18.6.10

El viaje del elefante

Max debe llegar a casa pronto, Judy lo espera para la cena que celebra el cumpleaños de su papá, si bien lo que Max lleva no es alguna clase de ingrediente secreto para la cena o el pastel infaltable en toda fiesta, sí es un detalle importante y mamá lo quiere en casa antes de que su esposo llegue.

El elefante y Max caminan aún con mucho tiempo de ventaja, y luz natural que le acompañe en su regreso. Aprovecha para pasearse por el centro comercial buscando un disco, ha tenido ganas de comprarlo desde la semana pasada pero sólo hoy cree tener el tiempo (y la disposición) para hacerlo, repasa los anaqueles y lo encuentra, lo toma, lo revisa y pregunta a una dependienta si en verdad es la gran cosa como escuchó. Ella (como toda vendedora que se aprecie de serlo) le dice que sí, que será sin duda el éxito del momento, que aproveche porque son los últimos, el rubio estadunidense lo duda porque aún hay muchos en existencia, mueve un poco la cabeza y se pasea por la tienda de discos con el objeto compartiendo mano con el elefante, regresa al anaquel donde están los demás discos y lo deja, da otro paseito y lo toma, al final paga por él y agradece sonriendo.

Se dispone a ir a casa, decide que caminará para aprovechar el tiempo y no llegar antes con el riesgo de que mamá lo ponga a ayudarle, no lo detesta pero se lo ahorra tanto como puede. Al pasar por el frente de la tienda de autoservicio, un conocido bien conocido lo llama.

-¡Max, que sorpresa!- un chino de cabello negro lo alcanza, agitado por correr con tres bolsas en la mano.
-Rei, ¿qué haces con eso? ¿compras tu despensa del mes?-
-No, Mao está de visita, quiere preparar algo especial para la cena.-

Max sonríe un poco insinuante y asiente, seguramente la situación es incómoda para Rei, lo ayuda hasta la esquina donde sus caminos se dividen y le desea suerte. El chino agradece y cada uno sigue su camino.

Max sabe que Rei llegará al departamento, Mao lo esperará impaciente, le preguntará la razón de su tardanza y le dará órdenes a diestra y siniestra hasta que un posible espléndido platillo quede arruinado por la agresiva guía de Mao, entonces Rei reparará todo cuando tome el control y cuando sean casi las once de la noche y se sienten a cenar, la comida pasará a segundo plano porque los dos se reconciliarán con un beso y una película que no verán.

El camino sigue, diez minutos pasaron desde que dejó a Rei, ahora camina por el parque que usa para cortar camino hacia la escuela, sólo que en este caso es para alargar un poco más la ruta. El elefante empieza a pesar pero no quiere llegar pronto a casa. Mientras cruza un pequeño prado arbolado se lleva una sorpresa al escuchar el iracundo grito de Hiromi, curiosamente es el nombre de Takao el que sale de la boca de la castaña. Al darse cuenta de la asociación, Max se detiene y busca por el par.

-¿Chicos?- el estadunidense está estupefacto, así que este es ese incómodo secreto que esos dos guardaban, si fuera tan espectacular el elefante caería de sus manos por la sorpresa llevada.

Pero no es la gran cosa.

-¡Max!... Max… ¿Max?- Takao brinca y trata de alejarse lo más que puede de Hiromi, ella trata de ocultar (bastante en vano) una bolsa de un reconocido restaurante de comida rápida detrás de un tronco.

-¿Qué te trae por aquí?-
-Voy a casa, los veo después.-
-Si… después.- Hiromi lo apura y agita la mano exageradamente tratando de verse de lo más natural.

Max acelera el paso, quiere salir de ese embarazoso momento tan pronto como sea posible, el elefante bien sujeto, hasta parece abrazarlo.

Aunque (tétricamente) sabe lo que pasará, habrán arruinado la comida al esconderla tan aprisa. Takao se quejará, Hiromi se quejará, ambos se gritarán, harán un berrinche y pelearán. Como acordaron que esa reunión (jamás la llamarán cita) acabaría hasta la noche, regresarán al restaurante, juntarán lo poco que tengan y comprarán más comida, pero será tan poco dinero que sólo les alcanzará para un paquete completo. Con su hamburguesa, papas y refresco únicos irán de nuevo al parque, y resultará felizmente que compartir la comida y la bebida será más agradable que tener cada uno la suya. Así que cuando la noche llegue y regresen a casa, irán tan felices que ni cuenta se darán que se toman de la mano y ya no pelean.

El parque está por acabarse. La organización de las áreas en ese lugar parece ahora más pequeña que nunca, el área verde, la de reuniones y eventos, la temática y la lúdica ocupan un enorme espacio, pero Max siente que es apenas un minúsculo camellón, mira su reloj y el tiempo aún se acumula en favor, o podría decirse más bien que en su contra porque él quiere que vaya más aprisa para llegar a la hora justa, no con mucha antelación y terminar cocinando… detesta cocinar, no comer claro… ¿quién detesta comer? Quizá los anoréxicos, pero él en definitiva no es anoréxico.

Se sienta a hacer tiempo, repasa al elefante para confirmarse que está intacto, sin duda lo está, hasta pareciera que está contento con el paseo, pero es una misión encomendada por mamá. Y Max sabe que Judy no confía en mensajeros, por eso le dio ese traslado a su hijo.

Ha llegado al ala lúdica, donde los pequeños niños juegan y hacen otras actividades que estimulan sus ingenios… creatividad, todo eso que la teoría pedagógica dice es bueno para el desarrollo infantil.

-¿Max?- otra voz pregunta entre sorprendida y… no, sólo sorprendida.

Max voltea otra vez, no deja de preguntarse que tiene ese día que todos se encuentran con él, y ve a Kai no muy lejos de él. Pone al elefante al lado de la banca, y espera que el otro se acerque.

-¿Qué haces aquí?- no es la última persona que esperaría ver ese día (siendo que ya encontró a los otros tres), pero es inusual verlo en el parque, a esa hora del día y… en un lugar donde hay niños pequeños.

Kai no tolera a los niños pequeños.

-Labor social.- Kai dice sin rodeos, la cara confundida del rubio exige mayor explicación, -El día de apoyo a la comunidad de las empresas.-

De acuerdo, eso dice más pero no explica nada. -¿Y tú que haces aquí? ¿no odiabas a los niños?-
-Era algo que tenía que hacer.-

-¡Señor, las barricadas y las tres trampas están listas, señor!- un pequeño de no más de diez años aparece en una perfecta posición de firmes y haciendo un curioso saludo que se antoja militar.
-De acuerdo, organiza a la tropa, dile a Miss Tomoyo que estamos listos. Voy para allá.- Kai dice al niño.
-¡Si, señor!- y el pequeño se va corriendo.
-¿Qué fue eso?-
-Si era algo que tenía que hacer, lo haría a mi modo. ¿Por qué no te unes?- Kai ofrece poniéndose una careta y mirando a un grupo de niños que llaman por él.

Gotcha.

Al llegarle el razonamiento, Max toma al elefante por su seguridad y sonríe, -No, gracias, es el cumpleaños de papá, voy tarde.-

Kai asiente, se pone la careta y toma el arma, se despide levantando el arma mientras camina hacia el grupo de niños que lo aclaman conforme se acerca, Max sonríe, eso si no lo esperaba pero sabe bien la razón. Si Kai tenía que hacer labor social, siendo uno de los representantes de las empresas, y no podía salirse de esa, (como dijo) lo haría a su modo.

Aunque no sabe que clase de apoyo a la comunidad es enseñarle a un grupo de escolares tácticas de guerrilla, sabe que esa pobre Miss Tomoyo tendrá el peor día de su vida. El ejército de Kai estará tan bien organizado que ni un grupo de adultos podría salir victorioso. Kai impulsará tanto como pueda las ansias locas de esos niños, encausando su energía desbocada para un fin quizá práctico. Los niños aclamarán a su amigo y le pedirán hacerlo otro día, pero Kai ya habrá tenido su dosis anual de contacto con infantes y prometerá que lo repetirán, pero no dirá cuando.

Max se queda sólo un momento a ver la masacre que ocurrirá, pero en cuanto las bolas de pintura empiezan a salir por doquier y pequeñas bandadas de niños salen corriendo entre llantos y gritos, sale disparado.

Ha llegado al punto donde faltan cuatro cuadras para su casa, donde la tienda de comestibles hace esquina con la lámpara del alumbrado público que dejó de funcionar dos semanas atrás cuando una pareja de estorninos decidió anidar ahí. Tiene un poco de hambre y aún faltan quince minutos, decide comprar un par de chocolates que le acompañen en el agonizantemente lento camino de regreso (de ningún modo llegará antes de la hora que él mismo se prometió).

Saluda amablemente a la señora dependienta, que lo mira curiosa cuando se toma su tiempo para elegir entre las tres ofertas de chocolate que hay. Cuando al fin se decide por una, pregunta por un par de productos que sabe no venden ahí, pero no le gustará caminar tan lento que haga pensar que se convirtió en el elefante que lleva, aunque los elefantes no caminan lento pero si el cornaca no es bueno, el elefante hará lo que quiera y caminará lento aunque lo esperen en un sitio, al elefante no le interesa la preocupación humana, en su mundo lo más que cabe es (quizá) la voluntad de su cornaca.

Paga y se despide, abre uno y guarda el resto de los chocolates en la bolsa que contiene el disco, se lo acaba cuando falta sólo cuadra y media, dobla la envoltura metálica y empieza a maniobrar para obtener otro.

Resulta inusualmente fácil, considerando lo mucho que le costó acomodarse para ayudar a Rei y que no tirara el disco y el elefante.

¿Por qué ahora es tan fácil?

El disco está bien seguro en su bolsa, y…

¿Y el elefante?

Se detiene de momento, abre bastante los ojos, la sorpresa mayúscula que no le había llegado en todo el día… ni con la inusual compra de Rei, el extraño encuentro entre Hiromi y Takao o la bizarra labor social de Kai, lo golpea ahora.

¡No está el elefante!

Da un giro de ciento ochenta grados y emprende la carrera, repasa en la cabeza dónde pudo haberlo dejado… pasa por la tienda y pregunta esperando una respuesta afirmativa, la mujer le contesta que no… que no llegó con ningún elefante. Entonces confirma su peor temor.

El elefante… en la banca… en el parque…

Solo…

Con un ejército de niños enloquecidos… armados con artefactos potencialmente destructivos… y un líder que no conoce la piedad.

Los siete minutos que le quedan para llegar a casa quisiera que fueran cuarenta, tiene que ir corriendo al parque, tomar al elefante con la esperanza que siga sano y salvo. Lo que le tomó diecinueve minutos ahora son cinco, pasa justo en medio de lo que parece una escena de ‘El Señor de las Moscas’ versión los Simpson. Hay niños gritando, embadurnados en pintura multicolor, una joven profesora al borde de la histeria sobre un árbol tratando de calmarlos… pero eso no le interesa, su preocupación por el elefante crece.

Llega a la banca… no hay elefante, busca alrededor ansioso, los niños ‘prisioneros’ yacen cerca, a punto de volverse loco al imaginar el destino del elefante pregunta tan calmado como puede a uno si no lo ha visto. El niño niega y otro levanta la voz.
-¡Los prisioneros no hablan!- Max voltea al niño, no puede evitar sonreír (quizá de gracia, quizá de miedo) al darse cuenta que es el vigía que cuida de los ‘prisioneros’.

-¿Tú no lo viste? Estaba en esta banca.-
-Lo he visto señor, y me fue ordenarlo mantenerlo bajo resguardo hasta su regreso.-

La alegría desbordada de Max al recibir intacto al elefante sobrepasa su miedo de lo que el pequeño experimento de Kai dio como resultado. Al menos debe recordar agradecérselo después, ahora se limita a hacerlo con el niño.

Con el elefante bien seguro con él, sale de regreso a su casa, ya sólo queda un minuto pero su mamá siempre le ha dado una tolerancia de cinco minutos. Respira hondamente, ve los ojos negros del elefante y asiente. –Lo vamos a hacer.-

La jornada lenta y casi turística del elefante, del centro comercial al parque fue de una hora con veinte minutos, ahora esta carrera por llegar del parque a la casa de Max será en el tiempo récord de seis minutos.

Llega con el alma en un hilo y los pulmones olvidados en algún lado del camino, sus piernas tiemblan y su jadeo apenas y le deja espacio para mantenerse respirando en los últimos cinco escalones… abre la puerta y ve a su mamá levemente molesta, pero sonriente al verlo llegar con el elefante.

-Ya era hora Maxie. Pensé que se te había olvidado.-

Max ya no tiene ni respiración par contestar, pone el elefante en las manos de su mamá… llegado a puerto seguro, va a su cuarto a cambiar su ropa ahora sudada, y a descansar tanto como pueda hasta que Judy lo llame.

La llamada llega cuatro minutos después, sus músculos siguen tensos y adoloridos, sus pulmones parecen haber regresado ya y tratan de relajarse para no complicarle la respiración. Se ve en el espejo, contento con su aspecto que no denota la carrera que dio, y lo suficientemente presentable para darle la sorpresa a su papá.

Son las siete de la tarde/noche, la tienda familiar está siendo cerrada, Judy y Max escuchan la cortina del local caer y los pasos del señor Mizuhara subiendo. La puerta por ser abierta, y el grito de ambos que con un ‘¡felicidades!’ le abrazan y saludan.

El padre de Max no lo cree y recibe gustoso las felicitaciones de su esposa e hijo, Judy orgullosa muestra el banquete que preparó y el protagonista de la mesa, el elefante esperando por su nuevo dueño.

Max ve con cierta nostalgia como su papá toma cargo del elefante, a quien ya comenzaba a tomar cariño después de todo el viaje juntos, pero el elefante estaba destinado a ser el regalo de su papá, él era sólo el mensajero. Su padre lo mira emocionado, alaba la calidad del detalle y la pintura a mano, esa escultura ocupará el punto central junto a la jirafa, en su colección de figuras de animales hasta el próximo año, donde quizá sea ahora un manatí.

Y así acabó el viaje del elefante, de la tienda de regalos hasta su nuevo hogar en la casa Mizuhara.

Pero como no toda historia es feliz…

Mao estallará la mañana siguiente, le gritará y peleará con Rei, él tratará de contentarla con una cena pero ella se negará a quedarse, yéndose a dormir a casa de Hiromi.

Hiromi se verá comprometida con su amiga (no es propiamente su amiga pero cree en eso de la solidaridad femenina) y cancelará la cita con Takao de esa noche, Takao fingirá ser comprensivo pero dudará si la relación con Hiromi sería posible, y pedirá consejo a Kai.

Kai no tendrá ni cabeza para la lejanísima posibilidad de ayudar a Takao, tendrá que salir de urgencia de Japón cuando su teléfono y buzón se saturen de reclamos de padres indignados por la ‘inofensiva actividad’ que propuso, porque los niños que jugaban a ‘los encantados’ de pronto jugaban a la Guerra de Afganistán.

El elefante le hará compañía a la jirafa por ocho meses, cuando comience el noveno una pelota perdida de un juego de tenis en la sala le dará un final inesperado.
Y como no todo tiene que ser malo.

Max será feliz haciendo otro viaje a la tienda de regalos para hacer el encargo de un nuevo elefante, que hará un nuevo viaje… de ahí, a la casa Mizuhara.

Otro viaje que no podrá ser ya contado.
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Hoy murió José Saramago.
Muchos dicen que era sobrevalorado, pero sin duda de mis autores de cabecera.
'El viaje del elefante' fue su penúltimo libro, lo leí hace poco y es de los más 'sencillos' (dada la línea no tan enredada que tiene), aparentemente sin tantas pretenciones, pero entrañable como tantos. Y dio pie para esta pequeña historia que en nigún sentido calificaría de homenaje (estoy a millones de kilómetros de siquiera intentar colocar a su lado).
Pero fue un suceso que no me esperaba, y quise hacerlo para recordar el día.

A la memoria de un grande.
José Saramago (1922-2010)

6.6.10

Nuestro sucio secretito III

3. Ese sucio secretito

El sudor resbalaba de su cara, su pecho subía y bajaba aprisa, la dilatación de sus ojos denotaba su preocupación, la mirada nerviosa alrededor… las luces de la ciudad en esa cara pálida y la luna reflejada en esos ojos azules, su nombre susurrado desde esa boca casi perfecta mientras el cabello rojo se agitaba…

-¿Qué haces?- Yuriy grita, -¿vas a quedarte ahí?-
-No, no, ya voy- Boris exclama de pronto sacudiendo la cabeza para sacarse esas ideas de la mente consciente, en el inconsciente siempre abundan.

Corre aprisa a unírsele fuera de la estación del metro, las hordas de japoneses entrando casi a presión a los (así lo parecen ahora) minúsculos vagones del tren les han impedido el paso. Ya han conseguido orientarse lo suficiente para llegar en taxi o autobús.

-Me quieres recordar otra vez por qué tengo yo que ser el cebo.-
-Porque fuiste tú quien ideó llevar las películas, fuiste tú quien debía encargarse de ellas, fuiste tú quien no se acordó a tiempo… y me debes una, da gracias que no te lancé a las vías del metro cuando pude.-

El mayor sonríe nervioso, -No seas bromista, sé que no lo dices en serio.-
-¿Tú crees?- Yuriy le mira directamente.
-¿Qué harías sin mí?-
-¿Por dónde empiezo?-
Boris bufa y agita las manos para dar por acabada esa discusión, -De acuerdo, de acuerdo, entonces déjame ver si entiendo bien.-

El pelirrojo se lleva una mano a la cabeza y suspira, -Aquí vamos de nuevo.-
-Carajo, cállate ya cabrón, ¿no?-

Yuriy gira los ojos y asiente, -Tú…-
-Yo esperaré a Kai en el punto acordado y lo atrasaré tanto como pueda, tú irás al departamento y sacarás los videos, después te veré en el hotel.-
Yuriy asiente. –No es tan difícil, ¿no?-

-Claro que no, Kai es un receloso investigador, yo soy su informante y tú mi amante que es un peligroso terrorista. Nos veremos a escondidas para decirle todo lo que sé de ti y dónde harás tu próximo ataque, pero en realidad es una trampa, tú estás en su mismísima casa y le plantarás una bomba. Después nos iremos a celebrar.- Boris dice pensativo.

Yuriy arquea una ceja, -Ah… sí, lo que quieras, mientras no se te olvide.-
-No, no lo hará…- dice insinuosamente.

Yuriy suspira una última vez, el plan está hecho, sólo falta esperar que la pieza clave se dé, y así, puedan llevar a cabo su ‘operación rescate’ u… ‘operación-no-queremos-ser-humillados-por-esos-mocosos-por-nuestros-gustos-raros’… ehm… sí, ‘operación rescate’ es mejor.

Toma su teléfono, ve a Boris y suspira, -Aquí vamos,- escucha que el tono de llamada entra, suena una y dos veces.

-Da?- la misma voz aburrida, -¿qué quieres ahora?-
-¿Por dónde estás?-
-Estoy en el centro, ¿por qué?-
-Perfecto… Bueno verás, íbamos al hotel… pero el idiota de Boris terminó gastándose nuestro dinero, nos quedamos varados en el jardín Riku… eh…- se escucha un murmullo del otro lado de la línea, -Rikugo-em-
-Rikugi-en, idiota.- Kai aclara.
-Sí, sí lo que sea, ¿entonces?-
-¿Entonces qué?-

Yuriy se toma las cosas con calma y tiene que tragarse el orgullo, -¿Podrías venir por nosotros? Estamos muy lejos del hotel y no tenemos con qué regresarnos.-
Escucha a Kai reír, -Bromeas ¿no?- y cuelga.

Maldito malnacido, Yuriy sisea y vuelve a marcar, -Escucha ya sé que fue malo lo que pasó en tu departamento… y lo que dijimos cuando estuvimos con Kinomiya, y lo que…- Boris le da una patada y le hace reaccionar que no está ayudando a su causa, -ah… bueno,- se soba el golpe, -¿puedes venir…?-

-…- Kai vuelve a colgar.

-¡Maldito idiota! ¡volvió a colgarme! A este paso me voy a quedar sin crédito.-
Boris le arrebata el teléfono, -Dame acá, va a llegar a su casa y estaremos bien jodidos, así que déjamelo a mí.- Boris marca y espera a que Kai contestara, -Escúchame bien p…-

El pelirrojo mira el gesto del más alto, -¿Qué?-
-…me colgó.-

Yuriy cierra los ojos y respira hondamente, marca con calma, antes de que Kai pueda dar el ‘da’ ‘bueno’ u ‘¿qué diablos quieres?’ se le adelanta, -Kai, se está haciendo tarde y no se ve un vecindario muy seguro, te estoy pidiendo por favor que vengas por nosotros. Si lo quieres, Boris puede pagarte del modo en que tú quieras.- Ríe por lo bajo al ver la ira en los ojos de Boris.

-¿Tienen miedo de lo que puedan hacerles? Yo tendría miedo de lo que ustedes pueden hacerle a la gente de por ahí.-

Yuriy sonríe, -De acuerdo Kai, digamos que no nos dejas de otra, tendremos que buscar el dinero.- Se detiene un momento para acrecentar la tensión, -Imagínalo así, hay gente que te conoce, y que nos conoce, ¿qué dirían las noticias de mañana que un par de amigos del famosísimo Kai Hiwatari estaban asaltando transeúntes? ¿qué dirán de la gente con la que te juntas?-

-¿Y crees que me importa?-

-…da.- Yuriy sonríe al escuchar que el otro ha colgado. –Muy bien, te vas al parque, yo al departamento. Sigue en el centro, eso nos da buen tiempo, por favor no te vayas a perder.-

-¡Deja de tratarme como un retrasado!-
-No me dejas de otra.-

Boris entrecierra los ojos y antes de que el más chico pueda reaccionar lo ha pegado contra el muro que tiene a lado, -Y si te trato así,- le murmuró de cerca empujando su hombro hacia su cabeza más de lo que el otro podía tolerar, -¿qué dices?-
Yuriy levanta la mirada tratando de disimular el sonrojo, -De acuerdo, de acuerdo… tú al parque, yo al departamento. ¿Nos vamos?-
-Estás seguro que Kai vendrá, ¿cierto?-
-Si-
-Aunque claramente mostró que no le importaba lo que nos pasará, ni lo que dijeran si nos poníamos a asaltar gente.-
-Si-
-¿Entonces? ¿acaso le importa lo que nos pueda pasar?-
-No seas idiota, su orgullo le impide ignorar la opinión pública. ¡Anda, estamos perdiendo tiempo!-
-¡Ya verás la celebración que nos espera!- Boris asiente y echa a correr.
Yuriy lo ve alejarse y sonríe, -Si, ya verás,- y también se va corriendo.



¿Qué que pasó?
¿Kai en verdad los recogió? ¿…qué eran esos videos?
¿Cómo celebraron esos dos?



Kai llegó al parque Rikugi-en, como Yuriy había dicho, Kai no iba a tolerar ese peso social con ese par de lastres comportándose como vagos, aunque en su opinión lo eran, maldecía el hecho que su apellido tuviera que depender tanto de la reputación pública en esa ciudad… si no hubiera estado ahí… él mismo hubiera ido a ahogarlos en un lago y hacerle un favor a la sociedad.

Pero le importaba.

Y fue al parque, resultó que se encontró sólo con Boris, preguntó por el pelirrojo pero el otro se mostró sorprendido al no verlo, Kai se vio obligado a ayudar a al otro a buscarlo. Cuando no lo encontraron y él se hartó de buscar, no le quedó de otra que llevarlo consigo, podía ser peor dejarlo ahí solo sin Yuriy para ponerlo bajo control, ya no serían solo cargos de asalto… podía que pasara a abuso y asesinato. Mejor llevárselo.

En el camino Boris insistía que no se preocupara, que Yuriy era más habilidoso y no habría problemas, eso Kai no lo discutió.

Llegaron al departamento y Boris vio las luces apagadas, agradeció el favor y dijo que se iba al hotel, Kai le explicó que no se hiciera tonto y esperara por Yuriy, ‘ahora sí te vas a perder’ Boris lo maldijo pero no pudo decir que no. Si empezaba a levantar sospechas, y Yuriy no había acabado, su teatrito se iba a derrumbar, así que accedió muy a su pesar.

Al entrar y encender las luces… el mundo de Boris se vino abajo.



-¡Ah! ¡deja de hacer eso! ¡duele por si no lo has notado!-
-Bueno, a mi no me duele. Además, es divertido hacerlo.-
-Blyadischa! Dalbaiyob! sosi moi hui zuka!-
-Esa boquita, ¿no te he dicho que moderes lo que dices?-
-¡JO-DE-TE MALDITO CABRÓN!-
-Ah, Boris… no sé ni porque me molesto, ¿a poco estás enojado?-
-No idiota, si vieras como me encanta pelearme a golpes con ese bastardo de Hiwatari y que me eché de su casa por las escaleras, es uno de mis hobbies favoritos.-
-¿De qué te quejas?-
-Juro que si no fuera por que la necesitas para muchas cosas, te arrancaba la cabeza.-
-Envidioso, yo si la uso para pensar, ¿si no como fue que te engañé?-

Boris se va poniendo rojo poco a poquito, pero no por sonrojo de… bueno, podría ser vergüenza o algo mas… sino de coraje, entrecierra los ojos y avienta al pelirrojo fuera de la cama. –Vete al diablo.-

Yuriy no le grita, sólo se levanta y ríe, no está enojado, ya tuvo su venganza y están a mano, -¿Por qué? Esta es la parte que más te gusta, ¿no?- se trepa otra vez a la cama.

-De la película o de otra cosa.-

Yuriy deja que las manos del otro den su respuesta, al final todo salió bien…



Yuriy rescató las películas a tiempo y se vengó de Boris por la mala pasada en el centro comercial. Ese par había cumplido ante la amenaza de Kai: ‘Si cuando regrese hay rastro en esta habitación de ustedes y ese colchón’ Como Yuriy dijo, Kai no quería el colchón en la habitación, así que lo dejaron en medio de su sala con un enorme letrero ‘colchón en venta, muy usado…’

¿De qué otro modo podía reaccionar Kai? ¿con quién se iba a desquitar?

La pálida piel de Boris muestra un patrón de moretones bastante notorios y una mejilla que de tan morada e hinchada parece que trae una enorme uva en la cara, claro, Kai no salió tan bien librado, pero teniendo de ventaja que era su casa, aprovechó todo lo que tuvo a la mano, tendrá que comprar un nuevo equipo de sonido, deberá ir de nuevo a Perú para reponer esas esculturas rotas… y seguro usará lentes oscuros por una semana, sólo para ocultar ese ojo morado.

Yuriy sonríe y Boris le imita.

Y así acaba su catorce de febrero, uniéndose a la orquesta de quejidos, jadeos y gemidos de ese hotel barato que ocupan…

Ah… claro… ¿y las películas?

No… no eran oscuros videos del más extremo sexo, ni siquiera del porno más light… jamás se avergonzarían de ello, de hecho abundaban en su casa y los veían sin tapujo en cualquier lado…

Sino… un fetiche compartido, a Yuriy le hartaban las enredadas fantasías que Boris ideaba, al mayor llegaba a preocuparle (por extraño que pueda sonar) las (cada vez) más arriesgadas situaciones para tener intimidad. En eso no coincidían.

Mientras que unos necesitaban porno o hasta documentales naturalistas para satisfacer sus filias y obtener el nivel necesario para la acción, este par… veía películas infantiles.

Momento, no, no es un par de pedófilos que se metían a funciones infantiles a molestar niñitos, jamás se permitirían ser descubiertos en esa vergonzosa situación, no, sólo tenían afición por animación cuasi inocente y feliz, sus videos iban de casi todas las obras habidas y por haber de la casa Disney.

Y mientras veían (o escuchaban) a la sirenita cantar con un pez, ellos hacían su propia escena feliz.

Después de todo, para un par de revoltosos y con tendencias todo lo contrario a la buena moral y principios civiles, ¿qué cosa podía ser considerada como sucia?

Sólo ese sucio secretito que seguía a salvo.
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¡Acabé!
Ah... sí, nada que ver con lo que he hecho, pero había que acabarle como había comenzado.
En verdad, no son pedófilos, pero hay filias de todos los tipos, la de ellos sólo es distinta.
Saludos!