11.3.10

Jueves/11 de marzo

Antes de que se lea esto, para mayor referencia (de ser posible) que se cheque esta imagen
http://alejandroalvarez.files.wordpress.com/2009/04/mapas-madrid-metro-underground.jpg
Es del metro de Madrid, y la línea 1. Sólo para hacer el 'seguimiento' si no, no es tan indispensable.

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Jueves/11 de marzo


Es el tercer día que lo encuentra, le tomo los dos anteriores definir la hora en que él sube en la estación de Tetuán. Ya ha coordinado su rutina mañanera para estar ahí, puntual… como él.

Se coloca en el lugar que ha ocupado desde entonces, la puerta al fondo del vagón desde donde lo puede ver subir, avanzar hasta el lugar que él también parece haber elegido como propio. Cuando él se sienta, ella de inmediato gira la mirada para que no se de cuenta que lo ve, por dentro ella reza que la note. Que se cuenta que por tres días ha estado en el mismo lugar, a la misma hora…

De reojo se da cuenta que ha volteado a la ventana ignorando todo lo que pase o deje de pasar en el vagón del tren. Como no creyéndolo, su cabeza se gira casi impulsivamente para verlo directamente y comprobar que, en efecto, ya no ve al interior. Baja otra vez la cabeza ante semejante decepción.

Otra vez.

Y así como él no volteó a verla, ella no hará más por atraer su atención mas que lanzarle esporádicas miradas ansiosas para que él la mire.

Y tampoco pasa.

Otra vez.


Si fuera más guapa y un poco más lista
Si fuera especial, si fuera de revista
Tendría el valor de cruzar el vagón
Y preguntarte quién eres.


El fin de semana se ha cruzado, ahora lunes, ella está ansiosa otra vez. Ha llegado temprano a la estación Bambú que es la más cercana a su casa, y espera por el tren indicado, el que pasará exacto a las 7 en Tetuán. Sube y ve por la ventana, en el leve reflejo de ésta se acomoda el cabello y retoca su maquillaje, cierra los ojos un poco y sonríe emocionada.

Han dejado Valdeacederas unos minutos atrás y una voz femenina anuncia el pronto arribo a Tetuán. Retira pelusas imaginarias de su blusa para limpiar disimuladamente el sudor de sus manos.

Las puertas se abren, se cierran y el tren reinicia la marcha; a diferencia de las otras veces, ella se gira completamente como si esperara por alguien que conoce, aunque no es cierto. Mira entusiasmada a los usuarios que suben, pero no lo ve, busca ansiosa a los que ingresaron por la otra puerta y lo nota enseguida.

Su altura, su piel pálida, el inusual color de su cabello, su gesto cansado y molesto… un audífono en la oreja derecha y el otro colgado alrededor de su cuello, la edición de ‘El País’ en su mano derecha y una pequeña maleta (seguro de computadora) en la izquierda…

Claro que lo nota enseguida, pero aunque él se sienta en el sitio de siempre.
No le mira ni por equivocación.


Te sientas en frente y ni te imaginas
Que llevo por ti mi falda más bonita.
Y al verte lanzar un bostezo al cristal
Se inundan mis pupilas.



Ya han dejado atrás las estaciones Estrecho, Alvarado, Cuatro Caminos…
…Ríos Rosas, Iglesia…
…Bilbao…
…Tribunal…

Siete estaciones en los que ella apenas y ha conseguido ponerse bajo control y no salir huyendo, se ha pasado algunas veces las manos por la cara, un hábito que de pronto encuentra difícil de quitarse.

Pasan Gran Vía y ella se decide a levantar una vez más la vista; todo el feliz ritual que realizó en la mañana eligiendo ropa, arreglándose más esmeradamente, un peinado que vio en un espectacular y que sirvió de nada, la hacen sonreír divertida.

No la vio, pero no le importa.

Estación Sol, ahí un hombre que va al lado de él le pregunta la hora.
-Siete cuarenta de la mañana.- Un acentuado hablar le lleva a verlo.

El hombre agradece y se levanta, él asiente y ve salir al hombre por la misma puerta en la que ella ha estado parada. Las puertas se cierran y ella sigue con la mirada puesta en él, él ve las puertas y luego a ella. Se miran unos instantes.


De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro me hago pequeñita
Y me pongo a temblar



Cuando él ha retirado su mirada, ella se gira y parece querer hundirse en la esquina en la que ahora se coloca. Apartándose de las puertas ya que han llegado a la estación de Antón Martin, él baja ahí.

Ella sigue hasta Alto del Arenal, donde baja y no sabe como sentirse, si feliz por que la miró plenamente, tonta por no haber podido responder de otro modo que cerrando los ojos o… satisfecha, que ya hubo algo.

Aunque puede tener otra ruta más rápida para llegar al trabajo, elige estar puntual en la estación Bambú, tomar el tren de siempre y esperar por él en Tetuán. Tratar de obtener una mirada, obtenerla y no saber que hacer con ella.


Y así pasan los días, de lunes a viernes
Como las golondrinas del poema de Bécquer
De estación a estación enfrente tú y yo
Va y viene el silencio.



Es Jueves, ella pasó toda la noche en vela armándose de valor a decirle todo. No se arregla tan primorosamente como otras veces, se ha dado cuenta que él no parece ser de los que prestan mucha atención a ese detalle… o a cualquier otro.

Apenas el día anterior supo cuál era su nombre, aún no dejar de sonreír al recordar, que si no fuera por ese gusto (quizá malsano como su amiga dice) de escuchar pláticas ajenas, jamás lo hubiera sabido.

Kai Hiwa… Hiwari… o algo así, pero al menos sabe que se llama Kai.

Al menos fue con ese nombre con el que contestó al ser llamado a su teléfono, cosa que no había ocurrido antes y que además de dejarse seducir por su voz, le permitió escuchar su nombre.

Quizá ni siquiera sea su nombre real, no es español, eso es más que claro; al verle es obvio que ni madrileño, ni español, quizá ni europeo… pero de dónde sea, no le importa. Lo más seguro es que está ahí de paso, quizá trabajo… no tiene facha de turista, el gesto de hartazgo lo delata.

Lo mismo de siempre, ella en la puerta, él en el asiento opuesto.


De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro, me hago pequeñita
Y me pongo a temblar.



-Disculpa, ¿dónde es esto?- su voz de indescifrable acento la hace abrir los ojos de pronto al escucharla tan cerca. Él está a una indescriptible cercanía, ella controla la reacción espontánea de echarse para atrás y pone atención.

Él le muestra un edificio en la fotografía del periódico, -¿Ah?- ella aún no es capaz de controlar su lengua.
-Cerca de la estación Atocha Renfe, no conozco.-
-¿Ah?-

Ella mira cómo su gesto se frustra, frunce un poco el ceño y murmura algo en un idioma que no entiende, -No español, aquí, ¿dónde?- habla un poco más lento, como si de principio ella no le entendiera.
-Si… te entiendo, Atocha Renfe.-
-He visto que usas esta línea, ¿puedes decirme?-

‘He visto’ ella quiere decirle que también lo ha visto, que claro que lo puede llevar a conocer la histórica estación con su jardín botánico y su histórico edificio. –Es el edificio… de la estación Atocha…, saliendo de ella…-aún trastabillando pudo unir su frase, -puedo guiarte si quieres, Kai.- al decir lo último ella abre bastante los ojos y se lleva las manos a la boca.


Y entonces ocurre, despiertan mis labios
Pronuncian tu nombre tartamudeando.
Supongo que piensas que chica más tonta
Y me quiero morir.



Por primera vez quita su gesto molesto, harto… aburrido, y una sonrisa apenas perceptible aparece en sus delgados labios. –Sería bueno, pero tendrá que ser mañana.-
Ella se queda muda de asombro y no consigue responder nada, su mente grita un ‘Sí, mañana.’ -…-
-Aquí a la hora de siempre.- Él le da una última mirada curiosa y esa sonrisa que le ha robado el aliento.
-…mañana- ella susurra cuando él cruza las puertas

Ella ni siquiera se había dado cuenta que ya llegaban a Antón Martin. Se gira para verlo levantar un poco la mano despidiéndose, ella también lo hace y la agita haciendo más efusivo el adiós. Cuando lo ha perdido de vista cierra los ojos, y quisiera gritar, correr, llorar, reír…

Pero se queda con los ojos cerrados, imaginando… imaginando como será mañana.
Ella subirá en Bambú, él en Tetuán.

Ella ya no esperará hasta Sol para tratar de conseguir una respuesta. Él hablará con ella desde que ingrese al tren. Las trece estaciones que los separan de Tetuán a Atocha Renfe serán todo.


Pero el tiempo se para y te acercas diciendo
Yo no te conozco y ya te echaba de menos.
Cada mañana rechazo el directo
Y elijo este tren.



De Tetuán a Cuatro Caminos se preguntarán los nombres, quizá el lugar de vivienda, las ocupaciones… la información básica para conocerse lo mínimo.

De Ríos Rosas a Bilbao, ella le dirá lo apenada que está por el modo en que pasaron las cosas, que no lo hace nunca pero esa vez se le pasó. Él le dirá que no importa, que también la ha visto desde el primer día pero también no suele acercarse a la gente.

De Tribunal a Tirso de Molina reirán por las anécdotas que se contarán, ella sabrá lo que hace en Madrid, él dónde es que ella trabaja y por qué ocupa diario la línea, hasta le confesará que hay otra ruta más rápida, pero le gustaba verlo en el tren.

En Antón Martín, ella (al darse cuenta que no es una persona muy expresiva) le tomará la mano y se acercará, esperando una reacción de él.


Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado
Un día especial este once de marzo.
Me tomas la mano, llegamos a un túnel
Que apaga la luz.



En esa oscuridad que conecta Atocha con Atocha Renfe, ya con las manos enlazadas se susurrarán palabras guardadas por los trece días que llevan viéndose en el tren. Ella reirá y él sonreirá.

Una con otro, lado a lado y juntos ahí dejarán que sus ideas reprimidas de amor se hagan expresar.


Te encuentro la cara, gracias a mis manos.
Me vuelvo valiente y te beso en los labios.
Dices que me quieres y yo te regalo
El último soplo de mi corazón.



Son las siete con treinta siete minutos.

Kai sigue sonriendo por el curioso encuentro con esa chica extraña que notó la semana pasada, su incauto hablar y la posibilidad de tener alguien conocido en la ciudad lo han llevado a arreglar el encuentro del día siguiente.

Empieza a subir las escaleras para salir de la estación y reunirse nuevamente con el grupo ejecutivo con el que ha estado negociando por tantos días, y lo tienen obligado en la ciudad. Escucha un ruido a la distancia, se queda detenido.
Sale sin muchos deseos de saber qué es, pero sabe que es más seguro estar en espacios abiertos, ve a gente que señala a lo lejos una columna de humo.

Primero un silencio estremecedor.

Los habitantes se han detenido, el tráfico lo ha hecho… pareciera que también el tiempo.
Otra explosión los pone en movimiento.
Gritos y más humo.

Por la poca orientación que ha podido obtener del lugar, deduce que la siguiente estación está en esa dirección. Un solo impulso lo lleva a correr sin pensar hacia allá.

Pero es detenido (al igual que la multitud que se dirige ahí) por un cordón de seguridad, mas ríos de gente que corren en dirección opuesta gritando, llorando, algunas con hollín en la cara, sangre o el gesto de histeria colectiva.

Tiene que retroceder y va con el socio, que lo recibe preguntándole desesperado si se encuentra bien, Kai asiente.

-¿Qué pasó?-
-Explosiones en el tren de la Estación Atocha…-

Ya no habrá encuentro para el viernes 12.

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Canción: Jueves/11 de marzo
Grupo: La oreja de Van Gogh
Disco: A las cinco en el Astoria

Una especie de 'In memoriam' hoy que se celebra un aniversario de dichos atentados en Madrid.
Se supone que iba a haer una historia de amor (si, aunque no se crea) de otro estilo, pero encontré esta canción, y viendo la cosa tan linda que cuenta, más mi impulso por escribir algo... romántico, hela ahí.