Takao abrió los ojos con pereza, se retorció en la cama y lanzó el reloj despertador muy lejos de su buró donde sonaba con tanta insistencia que parecía querer enloquecerlo. Su abuelo y Daichi lo despertaron de no muy buena forma, Takao se despegó de sus sábanas y caminó hasta el baño aún mascando su sueño y balbuceando.
-Odio los días de clases.
Se dio un bañó y colocó ropa limpia, se miró en el espejo y acomodó un poco su enmarañado cabello, bostezó otra vez y repitió al ver la mochila esperando por él y el calendario señalando que era lunes.
-De verdad odio los días de escuela.
Llegó a la cocina donde tomó un pan y lo mordisqueó mientras se servía en un vaso leche de un envase, miró con flojera hacia la mesa. Su papá leía el periódico mientras desayunaba con velocidad, Daichi picoteaba la fruta en su plato y su abuelo podía verse entrenando en el patio.
-¿No odias los días de trabajo papá? —preguntó tomando otro pan.
Su padre bajó el periódico y lo vio unos segundos, —Claro que no, doy gracias que tengo un trabajo.
Takao arqueó una ceja y pensó, —Eso se oye tan cliché, —pero no dijo nada porque no quería una plática emotiva de su papá sobre la importancia de tener empleo.
-Hago algo que me gusta, me pagan por ello y sólo veo a mis amigos los días de trabajo. Debo irme, los veo después muchachos.
Takao consideró válida la respuesta de su papá, echaba de menos a sus amigos de escuela algunos fines de semana.
-Adiós señor Kinomiya, —Daichi agitó la mano.
-Y tú Daichi, sé que tu me vas a dar la razón ¿no odias también los días de escuela? —Takao preguntó sentándose a la mesa.
El pelirrojo levantó la mirada un momento pensando, —Bueno sí, detesto ir a la escuela, pero me encanta la televisión entre semana, la programación en fin de semana apesta, ¡nunca hay nada!
Eso también era un argumento razonable, los maratones de películas aburridas y los partidos de deportes que ni le interesaban lo dejaban sin nada que ver sábados y domingos.
-Vamos niños, la escuela llama, la escuela llama. —El abuelo entró aprisa señalando el reloj con una mano y la puerta con la otra.
Daichi brincó de su silla y corrió al baño para terminar de alistarse, Takao vio a su abuelo sentarse y servirse leche y jugo.
-Oye abuelo, ¿tú no odias los días de escuela? Te quedas solo, y tienes que estar apurándonos para que no lleguemos tarde. Debe ser muy molesto.
El viejo no tardó en responder, —Claro que es molesto estar atendiendo a tres niños, tu papá es igual que tú y Daichi… —hizo una pausa, —pero me alegra las mañanas, los sábados quiero hacer lo mismo pero sólo tu papá despierta temprano, el domingo ya no sé que hacer porque nadie está de pie a la misma hora que yo. Además, cuando ustedes están en la escuela y tu papá en el trabajo, es el único momento que puedo tener para mi sólo, un galán como yo necesita tiempo para nuevas conquistas.
Takao hizo un gesto que hizo al abuelo reír, era claro que el hombre mayor no salía a perseguir jóvenes, pero era bien sabido que era bastante popular en el barrio.
-Bueno… tenemos que irnos, ten buen día abuelo… ¡Daichi!
El pelirrojo llegó corriendo, los dos salieron aprisa de la casa y siguieron así hasta que estaban a sólo unas tres cuadras de la escuela. Justo ahí, Max se unía a ellos. Y esa mañana no fue excepción, el rubio llegaba con la sonrisa de todos los días montado en su bicicleta.
-Ey chicos, ¿Qué tal el fin de semana?
-Nada nuevo, ey Takao ¿por qué no le preguntas a Max lo que piensa? —Daichi preguntó mientras se echaba a correr más rápido para dar alcance a dos compañeros de clase con los que quería jugar durante el descanso.
Takao consideró la sugerencia de Daichi bastante atinada, pero ese no era el momento, el reloj seguía avanzando y ellos estaban a punto de no llegar a clase. Una vez que estuvieron dentro de los terrenos de la escuela, pudo al fin tomar un respiro y preguntar a Max, casi estaba seguro que le daría la razón, el estadunidense iba mejor que él, pero no era precisamente alguna estrella del firmamento académico.
-Max, ¿no odias los días de escuela?
Max sí se tardó en pensar, —Bueno, odio tener que levantarme y hacer tarea, pero me encanta el club de fútbol después de clases, y que mamá llama los martes y viernes. ¡Ah! Y que papá cocina los días de escuela, los fines de semana sólo compra la comida, y créeme, es horrible.
Takao caminó al lado de su amigo pensando en esa respuesta, vaya… los días de escuela no sólo eran de escuela, no había pensado en eso.
Se encontraron con Kyouju en el pasillo, él miraba un enorme panel con anuncios, los dos chicos lo saludaron y él respondió a cada saludo con su usual tono nervioso y apurado. La campana sonó y todos se dirigieron a sus salones, mientras Takao caminaba junto con Kenny pues Max se había separado porque tenía clase distinta a ellos, hizo la pregunta con la que había iniciado su día.
-Ey, Kyou, ¿no odias los días de escuela?
El gesto del chico fue casi de un horror absoluto, —¿Cómo puedes preguntar eso? ¡claro que no!
Takao asintió, —Si tienes razón, ¿cómo pude preguntarte eso?
-No, no, —Kyouju se apresuró a aclarar, —No lo digo por las clases, aunque claro, es de lo mejor del día; pero los días que venimos a la escuela son los únicos en los que no me paso encerrado en mi casa sin tener a donde ir, hay talleres y actividades extra curriculares que me encantan.
Takao parpadeó ante esa posibilidad, que la vida social del chico se redujera a la escuela era algo lamentable pero bastante aceptable. Claro que la vida era más emocionante cuando había cosas que hacer después de la escuela, la sensación de haber acabado un aburrido horario de clases era incomparable.
Llegando al salón, Hiromi les contó que su profesora se reportaba enferma y habría un maestro sustituto pero que no llegaría sino hasta en cuarenta minutos. Casi se hizo fiesta en el salón, y Takao aprovechó para seguir con su encuesta mañanera.
-Oye Hiromi, casi estoy seguro de lo que vas a responder pero nada pierdo con preguntar, ¿no odias los días de escuela?
La chica mostró una pequeña decepción ante la pregunta, —Claro que sí… bueno, me choca despertar tan temprano y tener tan poco tiempo para ponerme lista y venir a clases… no soy fanática de la escuela pero me gusta, no estoy en ningún club pero me gusta quedarme a ver a los de la banda practicar y a las de gimnasia entrenar. Aunque eso es tonto. —Dijo después de un rato de pensar sus propias palabras, —Lo que me gusta es que mamá no hace guardias estos días, los fines de semana nunca está porque tiene doble turno, así que no, no odio los días de escuela.
El chico de gorra no esperaba esa respuesta, decir que no los detestaba por poder estar con su mamá era (quizá) la respuesta más honesta que había conseguido, y le decía que tal vez los días de escuela no eran tan malos.
El horario de clases terminó, Max se quedaba a entrenar, Hiromi a chismear con otras amigas, Daichi a hacer tarea (o al menos eso decía); Takao regresó solo a casa pensando en quien más podía preguntarle, Rei… ¡Rei! Decidió desviar un poco su camino y dirigirse a la pensión donde Rei rentaba un cuarto.
Afortunadamente el chino ya había regresado de la escuela y lo recibió mientras preparaba su comida, —Hola Takao, no pensé que te vería aquí hasta el miércoles para ayudarte con tu clase de matemáticas. ¿No entendiste mi explicación?
El otro sonrió apenado, —Si… bueno, no tanto pero ese no es el motivo por el que estoy aquí.
Rei suspiró aliviado, —Me alegra, la verdad hoy estoy muy apurado. Apenas me da tiempo de hacer mi propia tarea, me toca el turno de la tarde y no tengo mucho tiempo libre.
Takao sintió eso como el perfecto momento para preguntar y recibir la primera respuesta afirmativa, después de todo, Rei estudiaba y trabajaba de lunes a viernes, quizá él sabría darle la razón. —Sólo quería preguntarte una cosa, ¿no odias los días de escuela?
Rei se detuvo un momento en su apurado trayecto, —¿Bromeas? ¡claro que no! Son los únicos días en los que mi tutor me permite trabajar, los fines de semana no tengo ingresos y me aburre estar sin hacer nada. Odio los fines de semana, los días de trabajo los clientes dejan propinas excelentes.
Otro nuevo ángulo, cuando la subsistencia dependía directamente del día de trabajo era algo que él no conocía pero no le costaba comprender. Además, debía ser aburrido estar en un cuartito como el de Rei todo el día sin tener nada que hacer afuera.
-Era todo, me voy porque tengo mucha tarea, te veo el miércoles o si quieres pasar por el dojo para cualquier cosa.
Rei sonrió y agitó la mano despidiendo a su amigo. Takao retomó el camino a casa pensando en otra persona para continuar su sondeo.
-¡Claro, Hitoshi! Él detesta las rutinas, y no hay nada mas rutinario que un día de escuela. —Se dijo una cuadra antes de llegar a casa. Apenas llegó al dojo, saludó a su abuelo, botó su mochila y corrió al teléfono, marcó a su hermano en otra ciudad de Japón donde estudiaba.
-¿Takao? ¿pasa algo? —Hitoshi se escuchó preocupado ante lo inusual de una llamada en lunes, regularmente ocurrían de miércoles a domingo.
-Ey Hitoshi, sólo quiero hacerte una pregunta.
-No Takao, no puedes decirle a Daichi que aún existen los dinosaurios y que los de los documentales son de verdad.
Takao parpadeó dos veces, —¿De dónde sacas esa tontería Hitoshi?
El hermano mayor apenas y ahogó una risa, —Ah, lo siento… es que tuve este sueño extraño y…
-No, no quiero saber, —Takao lo interrumpió, —mi pregunta es, ¿no odias los días de escuela?
Hitoshi hizo una larga pausa, tanto que hasta el hermano menor pensó que se había cortado la llamada y golpeó el auricular con su dedo, —Deja de hacer eso, —exclamó el mayor, —los odio a medias, mi horario de materias es demasiado, mis profesores están locos y el tráfico es horrible; pero mi compañero de habitación es un enfermo adicto a las fiestas que no me deja en paz los fines de semana, además mi novia va a casa sábados y domingos y no la puedo ver…
-¿Novia? —Takao preguntó con curiosidad.
-¿Novia dije? Quise decir mi… mi…
-Déjalo así Hitoshi, fuiste bastante claro. Gracias por la respuesta. Adiós.
-¡No espera! No dije novia… ¡no le digas al abuelo o no me va a dejar en paz! —Hitoshi enloqueció del otro lado de la línea.
Takao no dijo nada y colgó mientras saboreaba esa sensación de tener un secreto con cual poder chantajear a otros. Pero también pensando en la respuesta de su hermano, aunque sus dos razones para odiar el fin de semana era algo que él no conocía aún en su vida, se oían bastante razonables.
Se echó en la cama mientras repasaba (hasta donde se acordaba) las respuestas de cada uno de sus conocidos a quienes les había hecho la pregunta, al parecer había más motivos para gustar de los días de escuela que para odiarlos.
-¡Takao, alguien te busca! —el abuelo gritó desde la puerta.
A pesar de su edad el viejito tenía potencia en los pulmones pues puso en alerta de inmediato al chico, —¡Ya voy! ¡sé más civilizado y ven hasta acá! —Takao gritó con la misma fuerza, dándose cuenta que estaba repitiendo el mismo papel se quedó callado y bajó a ver quién era.
De todas las posibles personas que pudieran buscarlo ese lunes a las cuatro de la tarde, Kai era sin duda la última, el mayor aparecía raramente, y casi siempre entre jueves y sábado.
-Takao, —Kai se acercó a él apenas lo vio en el pasillo.
-Kai, ¿qué haces aquí?
El otro le dio un ramo de flores blancas, su gesto era tan sorprendido como molesto el de Kai, y ninguno lo ocultó, era demasiado bizarro e incómodo que uno le estuviera dando flores al otro.
-Guarda silencio ¿sí?. —Dijo Kai de mala gana.
-Eh… bueno Kai, me halaga… pero no, —Takao no sabía cómo contener la risa.
-Sólo cállate, —le siseó con tal autoridad que el otro guardo silencio de inmediato, —no sé cómo demonios se enteró tu padre que iba a Kansai, y me pidió le comprara estas flores.
-Ups… —Takao sonrió de inmediato denotando toda su culpa, —quizá por alguna extraña razón a Daichi se le escapó.
-Seguro que sí, él no tiene la boca tan grande. Como sea, se las entregas… y procura no abrir la boca otra vez. Me voy… —miró su teléfono y gruñó, —voy tarde para las clases del día.
-¿Vas a la escuela en la tarde?
Kai lo miró medio con sorpresa, medio con molestia, —Todos saben eso, tengo trabajo en las empresas durante el día. —Se dio la vuelta listo a irse.
-Eh, espera, ¿no odias los días de escuela?
Kai se giró levemente, —Por supuesto que los odio, son los únicos días en que los socios quieren trabajar, en que hay que lidiar con empleados y con profesores, con compañeros molestos y clases absurdas. ¿Por qué no odiarlos?
Takao no cabía de alegría, al fin una respuesta afirmativa, —¡Lo sabía!
-Aunque, —Kai interrumpió con un tono pensativo, —son los únicos días que tengo para descansar, los fines de semana viajo mucho… y sólo de martes a jueves ceno con mi abuelo… —sacudió la cabeza y aceleró el paso.
-¡Gracias! Estas flores le encantaban a mamá, son para su tumba.
El mayor giró la cabeza y asintió, después sólo se perdió por la puerta de la propiedad, dejando a Takao tan pensativo como la primera vez. Tener en los días de escuela y trabajo las únicas horas de descaso era impensable, aunque al parecer algo probable, además… como con Hiromi, Max, Hitoshi, y él mismo, era cuando podía convivir con la familia (por más torcido que eso sonara viniendo de los Hiwatari)…
Había escuchado nueve razones para no odiar los días de escuela, bueno muchas razones pero viniendo de nueve personas distintas… ¿en verdad no eran tan malos esos días?
Ya muy noche, cuando se despedía de su papá, de su abuelo y Daichi para irse a dormir, Takao pensó un momento antes de quedarse completamente dormido. Sí, era un martirio despertar, bañarse, ir a la escuela, soportar las clases, hacer tarea para repetir el ciclo al día siguiente hasta el ansiado sábado de descanso…
Pero también entre semana era cuando el abuelo se esmeraba en la cocina, cuando había la mejor programación, cuando recibía a su papá después del trabajo, cuando Daichi se entretenía platicando sus actividades en clase, cuando podía ir al cine y no pagar los exagerados precios de sábado y domingo…
Se dio cuenta con sorpresa, que con las suyas, ya tenía diez razones para no odiarlos… eran un dolor en el trasero sí, pero no eran tan malos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada