23.2.15

Azoociaciones IV

Azoociación número cuatro.
Camaleón
¿Qué hay más dinámico y multifacético que un camaleón? Quizá la jibia, pero ahí se habla de un pez que en ocasiones no puede controlar la explosividad de sus colores y terminan siendo su perdición; lo que podría pasar con un camaleón ciego, pero ahora no es el caso. Aunque mas de uno dirá que éste bien puede estar ciego.
Depende de su color para pasar inadvertido para la presa y el cazador, pero también para sobresalir de entre otros de su especie y atraer quizá atenciones o pareja, lo que sea… o pasa completamente desapercibido cuando debe o es la explosión de colores más grande del lugar cuando lo necesita (o quiere).
-¿Qué dicen chicos?- Kenny esperaba las animadas respuestas de sus amigos, no se hicieron esperar. Tyson, Hilary y Max fueron los más escandalosos, Rei no se alegró tanto sorprendiendo a mas de uno.
Pero nadie preguntó la razón, simplemente se despidieron momentáneamente para alistarse en ese improvisado viaje a la playa para descansar después de una agitada semana y pareciera igual celebrar la ausencia de su gruñón compañero. Rei que para ese entonces dormitaba en casa de Tyson se quedó solo en la sala mientras los demás hasta parecía que dejaban nubes de polvo en su apresurada salida. Suspiró y se levantó con calma.
-Esto será genial, no entiendo porque no se me había ocurrido a mi. Por suerte ni Daichi ni Kai están, la gloria, ¿no lo crees Rei?- nadie le respondió -¿Rei?- confundido de seguir sin respuesta se asomó por la puerta de su cuarto, no vio a su amigo. Fue buscando de cuarto en cuarto tratando de hallarlo sin éxito. Se encogió de hombros y continuó la búsqueda de su toalla y traje de baño, no tardó mucho pero si lo exacto como para que la preocupación verdaderamente lo incomodara pues en ningún momento apareció el chino. Armada su mochila se motivó a hallarlo realmente, no era de Rei desaparecer así.
Recorriendo de nuevo el camino de un rato atrás y con los mismos resultados, casi estaba por rendirse pero lo encontró sentado en el pórtico que daba al jardín. -Te estaba buscando Rei ¿no oíste? Y yo que pensé que oías aún mejor que el mono loco de Daichi.- Rió Tyson, pero de inmediato percibió que las cosas no estaban del todo bien, había algo extraño. -¿Rei?- Se acercó con cautela.
Grises, cafés, marrones y pardos son las tonalidades que adquiere cuando ha de acercarse a algo sin el objetivo de comerlo, cuando quiere saber del proceder del ser que atrae su atención o para conocer sus intenciones. No desaparece del todo.
-¿Qué pasa Tyson?- se escuchó una apagada voz.
-Exactamente eso amigo ¿qué pasa?- Tyson preguntó acercándose. Rei lo miró abriendo un poco mas los ojos, y giró la cabeza.
-Nada.-
Tyon arqueó una ceja, ¿acaso hasta Rei lo veía como un tonto? Era obvio que no se tragaría esa mentira. –Vamos Rei, no esperarás que te crea, ¿qué pasa?-
Rei le dio la espalda y suspiró, pero se negó a darle una respuesta, Tyson se malhumoró.
Los colores se suceden igual que sus estados de ánimo, de la prudencia de las tonalidades térreas, de pronto puede comenzar a estallar en colores brillantes expresando su situación, ahora está molesto.
-Rei ¿qué es lo que…-
-¡TYSON!- se escuchó el grito de Hilary resonando en todo rincón de la casa.
Los dos amigos se levantaron de inmediato con la fuerza del llamado, Rei se adelantó con la intención de zafarse del interrogatorio pero Tyson le dijo al pasar a su lado. –Ni creas que lo olvidaré, vas a decirme lo que te pasa.-
Rei solo se quedó mirándolo, y continuó el paso tratando de acelerar y separarse de Tyson, halló a Kenny, Hilary y Max en la entrada. –Vamos, vamos papá nos espera.-
-Chicos, apúrense me está volviendo loco.- Kenny se quejaba mientras Max lo sujetaba por el hombro y agitaba un brazo atrayendo su atención.
Rei y Tyson sonrieron, se miraron y Tyson se adelantó pero Rei no se movió, los demás se quedaron viéndole. –No estoy de humor, me quedo hoy. Además no he preparado nada.- Dijo tratando de ocultar la trampa en sus palabras.
Tyson también sonrió.
Pareciera tan volátil como la jibia de la que se hablaba al principio, pasa de un tono a otro, pero es inteligente, el camaleón (en la mayoría de las ocasiones) prevé ese cambio de colores en su piel, están calculados para que la situación vaya de acuerdo a su conveniencia. Si es para esconderse del enemigo, para cazar algún insecto desprevenido o como se mencionaba, para llamar la atención de algo.
-No te preocupes amigo, me adelanté a eso y ya preparé tus cosas. Además, el abuelo va con nosotros y sabes que nadie se queda solo.- Ahí estaba, la situación planeada y el resultado esperado. Pues a Rei no le quedó de otra mas que terminar cediendo.
En el camino, todos estaban demasiado excitados sobre lo que harían, era fin de semana y acaban de terminar su semana de exámenes, con resultados variados pero con el mismo cansancio intelectual y emocional de quien ha terminado una dura jornada. Hilary hablaba sobre la necesidad de un bronceado más profundo, Kenny de un castillo de arena y la falta que le haría Daichi, Max de lo 'súper' que sería que su papá fuera con ellos, Tyson metía su cuchara un poco en las conversaciones de los otros burlándose de Hilary, ofreciéndole ayuda a Kenny y contento de que Max estuviera tan feliz, pero no por eso dejó de percibir la falta de palabra de Rei.
Pues el camaleón no solo tiene la diversidad en la piel y sus tonos, pues con esa otra peculiaridad de la visión compuesta puede mantener una perfecta contemplación de 360º del mundo, un ojo puesto en algo y el otro en otra cosa. Así por lo regular nada escapa de su atención, y (una vez mas) sale a denotar su dinamismo, puede estarse saboreando la cena y vigilando al ave de quien puede ser bocado. Todo está medido.
A Tyson lo consideraban el más obtuso del grupo, quizá compitiendo con Daichi pero tendían a no darle mucho crédito intelectual. Quizá no estaban del todo equivocados, pero compensaba ese supuesto déficit con la empatía que le había hecho ganar tanta gente a su lado, quizá tardaría el cuádruple de tiempo resolviendo algún problema lógico comparado con Kai, pero Kai tardaría lo mismo que Tyson o mas en identificar alguna preocupación o aflicción en sus compañeros. Tyson los percibía casi de inmediato. Y bien podía tener la sonrisa y la burla para Daichi y Hilary, las locas ideas para realizar con Max, el gesto burdo y otro tanto de afán de molestar para Kai, además de la serenidad para hablar con Rei.
Todo en uno. Y podía pasar de una cosa a otra en cuestión de milisegundos.
-¡Llegamos! ¿quién viene al agua?- Max dijo y sin esperar respuesta se fue corriendo al agua.
Todos sonrieron de verlo tan exaltado, pero no lo siguieron, pusieron manos a la obra para instalar sus cosas. Montaron las dos sombrillas, bajaron las hieleras con comida y bebidas, algunas sillas playeras y ahora si, a disfrutar de un merecido descanso. Apenas notaron que nada mas había que hacer, se dispusieron a divertirse, el abuelo corrió a hacer una exhibición de supuesto kendo, el papá de Max sacó su periódico y se recostó para leer, Kenny intentó hacer lo mismo pero Tyson lo arrastró al agua. Hilary iba detrás de ellos pero notó que Rei no la seguía. -¿Pasa algo?-
-No, pero hace mucho calor. En un rato los alcanzo.-
Hilary sonrió y corrió con los otros, que ya habían tomado a Max por los hombros y lo hundieron mas de una vez en venganza por no haber ayudado. Las risas se escuchaban al máximo, cuando comenzaron a parecer pasitas por la acción del agua en la piel, Hilary y Tyson salieron, ella se echó sobre su toalla a asolearse, Tyson corrió a la primer hielera y sacó un sándwich. Rei estaba en silencio aparentemente leyendo, pero Tyson notó que la revista era de música, y Rei en definitiva no leía eso. Fingió que comía y le ignoraba, pero de reojo trataba de hallar la razón de su estado.
La gama neutra se presenta cada que planea el acercamiento curioso, mide el terreno primero con esa mirada bifocal, después el movimiento lento se lleva a cabo. Hay quien dice que puede pasar horas en una sola posición para hacer esa mimetización perfecta, se mueve algunos centímetros con lentitud de caracol, pero seguridad de halcón. La pata poco a poco alcanzando una rama, una vez sujeto a ella pasa la otra y así y así, puede avanzar ridículamente lento pero hay precisión en todo.
Rei estaba completamente desconectado del mundo, ni siquiera se había dado cuenta que en su desesperación por hallar un pretexto para que no lo cuestionaran cargó con la revista de música de Max. Así que fingía leer mientras su mente divagaba en sus ansias y melancolía.
Tyson mientras, aprovechando eso de que ya nadie le prestaba atención mientras devoraba su alimento, fue reduciendo espacios con Rei. Al grado de que para el quinto sándwich ya estaba a menos de diez centímetros, Rei había quedado entre las sillas y él así que no había ruta de escape.
-¿Cuál es la canción número uno del topten?- preguntó de la nada haciendo a Rei soltar la revista por la sorpresa.
-Eh, uh… ¿topten?- Rei no halló como salir del callejón sin salida al que lo orilló Tyson.
Así es el ataque del camaleón, más rápido que la vista. Esa lentitud aparente se contrarresta con la velocidad con que su lengua entra y sale de su boca atrapando a la presa, pues ella ni siquiera supo que le pasó cuando ya está en la boca del reptil.
-Aja, veo que de pronto te interesa la música electrónica. ¿No? ¿O esa de que es?-
-Ah… yo… ¿Qué quieres Tyson?- Rei se rindió en su fingir.
-Ya sabes, ¿qué pasa contigo?-
Rei repitió la mirada lateral para evitar los ojos de su amigo. Se sentía avergonzado de su actitud, pues pensaba que los demás dirían que era estúpido e irracional, pero era algo que él no podía dejar de sentir.
-Yo…-
-¿Tú?- Tyson presionó.
-Extraño China.- Dijo derrotado de expresar lo que le había hecho actuar así. Mantuvo la mirada baja y los ojos entrecerrados sabiendo (o creyendo saber) lo que seguía, aunque en el fondo sabía que no podía ser posible que su amigo se riera, pero a sus ojos que sus amigos supieran que echaba de menos su tierra natal podía ser motivo de risas pues él había dejado China por voluntad propia la primera vez, y ahora viajaba cada que tenía vacaciones en la escuela.
Para su sorpresa no hubo risa, solo una mano en el hombro. Y la mirada comprensiva de su amigo. –Te entiendo.-
Ese camaleón de fría paciencia y ataque de relámpago puede pasar en un segundo a un camaleón atolondrado o pasivo, que se petrifica en su rama y que puede dejar que insectos pasen por él pensando que es una parte más del árbol. No le interesa la comida ya, simplemente quiere descansar.
-¿Tú?-
-Vamos amigo, no es la gran sorpresa no pudiste ir en las vacaciones anteriores por los cursos a los que tuviste que ir, llevas mas de cinco meses sin ver a tus amigos. Y las cartas en verdad me dan flojera, no son lo mismo.-
-Pero pensé que creerías que era algo tonto.-
-¿Quién crees que soy? ¿Kai?- Tyson respondió, y se levantó. –Ven, vamos a nadar, el agua está mejor que nunca.-
Rei asintió y sonrió. Era casi milagroso lo que el 'obeso, torpe y egocéntrico campeón mundial' podía hacer con pocas palabras, quizá no podía tener las ideas espectaculares de Kenny, la energía siempre contagiosa de Max, las bromas de Daichi, esa reacia y amable dictadura de Hilary, la descarnada pero sincera visión de Kai… de hecho bien podía tenerlos, pero en nivel leve y combinado, Tyson era quien en verdad había hecho posible ese grupo.
Rei lo siguió contento con esa realización, y más tranquilo pues aunque sabía que no podía ir en ese momento, al menos el apoyo mostrado por su amigo le consolaba un tanto. Jugaron otro par de horas, salieron a comer y descansaron casi otra hora. Cuando el sol se ponía decidieron que era momento de irse, empacaron de nuevo todo y subieron al carro.
En el dojo, hallaron una situación algo tensa. Hiro y Kai estaban en los extremos más opuestos que había de la sala, la televisión estaba encendida pero nadie la veía. Cuando escucharon los ruidos que hicieron mientras entraban, Hiro se levantó aliviado de ya no estar a solas con Kai.
-¿Dónde estaban?-
-En la playa muchacho, llegas tarde y te perdiste de un gran día, nadamos mucho y la comida fue sensacional, vas mejorando Hilary.- El abuelo sonrió bajando una hielera. Max y su papá, descargaron y se quedaron a cenar. De pronto la solitaria casa Granger se llenó de vitalidad.
Tyson se dio cuenta que Rei estaba mucho mejor, y dejó de preocuparse por él. Los demás degustaban la cena y platicaban de cómo les había parecido el día, como de costumbre en la orilla que daba a la salida del jardín, Kai fingía ser parte. Pero en verdad su atención estaba afuera, se contentaba con que no lo molestaran.
Y usualmente así sucedía, nadie rompía ese acuerdo silencioso, pero en ocasiones a Tyson le daba por quebrarlo. Se levantó y llegó al lado del papá de Max que era el más cercano a Kai, le pidió que cambiaran de lugares y el señor Tate no se contrapuso. Al percatarse Kai le dio una mirada de reojo midiendo sus intenciones.
Pero claro que no todos tienen los ojos compuestos del camaleón, y ni el más aguzado cazador puede superar esa cualidad del multicolor reptil. El camaleón no tiene la osadía de muchos, pero no por eso deja de defenderse y tratar de mostrar su superioridad, aunque solo sea para mantenerle a raya y demostrar que 'está ahí'.
Kai movió un poco la cabeza mientras Tyson casualmente se servía otro vaso de refresco y lo sorbía haciendo ruidos innecesarios. Kai trató de ignorarlo, y le dio la espalda colocándose los audífonos y bloqueando todo lo demás. Pero Tyson no se rindió, y lo hizo más fuerte a sabiendas que Kai no escuchaba jamás música con el volumen tan alto.
El cambio de colores de nuevo, la batalla de los camaleones no es física ni de contacto como el promedio de las especies, sino de despliegue fanfarrón pero seguro. Así como los urogallos o esas vistosas aves del paraíso, procuran evitar la confrontación directa para ahorrarse daños innecesarios. Muestran los colores más vistosos que tienen y se paran frente al oponente mostrándolos esperando que el enemigo se sienta amenazado y se retire.
Tyson al ver que no tenía éxito, dejó de hacerlo pero no se rindió. Le habló (aquello que parecía superar al máximo dicho acuerdo). -¿Kai?-
-…-
-¿Kai?-
-…-
-¡Kai!-
-¿Hn?-
-¿No quieres refresco?-
-…-
-¿Kai?-
-No, Tyson no quiero refresco.-
-¿De verdad?-
-…-
-¿Kai?-
-Nye.-
-¿Algo de comer?-
-Agh. Svidanie.- Dijo, se levantó y se fue. Los demás no se sorprendieron, era de Kai irse sin mas despedida que esa palabra, y miraron a Tyson, tampoco esa era sorpresa. Aunque en verdad nadie se ofendía, ese hartar al otro era parte del juego entre Kai y Tyson, a veces ganaba uno y a veces otro.
Pues todas esas habilidades a veces no le aseguran el triunfo, pero eso no le quita calidad. Ya que como se ha demostrado, sabe identificar situaciones y salir adelante en todas ellas, gracias a (ante todo) su dinamismo, igual que Tyson. Que le dirán mil y un cosas, ciertas quizá pero eso no opaca las otras miles de características que tiene, que quizá no reconozcan porque son tan bien disimuladas que se mimetizan con su persona y a las que todos se acostumbran, pero cuando las muestra a todo lo que da, sorprende a mas de uno.

Azoociaciones III

Azoociación número tres.
Mangosta
El peligro está al frente, cualquier movimiento en falso, alguna defensa baja o reflejos lentos serán la perdición. Los ojos se encuentran, las miradas viajan en cada punto del cuerpo del contrario si se adelantan a los movimientos pueden salvar la vida…
O ganar la última porción del desayuno.
Los palillos son las armas, y la rapidez la última opción. Ahí están los pequeños pedazos de pescado dejando escapar su aroma delicioso. Los ojos de uno van a la izquierda, igual los del otro, luego a la derecha y se encuentran, de pronto los del más pequeño brincan en un instante a la izquierda de nuevo y cuando los del contrario van a imitar el movimiento la mano del primero se lanza sobre la comida, ganándola.
-¡Daichi! Eso es injusto, me engañaste.-
-Jajaja, error-te gané. ¿O no abuelo?-
El mayor de los Granger mira a Tyson y, cierra los ojos con solemnidad. –Lo siento muchacho, pero la verdad es la verdad. Te ganó con todas las de la ley. Resígnate.-
-¡Abuelo! ¿de lado de quien estás?- Pero el abuelo ya se ha dado a la fuga para alejarse cuanto antes de las discusiones de esos dos. Y al darse cuenta se enoja. -¡Daichi te mataré!-
El pequeño pelirrojo se va corriendo engañándolo de nuevo al meterse sin previsión en el armario cerca de las escaleras, Tyson sigue corriendo sin darse cuenta de que persigue solo al viento.
Escapar de un marabú atolondrado es cosa fácil, para esos casos basta con la velocidad, la inteligencia no es completamente necesaria para ella, puede tener muchos depredadores pero sólo pocos son los que en verdad son de temer.
Para la mangosta, ese animal que parece una rata y habita en tierras asiáticas, vive de su velocidad. Es de los pocos que siendo presa puede darle la vuelta a la balanza y convertirse en el predador del cazador. Y aunque es proeza de la que pocos se jactan, no muchos le reconocen esa cualidad.
Daichi Sumeragi es como ella, porque siendo el más pequeño del equipo es casi ley que le cuelguen cualquier etiqueta que caiga en la categoría de 'sobrante' o innecesario. O el que está sólo para llenar el hueco.
De lo que no se dan cuenta todos, es que es de los más fuertes, quizá no en términos de inteligencia como Kenny, de suspicacia como Rei, o… bueno, en los que sea que se maneje a Kai. Y compite por el más animado como Max o el más explosivo-comelón como Tyson, pero en palabras concretas, esas dos cosas no son cualidades que alguien pueda nombrar como 'útiles'.
Tyson pasa casi una hora buscando en el piso de arriba, mientras el pelirrojo ya está viendo Tv en espera de los demás compañeros del equipo. Cuando Tyson escucha que Max y Rei han llegado va a su encuentro y se topa con Daichi, mira a donde ha estado buscando inútilmente y luego a las tres envolturas de golosinas que delatan que ya lleva un rato ahí.
Tyson se ahoga con su coraje y no puede decirle nada. -Chicos, ¿listos para entrenar?-
-¿Qué te pasó Tyson?- Max pregunta sorprendido de la cara de su amigo, pues parece que acaba de correr una maratón.
-Nada, Maxi, nada. Vamos.-
-¿Vienes Daichi?- pregunta Rei.
El aludido parece levantar las orejas y mira a Tyson con una enorme sonrisa –Claro, si no quien le dará su paliza a Tyson.-
Ese lugar es como la jungla hindú, hay presas, cazadores y animales con los que bien se puede lidiar. La mangosta vive en ambientes así, no es de esos temerosos como el ciervo que viven bajo tensión día y noche por miedo de que el depredador aparezca detrás de cualquier arbusto, ni es como los que disponen de las vidas de otros como los tigres que solo se preocupan de otro congénere.
La mangosta puede dormir tranquilamente algunas horas y alardear de que es cazadora, aún con su pequeño tamaño y su aspecto que parece indefenso. Es ambas cosas, uno de los mejores ejemplos del equilibrio.
-Ey Daichi, ¿batallas contra mi?- Max mueve su lanzador frente a él.
Daichi entrecierra los ojos, razona si no tiene hambre y muestra los dientes en una sonrisa. –Vamos, perderás y después podré vencer a Tyson.-
Max al sentir el reto disminuye un poco la sonrisa. -¿Perderé? En tus sueños amigo.-
Ambos se colocan y lanzan, uno no es reto verdadero para el otro y no por que no lo considere oponente sino porque simplemente no tienen interés en derrotarlo, gane quien gane se restregarán la victoria y dejarán de hablar de ella en menos de cinco minutos.
Aquí, esta mangosta ve a su opuesto como algún simio gibón, no es ni cazador ni presa, el mono hace su vida y la mangosta la suya. Y tienen utilidad mutua porque los demás compañeros del mono sirven de vigías para un enemigo común.
Curiosa situación, es lo que sucede. -¿Qué ese no es Kai?- pregunta Max mirando a lo lejos.
Todos estiran los cuellos y divisan a su capitán recostado en la base del tronco de un árbol. –Si, si es.- Tyson va caminando al encuentro de su compañero.
Kai se acerca caminando con calma detrás de Tyson, llega directo con Kenny que nervioso muestra la pantalla de su computadora. –Max, esa defensa comienza a decaer, Tyson y Rei batallen.-
Como se han acostumbrado no es una petición, y hacen lo que Kai dice. Tras la batalla (en la que resulta ganador Tyson) Kenny y Kai discuten los resultados, Hilary llega y Daichi entra a modo alerta, he aquí un enemigo con el que uno se puede divertir, y no que ella sea una villana que quiere conquistar el mundo (como algunos que se podrían nombrar) pero digamos, que es de aquellos que mas que arruinar al día, lo alegran a su modo.
-Eh, ¿alguien se dio cuenta? Ya se nubló. Hilary, eres como una bruja del clima.-
-¿Qué dijiste?-
-Sólo prométeme que no me electrocutarás.- Daichi se burla de nuevo, sentadito al lado de Max.
Hilary finge que no le importa y deposita lo que trae para la comida en la cocina, sale y se acerca en silencio para golpear a Daichi. Está a pocos metros y siente la victoria en sus nudillos, el pelirrojo no ha movido ni un solo dedo. Tal parece que esta vez la chica podrá vengarse.
Y justo cuando está a mínima distancia, se lanza con todo y Daichi ya preparado para el ataque de ella se inclina al frente quitándose de su camino y haciendo que ella se golpeé directo en el piso. –¡Jajaja! ¿pensaste que podías ganarme? Ni en tus sueños.-
El buitre bengalí a veces trata de cazar a la mangosta, pero ella es (usualmente) demasiado rápida para él, y además, como a la mangosta le gusta divertirse. Se tira de panza en pleno campo abierto esperando que sea el buitre el que la divise, si es el caso espera con paciencia. El ave se acerca lentamente asegurándose que es su presa, y cuando está a punto de asestar el picotazo mortal, la mangosta sale disparada entre las plantas aprovechando sus rápidos reflejos. Dejando al buitre frustrado y confundido, o como en este caso con un enorme dolor por el golpe.
-¡Daichi me las vas a pagar!- Hilary se soba el golpe y corre tras el niño, Tyson recordando que le debe una se una a la chica en la persecución. Las cosas se ven mal para esta mangosta, hay que imaginar al buitre bengalí y a una civeta uniendo fuerzas para perseguir a este pequeño carnívoro. Puede burlar a uno u otro separados pero juntos, está perdida.
Lo acorralan en la sala, no tiene para donde escabullirse ni que lanzarles. Cierra los ojos imaginando su doloroso fin, cuando el timbre de la casa detiene a todos. Hilary se para justo enfrente de Daichi para impedir su escape mientras Tyson acude a la entrada. Él se va y no regresa. Y no regresa. Y no regresa.
-¿Tyson?- pregunta Hilary confundida de su tardanza. -¿Quién es?-
Daichi está a punto de aprovechar el momento de confusión para la retirada pero ve entrar a Tyson con gesto confundido, bueno eso no es mucha novedad para él pero ver a la persona que le sigue si es digno de detenerse. Tala Ivanov hace acto de aparición.
-¿Tú?- la mangosta ha entrado a modo alerta, está ante un verdadero depredador. Bueno, ése mismo que es como él, puede ser cazador y presa por igual.
-Chicos, los estamos esperando.- Max aparece seguido de Rei y Kenny.
-Hiwatari.- Tala pregunta o afirma, mirándolos.
-¿Y qué haces tú aquí?- se escucha la voz de Kai que no ha aparecido aún.
-Dijeron que estabas aquí, ¿me estás evitando?-
-Genio- se le escucha decir mientras se aleja, Tala no está dispuesto a dejar que se escabulla y se adelanta para alcanzarlo, pero Rei y Max que parecen ni percatarse de la tensión entre los dos rusos, lo detienen y le llenan de preguntas sobre la situación de su equipo, sus razones de estar ahí y lo invitan a sentarse. El otro aturdido por tanta atención no puede ir por su compatriota para solucionar su asunto.
Todos se quedan ahí en la sala, menos Kai y Daichi, el primero porque no quiere estar ahí y el segundo porque no está tranquilo cerca de Tala. Kai va a sentarse junto a la poza de agua para disfrutar el silencio, Daichi va a aprovechar a Kai. Porque es como el tigre de bengala, el máximo depredador ve a la pequeña mangosta como un insignificante pedazo de carne, ni para calmar un poco el hambre. Así que se le ignora completamente.
Y este tigre tiene la misma función que el mono gibón, anuncia a tiempo la llegada del otro depredador. Kai está acostado leyendo, Daichi brincoteando en completo silencio a distancia segura (porque eso si, hay que respetar el espacio tolerado y la paz del tigre). Entonces Kai baja su libro y cierra los ojos mientras gruñe un poco.
La serpiente está aquí.
El enemigo verdadero de la mangosta, la cobra. Pues es esa letal serpiente la enemiga natural del mamífero, y ese mamífero es el perfecto opuesto de la cobra, aunque ella es conocida por su veneno mortal y sus ágiles reflejos, nuestro pequeño carnívoro rivaliza en velocidad, además que tiene a su favor la notable inmunidad a los venenos. Esta mangosta devora cobras.
Aunque la cobra, también come mangosta.
-Demonios Hiwatari, ¿darás la cara o qué?-
-¿O qué? ¿qué quieres?-
-Quiero batallar.- Daichi se planta entre Kai y Tala.
Kai sonríe y cierra los ojos mientras se vuelve a recostar. La mangosta tiende a ser la que busca a la cobra, le gustan las emociones fuertes y tiene hambre.
-¿Batallar contigo enano?- La cobra no siempre está en disposición.
La mangosta no se cansa de insistir. -¿Qué? ¿Tienes miedo de que te gane de nuevo?- Y normalmente recurre a la provocación.
-Vete al diablo, tuviste suerte esa vez.- La cobra (por orgullo, dignidad o inseguridad es que no cede).
-¿Y crees que la vuelva a tener?- Pero esta mangosta no cederá ahora que ha visualizado una contrincante y potencial cena.
-¿Pelearán?-
-Van a pelear.-
El resto de la fauna va a reunirse a contemplar el espectáculo, la confrontación de ambos contrarios es algo digno de contemplarse, porque no es una batalla donde haya empates si uno pierde va con ello su vida. Por que el que quiera retirarse a media pelea, será la comida del que decide quedarse.
Rei funge como árbitro, Max, Kenny, Tyson y Hilary de espectadores visuales, Kai sólo auditivo pues sigue con los ojos cerrados.
Aquí es donde las cualidades de la mangosta se muestran completamente, se quita la imagen del pequeño carnívoro burlón y desinteresado, ahora ha de probar porque es que ha conseguido lo que ni los 'mamíferos superiores' han logrado, ganar un mano a mano con una letal serpiente.
Se miran a los ojos, inician la competencia, los veloces movimiento van de un lado a otro, delante detrás, golpe esquivado, golpe recibido. Un rasguño, una mordida, choque y golpe. Nadie se rendirá.
De pronto, la mangosta se queda tensa mientras la cobra se ha erguido a todo.
Daichi guarda distancia mientras Tala está listo para embestir, segundos donde todos contienen la respiración incapaces de predecir quien hará que. Al fin, la cobra se lanza como flecha directo al pecho de la mangosta.
Tala ha lanzado su glacial ataque.
La muerde en la pata.
El trazo de hielo ha golpeado a Daichi.
Pero la mangosta ha divisado el punto ciego de la cobra, la cabeza está desprotegida.
El momento indefenso de wolborg una vez que ha atacado.
La misma situación, la misma debilidad, el mismo aprovechamiento.
La mangosta muerde directo en la cabeza.
Daichi lanza su mejor ataque.
La cobra está inmóvil, ya no puede atacar solo se retuerce mientras lanza latigazos con su cuerpo que la mangosta soporta muy bien.
Daichi es el único que queda en el plato una vez que Tala ha sido lanzado lejos.
-Estúpido.- Dice Kai mientras Tala se queda mudo de asombro, se suponía que eso no debía pasar, pero el mono de la montaña, el salvaje pelirrojo hiperactivo que no valía la pena ni nombrar lo había vencido.
Otra vez.
-Ey, Hiwatari ¡no he terminado contigo!- Tala (para ahorrarse la humillación) va tras Kai.
Y el resto sigue sin palabras contemplando el triunfo de su más pequeño compañero ante uno de los contrincantes de mas temer. Ese mono gibón, ese buitre y esa civeta, que fueron la burla de la mangosta aún siendo más fuertes, más grandes y supuestamente más arriba en la cadena que ella. La admiran.
Si, por un momento, el gran tri campeón, la super porrista, el niño que todos quieren… admiran al que nadie consideró jamás.

Azoociaciones II

Azoociación número dos

Hiena

Normalmente a todo ser que roba a otros se le tiene en la peor categoría, se le tacha de infame y de despreciable, hay incluso quien dice que no deberían existir, pero esa gente no sabe que esa clase de seres son necesarios, aunque parecen mas un lastre y un estorbo, se requiere de ellos.
Tal es el caso de la hiena, ese cánido que vive en las sabanas africanas y cuyo sonido gutural es famoso gracias a la asociación con la risa. ¿Quién no ha oído 'te ríes como hiena'? y la hiena ríe, aunque no lo aparente, tiene sentido del humor, aunque lo que le provoque risa sea el inútil pelear de la presa, o algún león que acaba de cazar, pues sabe que ese león (si está solo) habrá hecho su trabajo en vano.
¿Cruel? Tal vez, pero para la hiena, la vida es así. La crueldad es solo una extensión de ella.
Hacía el paseo matinal hacia una pequeña plaza en los suburbios de Moscú, repasaba en su cabeza la lista de cosas pendientes. El periódico de Tala, la verdura para la comida, preguntar en el taller de electrónicos por el radio de Spencer, comprar el cereal de Ian, y pagar la cuenta del teléfono. Mantenía la vista al frente, aunque cada que creía hallar algo interesante en el camino movía la mirada hacía allá, si parecía lo suficientemente atrayente viraba la cabeza.
Y realmente esa mañana habían varias cosas que valían la pena, un gato que acababa de robar un pescado de un puesto cercano, lo degustaba burlonamente en un punto donde el dependiente no podía alcanzarlo; un hombre que recién había sido mojado por un chico que pasó apresurado en su motocicleta bañándolo por completo a causa de los charcos que quedaron por lluvia de la noche, un par de niños que lloraban desconsolados cuando sus helados terminaron en el piso tras estar forcejeando por querer ganar el del otro.
Y se río, una pequeña carcajada que se había estado anidando en su garganta desde que vio la cara del dueño de la pescadería, y que no halló contención cuando justo enfrente de él una sexy chica tratando de atraer la atención de un hombre a su izquierda quiso caminar sobre un área irregular del piso, a causa de sus altos tacones terminó en el piso.
-¡Idiota!- le gritó la chica al escucharlo reírse.
-No deberías reírte, deberías ayudarla.- Dijo el hombre que la chica quería atraer.
Pero Brian no dijo nada, se colocó la mano en la boca queriendo no dejar escapar otra risa porque el hombre, había derramado su café sobre la muchacha al tratar de ayudarla. Se dio la vuelta y siguió el camino con la risa escapándose entre sus dedos y las miradas de desprecio de varios testigos del suceso.
La hiena no es bien vista por nadie, por que roba la comida a los que no pueden defenderla, por su tamaño como los débiles guepardos, o el aislado fenec, o incluso del poderoso león cuando no puede superar el número. La hiena parece abusar del débil, o de quien no puede pelear. Pero a ella no le importa, es parte de su naturaleza, y para ella, eso está bien.
Llegó al puesto de periódicos donde halló la edición encargada por Tala, extendió la mano para tomarla pero se encontró con otra que tenía el mismo objetivo.
-Disculpa.- Una solemne voz de un hombre mayor se disculpó. Con el tono y la jovialidad que esperan que la otra persona ceda. Pero esa otra persona no era como las otras personas, y tomó el diario. El hombre endureció la voz -¿Disculpa?-
-Yo lo gané.-Fue la respuesta de Brian, que miraba el anaquel de revistas 'para caballeros' buscando la nueva edición de su revista habitual.
-Yo también leo ese periódico.- Insistió el hombre mayor.
-Yo no, pero si mi amigo.-
-Pero es el último.-
-Hay mas puestos.-
-Pero el más cercano está a mas de cinco cuadras.- El hombre hizo lastimera voz como queriendo denotar su edad y su condición, pero Brian seguía sin verlo. Embobado por las curvilíneas formas de una rubia bañada en chocolate de una portada.
-Pues apresúrate o tampoco lo encontrarás allá.- Dijo al fin hallándola, y decidiéndose también por la nueva revista de armas caseras y una de cocina experimental. Cuando tomó las ediciones (teniendo el cuidado de ocultar la 'candente' entre las otras dos) miró al fin al hombre, y dándose cuenta del bastón y su evidente edad avanzada, sonrió un poco –si fuese tú tomaría un taxi.- Pagó y se fue.
-¿Y así tratas a tus mayores?- dijo el hombre indignado. Y el otro agitó la mano a la distancia mostrando el desinterés de la supuesta brusquedad de su acción.
¿Quién puede juzgar a quien no comparte la misma escala moral que uno?
Por que los valores no son los mismos para todos, quizá al león le sirve la justicia de una comida donde todos tienen un pedazo de la presa, para el leopardo la bondad de compartir parte del botín con algún compañero que le ayudó en la cacería, para el licaón la igualdad en el clan… pero no para la hiena, ella se mide de un modo distinto. Y la igualdad radica en que quien gana la presa es la que se la lleva, la bondad que puede pasar si un compañero es herido y quizá no pueda alimentarse, la justicia de arrebatarle la comida a quien puede fácilmente cazar algo mas.
Porque es una descarada, y si caza o se lleva la comida de alguien mas, la come enfrente de la pobre víctima, jactándose tal vez ¿Quién dice que no?
Así como Brian, que en su vida se había interesado por los sucesos que ocurrían más allá de sus narices, de pronto se le vio leyendo el periódico mientras se alejaba lentamente del hombre que debió haber tomado sus pastillas para la presión tras el disgusto con el chico pálida piel.
Después de tratar de leer encabezados y conformarse con la sección de humor, dobló el diario y siguió caminando poniendo un poco de su interés en la calle y alguna otra cosa que fuese como las que había encontrado en el camino de ida. No halló nada.
-¿Puedo servirle en algo?-
-Un radio de frecuencia UHF, con salidas de 5.1 canales y entrada digital.- Leyó la nota de Spencer, y miró al hombre.
-Si, espere.- El hombre se sumergió entre torres de aparatos como un topo, y Brian imaginó que de pronto caía alguna televisión, sonrió. Al poco tiempo emergió con una caja de extraña apariencia. –Si, está listo. El costo está cubierto, quien sea que haya hecho esto es un experto, ni a mi se me hubiera ocurrido.- Dijo el hombre amenamente como para iniciar la conversación.
-Aja- lo tomó asintió un poco como queriendo agradecer y se dio la vuelta. No tenía nada que comentar, pues él apenas y podía nombrar mas de cinco aparatos de tecnología y en definitiva no podía llevar una conversación de computadoras, DVD's o… telefonía.
Para él la vida era mejor llevarla como viniera, sin atarse a gustos que podían llevarle a vicios hartantes, como Ian que no podía separarse mucho tiempo de casa porque sus programas se sucedían cada hora, Tala y su obsesión por estar 'enterado' devoraba el periódico apenas caía en sus manos, si alguien osaba molestarlo mientras veía el noticiero matutino, vespertino y/o nocturno desearía estar muerto… en cambio él no.
Bastaba con dar una vuelta por la calle y reírse de la desgracia ajena, o simplemente dejar que su mente normalmente intacta maquinara las infinitas posibilidades de cosas que podían pasarle a quien se cruzaba por su mirada.
La hiena es de lo más sencillo que hay, no requiere de vastos territorios para cazar, pues son compartidos entre los distintos grupos que se movilizan conforme las manadas van avanzando. Se contenta con madrigueras escarbadas en el suelo, los cachorros están a salvo y hay suficiente espacio para todos, si quiere pelear simplemente mordisquea al de a lado para tener un contrincante, si por el contrario quiere confort… hace lo mismo, y el otro entiende, se van retozando a lo largo de la sabana. No es un animal vistoso, de hecho no faltará quien diga que es feo, con esa extraña fisonomía en la que parece tener una joroba, un rabo mocho y patas dispares, todo forrado de una café-grisácea piel manchada que no tiene la intensidad de la piel rayada de la cebra o la elegancia del leopardo.
Sin embargo, es de los carnívoros más exitosos, deja a un lado la fanfarronería del león que depende directamente de la leona, o la delicadeza del guepardo que no puede romper sus propios límites porque se verá acabado. Es un depredador que triunfa por el medio de la sencillez y la desfachatez.
Cuando llegó a la casa, dejó el encargo en la mesa de la cocina, le entregó a Spencer el aparatejo que le llevó dos semanas construir, Tala solamente extendió la mano sin separar la mirada de la pequeña televisión de la cocina, pues Ian se había adueñado de la principal. Subió a su cuarto y se echó a la cama a revisar la compra del día, pensándolo bien quizá si tenía un pequeño gusto rutinario, esas publicaciones.
Pero todo ser tiene algo que se convierte en rutina, y eso era la suya, pero ni siquiera era como esas personas obsesivas que coleccionaban sus revistas por montones hasta que cubren la totalidad de su espacio vital, él las leía (o las veía considerando su pereza intelectual) y las desechaba.
-Ey Brian, la comida está lista coloca la mesa.-
-No.-
Hubo un silencio tras la respuesta. Unos fuertes pasos se escucharon en las escaleras, y sin duda era la señal de que Spencer subía con cara de molestia y la frase de reclamo para hacerlo trabajar. Abrió la puerta con fuerza -¿No?-
Brian se levantó con toda la calma del mundo. –No… tardaré mucho, nunca me dejas acabar.- Y salió pasando delante de Spencer sin darle ni una palabra, solo una mirada y una pequeña sonrisa que dejó al otro con el reclamo atorado en la garganta.
Esa es una clave para entender la aparente sencillez de la hiena, porque mostrará sumisión, con la cola entre las patas y la cabeza baja se aleja cuando es descubierta por un carnívoro aparentemente superior.
Cuando Spencer se compuso de la confusión llegó a la cocina donde estaban los platos y cubiertos colocados en perfecto orden. –Tengo hambre.- Brian dijo sujetándose el estomago.
Spencer sonrió –Siempre terminas obedeciéndome Brian.-
En ese momento entraban Ian y Tala, -¿Qué hay de comer?-
Se sirvió todo y comieron entre discusiones y comentarios habituales, todo parecía ocupar el orden de siempre. En unos minutos, Tala diría que iba a revisar su correo en el café del centro, Ian que comenzaba su serie, Spencer que quería probar su radio, Brian se quedaría en la mesa a esperar que alguien le invitara a acompañarle o a que se le ocurriera algo mientras limpiaba la mesa y lavaba los trastes.
-Spencer, ¿podrías encargarte por hoy de la cocina? Hay algo importante que debo hacer.-
Estas palabras detuvieron en seco a todos, que miraron al de pelo lavanda con confusión escrita en cada sección de su cara.
-¿Tú tienes algo que hacer?- Ian preguntó.
Brian asintió, -Un asunto de extrema importancia.-
-¿Tú?- Tala insistió, pues no cabía de asombro.
-Aja- dijo el interrogado.
-¿Y se puede saber que es?- Spencer cuestionó.
-Te diré cuando regrese. ¿Puedes?-
El razonamiento de Brian usualmente era igual de lineal que el de Tyson, eso no era difícil de deducir, tenía un poco más de materia gris que normalmente funcionaba para cosas nada útiles o beneficiosas, pero la seriedad con la que hablaba convenció a todos. Spencer asintió dejando para después la revisión de su radio. Brian subió a su habitación y en menos de tres minutos se despedía avisando que no tardaría.
Pasaron cerca de hora y media, cuando él regresó. Spencer comenzaba a ocuparse de su aparato en medio de una impecable cocina, Tala tomaba café mientras leía e Ian estaba en medio de un ataque de frustración por que su programa había sido cambiado de horario.
Brian se sentó en la mesa de la cocina que estaba invadida de cables, tornillos, herramientas y el radio, además de Spencer que lo revisaba minuciosamente. -No quedó- dijo casualmente.
-¿No?- contestó Brian mientras se llenaba un vaso con agua.
-¿Y a dónde fuiste?-
Brian volteó a verlo, de un solo trago terminó su bebida y mientras bajaba el vaso, sonrió. La misma sonrisa que había dejado confundido a Spencer cuando iba a reclamarle. -Solo a demostrarte que eres tú quien me obedece.- Dejó escapar esa risa de burla que Spencer tan bien conocía y salió aprisa por la puerta.
El rubio se quedó mascando las palabras de su amigo, y todo tomó sentido. Con absoluta candidez había caído en el juego, pues Brian hizo que Spencer realizara su trabajo, con una simple y sencilla mentira. Y eso lo enfureció, y corrió a su cuarto, lo halló con doble llave, bajó a tomar el manojo de llaves de la casa y no lo halló. Entendió que Brian se lo había llevado en el camino.
-Abre ahora mismo para que pueda matarte.-
-Y dicen que yo soy el imbécil.- Se escucho la burlona voz desde adentro.
Esto enfureció más a Spencer que parecía destrozar la puerta con cada golpe.
-¿No deberías decir algo?- Ian preguntó ante el escándalo, recostado en la alfombra de la sala viendo la Tv mientras Tala estaba sentado en el sillón.
Tala se asomó por encima de su café. -¿Qué parezco? ¿su papá?- y siguió con su cafeínica bebida y el periódico al lado.
Spencer se cansó de gritar y patear, además de escuchar la patentada risa sarcástica de Brian. Que, en efecto, había demostrado estar un paso delante de él.
Igual que la hiena, que después de su acto de sumisión se aleja, pero vuelve a la carga con un plan más elaborado, y casi siempre termina llevándose todo. Ay de aquel que sea víctima de sus tretas, se quedará engañado y sin comida, lo único que la hiena le dejará será el eco de su risa a la distancia.

Azoociaciones I

Azoociación número uno.
Tiburón.
Contemplaba el mundo como una batalla de vida o muerte, donde si no eres cazador, eres presa. La experiencia le ha enseñado a moverse con sigilo e invisibilidad cuando debe, y con el máximo despliegue cuando se requiere. La existencia ahí lo exige.
Comenzó como cualquier pez pequeño en la inmensidad del océano, no estaba ahí por elección pero eso no le impediría llegar a la cima de todo, esa había sido la consigna y él no podía oponerse a ella. Porque es una orden y su camino al poder, cosas a las que no se puede negar.
-Ey Kai, ¿que dices del chico nuevo?- pregunta alguien entre la oscuridad.
El aludido abre parcialmente un ojo y contempla a un chico frente a él, es quizá un año mayor, abre ambos ojos y le mira profusamente, el otro muchacho baja la mirada de inmediato y vira la cabeza.
Una sonrisa se dibuja en el pálido rostro de Kai. –Es débil, no sirve.- De un ágil brinco deja su lugar y sale de la sombría bodega, todos los presentes se hacen a un lado al verlo pasar. Ahora, él es el depredador máximo.
Después de dejar el punto de reunión se pasea entre los callejones que rodean el depósito de chatarra que les sirve de base, mira con aburrimiento el panorama ante él; vacío, como un océano abierto, inmensidad por la que se puede mover a voluntad, sin nada que le ate ni que le limite, no hay enormes muros ni gruesas paredes. Sólo una fantasmal presencia con la que ha aprendido a lidiar.
Llega al techo de un edificio desocupado desde donde contempla las animadas calles del centro, atestadas de gente y ruido. Dos de las pocas cosas que lo alteran, como todo cazador, el verse rodeado le hace sentirse inseguro, amenazado y ante todo, vulnerable. Por eso evita cuanto puede las multitudes, y detesta los sonidos fuertes.
Pero no puede dejar de sentir curiosidad por contemplar la vida fuera de su territorio, porque como tal, es su deber cuidarlo de los invasores y las amenazas, que no son pocas dada la fama de la que se ha hecho, pero no ha aparecido aún quien pueda hacerle temblar. Sus curiosos ojos rojos ven pasar a la gente que llevan la vida que los miembros de su grupo dicen es común y corriente, ir a la escuela, regresar a casa para comer, pelear con los hermanos, recibir los regaños de mamá, salir a jugar con los amigos y al final del día tras hacer la tarea y la cena, recostarse en cama para dormir.
Pero él no tiene nada de eso, hay vagos recuerdos de una casa en un lugar cálido, y unas personas que cuidaban de él. Pero eso es lo que debe pasar con todo ser, se le cría, se le cuida y después ha de vivir su vida aparte. Fue lo que le pasó, si se quiere estar en la cima de la pirámide no debe haber lazos con nadie.
Como el tiburón que se mueve en el mar, no sabe de amistades, de parentescos, ni de familiaridades, sólo vive para cazar y defenderse, para sobrevivir. Pero también es cierto que ocasionalmente se cuestiona si realmente quiere estar ahí. El abuelo dijo que debía vivir en otro lado, porque había una misión que cumplir y él, no le quería cerca. No le necesitaba cerca, aunque si había que reportarse cada tres días y estar pendiente de cualquier llamado de emergencia.
Comienza a oscurecer y se dirige a su refugio. El departamento parece abandonado por fuera, pero el interior nadie lo creería. Lo necesario para la subsistencia y el entretenimiento, aunque bien podría proveerse de lo más avanzado tecnológicamente hablando, para él es superficialidad a la que no le presta atención. Todo su interés se enfoca en la búsqueda encomendada.
Se recuesta, pero no puede dormir. El tiburón no duerme en presencia de alguien mas, porque el hundirse en el sueño es el único momento donde es vulnerable, por eso él no duerme en compañía, solamente cuando está seguro que está completamente solo es cuando se atreve a conciliar un sueño profundo.
Pero ahora no es el caso, sus instintos le dicen que hay alguien cerca. Se incorpora en profundo silencio, se acerca a la puerta y mira por la parte baja, la sombra de los pies de alguien se proyecta al interior del departamento. No pregunta, no trata de encarar al invasor, se queda en silencio a esperar. Si es visita no deseada, la persona habrá de llamar, si es enemigo peligroso, tratará de no hacerse notar.
Se oye un llamado a la puerta, y una nerviosa voz del otro lado. –Kai, hay algo que necesitas saber.- Él se queda en silencio, la otra persona sabe que no habrá de contestar, un cazador superior no responde a una criatura inferior. –Hay… dijeron que…-
La misma pequeña sonrisa se trepa a los labios del aludido, esa sensación de miedo que infunde. Abre la puerta y le mira levemente, desinteresado. El que llamó a la puerta, retrocede tres pasos ante semejante presencia, es típico que hasta aquellos que no entran en el menú de un tiburón se sientan intimidados.
-¿Hn?- Cuestiona silente.
-Hay un disturbio en el ala norte, los del centro quieren pelea, nos están superando.- Dice con una buena dosis de desesperación por el nerviosismo y la urgencia de la situación.
-Aja- responde simplemente y cierra la puerta en las narices del otro muchacho. Quien se queda perplejo, urgido por la llamada de auxilio de sus compañeros, y por miedo a molestar a su líder.
Ya no insiste, se da media vuelta y baja sin saber exactamente si sentirse feliz de haber salido completo de ese encuentro, o angustiado de no saber si Kai habrá de acudir al llamado.
Yendo a la zona del conflicto, una banda enemiga. Tiene rodeados a seis que están bajo las órdenes de Kai, ellos son diez. Con aspecto amenazante y palabras nada tranquilizantes juegan con el miedo de los otros, rodeándolos y sonriendo mientras dejan ver sus armas. Los amenazados se miran entre ellos, sabiendo que no ganarán y sin atreverse a hacer la valiente defensa.
Y comienza la trifulca, iniciada por los invasores. Aquellos que se supone deben defender el área ganada no hacen mucho, sólo quieren salir de ahí, salvar sus pellejos como patéticas criaturas.
Es como una pelea por una gran presa, los pequeños carnívoros y esos oportunistas carroñeros que rondan el mar quieren mostrar sus cualidades, mostrarse valiosos en ausencia de quien dicta las reglas ahí. Como una forma de escalar al poder, pero eso no será posible. Porque como en aquellas disputas de mar, en cuanto se siente la presencia del gran asesino, las cosas se detienen, todos se hacen a un lado, sólo los que creen contender con el más fuerte permanecen.
En el extremo de la callejuela aparece Kai, mirándoles con aburrimiento pero por dentro mide números, fuerzas, condiciones del terreno, lo que puede estar a su favor y en su contra. Igual que el tiburón, que no atacará a quien no puede vencer ni a quien solo le hará perder el tiempo. El gran pez elige únicamente a quien representa una amenaza manejable.
Y Kai ha distinguido a dos. Un musculoso muchacho de cabello castaño, y otro armado con dos navajas y que parece saber lo que está haciendo. Adelanta unos pasos, la escoria retrocede el triple, los que se creen dignos mantienen su posición. Se miran entre sí, nuevamente midiendo fuerzas y debilidades, como cualquier batalla de poderosos buscan el punto más inseguro, y el lado más fuerte.
E inicia en medio de un silencio que no presagia nada bueno. Cuando los dos contrarios comienzan a atacar Kai sonríe de ver que no estaba equivocado, son dignos rivales. El chico castaño prueba ser el más fanfarrón pues basa su ataque en golpes bien dirigidos pero con una defensa inexistente, enfoca primero su atención en deshacerce de él pues el segundo enemigo es algo más complicado. Sabe combinar sus movimientos y aprovechar los supuestos puntos ciegos del contrincante.
Después de un certero golpe en el pecho, el grandulón cae sin sentido al suelo, los otros dos se separan un poco para recuperar el aliento y saber que efecto tuvo el primer asalto, hay un poco de sangre en las cuchillas del muchacho, y algunos futuros moretones en su cuerpo. Ambos han acertado en sus ataques, la pregunta es ¿quién tiene más resistencia?
Éste nuevo predador que quiere un tajo del poder del otro. Y ese otro se siente retado, y lejos de infundirle miedo le emociona más, porque para la vida de los que deciden quien ha de morir y quien no, cualquiera en esas situaciones puede caer en una apatía que le carcomería todo. Por eso Kai sonríe y espeta una que otra palabra retadora.
Inicia el round dos. El de las cuchillas quiere acabar todo pronto, dirige los filos a las áreas más vitales del contrincante, y Kai prevé lo que pasará, no en vano ha aprendido lo que sabe por experiencia propia. Es cansancio lo que hace al contrario apresurar las cosas. Grave error.
La navaja izquierda hace contacto con su costado, no profundo pero si aparatoso, la sangre que sale le da seguridad al atacante y lanza su mejor movimiento, Kai lo recibe con la ofensiva ya planeada. Con un movimiento de mano, le hace soltar un arma y con otro pase de manos hace que el infeliz quede amenazado por la punta de su propia cuchilla. La diferencia de fuerzas es poca, pero Kai tiene la última palabra en esa cuestión. La punta comienza a hacer un recorrido rojo por la piel del contrario que al ver su posible futuro grita suplicando clemencia.
Regularmente el tiburón no sabe de compasiones, porque eso implica la posible existencia de debilidades. Pero hay momentos en donde sabe que no tiene caso continuar, por orgullo propio es que no se bate en riñas con cualquier desecho de mar. Porque el que ha perdido a partir de ese día lo es, así de dura es la vida en el mar y las calles. Cuando has intentado ganar el poder, y has fallado ya no tienes una segunda oportunidad, has pasado a ser parte de las filas de los perdedores que no pueden aspirar a otra cosa mas que recibir las sobras de los otros.
-Saben lo que pasará de volver a intentarlo.- Dice mirando a los invasores apaleados, quienes asienten y ayudándose entre ellos se alejan tan rápido como pueden. Y dirige su mirada a los que yacen en el piso jadeando del esfuerzo hecho y la tensión acumulada. Sonríen al ver a su cabecilla llevarse el triunfo, pero él no piensa lo mismo. –Y ustedes saben lo que pasa con los débiles… largo.-
Se retira dejando atrás a los ahora expulsados, que no se atreven a reclamar su expulsión o a suplicar su nueva aceptación, saben que no serán recibidos nunca mas. Así son las cosas ahí.
Regresa a su refugio, apenas cierra la puerta se sienta en el piso recargando su espalda en la puerta. Jadea un poco y se toma el costado que sangra, para una victoria hay que hacer sacrificios y esa herida fue el suyo, pues no podría ganar de no haberse permitido ser lastimado. Se queda pensando en las palabras que lanzó a sus antiguos subordinados. Las escuchó alguna vez, allá en la mansión del abuelo, fue lo último que escuchó de él antes de ser lanzado fuera de ahí. Porque el abuelo no tolera a los débiles, y en ese entonces Kai lo era, estaba por encima de muchos pero el patriarca Hiwatari le quería por encima de todos. Por eso lo alejó, lo lanzó a ese mar de posibilidades para que se endureciera y pudiera construirse su camino de regreso. Además que le era más útil tenerlo a distancia para que no hubiera conexión entre él y la misión a cabo.
Y si, seguramente no faltará quien se pregunte como es que un ser de tanta fuerza y con semejante nivel de frialdad desea retornar a un lugar así, o simplemente tener contemplado un regreso. Si se ha dicho que los poderosos no tienen conexión con nada. Pero hay algo, algo que llaman memoria genética, pues aunque no exista recuerdo alguno del lugar de origen, hay algo en el interior que llama al tiburón a ir al lugar donde vio la primera luz. Para procrear, para morir o simplemente por la irracional razón del conocer.
Y ante eso, ni la llamada 'máquina asesina' de los mares se puede negar. Kai tampoco, porque sea memoria genética o no, le han hecho creer en la lealtad. Y hasta que no conozca a alguien mas a quien considere sea digno de la poca que le tiene a su anciano familiar, la suya yace con el viejo megalómano que le usa por ambición propia, ante la cual la suspicacia e inteligencia que Kai ha desarrollado, se ven cegadas por su sentido de pertenencia.
Repara la herida con experiencia aprendida de mala manera, un par de costuras entre siseos que se escapan por sus dientes apretados y se recuesta. Ahora si, durmiendo profundamente a sabiendas que ha reafirmado su lugar en la cadena, y por un tiempo nadie volverá a atreverse a ponerla a juicio.
Hasta la siguiente confrontación o la llamada de su familiar.
Será entonces cuando el tiburón muestre los colmillos de nuevo.

19.2.15

Pensamientos en un funeral

Sonríele a la madre que no recuerdas, extiende tu mano intentando alcanzar la suya aunque sepas que no estará ahí para sujetarla… como siempre, desde siempre. Suéñala, trata de imaginarla, intenta creer que su presencia acompaña la tuya, aquello que unos te han dicho y que no crees pero intentas hacer.

Voltea a un lado buscando la protectiva presencia de tu padre, engáñate y finge que esté ahí aunque sabes que no lo está, que nunca lo ha estado. Coloca una imagen sin rostro, sin detalles, no hay nada en tu cabeza que pueda darle ese rostro, una identidad y una sonrisa. No hay nada, no la ha habido pero intenta engañarte creyendo que los hay.

Mira alrededor, aunque no haya nadie no niegues la urgencia infantil de imaginar que los hay, después de todo siempre ha estado insertada en tu cabeza, aunque engañes al mundo no puedes engañarte a ti mismo, y ese también es el problema.

El chico levantó la mano protegiéndose un poco del sol invernal, el helado ambiente de la capital rusa era una de esas cositas que llegaban a formarle una sonrisa en su pálida cara, el sol en lo alto sin calentar, el viento helado que corta, el cielo azul como mar intenso sin una sola nube surcándolo, dándole un color especial al ambiente.

Árboles más verdes, cielos más claros, la tierra que niegas y que te reclama.

El invernal cielo ruso es el que le daba la bienvenida a Kai después cierto tiempo de estar fuera, y no había ido por gusto, una razón de fuerza mayor lo había atraído ahí. Una muerte, pero no como las que habían perseguido esa vida que no recordaba; ésta, era una bien venida. Su abuelo, había pasado a otra vida.

La recepción en el aeropuerto fue insípida y con un dejo de tensión, él había aprendido a ignorar todo, desde las hartantes acciones de Tyson y Daichi hasta las molestas miradas que la gente comúnmente le lanzaba, una sonrisa interna apareció cuando vio a aquellos imponentes hombres de negocios luchar contra su ego infinito, tragárselo y agachar la cabeza, metafóricamente o no, ellos se postrarían ante él por que ahora, él era el jefe.

Pero… ¿era eso felicidad? ¿Debía estarlo? ¿Qué era para él la felicidad?

No sabía ni cuando lo estaba, mensajes confusos llegaron a su cerebro y cansaron su cabeza, la sacudió y cerró con fuerza la puerta del automóvil que lo esperaba, dejando afuera al séquito de acompañantes que intentaban abordar con él. Estar con tantas personas era molesto, sobre todo si eran lambiscones e hipócritas seres como esa gente.

Se asomó aburrido por la ventana del lujoso automóvil, el trayecto lo conocía como la palma de su mano, reconoció calles, tiendas, árboles, edificios, escenas congeladas de sus viajes anteriores. Su memoria más temprana no era de fiar, pero la actual era su más fiel acompañante, era prodigiosa. A veces llegaba a pensar que era la compensación por todos esos años de los que había perdido recuerdo.

Siéntela, ella te llama, tu casa, tu primer hogar, el único… si es que acaso alguna vez lo has tenido. Lo aceptas, lo reconoces, lo anhelas pero te engañas diciendo lo contrario.

La mansión no cambiaba en nada, muerta, sombría aún en pleno día, solo había un cambio del cual aún parecía no hacerse a la idea, esa pesada presencia que la inundaba había desaparecido, su abuelo había muerto.

Descendió del carro apenas se detuvo, ni siquiera esperó al chofer que le abriría la puerta ¿para qué? Un ser independiente no necesita servidumbre, pero tanta gente dispuesta a lamerle los pies por una migaja de su ahora rica mesa. ¿Qué hacer con ellos?

En el camino del patio donde lo dejó el carro hasta la casa todo fue negro, desde los lujosísimos carros negros que parecían hacer un desfile hasta la ropa de la gente, trajes oscuros y rígidos, iguales a las caras planas de aquella gente que fingía todo. Hipócritas, perros salvajes que moverán la cola con darles un hueso pero morderán la mano apenas haya un descuido.

¿Qué haces aquí? ¿Qué te ata aquí? Tu tierra te esperaba, pero no con una sonrisa. Nunca lo ha hecho, niegas tus raíces y ese pasado para ti desconocido. Levanta la mirada al cielo o al techo. Será lo más cercano a la libertad mientras estés aquí.

Una ceremonia funesta, no solo por ser un velorio. Gente muerta alrededor de un muerto, incluso él se sabía sin vida. El chico se acercó después de que la última guardia hizo su descanso frente al féretro, por treceava vez rechazó el pésame que se le ofrecía. Fingir, todo era un fingir, de ellos y de él. ¿Eso no lo hacía un hipócrita también? No le importaba mucho el caso de cualquier modo.

Se acercó al fin al impresionante ataúd de fina madera con incrustaciones de oro, una fingida casa, para un fingido descanso, de un ser que jamás lo tendría ni se lo merecía.

Odia, odia a quien sabes que debes. Odia a quien te encadenó a esta vida que no es la tuya. Odia a quien te moldeó a lo que eres, odia… lo odias… pero a la vez te odias a ti. Por habérselo permitido, por no haberte negado, por que te atrajo cosas que no te provocaron disgusto, que te gustaron. ¿Odio? ¿Lo odias aún?

Un decrépito ser en un espléndido lugar, como una rata en un palacio. Así estaba el anciano, el paro cardiaco que le había dado fin a su existencia no había alterado en nada su fisonomía. Kai imaginó que en cualquier momento se levantaría y le daría esa mirada ruda y que sin una sola palabra le demostraba que estaba ahí… estuvo parado ahí casi media hora, nada pasó. Nada. Fue entonces cuando entendió que no pasaría ya, ni su mirada, ni sus palabras, ni su presencia… se había ido, y él… estaba solo.

Un brillante futuro te espera, tu presente lo has decidido hasta ahora y fue sabio, pero a partir de ahora tu futuro será magnífico, no habrá más duda, más incertidumbre, el mundo estará a tus pies. Poderoso caballero don dinero, que cabalgará para ti y te abrirá las puertas del mundo. No es lo que quieres, pero no hay opción parta ti.

La insulsa ceremonia duró hasta que el sol pintó de rojo la casa, se trasladó el féretro hasta la cripta familiar en un cementerio a pocas cuadras de la casa, parecía que había muerto un rey, más bien un dictador, por que había mucha gente mostrando luto pero ninguna derramando una sola lágrima, Kai no vio dolor en ningún punto, se preguntó si alguien lo sentiría ¿él lo sentía?

La noche acaeció con él postrado en su nueva posición de cabeza, de la casa, de las empresas, de todo. Cerró la puerta al mundo y a su propia voz interna, no quería escucharla, no en ese momento. Por que solo le lanzaba una cosa que hacía eco… ya no estaba él.

Cuando no hubo un ruido más en la casa, salió con paso silente e invisible, llegó al estudio de Voltaire. Ahí abrió cortinas y ventanas, cuando el gélido aire jugó con su cabello y suspiró mirando la nube blanca de vapor ante él, encendió las luces y ahí estaban, las pinturas de su pasado olvidado, tíos, prima, abuela… padres. Gente que no existía en su memoria.

Soledad no es estar solo, ni saberse abandonado… no sabes que es la soledad hasta que la extrañas. Pero tú no extrañas, nada ni nadie. ¿Cómo extrañar algo que no recuerdas? Solo lo recuerdas a él… ¿lo extrañas?

Y se quedó dormido en ese cuarto, no sabiendo que le deparaba el día siguiente y que decisión tomaría, tenía el conocimiento y la capacidad de ser un pródigo empresario, pero no era lo que quería… ¿Qué otra cosa podía hacer?

Niega lo que sientes, aférrate a lo que tienes y que se escapa entre tus manos. No estás solo, hay multitudes que te rodean. Aquí y que por siempre seguirán tu camino silente. Sin intervención, sin hesitación, sin apoyo. ¿Estás solo? Mira a todos lados, hay mucha gente ahí… ¿pero a quién sientes cerca?