23.2.15

Azoociaciones II

Azoociación número dos

Hiena

Normalmente a todo ser que roba a otros se le tiene en la peor categoría, se le tacha de infame y de despreciable, hay incluso quien dice que no deberían existir, pero esa gente no sabe que esa clase de seres son necesarios, aunque parecen mas un lastre y un estorbo, se requiere de ellos.
Tal es el caso de la hiena, ese cánido que vive en las sabanas africanas y cuyo sonido gutural es famoso gracias a la asociación con la risa. ¿Quién no ha oído 'te ríes como hiena'? y la hiena ríe, aunque no lo aparente, tiene sentido del humor, aunque lo que le provoque risa sea el inútil pelear de la presa, o algún león que acaba de cazar, pues sabe que ese león (si está solo) habrá hecho su trabajo en vano.
¿Cruel? Tal vez, pero para la hiena, la vida es así. La crueldad es solo una extensión de ella.
Hacía el paseo matinal hacia una pequeña plaza en los suburbios de Moscú, repasaba en su cabeza la lista de cosas pendientes. El periódico de Tala, la verdura para la comida, preguntar en el taller de electrónicos por el radio de Spencer, comprar el cereal de Ian, y pagar la cuenta del teléfono. Mantenía la vista al frente, aunque cada que creía hallar algo interesante en el camino movía la mirada hacía allá, si parecía lo suficientemente atrayente viraba la cabeza.
Y realmente esa mañana habían varias cosas que valían la pena, un gato que acababa de robar un pescado de un puesto cercano, lo degustaba burlonamente en un punto donde el dependiente no podía alcanzarlo; un hombre que recién había sido mojado por un chico que pasó apresurado en su motocicleta bañándolo por completo a causa de los charcos que quedaron por lluvia de la noche, un par de niños que lloraban desconsolados cuando sus helados terminaron en el piso tras estar forcejeando por querer ganar el del otro.
Y se río, una pequeña carcajada que se había estado anidando en su garganta desde que vio la cara del dueño de la pescadería, y que no halló contención cuando justo enfrente de él una sexy chica tratando de atraer la atención de un hombre a su izquierda quiso caminar sobre un área irregular del piso, a causa de sus altos tacones terminó en el piso.
-¡Idiota!- le gritó la chica al escucharlo reírse.
-No deberías reírte, deberías ayudarla.- Dijo el hombre que la chica quería atraer.
Pero Brian no dijo nada, se colocó la mano en la boca queriendo no dejar escapar otra risa porque el hombre, había derramado su café sobre la muchacha al tratar de ayudarla. Se dio la vuelta y siguió el camino con la risa escapándose entre sus dedos y las miradas de desprecio de varios testigos del suceso.
La hiena no es bien vista por nadie, por que roba la comida a los que no pueden defenderla, por su tamaño como los débiles guepardos, o el aislado fenec, o incluso del poderoso león cuando no puede superar el número. La hiena parece abusar del débil, o de quien no puede pelear. Pero a ella no le importa, es parte de su naturaleza, y para ella, eso está bien.
Llegó al puesto de periódicos donde halló la edición encargada por Tala, extendió la mano para tomarla pero se encontró con otra que tenía el mismo objetivo.
-Disculpa.- Una solemne voz de un hombre mayor se disculpó. Con el tono y la jovialidad que esperan que la otra persona ceda. Pero esa otra persona no era como las otras personas, y tomó el diario. El hombre endureció la voz -¿Disculpa?-
-Yo lo gané.-Fue la respuesta de Brian, que miraba el anaquel de revistas 'para caballeros' buscando la nueva edición de su revista habitual.
-Yo también leo ese periódico.- Insistió el hombre mayor.
-Yo no, pero si mi amigo.-
-Pero es el último.-
-Hay mas puestos.-
-Pero el más cercano está a mas de cinco cuadras.- El hombre hizo lastimera voz como queriendo denotar su edad y su condición, pero Brian seguía sin verlo. Embobado por las curvilíneas formas de una rubia bañada en chocolate de una portada.
-Pues apresúrate o tampoco lo encontrarás allá.- Dijo al fin hallándola, y decidiéndose también por la nueva revista de armas caseras y una de cocina experimental. Cuando tomó las ediciones (teniendo el cuidado de ocultar la 'candente' entre las otras dos) miró al fin al hombre, y dándose cuenta del bastón y su evidente edad avanzada, sonrió un poco –si fuese tú tomaría un taxi.- Pagó y se fue.
-¿Y así tratas a tus mayores?- dijo el hombre indignado. Y el otro agitó la mano a la distancia mostrando el desinterés de la supuesta brusquedad de su acción.
¿Quién puede juzgar a quien no comparte la misma escala moral que uno?
Por que los valores no son los mismos para todos, quizá al león le sirve la justicia de una comida donde todos tienen un pedazo de la presa, para el leopardo la bondad de compartir parte del botín con algún compañero que le ayudó en la cacería, para el licaón la igualdad en el clan… pero no para la hiena, ella se mide de un modo distinto. Y la igualdad radica en que quien gana la presa es la que se la lleva, la bondad que puede pasar si un compañero es herido y quizá no pueda alimentarse, la justicia de arrebatarle la comida a quien puede fácilmente cazar algo mas.
Porque es una descarada, y si caza o se lleva la comida de alguien mas, la come enfrente de la pobre víctima, jactándose tal vez ¿Quién dice que no?
Así como Brian, que en su vida se había interesado por los sucesos que ocurrían más allá de sus narices, de pronto se le vio leyendo el periódico mientras se alejaba lentamente del hombre que debió haber tomado sus pastillas para la presión tras el disgusto con el chico pálida piel.
Después de tratar de leer encabezados y conformarse con la sección de humor, dobló el diario y siguió caminando poniendo un poco de su interés en la calle y alguna otra cosa que fuese como las que había encontrado en el camino de ida. No halló nada.
-¿Puedo servirle en algo?-
-Un radio de frecuencia UHF, con salidas de 5.1 canales y entrada digital.- Leyó la nota de Spencer, y miró al hombre.
-Si, espere.- El hombre se sumergió entre torres de aparatos como un topo, y Brian imaginó que de pronto caía alguna televisión, sonrió. Al poco tiempo emergió con una caja de extraña apariencia. –Si, está listo. El costo está cubierto, quien sea que haya hecho esto es un experto, ni a mi se me hubiera ocurrido.- Dijo el hombre amenamente como para iniciar la conversación.
-Aja- lo tomó asintió un poco como queriendo agradecer y se dio la vuelta. No tenía nada que comentar, pues él apenas y podía nombrar mas de cinco aparatos de tecnología y en definitiva no podía llevar una conversación de computadoras, DVD's o… telefonía.
Para él la vida era mejor llevarla como viniera, sin atarse a gustos que podían llevarle a vicios hartantes, como Ian que no podía separarse mucho tiempo de casa porque sus programas se sucedían cada hora, Tala y su obsesión por estar 'enterado' devoraba el periódico apenas caía en sus manos, si alguien osaba molestarlo mientras veía el noticiero matutino, vespertino y/o nocturno desearía estar muerto… en cambio él no.
Bastaba con dar una vuelta por la calle y reírse de la desgracia ajena, o simplemente dejar que su mente normalmente intacta maquinara las infinitas posibilidades de cosas que podían pasarle a quien se cruzaba por su mirada.
La hiena es de lo más sencillo que hay, no requiere de vastos territorios para cazar, pues son compartidos entre los distintos grupos que se movilizan conforme las manadas van avanzando. Se contenta con madrigueras escarbadas en el suelo, los cachorros están a salvo y hay suficiente espacio para todos, si quiere pelear simplemente mordisquea al de a lado para tener un contrincante, si por el contrario quiere confort… hace lo mismo, y el otro entiende, se van retozando a lo largo de la sabana. No es un animal vistoso, de hecho no faltará quien diga que es feo, con esa extraña fisonomía en la que parece tener una joroba, un rabo mocho y patas dispares, todo forrado de una café-grisácea piel manchada que no tiene la intensidad de la piel rayada de la cebra o la elegancia del leopardo.
Sin embargo, es de los carnívoros más exitosos, deja a un lado la fanfarronería del león que depende directamente de la leona, o la delicadeza del guepardo que no puede romper sus propios límites porque se verá acabado. Es un depredador que triunfa por el medio de la sencillez y la desfachatez.
Cuando llegó a la casa, dejó el encargo en la mesa de la cocina, le entregó a Spencer el aparatejo que le llevó dos semanas construir, Tala solamente extendió la mano sin separar la mirada de la pequeña televisión de la cocina, pues Ian se había adueñado de la principal. Subió a su cuarto y se echó a la cama a revisar la compra del día, pensándolo bien quizá si tenía un pequeño gusto rutinario, esas publicaciones.
Pero todo ser tiene algo que se convierte en rutina, y eso era la suya, pero ni siquiera era como esas personas obsesivas que coleccionaban sus revistas por montones hasta que cubren la totalidad de su espacio vital, él las leía (o las veía considerando su pereza intelectual) y las desechaba.
-Ey Brian, la comida está lista coloca la mesa.-
-No.-
Hubo un silencio tras la respuesta. Unos fuertes pasos se escucharon en las escaleras, y sin duda era la señal de que Spencer subía con cara de molestia y la frase de reclamo para hacerlo trabajar. Abrió la puerta con fuerza -¿No?-
Brian se levantó con toda la calma del mundo. –No… tardaré mucho, nunca me dejas acabar.- Y salió pasando delante de Spencer sin darle ni una palabra, solo una mirada y una pequeña sonrisa que dejó al otro con el reclamo atorado en la garganta.
Esa es una clave para entender la aparente sencillez de la hiena, porque mostrará sumisión, con la cola entre las patas y la cabeza baja se aleja cuando es descubierta por un carnívoro aparentemente superior.
Cuando Spencer se compuso de la confusión llegó a la cocina donde estaban los platos y cubiertos colocados en perfecto orden. –Tengo hambre.- Brian dijo sujetándose el estomago.
Spencer sonrió –Siempre terminas obedeciéndome Brian.-
En ese momento entraban Ian y Tala, -¿Qué hay de comer?-
Se sirvió todo y comieron entre discusiones y comentarios habituales, todo parecía ocupar el orden de siempre. En unos minutos, Tala diría que iba a revisar su correo en el café del centro, Ian que comenzaba su serie, Spencer que quería probar su radio, Brian se quedaría en la mesa a esperar que alguien le invitara a acompañarle o a que se le ocurriera algo mientras limpiaba la mesa y lavaba los trastes.
-Spencer, ¿podrías encargarte por hoy de la cocina? Hay algo importante que debo hacer.-
Estas palabras detuvieron en seco a todos, que miraron al de pelo lavanda con confusión escrita en cada sección de su cara.
-¿Tú tienes algo que hacer?- Ian preguntó.
Brian asintió, -Un asunto de extrema importancia.-
-¿Tú?- Tala insistió, pues no cabía de asombro.
-Aja- dijo el interrogado.
-¿Y se puede saber que es?- Spencer cuestionó.
-Te diré cuando regrese. ¿Puedes?-
El razonamiento de Brian usualmente era igual de lineal que el de Tyson, eso no era difícil de deducir, tenía un poco más de materia gris que normalmente funcionaba para cosas nada útiles o beneficiosas, pero la seriedad con la que hablaba convenció a todos. Spencer asintió dejando para después la revisión de su radio. Brian subió a su habitación y en menos de tres minutos se despedía avisando que no tardaría.
Pasaron cerca de hora y media, cuando él regresó. Spencer comenzaba a ocuparse de su aparato en medio de una impecable cocina, Tala tomaba café mientras leía e Ian estaba en medio de un ataque de frustración por que su programa había sido cambiado de horario.
Brian se sentó en la mesa de la cocina que estaba invadida de cables, tornillos, herramientas y el radio, además de Spencer que lo revisaba minuciosamente. -No quedó- dijo casualmente.
-¿No?- contestó Brian mientras se llenaba un vaso con agua.
-¿Y a dónde fuiste?-
Brian volteó a verlo, de un solo trago terminó su bebida y mientras bajaba el vaso, sonrió. La misma sonrisa que había dejado confundido a Spencer cuando iba a reclamarle. -Solo a demostrarte que eres tú quien me obedece.- Dejó escapar esa risa de burla que Spencer tan bien conocía y salió aprisa por la puerta.
El rubio se quedó mascando las palabras de su amigo, y todo tomó sentido. Con absoluta candidez había caído en el juego, pues Brian hizo que Spencer realizara su trabajo, con una simple y sencilla mentira. Y eso lo enfureció, y corrió a su cuarto, lo halló con doble llave, bajó a tomar el manojo de llaves de la casa y no lo halló. Entendió que Brian se lo había llevado en el camino.
-Abre ahora mismo para que pueda matarte.-
-Y dicen que yo soy el imbécil.- Se escucho la burlona voz desde adentro.
Esto enfureció más a Spencer que parecía destrozar la puerta con cada golpe.
-¿No deberías decir algo?- Ian preguntó ante el escándalo, recostado en la alfombra de la sala viendo la Tv mientras Tala estaba sentado en el sillón.
Tala se asomó por encima de su café. -¿Qué parezco? ¿su papá?- y siguió con su cafeínica bebida y el periódico al lado.
Spencer se cansó de gritar y patear, además de escuchar la patentada risa sarcástica de Brian. Que, en efecto, había demostrado estar un paso delante de él.
Igual que la hiena, que después de su acto de sumisión se aleja, pero vuelve a la carga con un plan más elaborado, y casi siempre termina llevándose todo. Ay de aquel que sea víctima de sus tretas, se quedará engañado y sin comida, lo único que la hiena le dejará será el eco de su risa a la distancia.

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