18.10.10

Té para tres

Canción: Té para tres
Canta: Gustavo Cerati (Soda Stéreo)
Disco: Canción animal

A las varias cosas malas del año, que se detengan un poco. A las buenas, aunque pocas, que se sigan sucediendo.

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No era muy tarde cuando regresó apurado después de un día demasiado extenuante; si había algo que odiaba de los jueves eran los largos horarios de revisión de logros y metas de los distintos departamentos del área que a él le tocaba administrar, después tener que trasladarse al otro extremo de la ciudad para sus cursos de lenguas; si no tuviera que hacer una parada en casa no sería tan engorroso, pero de ningún modo iba a asistir a la escuela con traje y corbata, cuando menos ahí podía deshacerse del rígido disfraz que tenía que usar día a día durante al trabajo.

Mientras botaba el saco y la corbata, veía una y otra vez el reloj para saber si sus veinte minutos libres le iban a permitir hacer una última escala en la cocina y comer algo. Sonrió satisfecho cuando se dio cuenta que tenía siete minutos disponibles; como bólido bajó las escaleras y entró a la cocina asustando a más de dos empleadas que se encargaban de la cena.

-¡Señor Kai! ¬―exclamó una de ellas, ―sólo espere que le prep…

Él no esperó a que la mujer terminara, abrió el refrigerador y tomó un yogurt mientras lo bebía buscaba alguna fruta que pudiera comer en el camino sin perder control del volante.

-¡Con un demonio, Kai! ¿no puedes sentarte a comer? ―Su madre le recriminó entrando a la cocina.
-¿Y tú que haces aquí? ―Kai preguntó mientras tiraba el envase vacío y tomaba un par de manzanas.
-Tu padre me pidió venir.
Entonces Kai se detuvo y la miró confundido, ―Pero él no ha venido en algunas semanas.

De momento, su apresurada salida se alentó y se encontró preguntándose qué era lo que su padre podría querer ahí, el último par de meses no habían sido nada agradables después de una serie de vergonzosos juicios discutiendo la repartición del patrimonio familiar cuando Souichiro decidió dividir el emporio para evitar los altos impuestos, Susumu contrademandó ante lo poco ético y, de pronto, familiares empezaron salir de la nada.

Fue una situación demasiado desgastante y tensa, él tuvo que hacerse a un lado porque su posición en las empresas, aunque reconocida e inamovible como heredero, aún no estaba certificada ante notario; y tuvo que testificar sin dar realmente su opinión, pues era mero requisito, pero apenas tres semanas atrás se había dado un dictamen y él pudo seguir con la comodidad de su rutina.

No se cansó en pensar mucho en ello, dejaba la casa mientras mordisqueaba una de las manzanas. Se dirigía al garage cuando distinguió al figura de Susumu caminando a la casa; sin que el mayor le hablara, Kai se detuvo un momento, sorprendido de verlo ahí. No se animó a acercarse o llamarlo, se habían hecho una serie de acuerdos que limitaban la comunicación entre cada miembro de la familia respecto a cuestiones de negocios, y como no había nada más de que hablar entre ellos, no había urgencia por trabar una palabra.

Siguió su camino, abordó el auto y lo enfiló a la salida, avanzaba lentamente sin prestar mucha atención, con la mirada siguiendo los pasos de su padre que parecía ni siquiera se había dado cuenta que Kai se estaba yendo, de pronto el mayor giró la cabeza y sostuvieron la mirada unos segundos en los que Kai detuvo el auto, cuando el menor estaba por reiniciar el movimiento, Susumu levantó un brazo y lo llamó.

-Espera, necesito hablar contigo.

Kai miró su reloj casi desesperadamente, ―Voy muy tarde, será después.
-No. Necesito hablar contigo, ahora. ―Dijo con un tono que en nada le gustó a Kai.

No era ni enérgico, ni molesto ni suplicante, pero Kai sintió una repentina urgencia por salir de ahí, no por desagrado de su padre, ni siquiera por miedo o rencor, sino por una extraña sensación de rechazo inconsciente.

-No, después. ―Finalizó y aceleró tratando de no mirar al retrovisor y ver la desolada imagen de Susumu.

Llegó cinco minutos tarde, pero no se perdió de mucho. Después de la clase de español básico, la de conversación de inglés y el taller práctico de alemán, pudo dejar ese endemoniado instituto al que le agradaba acudir, pero detestaba tener que estarse relacionando con tantas personas que lo buscaban por los beneficios que podían obtener, echaba de menos cierta clase de compañía.

Eran las ocho con treinta, saliendo del edificio respondió a su teléfono que había estado llamando desde las siete cuarenta, de no muy buena gana contestó cuando la pantalla identificó el número de su madre.

-¿Qué pasa?
-Ven al restaurante Aleph, esperamos por ti ahí. ―Ella ordenó sin tardanza.
-¿Y yo que voy a hacer ahí? Estoy muy cansado.
-No sé que es lo que tu padre quiere decirnos, ha estado esperando por ti.

Entonces Kai consideró su respuesta, ―El tráfico no me dejará llegar.
-Te veremos en la cafetería cerca de la Universidad, ―escuchó a su padre decir, a ella discutirle pero no esperó a la decisión de ella.

Colgó y se encaminó a dicho sitio, no muy rápido muy a pesar de la repentina ansiedad que se generó en él, no recordaba mucho de alguna reunión de ese tipo, y aún menos, promovida por su padre.

Cuando llegó a la citada cafetería, sus padres ya estaban ahí, habían ocupado una mesita en la terraza, pegada a un enorme macetero que servía de protección contra el leve viento y la llovizna que caía esa noche, lámparas de luz difusa adornaban el sitio y un melancólico piano se escuchaba adentro. Kai no pudo evitar arquear una ceja ante lo inusual del ambiente, y el gesto que su padre vestía, el de su madre era el mismo que alcanzaba a recordar, demasiado apurado como para poder disfrutar un momento de calma.

-¿Qué es? ―Kai preguntó apenas se sentó, fingiendo ver su celular para indicar que no estaba de muy buena voluntad ni muy dispuesto a esperar mucho tiempo ahí.
-¿Puedo tomar ya su orden? ―preguntó una camarera con amabilidad.
-Té de manzanilla, y una rebanada de pastel de chocolate ―Dijo Susumu con una sonrisa para la chica.

Su esposa le dio una mirada desaprobatoria por pedir algo tan simple, y miró la carta ―Ah… ―ella no decidía, ―café moka con esencia de vainilla. No, espera, mejor té chai con esencia de vainilla.
-Café con canela. ―Kai dijo sin ver el menú que la camarera le ofrecía.
-Trata con un té, es más ligero y necesitas algo que te relaje. ―Susumu le dijo mirando hacia arriba.

Kai se mordió el labio, bufó y sólo asintió a la chica, ―Té helado. ―Esperó que ella se fuera y miró de nuevo a su padre insistiéndole por la respuesta.

-¿No es una linda noche? Hay pocas nubes, la brisa es fresca, la lluvia se va y la luna es apenas una uñita.

Su esposa lo miró con preocupación pensando que ya había enloquecido, ―Jamás admiramos la noche. ¿Qué pasa Susumu?

-Mira, este lugar tiene un servicio bastante eficaz, ya viene nuestra orden.
La madre de Kai volteó sorprendida que, en efecto, la mesera ya acudía a ellos con sus bebidas, ―Prepararon todo en este momento, ¿verdad muchacha? No quiero un té demasiado reposado.

-Claro que no señora, ―la chica sonrió amable, ―todo al momento. Nuestro encargado de la cafetería es un genio. ―Ella soltó una risita que sólo fue compartida con Susumu. Entregó a cada uno su orden y se retiró deseándoles buen provecho.

Kai tomó su vaso y después de dar un primer sorbo para conocer el contenido, depositó dos cucharadas bien medidas de azúcar. ―¿Sólo vinimos a tomar té? ―preguntó ya sin apuración o reproche.

-¿No es agradable? Hacia mucho que no salíamos los tres solos.
-Susumu por favor, todos tenemos muchas ocupaciones así que no vengas con tus juegos, dime qué es lo que pasa que me tienes tan azorada.
-¿Alguna vez salimos los tres? ―la pregunta de Kai sonaba a sarcasmo, pero había algo de curiosidad en ella.

-Hace mucho tiempo, hace mucho tiempo… ―Susumu respondió con un tono pensativo.

Kai y su madre se percataron de eso, lo miraron con atención presionando con la fuerza de sus miradas la respuesta que él se negaba a dar. No había una razón de negocios, ni de tribunales ni de nada… para esa repentina reunión, claro que mucho menos una cuestión de ende familiar.

-Hoy fui al doctor. ―Susumu comenzó, cambiando su tono, ―saben que me ausenté un par de días de la revisión del caso con mi padre, tuve ciertas dolencias.

Kai escuchó con atención cada palabra que su padre decía, pero realmente no se estaban registrando del todo en su cabeza, un repentino escalofrío se metió en él sacudiendo su persona.

Sabía que algo malo iba a pasar.

-¿Y qué pasa? ―Su madre sintió algo similar, pero ella si fue capaz de verbalizar su urgencia de saber.
-Tengo cáncer estomacal en fase 4, es terminal.

Nadie dijo más. Como si el sonido de todo alrededor se eliminara o se incrementara, Kai se sintió aturdido y bajó la mirada al vaso frente a él, miró las tazas de sus padres, después el pastel que su padre de pronto atacaba con una pequeña cuchara, retiraba una parte y se la llevaba a la boca, sonriendo mientras la comía.

Los ojos rojos de Kai se fijaron en los de su padre que comenzaban a llenarse de agua, el hombre mayor sonrió. ―Es bueno, deberían tratar con una rebanada. Endulzan el momento.


Las tazas sobre el mantel
La lluvia derramada
Un poco de miel, un poco de miel,
No basta



-¿Cómo dices eso en un momento así? ―su madre casi gritó. Mirándolo con ojos más expresivos que los de su hijo, ―¿cómo así? Como si… no hablarás de la muerte.
Kai bajó de nuevo la mirada a la mesa, las dos tazas y su vaso.


Té para 3


Se forzó a decir algo, a decir algo inteligente o sensato, no sensible porque no servía para eso, ni molesto porque en ese momento no sentía ni el más mínimo rastro de enojo.

-¿Cuándo comenzó? ―fue lo único que dejó su boca medio paralizada.
-El doctor dice que hace mucho, se agravó un poco hace unos cuatro meses. No lo atendí.
-¿Por qué?
-Sabes que le tengo miedo a las agujas. ―Susumu rió bajando la mirada.
-No… no lo sabía. ―Kai murmuró forzándose a dar un trago a su bebida para enfriarse el cuerpo y que las reacciones espontáneas no lo traicionaran.

Frunció el ceño y separó la mirada de su vaso, se forzó a ver más allá. Las tazas, el pastel a medio comer de su padre, la cara de su madre empezando a descomponerse en un llanto tan sincero como jamás había visto, luego a su padre que aún sonreía comiendo a pequeñas cucharadas su pastel.


El eclipse no fue parcial
Y cegó nuestras miradas
Te vi que llorabas, te vi que llorabas
Por él



-¿Desde cuándo lo sabías? ―ella exclamó sin poder calmar sus emociones, ―¿por qué no nos habías dicho?
-No hay nada que pudieran hacer.
-¡Pudimos haberte acompañado… apoyado… pudimos haber hecho algo! ―ella gritó, rompiendo la imagen que Kai tenía de ella.
-No, nosotros no somos así, ―Susumu respondió mientras tomaba una mano de su esposa y la colocaba sobre la mesa poniendo su propia mano sobre la de ella.
-No, no lo somos. ―Kai terció, ahí estaban otra vez, las dos tazas y el vaso.


Te para 3


La mujer retiró su mano y se llevó ambas a la cara para contener las lágrimas que seguían forzando su camino fuera de sus ojos, su esposo dejó mostrar algunas mientras veía con tristeza a su hijo que no podía derramar una sola, y que incapaz de saber que más hacer bajaba la vista viendo con insistencia la superficie de la mesa.

Tomó su taza y dio otro sorbo, quizá no era el modo adecuado de dar una noticia así, pero era lo que él quería. Él quería estar con ellos del único modo en que parecía posible: lejos de la casa que ya no compartían, robándoles tiempo de las actividades de las que se habían hecho para llenar los vacíos obligados, y minimizando la gravedad del asunto, les informaba porque pronto comenzaría a retirarse de su participación en las empresas y no quería que creyeran que lo hacía por alejarse de nuevo de ellos.

-Tomen, su té se va a enfriar, ―hizo una pausa obligado por el nudo en su garganta, ―bueno, él tuyo no lo hará Kai, el tuyo se ―otra pausa, ―el tuyo se calentará. ―Rió y comía más pastel, ―pidan pastel… está bueno. Acaben para poder irnos a casa. ―La última parte fue más forzada, con un hilo de voz que se escapaba de sus labios.


Un sorbo de distracción
buscando descifrarnos
No hay nada mejor, no hay nada mejor
que casa



-A casa… —su madre le completó, —¿irás a qué casa?

Susumu la miró unos segundos, —Sólo por hoy, ¿vamos a casa? —preguntó a su esposa mirando a Kai. Haciendo referencia al hecho que cada uno vivía en casas distintas, y había pasado mucho tiempo desde que habían coincidido una noche en una sola.
Los tres bebieron en silencio apenas roto por los gimoteos de la madre de Kai, las exhalaciones que Kai hacía al respirar con profundidad, y el golpeteó de la cuchara mientras Susumu acababa su pastel.

La camarera se acercó cuando adivinó habían acabado y no pensaban ordenar más, llevó la cuenta como fue pedida y después la charolita con la tarjeta una vez que hizo el cobro.


Te para 3


Los tres dejaron el establecimiento siendo seguidos por miradas curiosas al ver a la madre llorando, al padre a punto de hacerlo y al otro demasiado sumido en sus pensamientos como para prestarle atención a esas miradas.

Susumu y su esposa abordaron un carro, Kai lo hizo con el otro. Ellos conducían delante mientras él los seguía de cerca, en una intersección los dos carros quedaron lado a lado, justo en ese punto se dividían sus caminos para ir a sus distintas casas.

Padre e hijo intercambiaron miradas, ninguno estaba seguro si irían juntos. El mayor llamó al otro a su teléfono.

-Gracias por escuchar lo que tenía que decir, ―hizo una pausa, ―sé que esto no cambia nada, pero quería que lo supieras.

Kai sólo asintió, confirmando y despidiéndose. Miró el carro de su padre irse a la derecha, él debía irse a la izquierda pero dudó… entonces después de pensarlo un momento giró a la derecha yendo detrás del auto azul de su padre.

No hay nada mejor, no hay nada mejor que casa

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No puedo decir mucho. Sólo que tenía que hacer algo con esa letra, y a cinco meses de su situación médica, y otras pérdidas en el año.
Ah sí... una cosa, esto es como precuela a 'Duelo' en ff.net o 4to. Duelo Aquí... sí, las cosas parecen no progresar.

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