos haciendo aquí, pregúntale a tu padre, él es de la idea de venir.

Trato de contener mi curiosidad para confirmar esa idea que se está formando en mi cabeza con más y más fuerza conforme esa voz sigue hablando. Me doy cuenta que algunos de los que están cerca de ellos voltean de momentos a verlos, en primera por lo raro que es oír japonés por aquí, y en segunda, porque están interrumpiendo la presentación.

Las rechiflas no se hacen esperar, aquí mi curiosidad ya no tiene lugar, y me giro… vaya sorpresa. La persona que había imaginado, la que menos esperaba ver aquí, que no planeaba volver a ver y que… no me desagrada del todo encontrarme, pero me perturba verlo así…

Kai… con su hijo y su esposa.

-¡Ya lárguense y dejen disfrutar! —grita un holandés.
-Guarda silencio, — Kai levanta la voz hacia el holandés, —¿ahora qué harás? —pregunta a la mujer.
-¡Maldición Kai! Es tu culpa por traernos aquí. ¿dónde rayos está ese cine?
-Ah… —se que me voy a maldecir por esto, —lo encontrarán tres cuadras hacia allá, pasando el banco cercano al parque. —Murmuro lentamente en japonés mirando al pequeño.
-¡Mamá, no está muy lejos!
-De acuerdo, si… gracias por el dato. Vámonos, esto no tiene sentido. —La mujer dice tomando la mano del niño y dirigiéndose a Kai.

Cierro los ojos un momento ante su falta de respuesta, ya debe haberme visto. Los abro poco a poco y le dirijo mi mirada; sí, me ha reconocido, esa pequeña elevación en sus cejas me dice todo. No se mueve.

El niño lo llama, Kai lo mira y asiente, —Si, ya voy.
Me da una última mirada sin dirigirme una palabra, el niño… su hijo, va y le toma la mano apresurándolo.

Sólo me quedo de pie, viéndolo alejarse con su familia.

Eso no lo esperaba.
¿Estoy triste? …no, tampoco me lamento haberlo encontrado… sólo hay algo de incomodidad, de eso si estoy bien segura.

Me quedo otras horas caminando por ahí, su recuerdo termina molestándome el resto de la noche, no me gusta admitirlo pero me dio una impresión más duradera que no me deja en paz. Compro un helado y voy a sentarme en el parque a dejar mi cabeza como estaba, como estaba antes de que la imagen de Kai Hiwatari, con esposa e hijo, apareciera en mi día.

El retumbar de fuegos artificiales acompañados de rayos láser cubren el cielo nocturno de Rótterdam, mientras las fachadas de algunos de sus edificios más altos despliegan imágenes digitales multicolores. Un espectáculo definitivamente extraordinario, y al fin él deja de ocupar mi mente mientras se ocupa en preguntarse cómo es que hacen todos esos prodigios.

Camino hasta un área abierta para poder visualizar mejor el espectáculo, y entonces… pasa lo que menos quiero que pase.

Kai y su familia están en un extremo del mismo sitio que yo, puedo evitar verlos pero no oírlos… y se nota que están discutiendo otra vez.

-¡Haz como quieras! A la otra… si hay otra, yo elijo a donde vamos. —La voz de la mujer sobresale sobre la calmada de Kai y se aleja.

Es el momento para emprender la retirada, demonios, ¿qué diablos es lo que estoy haciendo? Como si tuviera miedo de confrontarme con Kai… bueno, si hay algo de incomodidad y nerviosismo, y aprecio por mejor no hacerlo. Emprendo la valiente retirada entre su discusión, sé que lo mejor es buscar un lugar lejos de ahí, ante todo por mi tranquilidad.

Jamás creí que diría esto, pero no sé que voy a hacer si lo veo de frente… agh, mejor dejo de pensar en eso y me concentro en el sitio al que debo ir, de acuerdo al folleto de actividades hay una proyección multimedia a pocas cuadras de aquí. Debe estar bueno si es producción japonesa, quizá hasta se me olvide por un rato.

Son casi las once de la noche, recién acabó el espectáculo y toda la congregación de espectadores se disuelve, supongo que es hora de ir a dormir. Tengo una entrevista con dos artistas alemanes muy temprano y creo que quiero descansar, el grupo presentándose en uno de los parques principales no es de mi agrado, así que mejor trataré de dormir un poco.

Voy de regreso al hotel, un trayecto algo largo considerando que mi editor no me dará jamás para un hotel céntrico. Comienzo mi camino, muchos minutos después casi siendo una hora estoy llegando al Erasmusbrug, iluminado impresionantemente por tantas luces y rayos láser. Llegando a la estación Wilhelminaplein me encuentro con un bohemio ejecutante de saxofón, sus tonadas me detienen un rato a contemplarlo…
Después de la tercera pieza, sé que es momento de irme y cuando me giro… los mismos ojos apáticos que me gustaba ver antes, me miran con un pequeña parte de la misma sorpresa que yo siento.

-Así que aquí estás. —Su tono es tan seco como siempre, pero siento un poco de cansancio en su voz, cosa que antes no tenía.
-Ey… no pensé que te volvería a ver. —Digo refiriéndome a tantas cosas.
-Pensé lo mismo.

Se queda parado mirando la columna del puente que se ve desde aquí, voltea un poco hacia mí y sin decir nada empezamos a caminar juntos. El sueño se ha ido de pronto y siento un curioso cosquilleo en mi interior, regresamos al puente Erasmusbrug, lo cruzamos como si tuviéramos la intención de regresar del otro lado de la ciudad. Mi hotel está en el otro extremo, el suyo quizá del lado opuesto, pero en este momento no importa. Como si fueran los viejos tiempos, los dos estamos conformes con nuestro silencio y nuestra compañía, quizá no hay sentimiento pero hay cierto consuelo en ver al otro con nosotros.

Sin embargo, hemos cambiado un poco, lo noto a él más abrumado y yo soy menos paciente, —¿Visitas el festival?
-Si, pensé que sería buena idea. ¿Igual tú?
-En parte, estoy trabajando en un artículo, pero estoy hallándole gusto. —Admito tras volver a caminar sobre el puente aún con el espectáculo de luces.
-Es un arte excepcional, —Kai me da la razón levantando la vista, —y, —hace una pausa viéndome de reojo, —¿hay quién pague por lo que escribes?
-Tonto, —le doy un pequeño codazo, —para que te enteres no soy mala para eso. Aunque el cine es mi fuerte.

Lo escucho sonreír y volteo a otro lado por miedo a que ver esa sonrisa me haga hacer algo que no quisiera hacer… o sentir, —Me alegro que lo hayas hecho.

No soporto por mucho tiempo, me giro hacia su cara y me encuentro con la sonrisa, pero no tan espontánea como me gustaba verla… sino que ésta es como resignada, aunque me hace sentir bien. —Si, me decidí hace unos cinco años, tenía suficiente ahorrado para estudiar comunicaciones. —Explico, ya antes le había contado que quería dedicarme a otra cosa fuera del área de intérpretes.

Caminamos otro rato, nos detenemos a la mitad del puente y volteamos hacia el agua. Intercambiamos impresiones de los eventos a los que hemos asistido, sorprendentemente hemos coincidido en al menos cuatro, pero hemos tenido la (buena o mala) suerte de no vernos, hasta ese momento. Cuando se acaba el tema del DEAF, rondamos tópicos al azar hasta que nos quedamos de frente con la vida de cada uno, de saber cuánto hemos cambiado en estos… cerca de cinco años que han pasado desde que nos vimos por última vez.

-Todo va de mal en peor. —Kai lanza una piedra al río.
-Que curioso, sé que así es pero creo que no todo está tan mal… —pienso en voz alta, —te casaste, tienes un hijo… ¿no? Pero… —siento que estoy metiéndome en un territorio minado, —no te va bien, ¿verdad?
-Ya lo viste, ¿qué hay que explicar?
-Nada, supongo que nada, ¿cómo se llama tu hijo?
-Gou, tiene cuatro años.
-Es idéntico a ti, —sonrío.

-Nah, hace mucho que dejé de parecerme a él. —Murmura luego me ve, —¿Y los tres hijos que tendrías, tu casa en Nicaragua y tu esposo europeo? —dice sarcásticamente, burlándose levemente de lo que pensaba podía ser mi vida realizada.
-Los niños no llegaron, no he podido visitar Centroamérica, y el esposo europeo… ni siquiera lo he conocido. Nada es como decíamos en esos años, ¿verdad?
-No todo, haces lo que querías, he llegado casi hasta donde quería.

-¿Conseguiste la fusión? —pregunto incrédula, había dicho que quería una fusión con una empresa de comunicaciones, quería ampliar su oferta en la región europea del este y del norte.
-¿En dónde has estado viviendo? No sólo la fusión, tengo la totalidad del mercado en la región. —Sonríe brevemente, —Esa noticia fue primera plana hace dos años.
-Sabes lo mala que soy para entender de finanzas y economía, pero me alegro por ti. Has de estar orgulloso.
-No es mi principal fuente de orgullo.

Ese cosquilleo se incrementa, aprieto con fuerza el barandal del puente, —Tu hijo debe serlo. —No tengo niños, pero supongo que eso debe ser.
-Si así lo quieres poner, —vuelve a hacer una pausa mientras suspira, —¿te das cuenta que hicimos lo que el otro quería hacer?

Me detengo a pensar antes de replicar, tiene razón… mi meta nunca ha sido el matrimonio, pero lo tenía bien claro que es algo que quería hacer en poco años, él sabía que tenía que pasarle pero no pretendía que fuera pronto, quería viajar y hacer más sin tener que crear familia.

-Yo soy la trotamundos, tú el hombre de familia. Tienes razón. —Sonrío, pero vuelvo a razonar, —Aunque al parecer, no nos ha funcionado del todo.
-Un matrimonio casi obligado, no puede tener gran éxito.
-¿Te obligaron? Eso no suena a ti, ¿qué pasó? —no puedo creer lo que estoy diciendo.
-¿Obligarme? ¿crees que acataría órdenes de alguien más? —pregunta irónico, —aunque terminé cediendo ante presiones de todo tipo. —Admite después de un rato.

Pero claro que no me voy a atrever a preguntarle si la quiere o en qué clase de etapa se encuentra su relación, además no es muy difícil de adivinar. —Supongo que la sociedad exige mucho. —Río sabiendo que es el único modo de tocar el tema con él sin que parezca que me estoy metiendo en su vida.

-¿Y qué exige de tí? Una solterona vagabunda.
-¡Ey, vámonos tratando con más cuidado! —Le espeto, ya olvidaba que él no tiene todo ese tacto que yo trato de tener. —He tenido una vida… provechosa, mi viejo prometido lo supo bien, tal vez por eso rompió el compromiso. —Digo entre explicación y recuerdo.

-Eso explica bastante. —Mira su celular y gruñe molesto, —¿Vas de regreso a tu hotel?
-Si, la verdad el concierto que está no me llama la atención, mañana tengo que hacer una entrevista. No tenía más que hacer. ¿Tú vienes de tu hotel?
-Necesitaba un tiempo solo, esta semana ha sido terrible.

Nos miramos unos segundos, es bastante claro que ni él ni yo teníamos la intención de encontrarnos, buena o mala suerte, coincidimos primero en ese parque y luego frente a ese saxofonista. Románticamente diría que fue destino, pero nunca antes pasó nada de eso, ahora menos iba a pasar.

Él es el primero en romper el contacto ocular, se sienta precariamente en la orilla del puente, balanceando las piernas mientras mira hacia arriba. Siento un pequeño escalofrío recorrerme al verlo hacer eso, pero ya antes lo he visto ser mucho más imprudente sin que haya consecuencias. Yo apoyo los codos en la orilla del puente y también levanto la mirada. El espectáculo de luces ha cesado, la pequeña luna lanza luz que ni siquiera compite con las de la ciudad.

Ya no decimos nada, sin planearlo termino apoyando mi hombro contra su cuerpo y mi cabeza, él pone su mano izquierda sobre aquél hombro. Desde aquí se ven las luces del escenario donde se realiza el concierto, hasta se escucha un poco; ey, esa la conozco, empiezo a tararearla y él a mover los dedos rítmicamente sobre mi hombro. Sonrío contenta de saber que se siente como yo me siento.

En confianza.

El sonido de su teléfono rompe el encanto del momento, mientras él lo ve yo aprovecho para revisar mi reloj, pasa de la una de la mañana. Todavía pierdo la noción del tiempo cuando estoy con él, muy a pesar de los años que han pasado sin habernos hablado siquiera.

Vuelve a poner los pies en el piso, guarda su teléfono y me mira; sin palabras estoy segura de qué es lo quiere decirme.

Se va.

Creo que también es buen momento de irme, debo dormir aunque un poco.

Asiento mientras le estrecho la mano, y sin pensarlo, me inclino al frente dándole un beso fugaz; él lo devuelve torpemente al ser tomado por sorpresa, pero no me rechaza. Terminado, él sólo se da la vuelta.

Adelanto unos pasos y me pongo delante de él, —Por si quieres tener en tu equipo a la mejor reportera del mundo, o si te metes en un lío… si las cosas no funcionan como quieres… o… si sólo quieres hablar, o no hablar. —Le doy una tarjeta con mis datos, no estoy del todo consciente qué implicaciones pueda él percibir, o qué intenciones tengo yo, pero es lo único que tengo en la cabeza.

-Quizá algún día necesite quien limpie mi casa.
-Muy gracioso Kai, muy gracioso. Que todo salga bien, y si no lo hace, que termine de un modo en que deje a todos satisfechos.
-Lo que deba ser. —Sonríe y empieza a caminar otra vez.
-Que sea —le digo y me alejo en dirección opuesta.

Cada uno va a los puntos opuestos del puente, cuando estoy llegando a la orilla un mensaje llega a mi teléfono: ‘No hagas muchas tonterías’… ése es Kai.
‘Tú tampoco’ le mando en respuesta.

(…)

Así es como acabamos una segunda vez… si acaso él termina su matrimonio infeliz, o conozco a alguien o lo que sea que decidamos hacer, puede que nos volvamos a ver.

Han pasado algunos meses desde entonces, me han dejado de corresponsal casi permanente en Nicaragua, al menos ya estoy en Centroamérica, tengo una relación medianamente estable con un chico de la zona, estoy pensando comprar casa por aquí.

Seguí absteniéndome de buscar información de Kai, aunque en ocasiones me he encontrado con su apellido mientras veo el noticiero, no he vuelto a saber mucho de él por estos medios. Sólo por breves mensajes de texto, cuando algo muy bueno o muy malo pasa, nos enviamos esos mensajes.

(…)

Hoy me siento bien, el clima caluroso del Caribe me tiene de muy buen humor, hay un viento fresco que anima el ambiente y da un escenario único al mar. Estoy recostada en una hamaca; me estoy tomando unos días de descanso, del trabajo, de mi relación, de mi comunicación con el mundo, de… la vida de todos los días.

Tomo el teléfono, no hay una razón especial o particular para hacerlo, pero estoy escribiendo un mensaje por el puro gusto de hacerlo. Quizá no me responda, quizá lo haga con evasivas o un mensaje similar, tal vez venga… no tengo prisa.

Envío un mensaje breve, nadie más podría entenderlo… sólo él.

Now come and meet me. On the sunny road

---------:::::::::::-----------

Saludos!
Está completa... un Kai quizá muy fuera de su canon, hasta diría que 'ideal' pero salió así, y así era como lo necesitaba para esta historia. Meloso y ñoño... lo siento, aunque creo que no me desagradó tanto, ojalá a ti tampoco.
Mil disculpas por la tardanza, ya estoy regresando levemente a ritmo; aproveché para acabarlo antes de que se me vuelva a ir todo.
Ojalá te haya gustado.
...
Y bueno, dejo el tema de los regalos por un rato... casi ha sido lo último que he estado haciendo el último año. Ya veré que sale.

No hay comentarios: