23.2.15

Azoociaciones III

Azoociación número tres.
Mangosta
El peligro está al frente, cualquier movimiento en falso, alguna defensa baja o reflejos lentos serán la perdición. Los ojos se encuentran, las miradas viajan en cada punto del cuerpo del contrario si se adelantan a los movimientos pueden salvar la vida…
O ganar la última porción del desayuno.
Los palillos son las armas, y la rapidez la última opción. Ahí están los pequeños pedazos de pescado dejando escapar su aroma delicioso. Los ojos de uno van a la izquierda, igual los del otro, luego a la derecha y se encuentran, de pronto los del más pequeño brincan en un instante a la izquierda de nuevo y cuando los del contrario van a imitar el movimiento la mano del primero se lanza sobre la comida, ganándola.
-¡Daichi! Eso es injusto, me engañaste.-
-Jajaja, error-te gané. ¿O no abuelo?-
El mayor de los Granger mira a Tyson y, cierra los ojos con solemnidad. –Lo siento muchacho, pero la verdad es la verdad. Te ganó con todas las de la ley. Resígnate.-
-¡Abuelo! ¿de lado de quien estás?- Pero el abuelo ya se ha dado a la fuga para alejarse cuanto antes de las discusiones de esos dos. Y al darse cuenta se enoja. -¡Daichi te mataré!-
El pequeño pelirrojo se va corriendo engañándolo de nuevo al meterse sin previsión en el armario cerca de las escaleras, Tyson sigue corriendo sin darse cuenta de que persigue solo al viento.
Escapar de un marabú atolondrado es cosa fácil, para esos casos basta con la velocidad, la inteligencia no es completamente necesaria para ella, puede tener muchos depredadores pero sólo pocos son los que en verdad son de temer.
Para la mangosta, ese animal que parece una rata y habita en tierras asiáticas, vive de su velocidad. Es de los pocos que siendo presa puede darle la vuelta a la balanza y convertirse en el predador del cazador. Y aunque es proeza de la que pocos se jactan, no muchos le reconocen esa cualidad.
Daichi Sumeragi es como ella, porque siendo el más pequeño del equipo es casi ley que le cuelguen cualquier etiqueta que caiga en la categoría de 'sobrante' o innecesario. O el que está sólo para llenar el hueco.
De lo que no se dan cuenta todos, es que es de los más fuertes, quizá no en términos de inteligencia como Kenny, de suspicacia como Rei, o… bueno, en los que sea que se maneje a Kai. Y compite por el más animado como Max o el más explosivo-comelón como Tyson, pero en palabras concretas, esas dos cosas no son cualidades que alguien pueda nombrar como 'útiles'.
Tyson pasa casi una hora buscando en el piso de arriba, mientras el pelirrojo ya está viendo Tv en espera de los demás compañeros del equipo. Cuando Tyson escucha que Max y Rei han llegado va a su encuentro y se topa con Daichi, mira a donde ha estado buscando inútilmente y luego a las tres envolturas de golosinas que delatan que ya lleva un rato ahí.
Tyson se ahoga con su coraje y no puede decirle nada. -Chicos, ¿listos para entrenar?-
-¿Qué te pasó Tyson?- Max pregunta sorprendido de la cara de su amigo, pues parece que acaba de correr una maratón.
-Nada, Maxi, nada. Vamos.-
-¿Vienes Daichi?- pregunta Rei.
El aludido parece levantar las orejas y mira a Tyson con una enorme sonrisa –Claro, si no quien le dará su paliza a Tyson.-
Ese lugar es como la jungla hindú, hay presas, cazadores y animales con los que bien se puede lidiar. La mangosta vive en ambientes así, no es de esos temerosos como el ciervo que viven bajo tensión día y noche por miedo de que el depredador aparezca detrás de cualquier arbusto, ni es como los que disponen de las vidas de otros como los tigres que solo se preocupan de otro congénere.
La mangosta puede dormir tranquilamente algunas horas y alardear de que es cazadora, aún con su pequeño tamaño y su aspecto que parece indefenso. Es ambas cosas, uno de los mejores ejemplos del equilibrio.
-Ey Daichi, ¿batallas contra mi?- Max mueve su lanzador frente a él.
Daichi entrecierra los ojos, razona si no tiene hambre y muestra los dientes en una sonrisa. –Vamos, perderás y después podré vencer a Tyson.-
Max al sentir el reto disminuye un poco la sonrisa. -¿Perderé? En tus sueños amigo.-
Ambos se colocan y lanzan, uno no es reto verdadero para el otro y no por que no lo considere oponente sino porque simplemente no tienen interés en derrotarlo, gane quien gane se restregarán la victoria y dejarán de hablar de ella en menos de cinco minutos.
Aquí, esta mangosta ve a su opuesto como algún simio gibón, no es ni cazador ni presa, el mono hace su vida y la mangosta la suya. Y tienen utilidad mutua porque los demás compañeros del mono sirven de vigías para un enemigo común.
Curiosa situación, es lo que sucede. -¿Qué ese no es Kai?- pregunta Max mirando a lo lejos.
Todos estiran los cuellos y divisan a su capitán recostado en la base del tronco de un árbol. –Si, si es.- Tyson va caminando al encuentro de su compañero.
Kai se acerca caminando con calma detrás de Tyson, llega directo con Kenny que nervioso muestra la pantalla de su computadora. –Max, esa defensa comienza a decaer, Tyson y Rei batallen.-
Como se han acostumbrado no es una petición, y hacen lo que Kai dice. Tras la batalla (en la que resulta ganador Tyson) Kenny y Kai discuten los resultados, Hilary llega y Daichi entra a modo alerta, he aquí un enemigo con el que uno se puede divertir, y no que ella sea una villana que quiere conquistar el mundo (como algunos que se podrían nombrar) pero digamos, que es de aquellos que mas que arruinar al día, lo alegran a su modo.
-Eh, ¿alguien se dio cuenta? Ya se nubló. Hilary, eres como una bruja del clima.-
-¿Qué dijiste?-
-Sólo prométeme que no me electrocutarás.- Daichi se burla de nuevo, sentadito al lado de Max.
Hilary finge que no le importa y deposita lo que trae para la comida en la cocina, sale y se acerca en silencio para golpear a Daichi. Está a pocos metros y siente la victoria en sus nudillos, el pelirrojo no ha movido ni un solo dedo. Tal parece que esta vez la chica podrá vengarse.
Y justo cuando está a mínima distancia, se lanza con todo y Daichi ya preparado para el ataque de ella se inclina al frente quitándose de su camino y haciendo que ella se golpeé directo en el piso. –¡Jajaja! ¿pensaste que podías ganarme? Ni en tus sueños.-
El buitre bengalí a veces trata de cazar a la mangosta, pero ella es (usualmente) demasiado rápida para él, y además, como a la mangosta le gusta divertirse. Se tira de panza en pleno campo abierto esperando que sea el buitre el que la divise, si es el caso espera con paciencia. El ave se acerca lentamente asegurándose que es su presa, y cuando está a punto de asestar el picotazo mortal, la mangosta sale disparada entre las plantas aprovechando sus rápidos reflejos. Dejando al buitre frustrado y confundido, o como en este caso con un enorme dolor por el golpe.
-¡Daichi me las vas a pagar!- Hilary se soba el golpe y corre tras el niño, Tyson recordando que le debe una se una a la chica en la persecución. Las cosas se ven mal para esta mangosta, hay que imaginar al buitre bengalí y a una civeta uniendo fuerzas para perseguir a este pequeño carnívoro. Puede burlar a uno u otro separados pero juntos, está perdida.
Lo acorralan en la sala, no tiene para donde escabullirse ni que lanzarles. Cierra los ojos imaginando su doloroso fin, cuando el timbre de la casa detiene a todos. Hilary se para justo enfrente de Daichi para impedir su escape mientras Tyson acude a la entrada. Él se va y no regresa. Y no regresa. Y no regresa.
-¿Tyson?- pregunta Hilary confundida de su tardanza. -¿Quién es?-
Daichi está a punto de aprovechar el momento de confusión para la retirada pero ve entrar a Tyson con gesto confundido, bueno eso no es mucha novedad para él pero ver a la persona que le sigue si es digno de detenerse. Tala Ivanov hace acto de aparición.
-¿Tú?- la mangosta ha entrado a modo alerta, está ante un verdadero depredador. Bueno, ése mismo que es como él, puede ser cazador y presa por igual.
-Chicos, los estamos esperando.- Max aparece seguido de Rei y Kenny.
-Hiwatari.- Tala pregunta o afirma, mirándolos.
-¿Y qué haces tú aquí?- se escucha la voz de Kai que no ha aparecido aún.
-Dijeron que estabas aquí, ¿me estás evitando?-
-Genio- se le escucha decir mientras se aleja, Tala no está dispuesto a dejar que se escabulla y se adelanta para alcanzarlo, pero Rei y Max que parecen ni percatarse de la tensión entre los dos rusos, lo detienen y le llenan de preguntas sobre la situación de su equipo, sus razones de estar ahí y lo invitan a sentarse. El otro aturdido por tanta atención no puede ir por su compatriota para solucionar su asunto.
Todos se quedan ahí en la sala, menos Kai y Daichi, el primero porque no quiere estar ahí y el segundo porque no está tranquilo cerca de Tala. Kai va a sentarse junto a la poza de agua para disfrutar el silencio, Daichi va a aprovechar a Kai. Porque es como el tigre de bengala, el máximo depredador ve a la pequeña mangosta como un insignificante pedazo de carne, ni para calmar un poco el hambre. Así que se le ignora completamente.
Y este tigre tiene la misma función que el mono gibón, anuncia a tiempo la llegada del otro depredador. Kai está acostado leyendo, Daichi brincoteando en completo silencio a distancia segura (porque eso si, hay que respetar el espacio tolerado y la paz del tigre). Entonces Kai baja su libro y cierra los ojos mientras gruñe un poco.
La serpiente está aquí.
El enemigo verdadero de la mangosta, la cobra. Pues es esa letal serpiente la enemiga natural del mamífero, y ese mamífero es el perfecto opuesto de la cobra, aunque ella es conocida por su veneno mortal y sus ágiles reflejos, nuestro pequeño carnívoro rivaliza en velocidad, además que tiene a su favor la notable inmunidad a los venenos. Esta mangosta devora cobras.
Aunque la cobra, también come mangosta.
-Demonios Hiwatari, ¿darás la cara o qué?-
-¿O qué? ¿qué quieres?-
-Quiero batallar.- Daichi se planta entre Kai y Tala.
Kai sonríe y cierra los ojos mientras se vuelve a recostar. La mangosta tiende a ser la que busca a la cobra, le gustan las emociones fuertes y tiene hambre.
-¿Batallar contigo enano?- La cobra no siempre está en disposición.
La mangosta no se cansa de insistir. -¿Qué? ¿Tienes miedo de que te gane de nuevo?- Y normalmente recurre a la provocación.
-Vete al diablo, tuviste suerte esa vez.- La cobra (por orgullo, dignidad o inseguridad es que no cede).
-¿Y crees que la vuelva a tener?- Pero esta mangosta no cederá ahora que ha visualizado una contrincante y potencial cena.
-¿Pelearán?-
-Van a pelear.-
El resto de la fauna va a reunirse a contemplar el espectáculo, la confrontación de ambos contrarios es algo digno de contemplarse, porque no es una batalla donde haya empates si uno pierde va con ello su vida. Por que el que quiera retirarse a media pelea, será la comida del que decide quedarse.
Rei funge como árbitro, Max, Kenny, Tyson y Hilary de espectadores visuales, Kai sólo auditivo pues sigue con los ojos cerrados.
Aquí es donde las cualidades de la mangosta se muestran completamente, se quita la imagen del pequeño carnívoro burlón y desinteresado, ahora ha de probar porque es que ha conseguido lo que ni los 'mamíferos superiores' han logrado, ganar un mano a mano con una letal serpiente.
Se miran a los ojos, inician la competencia, los veloces movimiento van de un lado a otro, delante detrás, golpe esquivado, golpe recibido. Un rasguño, una mordida, choque y golpe. Nadie se rendirá.
De pronto, la mangosta se queda tensa mientras la cobra se ha erguido a todo.
Daichi guarda distancia mientras Tala está listo para embestir, segundos donde todos contienen la respiración incapaces de predecir quien hará que. Al fin, la cobra se lanza como flecha directo al pecho de la mangosta.
Tala ha lanzado su glacial ataque.
La muerde en la pata.
El trazo de hielo ha golpeado a Daichi.
Pero la mangosta ha divisado el punto ciego de la cobra, la cabeza está desprotegida.
El momento indefenso de wolborg una vez que ha atacado.
La misma situación, la misma debilidad, el mismo aprovechamiento.
La mangosta muerde directo en la cabeza.
Daichi lanza su mejor ataque.
La cobra está inmóvil, ya no puede atacar solo se retuerce mientras lanza latigazos con su cuerpo que la mangosta soporta muy bien.
Daichi es el único que queda en el plato una vez que Tala ha sido lanzado lejos.
-Estúpido.- Dice Kai mientras Tala se queda mudo de asombro, se suponía que eso no debía pasar, pero el mono de la montaña, el salvaje pelirrojo hiperactivo que no valía la pena ni nombrar lo había vencido.
Otra vez.
-Ey, Hiwatari ¡no he terminado contigo!- Tala (para ahorrarse la humillación) va tras Kai.
Y el resto sigue sin palabras contemplando el triunfo de su más pequeño compañero ante uno de los contrincantes de mas temer. Ese mono gibón, ese buitre y esa civeta, que fueron la burla de la mangosta aún siendo más fuertes, más grandes y supuestamente más arriba en la cadena que ella. La admiran.
Si, por un momento, el gran tri campeón, la super porrista, el niño que todos quieren… admiran al que nadie consideró jamás.

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