3.7.15

Historias del desencanto II

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Historias del desencanto
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2. Las cinco etapas del duelo.
I. La negación de Rei
Cuando abrí los ojos sentí un terrible dolor que me obligó a cerrarlos de nuevo, traté de moverme un poco pero el mismo dolor me hizo permanecer como estaba. Moví el brazo izquierdo para pasar mi mano sobre la cara y retirarme un poco de esa extraña sensación, jamás había estado drogado o ebrio, pero supongo que era más o menos así como debe sentirse: la cabeza me daba vueltas, sentía un hueco en el estomago y me costaba tener coordinación, salvo por el dolor resultaba una sensación peculiar.
-No se esfuerce Señor Kon, —una voz de hombre me dijo, —estuvo involucrado en un terrible accidente, sus heridas no son graves pero procure descansar. Le administraré unos sedantes para que duerma bien, necesitará el descanso.
Fue lo último que escuché de él, poco a poco todas las extrañas sensaciones fueron disminuyendo hasta que sólo quedó ésa de la cabeza dando vueltas, y quedé dormido sin planearlo, aunque había que admitir que era lo que quería.
Desperté de nuevo sin tener idea de cuánto había dormido, esta vez fui un poco más prudente y todo lo hice con más calma, abrí los ojos despacio y no me encontré con tanto dolor como la primera vez, ya ni siquiera con el hueco en el estomago, únicamente la cabeza y una leve sensación de mareo; conseguí mirar a mi alrededor y encontrarme en el lugar en el que menos quería estar: un hospital.
Me esforcé por sentarme en la cama y averiguar exactamente cuáles eran mis alrededores, si acaso compartía la habitación con alguien o, como fue el caso, me encontraba solo en el cuarto. Bueno, había alguien más pero no era ningún compañero lastimado sino más bien una visita a la que no me atreví a llamar porque dormía profundamente a un costado de la cama, era el papá de Max.
Lo último que quería era hablar con alguien de eso, así que me concentré en revisar mi condición sin hacer movimientos bruscos o ruido. Debía de estar en pésimas condiciones porque apenas había estirado el brazo que me dolía cuando escuché al Sr. Mizuhara salir de su sueño y llamarme.
-¡Rei! ¡despertaste! ¿estás bien? ¿te duele algo? Puedo llamar al doctor si así lo quieres… —se escuchaba tan ansioso que no pude fingir que no podía responder.
-Estoy bien señor Mizuhara, me duele un poco pero tal vez aún estoy medio drogado, no duele tanto. —Forcé una risa, aunque él insistía en que le llamara por su nombre, no me sentía muy cómodo haciéndolo.
-Me alegra que estés bien, dormiste bastante tiempo, cuando escuché que habías despertado la primera vez vine corriendo a verte, pero el doctor ya te había aplicado el sedante porque no consideraba prudente dejarte despierto, necesitabas más descanso pero parece que vas mejorando muy bien.
Asentí ya con la sonrisa no tan obvia, aunque tampoco fingida, siempre he estado muy agradecido con él y esa vez no fue la excepción, expresar tanta preocupación de algún modo me hizo sentir bien. —Gracias, me siento… mejor.
-Siempre es bueno escuchar eso de los pacientes, —se escuchó de nuevo la voz que había oído la primera vez que desperté, el doctor entró a la habitación con su tabla de control, —si sigue así, le daremos de alta mañana a primer hora, me preocupaban las secuelas que no hubiésemos prevenido pero parece que está mucho mejor de lo que esperábamos sr. Kon. No sufrió de lesiones muy graves, pero debe tener cuidado de sus costillas ya que tiene una leve fisura en una, en cuanto a los golpes y heridas no son de seriedad, mientras se mantengan limpias no sufrirá con ellas.
Trataba de escuchar con atención al doctor, pero algo en mi cabeza hacía que simplemente no pusiera atención a nada de lo que me explicaba. Sólo asentí torpemente cuando me preguntó por segunda vez si me sentía bien. El sr. Mizuhara me vio algo extrañado y sonrió ante mis lentas reacciones, los dos asumieron que se debía a que en verdad aún estaba bajo los anestésicos pero supe que había algo más que bloqueaba fuera de mi mente todo aquello relacionado a eso.
-La madre de Max y Mao vienen para acá, —comencé a escuchar de pronto al papá de Max, —no estoy seguro de cuando llegarán, ya sabes las condiciones del clima y todo eso. Y si no las bajan antes del avión, —sonrió forzadamente mientras sus ojos se humedecían y me veía obligado a ver a otro lado, —puedes imaginártelo… una madre y una novia desesperadas por llegar a su destino no son buena combinación, aún menos si una tiene tanto carácter como Judy y la otra es tan apasionada como Mao.
-Si… ¿verdad? —ahí estaba de nuevo esa sonrisa forzada, tan apurado estaba en que se fueran que ni siquiera aclaré que Mao y yo ya no teníamos nada que ver.
-Ojalá lleguen antes de tu alta, —prosiguió el papá de Max cuando se dio cuenta que no pensaba hablar mucho, —de lo contrario no podrás irte de aquí Rei, no puedo separarme de este hospital hasta que Max no despierte y no puedes quedarte sólo en la casa.
Por extraño que parezca, lo que me importó más en su frase fue la parte de que no podía irme del hospital, aún más que eso de que Max no había despertado. No tenía ni las energías ni los ánimos para pensarlo y sólo asentí otra vez, empezando a sentirme ansioso porque Mao estuviera pronto en Japón. Quedarme indefinidamente en el hospital no era una idea que me agradara del todo en ese momento, es más, podría decir que era lo que menos quería.
El doctor y el papá de Max se despidieron después de un rato donde intercambiaron opiniones y comentarios a los que no puse atención. Me quedé solo de nuevo y comencé el proceso de ponerme de pie y ser capaz de avanzar con la esperanza de que apenas llegara Mao, pudiéramos irnos a casa… a China, a la casa de los Mizuhara, al dojo de Takao, a un hotel… a donde fuera pero que estuviera lo más lejos posible de ese hospital, no pensaba en otra cosa que salir pronto de ahí.
Llegué hasta el bañó, donde me encontré entonces con la nada agradable sorpresa que mis brazos (al menos la mitad) estaban repletos de rasguños y moretones, me dolían un poco los dedos de la mano derecha y el pecho como dijo el doctor, me alegró darme cuenta que aunque me sentía aún un tanto mareado podía coordinar a la perfección mi equilibrio y el movimiento de las piernas. Ya era un gran triunfo que me aseguraba no tendría que usar esas molestas muletas o aún peor, una silla de ruedas.
Encendí el televisor y pude enterarme que eran las cuatro de la tarde, brinqué canales deteniéndome un poco en cualquiera que pudiera serme de interés y cambiando de inmediato a aquellos donde había noticieros. Encontré una película que alguna vez vimos en la casa de Takao, y me entretuve con eso hasta que una enfermera llegó con mi comida; hasta ese momento me acordé que tenía hambre, y se la recibí sin ninguna queja. La noche llegó y tuve mucho sueño a pesar de que no había hecho ninguna clase de esfuerzo ese día, el papá de Max había ido otras dos veces, una de ellas para acompañarme a comer y aunque me platicó de algo, nuevamente no le puse atención, él fue la única visita del día… cosa por la que estaba muy agradecido.
Algo muy distinto al día siguiente en el que tuve todas las visitas que no esperaba ni quería. Kyou y Daichi fueron los primeros, me saludaron y me hicieron preguntas que respondí poco, después los papás de Max y Takao, su hermano, el abuelo… con cada uno que entraba y salía me preguntaba cuándo llegaría Mao para poder salir de ahí, pero al parecer no había ninguna noticia de su vuelo. Me di cuenta que aunque los demás estaban igual de contentos de que me estaba recuperando como al parecer se esperaba, parecía que algo les desilusionaba después de estar conmigo en la habitación. No supe que fue en el momento.
Mao llegó la tarde de ese día, tal como el papá de Max había dicho, la chica llegó hecha un torbellino que no se calmó hasta que vio a su amigo y comprobó por ella misma que estaba bien. Para bien y para mal, no dejó que nadie más me visitara el resto del día; para bien… porque bueno, ya nadie más volvió a entrar haciéndome preguntas y esperando en vano que yo las hiciera, y malo porque ella no me dejó en paz hasta que no consiguió sacarme alguna palabra respecto a eso. Pero seguía aferrado a no decir nada… no sabía bien por qué, pero no quería saber nada… nada de eso, no lo razonaba bien sólo sabía que no quería hablar ni oír nada más. Hasta llegué a levantarle la voz un par de ocasiones tras su insistencia, impensable en mí, pero fue casi espontáneo.
Finalmente me dieron de alta esa noche, los papás de Max estuvieron de acuerdo en que nos quedáramos en su casa y Hitoshi fue el encargado de llevarnos. Fue hasta que me dieron de alta que por primera vez dejaba la habitación y me enfrenté de lleno con todo lo que me había estado negando a ver… a aceptar: las consecuencias del accidente.
El pasillo era como una sala de reuniones, estaban miembros de las familias de Takao, Hiromi y Max, y amigos de ellos; los que me conocían se levantaron y me saludaron mostrando su alegría de que al menos yo podía irme ya de ahí, nuevamente no pude reunir la voluntad para hacer preguntas sobre el estado de los demás… no lo había hecho, no estaba seguro de por qué, cuatro de mis mejores amigos estaban ahí… sin que yo supiera en qué estado, quizá sólo porque me dijeron que ninguno estaba en riesgo su vida era que seguía sin hacer preguntas. No supe… no supe en ese momento.
Pues ni viendo a la mamá de Hiromi tratar de contenerse las lágrimas cuando se despidió de mi, o de las ojeras de Judy… hasta esa extraña calma en el abuelo de Takao. No encontré nada que me hiciera querer hacer preguntas, sino que al contrario tuve más urgencia por salir. Tomé con fuerza la mano de Mao y le pedí que saliéramos de ahí, Hitoshi nos siguió no muy contento porque no quería separarse de su hermano… ¿quién podía culparlo?
Apenas llegamos a la casa, se aseguró que entráramos y no nos faltara nada, por alguna extraña razón nos estaban tratando como un par de niños, pero estaba tan abrumado que en ningún momento le dije nada. Hitoshi se fue recalcando que ante cualquier situación les llamáramos de inmediato, cuando quedamos solos los dos, Mao entró a la cocina preguntando casualmente si no tenía hambre, porque ella podía comerse un toro completo. Le dije que sí, pues aunque no sentía mucha al menos podía posponer algo que sentía iba a pasar.
Me dijo que fuera a la habitación a descansar un poco mientras ella cocinaba pero sabía lo cansados que eran los vuelos, y decidí ir a ayudarle en vez de ponerme en plan de víctima que en verdad no era. Ella se sorprendió un poco de mi decisión pero no me discutió nada, simplemente nos pusimos de acuerdo en qué queríamos y pusimos manos a la obra. No hablamos más que lo que demandaba esa preparación en conjunto, cuando acabamos nos sentamos y comimos mientras ella me hablaba de cómo estaban las cosas en China, me repitió muchas cosas de las que me había dicho en Miami pero no encontré el valor para decírselo, porque vi unas lágrimas amenazando con caer de sus ojos.
De pronto me sentí más mudo, más culpable, más idiota, más… más todo de lo que no me había sentido hasta ese momento.
-Estaba asustada Rei, tuve uno de los sustos más grandes que jamás he tenido cuando escuchamos de que se habían accidentado. Gao y los demás de inmediato quisieron venir, fuimos a buscar apoyo con el Sr. Daitenji; les dije que sólo yo iba a venir, que en cuanto estuvieran en China le dijeran la Lai para que viniera… no supe nada de ti por varias horas, gracias al sr. D. pude ir a New York y estar con Judy… ella estaba igual que yo y me dijo que no estabas tan mal… que tú, Kyouju y Daichi no lo estaban pero los demás sí… ¿te digo algo? Me alegré… me alegré de que no estuvieras como los otros.
Ella hablaba con una desesperación y sentimiento que me asustaban, no recordaba haberla escuchado con el sentimiento tan vivo. —Pero ya pasó, —dije torpemente sin saber cómo consolarla.
-Si… ya te vi, ya sé que no estás tan herido como Max o Hiromi, que no te quedas casi sin pulmón o que tal vez te cortarán una pierna… pero no estás bien, ¿por qué no quieres hablar? ¿por qué no preguntaste por Hiromi, Max… Takao? Son tus mejores amigos y no pudiste preguntar de su estado. ¿Qué pasa contigo?
No encontré otro modo de responder que bajando la mirada apenado, ahí estaba eso que quería seguir evitando… lo que no pude hacer y hasta que ella me dijo tuve que reconocer. ¿Cómo fui capaz de no preguntar de ellos? Y la única respuesta que encontré en ese momento fue simple: porque no quería reconocer lo que nos había pasado. Mao sabía que físicamente estaba bien, que sólo algo muy malo me pasaba en la cabeza y yo también lo sabía, pero simplemente estaba en una negación incomprensible… ¿cómo podía estar así cuando tenía las marcas que lo comprobaban todo?
-No… no quería hablar de eso Mao, no… —ya no supe que más decir, entre más pensaba mis respuestas, más tontas se oían al recordar las últimas cosas que ella había dicho, 'que no te quedas casi sin pulmón o que tal vez te cortarán una pierna' ¿era verdad todo lo que decía? Mao siempre de es las personas que exageran todo sólo para mantener a la gente interesada.
-Creo que te entiendo Rei, —dijo dejando las lágrimas y el sentimiento, —pero también sé que vas a ser muy necesario en los días siguientes.
Esas palabras me quedaron bien claras tus amigos van a necesitar de tí, por un segundo sentí un enojo espontáneo queriendo reclamar que yo también tenía derecho a hundirme en una situación de víctima de un accidente pero Kyou y Daichi ya estaban ahí preguntando por los demás mientras que yo me acobardaba encerrándome en mi habitación y ahora aquí en la casa de los Mizuhara. Pero pensando en eso, me di cuenta de otra cosa inesperada… me sentía culpable, por alguna razón sentía que si hubiera insistido más o cambiado de lugares o algo, nada hubiera pasado.
-No puedo dejar de pensar que tuve la culpa de algo. —Dije expresando mis pensamientos.
-¡ERES UN TONTO REI KON! —Mao gritó al tope de sus pulmones, —¿ibas manejando? ¿hiciste que lloviera? ¿llamaste a ese tifón? ¿obligaste a los demás a ir en los carros? ¡NO!
-Pero yo soy el Capitán, si hubiera insistido más en no ir… pero no dije nada, no dije nada… —de pronto me sentía terrible, conforme lo repetía me daba cuenta de lo estúpido que sonaba y me sentía más culpable, ya no porque yo pensara que por mi fue el accidente, sino porque no había hablado con ellos…
Mao se quedó callada, incapaz de aceptar mis últimas palabras pero sin poder negarlas tampoco porque sabía cómo debía sentirme si lo mismo hubiera pasado con ella y los demás de China cuando era su Capitán; ahí me uní a sus pensamientos… por eso Daichi y Kyouju no sintieron nada cercano a la culpa, ellos jamás han estado en una posición de tanta responsabilidad… ellos sólo fueron víctimas, yo… sentí algo cercano a la culpa.
-Aún hubieras sido el chofer, no hubieras podido hacer nada. —Dijo después de un rato, —¿vamos a dormir? Estoy exhausta. —Sonrió más o menos naturalmente, y empujaba su plato al frente, —son las dos de la mañana, luego seguimos hablando.
Asentí e imité sus movimientos, me levanté con cautela y caminé detrás de ella, sin acordar nada entramos a la habitación que tenía en la casa de Max. Ella se dio un baño mientras yo iniciaba el penoso proceso de cambiarme de ropa y verme al espejo para notar las marcas del accidente en mi cuerpo lo que me confirmó la idea que tuve en cuanto terminé la plática con Mao.
-¿Cómo te sientes? Eso se ve terrible, —dijo de pronto al salir del baño, —tengo que revisar las curaciones, el doctor dijo que había que evitar infecciones.
Me quedé dócilmente de pie esperando que ella se acercara y las revisara, mientras trataba de formular lo mejor que podía lo que iba a decirle. Ambos sabíamos que no era necesaria esa revisión pues acababa de salir del hospital y estaban limpias pero era lo que ella necesitaba para convencerse que en verdad estaba bien, que no me iba a morir desangrado en cualquier segundo.
Mientras ella pasaba sus manos sobre mi espalda, incliné la cabeza y comencé, —¿Te parece si vamos mañana al hospital?
Fueron siete simples palabras que parecieron haber cambiado todo lo que se había dicho durante todo el día, ella me rodeó con sus brazos y sentí su cabello mojado contra mi espalda cuando pegó su cabeza a mi. Lo tibio de su respiración erizando mi piel me dejó bien claro que estaba sonriendo espontáneamente por primera vez, ella asintió poniendo un poco más de presión sobre mi espalda y haciéndome estremecerme de dolor porque dio exactamente contra un tramo de músculo lastimado.
-Eso duele… —dije después de un rato donde la emoción ya no era tan cómoda.
Ella se separó y me dio un leve golpe en el hombro, —Te lo mereces, —rió dándome otro justo donde el morado casi se veía verde, obviamente me dolió todavía más, —vamos a dormir y mañana nos vamos a primera hora.
-Sí… pero no patees tanto en la noche, tienes a un convaleciente en cama. —Sonreí acostándome mientras ella hacía lo mismo del otro lado y me daba una pequeña patada de reprimenda.
Pasé la noche con esa perturbadora sensación de no saber exactamente qué iba a encontrarme al día siguiente, y aún así con una relajante tranquilidad en mi mente. Era como si de pronto, muy a pesar de lo que había pasado, me sintiera bien. Dormí lo suficiente como para descansar pero no tanto como para olvidarme de la situación que esperaba por mí en el hospital.
Despertamos más o menos temprano, nos alistamos y desayunamos. Ella propuso que llamáramos a Hitoshi para que fuera por nosotros pero le dije que ya eran demasiadas molestias, además, sería mejor si dábamos la sorpresa. Tomamos un taxi en la avenida principal más cercana, el hospital estaba a casi cuarenta minutos e ir en transporte público no era opción todavía para mi condición.
Pensé que esto iba a ser más fácil pero cuando estábamos por salir del ascensor que nos dejaba en el piso donde estaban los demás me encontré preguntándome si realmente quería ver de frente todo lo que había pasado y el estado en el que estaban los demás. Le pedí a Mao que siguiéramos al siguiente piso en lo que me armaba de valor, a ella no le molestó porque estaba más que satisfecha que ya estuviera ahí. El tintineo que indicó que llegábamos al siguiente piso nos alertó y esperamos que las puertas se abrieran, cuando lo hicieron casi chocamos con otras dos personas que estaban esperando por el ascensor.
-Ey… —dijo la primera persona mayor en edad que la otra, —sea más cuidadoso.
No pude ni disculparme, porque la segunda persona se había quedado sin palabras igual que yo. El mayor volteó al otro esperando por él, al igual que Mao lo hizo conmigo empujándome para salir del elevador y que los otros dos pudieran entrar, pero ni Kai ni yo dimos un solo paso, demasiado metidos en nuestra sorpresa y pensamientos.
-Kai… no pensé que ya te hubieran dado de alta. —Dije lentamente mientras registraba su estado, era bastante claro que no tenía ni idea de cuál era su condición pues la última vez que lo vi estaba cubierto en sangre y se había desmayado.
-Eh no, no aún no… voy a hacer unas preguntas. —Dijo aprisa.
-Sr. Hiwatari, si gusta que espere por… —el hombre que lo acompañaba dijo al darse cuenta que éramos conocidos.
Me percaté que iba al mismo lugar al que me negaba de momento a ir, pero supuse que era alguna especie de apoyo para él y para mí si íbamos juntos. Kai se veía tan terrible como lo había visto ese día, con un vendaje en la cabeza, curaciones en la cara y los brazos, su mano derecha en un cabestrillo y una férula en su pierna izquierda, lo que lo obligaba a usar una muleta, que me hizo preguntarme cómo le hacía para usar sin poder valerse de una de sus manos.
-Íbamos para allá también, ¿verdad Mao? Vamos juntos.
Mi amiga me miró incrédula, me siguió algo molesta porque sé que no soporta a Kai pero no dijo nada porque era mi iniciativa regresar al piso de los demás. Así que los cuatro ingresamos al ascensor y fuimos al piso de donde había sido dado de alta el día anterior. En cuanto las puertas se abrieron Kai y el hombre salieron, Mao y yo después de ellos yendo a lo largo del pasillo. Entonces me di cuenta que en verdad era más orgullo que capacidad lo que hacía a Kai desplazarse porque era bastante obvio que le costaba (sino que también le dolía) y aún así, avanzaba lento pero lo hacía.
El hombre que lo acompañaba se colocó a su lado, de modo que quedó entre los familiares de mis amigos y Kai. Si yo me sentía culpable, era obvio que Kai se sintiera igual y aún peor, por las miradas de algunos de los que estaban ahí, parecía que lo creían cierto. Me apresuré a tratar de aligerarle el trayecto y conseguí hacerlo cuando me acerqué, pues las miradas cautelosas se tornaron amistosas al verme. Se levantaron y me saludaron dejando a Kai el campo libre para poder llegar a donde pensaba llegar.
-¡Rei! No pensé verte otra vez por aquí, ayer te veías muy apurado por salir de aquí. —Me dijo el papá de Max.
Asentí sintiéndome mal por mi falta de tacto al no preguntar por ellos, pero estaba decidido a enmendar un poco ese error. —Lo lamento Sr. Mizuhara, lamento lo que ha pasado, por no haber preguntado por Max, Takao, Hiromi… ni haber ido a verlos pero no me sentía nada bien con todo lo que pasó y…
-No te preocupes muchacho, —dijo la mamá de Hiromi conteniendo las lágrimas otra vez, —habla muy bien de ti el hecho de que estés aquí ahora.
Asentí con lentitud mientras repasaba las caras de los presentes, y Daichi me daba un leve golpe en el hombro mostrándome que en verdad comprendían mi situación. Aunque aún me costaba entender tanta irracionalidad, pero supongo que así es como funcionan las cosas… ¿quién es capaz de recibir muy bien un accidente? Lo más natural es simplemente negarlo… no querer saber de él; pero en ese momento me sentía mejor, tenía la idea de apoyar a mis amigos tanto como pudiera, a los cuatro que en verdad habían salido afectados.
Me senté con los demás a que me contaran la situación de cada uno. Me encontré con la terrible sorpresa que Mao no fue exagerada esta vez, Hiromi corría el riesgo de perder parte de su pierna izquierda por el daño en el tendón y el hueso después de que le liberaron las piernas; de milagro Max no sufrió perforación de órganos, sólo músculo y un extremo de su omóplato resultaron dañados con el metal que lo atravesó; Takao no tuvo nada de gravedad específicamente, salvo una clavícula levemente fracturada y una lesión ligera en la columna, pero se llenó de golpes y cortadas en los brazos, la cabeza, las piernas y el pecho, al parecer la mayoría en su desesperación por sacar a Hiromi. No hubo nadie que me dijera de Kai, pero bastó con verlo para darse una idea.
La plática era amena hasta que escuchamos a Takao gritar ofensas, insultando a alguien. Luego a Kai responder también levantando la voz, aunque sin gritar preguntando qué era lo que le pasaba. El hombre que lo había acompañado esperaba afuera de una habitación, cuando se escuchó algo así como cristal rompiéndose además de los gritos, se acercó a la puerta, lo mismo hicieron Hitoshi y su papá.
-¡Sr. Kai! —exclamó el hombre.
Hitoshi y su papá aceleraron el paso, pensé en acercarme pero sabía que sólo iba a estorbar así que me quedé en silencio viendo qué era lo que pasaba.
II. La furia de Takao
Papá dice que soy muy visceral, Hitoshi que pienso con el estomago más que con la cabeza, y el abuelo que simplemente soy algo impulsivo. Muchos me dicen que no pienso antes de actuar, yo digo que sí… aunque admito que en ocasiones se me va la mano y hago lo primero que siento antes de razonarlo.
En esa ocasión pasó exactamente eso. Estaba en mi habitación, tenía tres días ya en el hospital, era muy temprano y no había nada en la televisión, el doctor me había dicho que si seguía así iba a darme de alta en dos días más. La verdad era que no me sentía muy mal, pero no quería dejar el hospital porque aún no habían determinado nada sobre la pierna de Hiromi, de si podían salvarla o iban a amputarle una parte… no podía creer que eso estuviera pasando.
Cuando chocamos y no pude sacarla, pensé que sólo había quedado atrapada y que no pasaba nada serio como Max, pero… bueno, no supe exactamente qué pasó cuando salí del carro para tratar de abrir la puerta de su lado, Rei me ayudó pero cuando no pudimos ni abrir la puerta… poco después perdí el conocimiento… lo siguiente que supe fue que desperté en el hospital con mucho dolor y con papá y Hitoshi en la habitación. Era la noche del día siguiente al accidente, pregunté por los demás y me dijeron que nadie corría peligro pero que Max aún estaba por ser operado de nuevo y que Hiromi… que a ella la estaban evaluando para saber si su pierna en verdad podía ser salvada.
Desde ese momento, mi estancia en el hospital se hizo desesperante, no me habían dejado ir a verla porque no querían que la alterara y me alterara yo mismo al estar con ella. Me preguntaba cómo era que nos había ido tan mal, y la única respuesta que encontré fue mucho enojo, al principio hacia mi porque no podía creer que no hubiera podido hacer algo por ella y después de pensarlo toda la noche después de que desperté en el hospital me di cuenta que yo no cargfaba con culpa alguna, sino que había quienes sí eran verdaderos culpables: el chofer, Kai y Max. El primero porque, bueno, iba conduciendo, Kai porque él decidió cómo íbamos a repartirnos y se aferró a ir en el asiento de enfrente, y Max porque quiso la ventana derecha, lo que dejó a Hiromi del lado de la ventana izquierda.
Por eso en cuanto Kai entró y me dijo que quería hacerme unas preguntas sobre el accidente sentí repentino enojo que se me había acumulado desde el día anterior, y lo primero que hice fue ponerme de pie y gritarle, tomar lo que tuve más a la mano (uno de los arreglos florales que me enviaron) y lanzárselo; él no tuvo que moverse mucho para esquivarlo porque en mi estado mi puntería era pésima.
-¿Qué te pasa? Sólo son unas preguntas. —Dijo sorprendido de mi actitud.
-¡VETE AL DIABLO! ¿CÓMO TE ATREVES A VENIR AQUÍ?
Después empujé hacia él la mesita donde servían la comida sin mucho efecto tampoco dada mi carencia de fuerzas, Kai estaba entre sorprendido y molesto, pero no se atrevía a agredirme pues era claro que estaba en peores condiciones que yo. Así que sin encontrar algo mejor, me adelanté a él sin darle tiempo de retroceder y lo empujé… al no esperarlo y estar en ese lamentable estado, Kai cayó de costado sin poder sujetarse a nada.
Justo en ese momento la puerta se iba abriendo, un hombre que no conocía, papá y Hitoshi se quedaron detenidos ante la sorpresa, el hombre se inclinó junto a Kai, papá se interpuso entre nosotros y Hitoshi se acercó a mi regresándome a la cama y exclamando indignado lo que había hecho.
-¡POR TU CULPA! ¡POR CULPA TUYA Y DE MAX A ELLA LE PASÓ ESO! —le grité cuando supe que no iba a poder enfrentarlo más.
Kai trató de ponerse de pie para responderme pero se sujetó el costado con la única mano disponible haciendo una mueca de dolor, el hombre de inmediato se levantó y pidió ayuda a gritos.
-¡Espere que el sr. Souichiro se entere de esto!
-Cállate y trae ese doctor… —Kai siseó con el dolor que apenas y aguantaba.
Una enfermera, un doctor, el hombre y papá lo ayudaron a salir de ahí, me quedé con mi hermano en la habitación en completo silencio. Mis brazos y piernas empezaron a doler por todo el movimiento tan brusco, temblaban de la tensión y el enojo, volteé a Hitoshi esperando alguna reacción de él, pero tenía un gesto preocupado y sorprendido.
-¿Qué te pasa? —dije tratando de sonar divertido, —parece que se va a acabar el mundo.
Entonces mi hermano se giró hacia mí y me dio esa rara mirada seria y autoritaria, —¿Qué me pasa? ¿Eres tonto o qué Takao? ¿por qué hiciste eso?
-Él tuvo la culpa. —Dije sonando como un niño regañado.
-¿Pero de qué tonterías hablas? Él no tuvo la culpa de nada, ni tú ni Max. Los que pasó fue un accidente. —Hitoshi levantó la voz sorprendiéndome con su tono molesto.
-¡¿Ahora te enojas conmigo? —grité más enojado, —¡yo soy tu hermano! ¡tienes que defenderme a mí antes que a ese idiota!
-Takao por favor, —mi hermano se serenó y me miró a los ojos, —ese idiota está tratando de ayudarnos y mira como reaccionas. Ahora tendremos suerte si su abuelo no viene a tratar de matarte. —Dijo sarcástico, aunque él y yo sabíamos de la posibilidad, no tanto de que el viejo Hiwatari fuera al hospital a ver a su nieto, sino de que tratara de matarme.
-No… ese viejo no se aparecerá aquí, además, es lo último que me preocupa. ¿Sabes algo de Hiromi?
Hitoshi negó con la cabeza, pero supe que no lo hacía porque no supiera sino porque no entendía cómo era que yo hacía lo que estaba haciendo. Siendo sincero, si estuviera en sus zapatos, hubiera hecho lo mismo… ¿por qué estaba siendo tan idiota?
Pero…
Tampoco podía culparme de sentir lo que sentía y reaccionar como lo hacía, la chica a la que finalmente me había animado a decirle lo que sentía (y que no me había mandado al diablo) estaba por perder una pierna… no era el mejor de mis momentos.
Lo que restó de la tarde no volví a recibir ninguna otra visita mas que mi papá y mi hermano, no me preguntaron otra cosa más allá de si me sentía mejor y reportarme que no decidían aún nada de Hiromi. Fue hasta la noche cuando el abuelo entró a mi habitación; contrario a lo que esperaba, él no iba para animarme o regañarme por lo que había pasado con Kai, sino que se sentó a un lado de mi cama con un gesto tan serio que me dio miedo. Puso una mano sobre la mía y la sujetó con fuerza.
-Pequeño… —comenzó, hablándome como cuando tenía cinco años, —quiero que te tranquilices, —puso más fuerza en su mano y de pronto sentí miedo real por lo que ya presentía, —los doctores la operaron de emergencia. Los especialistas hicieron lo que pudieron, pero no había modo de que pudiera recuperarse… ella… optaron por hacer la amputación.
El abuelo nunca habla con seriedad, nunca usa palabras normales o (aún menos) palabras técnicas, él ríe y bromea, te hace enojar y te obliga a razonar las cosas con eso… él no, él no habla así. Pero en ese momento, mi abuelo era una persona normal que me estaba dando una muy mala noticia y que lo traicionaba a él mismo por superar su estilo desenfadado y bromista… al abuelo le dolía lo que me decía.
Y claro.
A mí me dolió más.
Retiré mi mano de inmediato, movi las piernas y tiré la mesita que le había lanzado a Kai, traté de ponerme de pie e ir a verla pero el abuelo me detuvo rodeándome con sus brazos.
El abuelo no es más fuerte que yo, no es más rápido que yo… siempre ha parecido que lo es, pero sé que no; sin embargo, esa ocasión lo fue y no importó cuanto peleé y cuanto grité, cuanto lo insulté y cómo traté de agredirlo, él siguió sujetándome incluso evitando que los enfermeros que entraron me inmovilizaran y que Hitoshi o papá me sujetaran.
Ah perdón, debo corregir, el abuelo sí es más fuerte que yo… tal vez no físicamente, pero si de voluntad, la voluntad del abuelo es millones de veces más fuerte que la mía. Pues no importó todo lo que dije, lo que hice y lo que traté de hacer, él no se movió jamás de mí ni cuando sólo quedé entre sus ancianos brazos llorando la rabia que ya no podía liberar a golpes y gritos. Me calmé y lo rodeé con mis propios brazos hasta que no supe ya nada más.
Abrí los ojos y era de noche, volteé alrededor esperando encontrarme al abuelo o a un grupo de enfermeros dispuestos a ponerme bajo control para que no tratara de ir a asesinar a Max y Kai. Sólo había una persona, y era la última que esperaba ver ahí: Daichi.
-Ya era hora feo durmiente. —Dijo bostezando, —Aún medio muerto duermes como oso.
-¿Qué haces aquí enano? —pregunté sonando más agresivo de lo que pretendía pero no me importó mucho en ese momento.
-Aquí nomás, tu papá y Hitoshi llevaron al abuelo a casa, los tres necesitan dormir un poco. Cuidar de un maniático como tú es muy agotador. —Dijo burlonamente, a Daichi nunca le hiere nada…
Bueno, nada verbal… porque sin querer me di cuenta de cómo le había afectado el accidente. Con pequeñas curaciones y rasguños en la cara y un leve vendaje en su brazo derecho, más bien parecía que se había peleado con un gato, ya lo he visto hacerlo. El enano se acercó al mueble que estaba en el lado derecho de la habitación donde habían puesto todos los arreglos florales que mis vecinos y compañeros de clase habían enviado.
-¿Sabes? —dijo viendo cada uno de ellos, —creo que tus conocidos creen que eres una chica. A ellas les dan flores, ¿no? —me vio con esa sonrisita pícara de cuando sabe que lo siguiente va a molestarme en serio, —no lo sé, ¿tal vez tengas alguna enamorada que no conozca?
-¡No digas tonterías! —mascullé ante sus palabras, lo que menos necesitaba era a ese enano haciéndome el día aún más miserable.
-¿No hay enamorada? ¿a lo mejor un enamorado? —rió más expresivamente.
Le hubiera lanzado el aparato que monitoreaba mis signos si no hubiera estado tan pesado y yo tan débil, —¡GUARDA SILENCIO ENANO!
-Ok, entonces sólo son de amistad, ¿no?
-¡CLARO QUE SÍ!
-Y estás preocupado por Hiromi, ¿verdad?
-Pero claro, ¿quién crees que soy?
Él asintió y se giró dándome la espalda, —Por más raro, escalofriante y ñoño que suene lo que voy a decir, quiero que me respondas. Tú la quieres, ¿no?
-SÍ —dije ya sin gritar pero levantando un poco la voz.
-¿Y qué haces aquí? —preguntó mirándome directo a los ojos y desapareciendo por completo su tonta sonrisa.
Ahí ya no supe qué contestar, no entendía realmente su pregunta pero esa cara seria me dejaba muy claro que ya no estaba bromeando, pero hablar seriamente con Daichi es más complicado que nada, así que no sabía de qué estaba hablando. ¿Acaso me estaba reprochando algo? Volví a sentir enojo, ¿qué se creía? ¿qué estaba así porque lo quería?
-¿Y qué quieres que haga en mi condición? ¡No me dejan salir, no puedo ir a verla! —le grité enojado.
-¿En serio? —bufó burlonamente, —¿estás amarrado a la cama o tienes un guardia las veinticuatro horas?
-Me dijeron que no podía ir.
-No pues sí, tú si que eres obediente. —Dijo sarcásticamente, —Ahora resulta que te prohíben algo y obedeces, ya ni cuando el abuelo nos prohibía entrar a la cocina a comer antes de la cena, cuando Kai se negaba a que pidieras servicio a la habitación o que Hitoshi te escondía sus revistas 'especiales'… en todas esas ocasiones hallabas cómo salirte con la tuya. Cuando se trata de comida y diversión todo es posible, pero cuando se trata de ella no se puede.
-¿Tú que sabes?
Levantó una mano y me señaló despectivamente. —Yo creo que eres cobarde… sólo eso.
-¿Y cómo esperas que vaya? Apenas y puedo caminar. —Gruñí más molesto por esas palabras.
-No lo sé, a Max lo acaban de operar y fue esta mañana, Kai se rompió una pierna y una costilla, tú le ayudaste rompiéndole otras dos y también fue… ¿y tú que Takao?
Volví a quedarme callado con lo poco de enojo que me quedaba ya evaporándose, después de un rato contesté miserablemente, —Me dijeron que no sería bueno que la viera.
-Eso fue ayer en la noche, ahora ella te necesita más que nunca. ¿Y tú que haciendo? Golpeando gente y siendo un perfecto dolor en el trasero. —Bajó la mano y se acercó a la puerta, —Yo me voy a comer, ya te dije todo lo que tenía que decirte. Haznos un favor y haz algo, es muy cansado cuidar a un maniático. — Finalizó saliendo de la habitación y dejándome mudo de sorpresa.
¿Desde cuándo Daichi se había vuelto así?
Admito que en ese momento me dio miedo pensar que no era el niño obtuso y retrasado que siempre creí, ok no, sé que Daichi es inteligente quizá no del mismo tipo que Kyouju sino que más suspicaz. Era perturbador pensar que fuera capaz de ponerme en mi lugar cuando ni el abuelo, ni Hitoshi habían sido capaces. Pero aún con eso no me moví, sabía que era cierto que si quisiera si podría ir con ella, pero Daichi tenía razón… era un cobarde. Tenía miedo de verla, de verla sin saber cómo iba a reaccionar, cómo iba a estar, qué iba a decir…
Papá fue a verme esa noche, eran casi las diez. Me llevó la cena y me acompañó mientras comía, me platicó de la casa y que todos querían que estuviera pronto allá, que al día siguiente me darían de alta. —Mañana nos vamos lejos de este lugar. —Dijo sonriendo.
Asentí lentamente mientras apresuraba la comida en mi boca para no tener que hablar, pero la comida se acabó y supe que tenía que decir algo. —¿Cómo está Max?
-Él está mejor, ya está fuera de peligro y sólo esperan que la herida cierre bien, creen que se va a recuperar muy rápido, Judy está encantada con eso. La pobre estaba deshecha cuando lo vio.
Asentí de nuevo, pasé saliva y me animé a preguntar —¿Y Kai?
Mi papá me dio una mirada larga y suspiró, —No estoy seguro, se fue del hospital el mismo día que pasó su… discusión. Lo último que supe fue que había conseguido que no demandaran.
-¿Demandaran?
-Sí, ¿puedes creer que la familia del chofer de su taxi quería demandarnos? Según ellos, ustedes lo obligaron a conducir. Por suerte, Kai consiguió que el testimonio de los demás fuera escuchado y no hubo ningún cargo que presentar.
Entonces entendí que para eso quería hacerme esas preguntas… sentí una primera punzada de culpa, ¿qué iba a decirle si me hubiera preguntado? ¿Que mentí cuando el abuelo me pidió que nos quedáramos en el aeropuerto? ¿Qué si había un verdadero culpable de todo, era yo y no ellos?
Que era un cobarde como Daichi dijo.
Sentí una segunda punzada de culpa.
Y me di cuenta que tenía dos opciones: me hacía la víctima cobarde y obediente que se quedaba en su cama culpando a otros y escondiéndose de enfrentar sus culpas, o… o iba a enfrentarlas sino para pedir disculpas, cuando menos para ya no ser el ser más miserable sobre la tierra.
-¿Papá? —dije después de esa larga pausa.
Él me miró confundido por mi gesto tan apagado, —¿Qué pasa? ¿necesitas algo?
-¿Puedes ayudarme a ir a la habitación de Hiromi?
Papá parpadeó varias veces y asintió, —No creo que sean horas de visita pero, —después sonrió, —apuesto que eso no será problema.
Me puse de pie ayudado por papá y dejamos la habitación. En el pasillo, Hitoshi y Daichi dormían al igual que Judy y la mamá de Hiromi, al pasar junto al pelirrojo le di un golpe con el pie, él despertó de inmediato asustado y enojado. No gritó porque era muy noche y al parecer le habían dicho que no debía gritar en un hospital, cuando me vio caminar apoyado en papá sonrió y levantó un pulgar.
Asentí levemente como respuesta, tenía que darle las gracias… sin él no estaría yendo a donde iba. Sabía que tenía que disculparme con muchas personas y que no iba a ser fácil, que mi enojo era sólo un modo estúpido y cobarde de no aceptar lo que me pasaba, aunque ahora sé que es algo normal… quizá exageré un poquito y me amargó todavía más.
Papá distrajo a la enfermera que estaba encargada del cuarto de Hiromi para que yo pudiera entrar a hablar con ella. El cuarto estaba bien iluminado, había un equipo de MP3 reproduciendo música en una mesita al lado de la cama, ella jugaba con un videojuego portátil gruñendo cuando iba perdiendo y riendo cuando iba ganando; me quedé contemplándola un rato, sino me hubieran dicho todas esas personas que le habían cortado la parte baja de la pierna izquierda, no hubiera creído que era cierto. Tenía pequeñas curaciones en la cara y los brazos, una sonda en el brazo y el mismo medidor de signos que yo había tenido.
-No sabía que te gustaban esas cosas. —Le dije animándome a dejarle saber que estaba allí.
Ella me miró de inmediato, sorprendida porque era obvio que no me esperaba, bajó el videojuego y sonrió, —Yo tampoco, pero creo que puedo volverme una adicta. —Me acerqué lentamente y me senté en una silla a un lado de su cama, ella me miró con atención y negó, —¿y a ti que te pasó? Te ves peor que Max, ¡mira esa cara! No les vayas a decir a las enfermeras que eres mi novio, les dije que eras la persona más loca y alegre del mundo, y tú te ves terrible.
En definitiva no esperaba ese recibimiento, en vez de empezar con la sentimental disculpa, sonreí y decidí seguirle el juego, —¿En verdad dijiste que era adorable?
Hiromi hizo una mueca graciosa, —¿Tú adorable? Eres la cosa más fea que he visto, pero aún así te quiero no te preocupes.
-Gracias, —dije sarcásticamente, —menos mal que eres mi novia.
-¡¿No te dije que no dijeras eso en voz alta?
Nos reímos después de eso, seguimos haciéndonos comentarios y burlas de lo mal que nos veíamos y la vergüenza que sería que las enfermeras supieran que éramos novios, porque yo era un adefesio amargado, y ella porque era una niña muy fea. Después hablamos de cosas que nada tenían que ver con el accidente y el hospital, al final, tuvimos que regresar a ese tema.
-Ya oí lo que dijiste de Kai y Max, tú y yo sabemos que no es cierto, ¿por qué lo hiciste?
-No sé bien, sólo sentí mucho enojo.
Ella sonrió comprensivamente y me abrazó, —Sé como te sientes, también me enojé al principio pero mamá tenía razón, eso no me iba a servir de nada. El doctor dice que en un mes pueden empezar a hacerme pruebas para usar una prótesis ¡será como si no hubiera pasado nada! —por primera vez la vi a punto de llorar, pero no de tristeza por su pérdida, sino de emoción. —Vamos a dormir un poco, —se hizo a un lado para hacerme espacio, me acosté junto a ella y nos acomodamos, —sólo no ronques mucho.
-Pero si tú roncas más que yo.
La escuché reír, —Te pasó ésa porque sé que te golpeaste la cabeza, pero… —y me dio un golpe en el brazo, —no te perdono lo que dijiste de Max y Kai, mañana quiero que te disculpes con ellos.
-Si, sí lo que digas, eres peor que el abuelo.
Al poco rato se quedó dormida, yo también me dormí después, pensando en que iba a decirles. Era claro que no iba a ser fácil, pero lo mismo decía de ir a verla y ahora estaba durmiendo de nuevo a su lado como si nada hubiera pasado.
Había decidido que primero iría con Kai y después con Max, pero a la mañana siguiente me encontré con que papá tenía razón y Kai ya no estaba en el hospital, así que decidí ir con Max. Era después de las tres de la tarde, acabábamos de comer y encontré el suficiente valor para confrontarlo. Lo primero que hice fue disculparme y tratar de explicar mi situación, Max terminó minimizando mi actitud, igual que Hiromi se identificó con ese enojo y me demostró que no le había afectado lo que había dicho, me dijo que todavía iba a estar un rato en el hospital para monitorear que su herida en el pecho sanara bien. Platicamos de los demás y de lo mala que era la comida del hospital, aunque había algunas enfermeras lindas, ya pasaban las seis de la tarde cuando me dijeron que tenía que salir de ahí.
Hasta ese momento sonaba al Max alegre y despreocupado de siempre, de pronto me llamó con otro tono de voz y me hizo una pregunta que no hubiera esperado ni en un millón de años. —¿No crees que estorbaría en el equipo?
III. La negociación de Max
-Max… ¿qué quieres decir con eso? —Takao dijo sin saber bien cómo responder.
Sonreí viendo que no tenía sentido hablar eso con él, —No me hagas caso Takao, era broma. ¿Cómo te sientes?
No sé si era porque de verdad no quería hablar de eso o porque no estaba muy convencido que fuera en serio, pero me respondió la pregunta sin perder tiempo. —Ya estoy mejor, el hombro va a sanar pronto; aunque tengo que andarme con cuidado por una lesión pequeña en la columna que el doctor dice sólo debo cuidarme bien por un mes, y una fisura en dos costillas, y muchos rasguños… bueno, quizá no tan bien.
Sonreí pensando en mi amigo estando tan apaleado y aún así tan animado, —Me alegro que estés bien, escuché que te daban de alta hoy.
-Si, sí, pero no te preocupes estaré viniendo a visitarlos. Sólo que quiero darles un descanso a Hitoshi y los demás, han estado aquí desde ese día.
-Dile a tu papá que convenza a mamá y papá de que vayan a casa, les dije pero quieren quedarse aquí. Quiero que descansen.
Takao asintió cuando ya estaba cerca de la puerta, —Le diré y yo mismo trataré de convencerlos, si tú estás de acuerdo.
Asentí una última vez, —Gracias Takao eres un gran amigo.
Cuando se fue di un largo suspiro, siempre me ha gustado compartir tiempo con él pero en ese instante quería pasar un rato a solas para planear cómo iba a hacerle. Como había imaginado la idea de salirme de equipo no la iban a tomar nada bien, Takao pensó que era broma y no me quedó de otra que hacerle creer que sí para que no se alarmara y después alarmara a los demás, y ellos vinieran a tratar de convencerme de todos los modos posibles de que no lo hiciera, haciéndome sentir tan culpable que terminara accediendo a quedarme dando como resultado lo que más temía.
Que por mi culpa el equipo quedara fuera de la competencia.
Abrí la computadora que le había pedido a mamá, busqué en las diversas páginas de noticias algo relacionado con los demás equipos. Eran finales de octubre, los meses que restaban del año no habría ninguna clase de actividad oficial, pero en cuanto comenzara el siguiente año todo iba a reiniciar en serio. Los encuentros amistosos, las convocatorias nacionales, los torneos internacionales de patrocinio, las eliminatorias… la formación de los bloques, las ciudades sede de las diversas etapas del Quinto Campeonato… en sólo dos meses el equipo tenía que estar en la mejor de las formas…
Daichi y Rei no tenían muchos problemas, en menos de un mes ya estarían a su máximo, conociendo a Takao, sabía que antes de navidad ya estaría haciendo toda clase de cosas locas… Kyouju ya tendría adaptado un plan de trabajo, Hiromi (si acaso aún quería seguir en el equipo) trataría de apoyar en todo lo que pudiera, su único problema sería ver que tan bien se hubiera adaptado a la prótesis, Kai… si por alguna imposible razón decidiera aún apoyarnos se aseguraría que (aún si él no volvía a aparecer frente a una cámara) que los entrenamientos se llevaran a cabo, que todos hicieran todo lo que pudieran de acuerdo a sus condiciones y posibilidades… para que el equipo se mantuviera en forma, teníamos que estar entrenando en cuanto fuera posible. Pero yo iba a estar mucho tiempo siendo rodeado por doctores y mamá vigilándome de cerca.
¿Qué beneficio podía hacerle al equipo?
Sabía que no estaba grave, pero la herida era muy seria y me habían advertido hasta el cansancio que iba a requerir mucho descanso y cuidado, pero quería que mis amigos siguieran adelante; después de lo que pasó, lo último que necesitaban era que por culpa de un integrante, todo lo que pudiéramos conseguir se quedara estancado.
Tenía que dejar el equipo.
No hallé en las noticias nada, aún nada de encuentros entre las demás escuadras, y eso me animó porque aún tenía suficiente tiempo para trabajar las cosas y que mi salida fuera sin tanto escándalo y dejando a todos contentos. El mejor modo de hacerlo era hablar sutilmente con cada uno, hacerles ver de lo urgente que era ponerse a trabajar y que como yo no podía aún hacerlo, que me fueran dejando poco a poco atrás.
A la mañana siguiente Kyouju me visitó, tenía una semana que el accidente había sucedido y él se veía bastante bien. Me saludó muy espontáneamente, aún creo que él esperaba verme hundido en la cama; claro que el que estuviera tan despierto y platicador no ayudó en nada con mi plan. Kyou me contó de los videos que había reunido de los demás equipos, que aún sin poder ir a vernos al hospital habían hecho esos videos para enviarnos ánimos, incluso había otro tanto de fanáticos que nos apoyaban.
-¿Cómo te sientes? —me hizo la pregunta que todos me hacían.
-Mejor, me siento mejor. —Respondí igual que a todos, pero de pronto me di cuenta que así estaba dando la imagen contraria a la que pretendía, —Bueno, no tanto como quisiera, y como el entrenamiento va a empezar pronto, creo que tardaré mucho para estar en forma.
Kyou sonrió, —No te preocupes Max, tómate tu tiempo, por el momento tu mayor preocupación debe ser recuperarte.
No esperaba esa clase de respuesta, —¿Tú crees? Esto puede llevar meses, y cuando menos nos demos cuenta, el año y las competencias habrán comenzado. ¿No crees que lo mejor sería que comenzaran sin mí?
Mi amigo puso un gesto pensativo, por un instante pensé que había conseguido mi objetivo, pero después puso una mano sobre mi hombro no lastimado y volvió a sonreír, —No es momento de pensar en opciones, de cualquier modo ninguno está en estado idóneo para entrenamiento, Takao dice que son unas vacaciones forzadas.
Ahora fui yo quien sonrió, aunque muy forzadamente, definitivamente las cosas no estaban saliendo como planeaba. Él se quedó conmigo otra hora, hablando de las cosas que había encontrado de los demás equipos, nada nuevo. Después de Kyouju mamá me visitó, después Rei acompañado de Mao, con él no pude intentar la plática de convencerlo de qué era lo mejor para el equipo, Mao estaba con nosotros y no quería que se diera cuenta de mis intenciones. Lai, Hitoshi, Daichi y Takao, fueron las siguientes visitas. Traté las cosas con Daichi pero jamás captó ninguna de mis indirectas, Takao estaba tan efusivo que ni siquiera me dejó hablar.
Pasaron tres días, el doctor me animó a tratar de caminar; yo estaba cansado de la cama y estaba desesperado por dejar esa habitación aunque unas horas pero justo en ese momento, Hitoshi, Rei y mamá se presentaron en la habitación para darme ánimos. Todo fue contraproducente, le dije al doctor que no me sentía muy seguro, con la esperanza que ellos se dieran cuenta que (aunque no era del todo verdad) no estaba bien, y que me iba a tomar mucho tiempo estarlo.
-Vamos Maxie, tú puedes hacerlo. —Mamá decía moviendo los brazos.
Hitoshi y Rei se quedaron en silencio, desconcertados ante mi negación. El doctor también me animaba a dar algún paso, pero me había aferrado a mi decisión, iba a ahorrarnos problemas a todos y no me iba a echar para atrás, aunque quedarme más tiempo en esa cama iba a convertirse en un verdadero martirio. Cuando el doctor se dio por vencido, me dijo que lo intentaríamos al día siguiente y que no me preocupara pues poco a poco sería capaz, Hitoshi y mamá me dijeron lo mismo y se fueron, sólo Rei se quedó conmigo.
-¿Qué te pasa Max? Tú y yo sabemos que no estás tan mal, hace más de cinco días fuiste a ver a Hiromi.
Lo miré de reojo, algo molesto por la insinuación, —Si no lo has olvidado fui en silla de ruedas.
-Pero tú bajaste solo de la cama. ¿Te sientes bien?
-Si, estoy bien. Si no te importa quiero dormir un poco, —dije con la esperanza de que accediera y me dejara solo para convencerme otra vez que era la mejor opción.
Pero no lo hizo, se sentó a un lado de la cama, —Escucha, sé que no lo estás tomando muy bien, ninguno de nosotros lo está haciendo. Ya ves a Takao y lo que hizo a Kai, está bien si no quieres hacer las cosas, pero procura hablar con alguien, sirve mucho, créeme.
Por un momento me sentí muy enojado sin razón, después sólo le hice la misma pregunta que le hice a Takao, sin pensar en la situación ni a quien se la hacía. —¿No crees que estorbaría en el equipo?
Porque Rei no es Takao, mi mejor amigo es una gran persona pero es un poco obtuso para ciertas situaciones, situaciones para las que Rei es más suspicaz que nada. Y esa vez me lo demostró de inmediato. Se puso de pie en un instante y me miró casi asustado. —¿De qué estás hablando? No quieres decir lo que creo que quieres decir, ¿verdad?
-¿Por qué lo dices?
-Sabes que no vamos a competir sin ti, si eso es lo que estás planeando mejor sácatelo de la cabeza.
-Pero voy a ser el último en recuperarme, sabes que necesitamos mucho trabajo y no tenemos tiempo que perder.
Rei salió de la habitación, —Aún te tardes medio año, no vamos a dejarte atrás.
Nuevamente me sentí culpable, estaba tratando de facilitarles las cosas y estaba haciendo todo peor, yo y mi bocota… ¿no que iba a pensar bien lo que iba a decir?
Porque pasó lo que no quería que pasara, era la mañana cuando Rei fue y para en la tarde, todos llegaron y me fueron visitando escalonadamente, tratando de entender por qué había decidido hacerlo y queriendo convencerme de lo contrario, yo estaba bien seguro de lo que quería hacer y así era como explicaba mis motivos. No entendía por qué era que no entendían.
Takao fue el primero, él estaba muy enojado y ni siquiera se sentó, empezó a dar vueltas por el cuarto despotricando contra mis intenciones, no me enojé porque ya sabía de los arranques había tenido varios días atrás.
-Takao, entiende que lo que quiero es lo mejor para el equipo. No vamos a llegar a ningún lado si me esperan a que esté bien.
-¿Y qué clase de equipo seríamos si te sacamos sólo porque no puedes unirte? No somos así. —Takao salió del cuarto casi de inmediato sin darme oportunidad de decir más.
No pasó mucho tiempo cuando la siguiente persona llegó, —Escuché lo que dicen Max, —era Hiromi yendo en silla de ruedas con una enfermera detrás, —¿No crees que es algo extremo?
-Pues yo creo que no es la gran cosa, sólo estoy diciendo que quiero lo mejor para todos. ¿Qué tiene de malo?
-No, pues no tiene nada de malo. Si lo hicieras porque realmente quieres hacerlo, creo que te apoyaríamos, pero así no Max, tú y yo sabemos que no quieres salirte del equipo… piensa un poco mejor, sólo… estás dolido por todo lo que nos pasó.
Ahora fue mi turno de reírme un poco, —¿En serio? ¿crees que todo esto lo hago sólo por eso y no por el equipo?
Hiromi me miró un momento y asintió, después se puso a enlistarme otras situaciones donde me recordaba que yo no era de los que se sacrificaban y todo eso, sino que siempre estaba en la pelea queriendo ser los mejores. De hecho fue por ser así que llegué a ser campeón, y lo sabía y me acordaba, pero no podía dejar de pensar del modo en que lo estaba haciendo, que lo que quería era lo correcto.
Ella fue con la que más tiempo estuve; Kyou y Daichi sólo me repitieron lo de Takao, pero sin tanto grito, estaba seguro que ahí estaba mamá pero ella no entró, seguramente no tenía nada que decirme pues era asunto del equipo y yo. Los que me dieron la sorpresa al aparecer ahí fueron Kai y Michael.
Kai siguió a Kyou y Daichi, en verdad que no me esperaba verlo, no había sabido nada de él desde que me visitó para hacerme unas preguntas del accidente. Esta vez ya avanzaba solo, sin ninguna persona que lo apoyara, se tardó en llegar a la silla donde se habían sentado los otros y me dio todo el tiempo del mundo para ver su verdadera condición; y pareció no importarle o lo fingió muy bien.
-¿También crees que me he vuelto loco? —Pregunté tratando de sonar divertido.
-Un poco, pero creo que debes salir de aquí cuanto antes. —Pero él no tenía nada de humor.
-¿Y eso por qué?
Se puso de pie y miró alrededor, —Estar aquí te va a hacer daño. No le des la espalda a tus problemas, tú y yo sabemos que puedes hacer más de lo que intentas.
Por alguna extraña razón, esta vez si me enojé, —¿Y por qué me dices eso? Parece que no te acuerdas que fuiste tú quien se dio por vencido el Campeonato anterior.
Lo tomé por sorpresa, eso se notó de inmediato, —No hagas comparaciones, tú si puedes recuperarte. —Y con eso salió del cuarto, con la misma lentitud con la que había entrado.
Me quedé pensando en el tono que usó y lo que al final dijo, no pasó mucho tiempo cuando Michael fue el que me dio la sorpresa más grande, me había comunicado con ellos por la computadora pero jamás me habían dicho que alguno pensara venir. Mi amigo se sentó en la silla y se quedó viéndome unos minutos, me repasó todo y parecía no encontrar las palabras; después de un incómodo rato, sonrió y me dio un leve golpe en la cabeza.
-Te pegaste muy feo, ¿verdad? —sonrió burlón, —estás loco si crees que vamos a dejar que hagas eso. A menos que pretendas unirte de nuevo a PPB, no es eso, ¿o sí?
-No es q…
-Porque no me molestaría tenerte de nuevo, pero la competencia será más interesante si estás en otro equipo. Aunque sabes que siempre tendrás un lugar con nosotros. —Michael dijo aprisa, tratando de decir lo que quería decirme antes de que pudiera yo hablar.
-No Michael, no pretendo cambiarme de equipo, pero… ¿qué haces aquí? ¿desde cuando llegaste?
-Llegué hoy por la mañana, la doctora Judy pensó que sería buena idea si tenías otro amigo para animarte. Aunque creo que vine en el mejor momento, ya habíamos hablado pero los muchachos me insistieron que te diera sus saludos… —me dijo y se quedó en silencio un rato, después de un rato se paró y se puso a caminar alrededor de la habitación, —Kai tiene razón, tienes que salir de aquí antes de que enloquezcas más.
-¿Tu estás de acuerdo con Kai? Eso si es noticia, pero en verdad no puedo, el doctor dice que debo tener cuidado con esta herida.
Michael regresó a mi lado y puso ambas manos en la cama mirándome con fuerza, —¿Qué rayos pasa contigo? Había oído que la gente tiene miedo de enfrentar las cosas después de una situación traumática, pero que no quieras participar en el equipo sólo para no perjudicarlos no suena a ti… —hizo una pausa y pensó las cosas, —ok, sí si suena a ti… tú siempre quieres hacer cosas por los demás, pero seamos sinceros… ¿quieres hacerlo por ellos o por el miedo de volver a la competencia?
No supe que contestar, lo estaba haciendo por ellos… ¿verdad? Para que las cosas no fueran tan catastróficas, de darles la oportunidad de no perder tiempo, después de todo, era la meta de todos llegar a ese Campeonato y ganarlo. Pero había algo de lo demás, porque fue la única respuesta que había encontrado para tranquilizarme… pero ahora que Michael lo decía, también quería seguir compitiendo, no quería perderme de la gran oportunidad. La verdad era que mi propuesta no había ayudado en nada, yo pretendía que las cosas mejoraran para mí y los demás, pero resultó que no arreglé nada.
-Creo que te debo una, —le dije a Michael empezando a ponerme de pie, —creo que no quiero perderme de eso.
Michael se levantó y me quiso ayudar pero decidí que si iba a hacerlo, tenía que empezar con esto. Me senté y me paré, eso ya lo había hecho antes, la prueba estaba en caminar, aunque un poco pero hacerlo. Michael se quedó cerca de mí, listo a ayudarme en caso de que lo necesitara, di un paso y luego otro, me sentí mareado y me temblaban las piernas por haber estado tanto tiempo en la cama pero insistí en seguir y conseguí llegar a la puerta con Michael muy de cerca, me asomé al pasillo donde estaban los demás.
-Adivinen que chicos. —Dije haciendo que todos voltearan de inmediato. —Aún hay Max para rato, lamento lo que dije, creo que no pensé muy bien las cosas.
Todos se acercaron y mamá no pudo evitar darme un abrazo, —De hecho era lo que esperaba hicieras Maxie, para una persona como tú que siempre quiere lo mejor para sus amigos, era claro que estarías dispuesto a sacrificar tu lugar para que ellos no perdieran más tiempo. —Mamá dijo con ese tono tan parecido al de Kyou, ése que suena a uno de científico que analiza la conducta humana como hobby.
-¿Cómo te sientes viejo? —Takao preguntó mirándome como si fuera a desmayarme de un momento a otro.
-Estoy bien Takao, tarde o temprano tenía que dejar ese cuarto. Ahora espero que el doctor me deje salir pronto, tenemos mucho trabajo por hacer.
-Con calma Max, con calma. Tú y Takao aún no se recuperan por completo, creo que podemos esperar un poco, todavía hay tiempo. —Kyouju dijo preocupado, como si pensáramos irnos en ese momento a entrenar.
-Tranquilo Jefe, ¿quién te entiende? Primero te preocupas porque Max ya no quiere participar, y ahora porque quiere. —Takao lo detuvo rodeándolo con un brazo.
-No es eso… pero si no se cuidan pueden volver a lesionarse y… —Kyou comenzó a trabarse con sus palabras.
Me reí igual que Takao, Rei y Hiromi, —Parece que se acabaron los problemas, ahora basta concentrarnos en estar listos para el primer entrenamiento, ¿cuándo va a ser eso Kai? —me dirigí al mayor de mis amigos esperando por su respuesta.
-No lo sé Max, no sé. Tengo que irme, hay cosas que tengo que hacer. —Kai dijo despidiéndose.
-De acuerdo, nos vemos después. Ven a la casa en la noche, papá va a hacer su cena especial. —Takao exclamó.
-¡Si claro! ¡diviértanse mientras nosotros seguimos aquí! —Hiromi dijo indignada.
Takao la miró. —No se preocupen, mañana les traemos un poco.
-Sólo espero que no te lo vayan a quitar a la entrada, —me reí.
Me sentía bien al ver a todos como era antes, después de ese horrendo accidente pensé que nada iba a ser como antes, ahora podía darme cuenta que podíamos llegar a algo, claro, no era igual pero teníamos posibilidades de conseguirlo.
Cuando busqué a Kai para decirle que viniera otro día para platicarle unas ideas que tenía para nuestros entrenamientos, ya se había alejado, lo vi con esa lentitud tan extraña en él. No reuní el valor para hablarle, seguramente lo iba a ver en los días siguientes, pero conforme seguía caminando por el pasillo me pregunté si de verdad iba a ir.
IV. La depresión de Kai
Dejé el hospital en cuanto me di cuenta que Max había dejado sus tontas ideas atrás. Regresé a casa en el carro conducido por el chofer, él mantuvo en silencio cualquier comentario, sabía lo molesto que todo eso resultaba para mí. Apenas diez meses atrás pensé que había conseguido una independencia casi absoluta, contando con un departamento y carro propios, cierta autonomía económica y en el trabajo, además de la escuela. Pero de pronto, todo se vino abajo, después del regreso del Cuarto Campeonato, tuve que pasar un tiempo en la mansión de mi abuelo en lo que me daban una terapia completa y me enseñaban a ser zurdo… vaya tontería, estuve aproximadamente tres semanas ajustándome a mi nueva condición. Estando de viaje era cosa sencilla siempre todo es temporal, pero estando en casa las cosas cambian. Me di cuenta que era verdad que ya no podía hacer uso completo de mi mano derecha.
El regreso a mi departamento fue breve, con las salidas por la escuela y el trabajo, mas las supervisiones del equipo, no tenía el tiempo para encerrarme lejos del mundo y ahogarme en mi frustración, siempre estar aquí o allá, aunque conseguí evitar en todo lo posible mi aparición ante los medios… no siempre se pudo, y esa ida a Miami fue el punto donde ya no pude mantenerme alejado
Siempre supe que no era del tipo afortunado, pero vamos, lo sucedido ya era ridículo.
Porque ahí estaba, de regreso en la casa de mi abuelo en condición peor que la que había estado tres meses atrás con una mano rota, ahora tenía que agregarle una pierna y tres costillas (dos gracias a Takao). Era claro que creían todos que había de dos conmigo si me quedaba viviendo solo: o me moría de hambre al no poder facilitarme las cosas por cuenta propia, o me suicidaba por la misma razón… ¿quién dijo que estar de regreso en esa casa era la opción ideal?
Todos… los doctores, los terapistas, el abogado, mi abuelo, mi padre… hasta mi madre que apareció de la nada.
Pero a mi gusto (y podía darme cuenta que varios pensaba lo mismo) era lo peor. Para empezar, para el equipo de trabajo de mi abuelo nunca he sido de completo agrado y ahora tenían que estarme viendo cada que estaban ahí, a la cocinera, camarera y el principal mayordomo no les hizo mucha gracia tener que alimentar, atender y mantener la habitación de alguien más, cosa ridícula porque esa casa tiene muchísimas más habitaciones que habitantes pero así funcionaban sus cabezas. Y no lo voy a negar, estar rodeado de tanta gente era muy molesto.
Como sea, entré lentamente mientras el chofer estacionaba el auto. Me encontré con el silencio de siempre y esperaba que pudiera al menos llegar hasta el cuarto sin contratiempos para poder descansar, se suponía que debía estar guardando reposo absoluto pero esa llamada insistente de Rei sobre las intenciones de Max me obligó a ir, no podía dejar que él hiciera semejante locura. La pierna izquierda dolía a morir por la ruptura sufrida, la derecha por estar soportando el peso completo, el hombro izquierdo por el uso de la muleta y el pecho por el movimiento, en verdad estaba mal.
Para como me sentía en ese momento hubiera querido subir corriendo las escaleras y azotar la puerta del cuarto directo en la nariz del mundo para que me dejaran en paz, para que no me vieran más como el objeto de su lástima. Pero no pude… al quedarme al pie de las enormes escaleras que debían llevarme a mi habitación, me di cuenta que no iba ni siquiera a poder subir a la mitad del camino. Eso sí que fue un golpe directo al ego, tuve que resignarme a hundir mi miseria en la otra habitación que me había sido facilitada en la planta baja por la cuestión del uso de las escaleras y la notoria dificultad que me representaba. Así que me dirigía a ella con la esperanza de que nada pudiera salir peor… como decía, no soy del tipo afortunado.
Mi abuelo realizaba su cena justo al momento en que yo había regresado. Comía y leía noticias en línea al escuchar que había llegado me habló con el mismo tono despreocupado de siempre, —Llegas a tiempo, la junta es a las siete. Desc… —se quedó a media frase cuando volteó a verme.
-No creo que… —Tampoco pude completar la mía.
Hubo un silencio mientras intercambiamos una larga mirada. Dicen que los Hiwatari somos hábiles para muchas cosas, hasta genio han llegado a decirle a mi padre, hay talento en diversos campos, pero en la misma medida en que tenemos facilidades para muchas áreas, tenemos carencias en otras, y no hay cosa en la que seamos más incompetentes que en la cuestión emocional-sentimental. Incluso he oído decir que seguramente carecemos del lado izquierdo del cerebro, pues sin duda no hacemos uso de él.
Noté que mi abuelo se percataba del estado tan miserable en el que me sentía, y yo sabía que él lo captaba… pero ni él supo qué decirme, ni yo como expresarlo. Lo único productivo que mi mano rota atrajo fue una tregua con él, a mi regreso del Campeonato las cosas cambiaron y se hizo tolerable la existencia con él, no que fuéramos ni siquiera parecidos a Takao y su abuelo, pero al menos… podía decir que no había odio entre nosotros. Así que éramos capaces de convivir civilizadamente y de entender las miradas del otro, a falta de palabras, nos conformábamos con eso.
Aún así nadie supo hacer nada.
-Te pasaré los puntos tratados después para saber que propuestas tienes. —Dijo tras la pausa, bajando la mirada y fingiendo ponerla en su computadora.
-Sí, las leeré cuando las tengas. —Respondí y me fui, arrastrando mi miseria hasta la habitación.
Cerré la puerta y un escalofrío me recorrió, sentía la ira arder en mi interior pero también una frustración casi del mismo tamaño porque no podía ponerme a golpear cosas por mi condición, ni gritar porque… bueno, yo no hago eso. Así que sólo me senté en la cama, encendí el televisor y apagué el cerebro viendo un programa, era lo que había hecho los últimos días desde que dejé el hospital.
Y lo que hice la siguiente semana. Claro que una vez que me sentí mejor me cambié de habitación, y entonces sí; despertaba temprano, hacía tanto ejercicio como podía, salía a la terapia en el jardín, desayunaba, regresaba al cuarto a bañarme y comía y cenaba ahí, sólo volvía a salir cuando había que ir a revisión médica programada o yo mismo reconocía que debía ser revisado. Casi dos semanas se fueron así, en la segunda agregué a mi rutina el ignorar las llamadas de los demás del equipo y evadir las visitas de mi padre, no tenía nada que decirle a nadie.
Sabía que no se iban a quedar así, que tarde o temprano iban a aparecer en la puerta pidiendo verme. El reto estaba en qué podría más: su urgencia de verme o el desprecio que tenían a mi abuelo. Resultó que ninguno ganó, una mañana, justo tres semanas después del accidente el mayordomo llamó a la puerta del cuarto para decirme que alguien pedía verme con urgencia y se presentaba con el apellido Kinomiya, pero no era Takao, él y los demás entendían que así no iba a resultar nada bueno, sino que era nada más y nada menos que su hermano mayor.
Lo encontré en el recibidor, esperando ansioso delante de la puerta sin animarse a ocupar lugar en la estancia por saber que mi abuelo podría estar en casa pero sin irse pues en verdad quería hablar conmigo.
-¿Qué quieres Hitoshi? —fue la mejor frase que hallé una vez que llegué, para mostrarle que no era bienvenido y que no estaba dispuesto a ninguna clase de conversación amena.
-Vengo a hablar contigo, los demás están preocupados. —Dijo con ese tono semi autoritario.
-¿En serio? —contesté sarcásticamente, —puedes decirles que no hay razón para eso.
-Kai… ¿cuánto tiempo llevas aquí? ¿no le dijiste a Max que tenía que salir y no darle la espalda a sus problemas?
Por alguna extraña razón no me molestó que me atacara con mis propias palabras, —¿Y tú dices conocer cuáles son mis problemas? —bufé sabiendo que tenía la plática ganada.
-Bueno no, —Hitoshi se apuró a decir, —pero tú y yo sabemos que estás evadiendo las cosas.
-¿Evadir qué? No soy indispensable para sus entrenamientos.
-Señor Kai, —el mayordomo interrumpió nerviosamente, —el Sr. Susumu está aquí y pide hablar con usted.
Maldije en mi mente, si los últimos días no habían tenido nada de fantásticos éste se apresuraba a ser de los peores. Hitoshi y yo platicábamos en el pasillo de entrada, así que en cuanto mi padre entró no hubo ni para donde moverse para no quedar en su camino. Él me miró algo sorprendido, no le había dado la oportunidad de encontrarme fuera de mi cuarto o en sitio donde pudiéramos hablar, además que seguro no esperaba encontrarme con alguien.
-Te espero en la cocina Kai, hay una buena noticia. —Dijo animosamente, no importa la situación, él nunca pierde sus ánimos.
-No me interesa, que sea después. —En verdad ya no quería otra plática de tipo emotivo-superacional como la que Hitoshi seguro venía planeando darme.
-¿Sr. Susumu Hiwatari? —Hitoshi preguntó metiéndose en nuestra conversación.
Mi padre asintió y retrocedió un poco para estrechar la mano de Hitoshi que lo saludaba con ansias, eso si fue extraño. —Sí, gusto en conocerte… ¿quién eres?
-Hitoshi Kinomiya, señor, hermano mayor de Takao…
-¡Ah! Hijo de Tatsuya, ¿no?
Hitoshi y yo lo miramos con desconcierto, ¿desde cuándo él conocía al padre de Takao? —¿Conoce a mi padre señor?
-No, no, sólo coincidimos una vez en una convención de ciencias. Hasta después supe que era el padre de Takao.
-Él jamás me dijo que lo conociera.
-Seguramente ni siquiera sabe que soy parte de esta familia. —Mi padre dijo mirándome de reojo, no era difícil adivinar que el apellido no siempre es buena carta de presentación.
-Soy un gran admirador de su trabajo, no pensé que tuviera alguna vez la oportunidad de conocerlo. Quizá no es la mejor de las situaciones pero es un honor al fin poder conocerlo personalmente.
Mi padre respondió con algo de torpeza a la emoción de Hitoshi, nunca le ha gustado ser admirado o alabado por alguien, es algo en lo que nos parecemos, con la diferencia que él no puede alejar a esa gente; así que se quedó un momento con Hitoshi. Aprovechando la distracción, inicié la valiente fuga matando dos pájaros de un tiro y evadiendo a los dos. Mi idea era subir las escaleras, pero me había extenuado en la mañana y tuve que detenerme en mi ascenso. Mientras me sentaba en las escaleras para tomar control del dolor y poder proseguir escuché algo de la plática de Hitoshi con mi padre que parecían haberse dado cuenta que estaban ahí por la misma razón.
-Es mejor si no insistes en hablar con él de ese modo, será contraproducente; sé que tu hermano y sus amigos deben estar preocupados, pero Kai no responde así, él es algo complicado.
-Lo sé pero han sido tres semanas, él los ayudó, y apoyó a Max para que no dejara el equipo y ahora parece que es él quien quiere dejar todo. —Hitoshi insistió.
-¿En serio? —mi padre preguntó sorprendido, claro, él no sabía mucho de lo que había hecho, —pero Kai no lo dejará, le va a tomar más tiempo adaptarse pero quiero creer que no se va a dar por vencido, él no es de los que se rinden.
-Claro que no, —una tercera voz se escuchó, —él no sale huyendo de sus obligaciones. —Sorpresa, sorpresa, era mi abuelo.
Hubo un silencio incómodo, casi pude imaginarme a los tres en el pasillo de entrada dando una batalla de miradas. Hitoshi de odio para mi abuelo, mi padre de sorpresa para él y de repentina preocupación por lo que pudiera hacer con Hitoshi, y mi abuelo ignorando al hermano de Takao y recriminando con los ojos a mi padre su actuar, jamás volvieron a llevarse bien.
-Creo que debo despedirme Sr. Susumu, insisto en el honor que fue conocerlo, quizá podamos hablar después en mejores condiciones. —Hitoshi supo que lo más sano era salir de ahí, y claro, no pudo denotar el desprecio por el dueño de la casa.
-Tal vez sea lo mejor muchacho, sólo no olvides que ni tú ni tu gente son bienvenidas aquí, así que no vuelvas a cometer el error de venir creyendo que lo son. —Y mi abuelo que no podía contenerse jamás las palabras.
-Será después Hitoshi, saluda a tu padre y tranquiliza a tu hermano, trataré de hablar con Kai.
Escuché a Hitoshi salir cerrando la puerta sin ofrecer ninguna clase de despedida a mi abuelo, y después a los dos quedarse un momento en silencio, mi abuelo empezó a caminar mientras decía lo que pensaba decir desde un principio pero se guardó por la indeseable presencia de Hitoshi.
-Cuida lo que dices con esa gente, no son de fiar. Además, sería mejor si Kai deja esas tonterías y enfoca sus prioridades, la verdad es que eso no le ha dejado nada bueno recientemente.
Mi padre rió un poco con eso, —Tal vez no, pero tú y yo sabemos que no va a dejar algo que le gusta sin importar su condición. De los dos sacó lo testarudo, él no se rinde.
Mi abuelo pasó delante de las escaleras sin verme, pero mi padre sí, y justo me vio cuando terminaba su frase. No hizo nada por detenerse y hacer que tuviéramos la conversación que quería tener desde una semana atrás ni ayudarme a terminar mi recorrido por las escaleras, sólo me dijo 'mañana' moviendo los labios y siguió a mi abuelo hasta el recibidor.
Parpadeé lentamente, moví la cabeza y reinicié mi camino a la habitación, ahí cerré la puerta con lentitud y me senté en la cama. ¿Quién diría que gente tan disfuncional nos conociéramos tan bien? Sabía tan bien como ellos que no era cobarde ni hacía a un lado mis problemas, que solía hacer lo que fuera necesario para cumplir lo que quería cumplir, que en verdad tenía intenciones de apoyar, y sobre todo, que era endemoniadamente necio como los dos hombres que seguramente discutían por gusto en la planta de abajo. La obstinación y perseverancia eran otras de las cualidades/defectos de la familia.
Pero aún con todo eso bien claro en la cabeza era incapaz de encontrar las fuerzas para hacerlo, simplemente no podía siquiera concebir cómo iba a ser estar tratando de hacer lo que se suponía debía hacer cuando ni siquiera era capaz de estar caminando por más de quince minutos o de pie por poco más de media hora, el frío hacía que me dolieran los huesos de la pierna y la mano, el calor me sofocaba y desataba un dolor en mi pecho… ¿qué se suponía que iba a hacer?
Así que hice lo que parecía me había sido tan funcional desde el accidente. Me di la vuelta y me encerré en el cuarto a esperar que algo pasara…
Nada nuevo pasó los siguientes dos días, hasta que una mañana la cosa resultó peculiar cuando, regresando de un chequeo médico donde resultaba que todo iba más lento de lo proyectado, me encontré con tres vagos afuera de la entrada de la mansión. El líder de la pandilla se acercó al vehículo a pedir una limosna, le dije al chofer que los ignorara y entrara. Me hizo sonreír un poco la indignación del pelirrojo pero tenerlos ahí no era precisamente lo que más necesitaba en ese momento, el vehículo me dejó en la entrada de la casa y me quedé esperando un momento ahí.
Sabía cómo funcionaba la cabeza de esa gente, si no los confrontaba en ese momento eran capaces de intentar brincar los muros y sacarme en la madrugada de mi habitación para hablar con ellos. Conociéndolos, a ellos y a mi abuelo, ellos lo iban a hacer y él, los iba a refundir en la cárcel.
Di un largo suspiro y me dirigí a la puerta ante la atónita mirada del chofer que no se atrevió a cuestionarme. El portero se hizo a un lado cuando abrí la puerta de servicio, me asomé y llamé a los tres pordioseros.
-Lo lamento, no estamos contratando personal.
Esta vez a Yuriy le costó responder de inmediato, se plantó delante de mi y entró a la casa sin que pudiera servir de mucho obstáculo. —Tenemos que hablar.
El pelirrojo siguió caminando sin esperar ninguna palabra de mi parte, Serguei se quedó a mi lado esperando a que me pusiera en movimiento, cosa que pasó después de un rato y Boris nos siguió muy por detrás. Yuriy esperaba sentado en el pasto en el extremo izquierdo de la propiedad, debajo de la zona de árboles a un lado de la fuente. Claro que llegué mucho después, con Serguei al lado por si acaso tenía algún tropiezo y Boris… todavía más atrás. Me senté en la orilla de la fuente aún no siendo capaz de hacerlo en el suelo, Boris y Serguei se quedaron de pie tratando de derribar unas cuantas manzanas de los árboles.
-¿Cómo dieron con este lugar? —pregunté de mala gana.
-No seremos unos genios pero no se necesita serlo para preguntar en el dojo de los Kinomiya.
Claro, seguramente Takao les pidió que hicieran eso, —¿Y me dirás que están aquí por qué Takao se los pidió?
-Nos ofendes Kai, —Serguei dijo desde lejos, —¿crees que somos de los que hacemos favores?
-¿Qué hacen aquí?
-Tenemos que hablar —repitió Yuriy mirándome directo a los ojos, —estamos cambiándonos de departamento, desde que Yelena se mudó con el enano la cosa se hace insoportable. Buscamos una casa pequeña, pero necesitamos saber que hay que hacer con tus cosas. No creo que quieras guardar tanta basura.
Lo miré unos segundos y asentí ocultando a la perfección mi sorpresa, —Les va a llevar un rato, no creo que haya departamentos donde acepten mascotas, ya tienen dos.
-Es lo que le dije a Yuriy, deberíamos haberlos sacado a la calle, pero insiste en que son necesarios. —Boris exclamó.
-¿Y? ¿tienes pensado salir algún día de tu burbuja y vivir en el mundo real? Serás tan ajeno a las cosas pero guardas mucha basura Kai, tienes que ver qué quieres mantener y que no.
Ahí estaba el sutil modo de animarme a dejar mi aislamiento, —No puedo viajar aún, tengo… cosas que hacer, el frío no me va ayudar en nada. Será después.
-¿Cuándo será eso? —Boris insistió queriendo hacerla de animador también.
-¡Será cuando deba de ser! —Yuriy levantó la voz denotando su autoridad y que Boris no debía presionar más.
Después, después sólo nos quedamos en silencio viendo a Serguei y a Boris bajando manzanas que no se iban a comer, después a Boris jugando con los cuatro perros guardianes. Así casi cuarenta minutos, ellos decidieron que era bueno irse antes de que mi abuelo llamara a la policía diciendo que había tres intrusos en el jardín.
-No vinieron desde Rusia a decirme esto, ¿verdad?
-No te sientas tan especial, una televisora nos hizo una entrevista, pagó los boletos de avión, y decidimos aprovechar el viaje. Justo ahora regresamos a Rusia, ojalá Ivan y Yelena no hayan hecho mucho caos en el departamento, los dejamos sin comida ni agua. —Boris rió cínicamente.
-No quiero ni pensar en lo que hicieron en nuestra ausencia, será un desastre seguramente. —Serguei caminaba detrás de Boris, —Nos vemos después Kai, seguramente no irás para navidad pero sabes que siempre hay un rincón para ti.
Los dos salieron por la puerta y Yuriy fue el último en hacerlo, —No hagas más de lo que puedes hacer, pero tampoco te quedes sin hacer nada. Estamos en contacto.
Asentí cerrando la puerta sin perder más tiempo, me urgía recostarme antes de que fuera indispensable ir de nuevo con el doctor, el cuerpo me dolía demasiado pero extrañamente me sentía bien, esos minutos en silencio con Yuriy ayudaron mucho más que lo que hubieran hecho horas de plática motivacional con Hitoshi o su hermano.
Al entrar a la casa mi padre estaba en la sala esperando por mí, decidí y esperar a que me dijera lo que tenía que decirme desde tantos días atrás. Me senté en el sillón al no poder aguantar más estando de pie, y lo miré expectante.
-No quería interrumpir, estabas con tus amigos.
Decidí no entrar en aclaraciones y quizá una explicación que no quería dar, —¿Qué es lo que querías decirme? No he estado…
-No te preocupes, no te culpo por ser la última persona con la que quieres hablar. —Hizo una pausa al darse cuenta que no había comenzado muy bien el asunto, —Creo que hay buenas noticias, encontré un modo de ayudarte a que vuelvas a participar, quizá no con la potencia para que tenías antes, pero podrías recuperar algo de nivel y ayudar a tus compañeros a entrenar. —Dijo con una sonrisa.
Admito que mi primera reacción fue de descrédito, ¿podía hacerlo? ¿podía haber una lejana posibilidad de no quedar relegado del todo?, —¿En serio?
-¿Por qué te mentiría ahora? —me miró directo a los ojos rememorando los años viejos de los que nadie hablaba, —mañana salgo de viaje, estaré fuera un par de semanas pero en cuanto regrese podemos empezar a trabajar en el prototipo.
Asentí, —Gracias… creo que… voy a descansar.
Él asintió también, muy sorprendido por haber recibido un gracias y por mi reacción, pero supe que él no podía esperar más. Se quedó sentado mirando de nuevo su computadora mientras yo iba a la habitación en el piso inferior, cerré la puerta detrás de mi y me senté en el piso no pudiendo contener más todo el impacto de la idea.
Si en verdad iba a quedar latente la posibilidad de retirarme con una actuación más decorosa, tenía que poner mucho de mi parte y retomar todo lo que había dejado pendiente. Me puse de pie y fui a la cama, eran apenas las seis de la tarde pero decidí dormir, al día siguiente tenía que hacer varias llamadas y convocar a todos en casa de Takao.
Había muchas cosas que tenía que hacer.
V. La aceptación
La negación minimiza el impacto del shock, soporta a la mente y el cuerpo para que se preparen cuando entiendan que no hay vuelta atrás. La furia ayuda a que no haya resentimientos, que se saque todo lo negativo y libera la mente de ideas equivocadas. La negociación alivia la consciencia, ayuda a saber que se hizo todo lo que se pudo hacer para no sentir remordimientos. El momento de la depresión coadyuva a asimilar y entender, a sacar las respuestas propias y encontrar los caminos para dar el siguiente paso.
La aceptación llega, tarde o temprano llega, se entiende y se reconoce todo lo que pasó, aún quedan estragos pero son sólo cicatrices que con el tiempo van desapareciendo.
Todos acudieron al llamado de Kai, medianamente puntuales se reunieron por primera vez en el dojo Kinomiya. Cinco semanas habían pasado del accidente. Rei estaba prácticamente recuperado, al igual que Kyou y Daichi. Takao había sido liberado de su prohibición a actividades físicas pesadas al haber quedado descartada la lesión en la columna sólo le faltaba cuidarse las costillas y la clavícula, Hiromi ya comenzaba a hacer pruebas con la prótesis, Max tenía aún restringido el movimiento y las actividades en exteriores pero ya estaba en casa, Kai aún tenía huesos por recuperar pero había salido ya de casa.
Y aún con la disposición con la que todos fueron, ninguno fue capaz de establecer una fecha para reiniciar actividades.
Lo bueno de la aceptación es que llega, lo malo… que no se sabe cuando.

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