2. Este tampoco
Se asoma con cautela en búsqueda de alguna amenaza, los policías se han ido por otra ruta (jamás le ha sido difícil burlarlos), el problema son los cuatro chicos que parecían tan empeñados en matarlo. Divisa a lo lejos a dos de ellos, discuten entre sí mientras ven los alrededores, maldice su apariencia, de no ser por ese llamativo color de cabello podría pasar desapercibido como el otro idiota que lo ve desde el otro lado de la avenida riéndose mientras come una hamburguesa.
Los dos perseguidores se han cansado de cazarlo después de casi cuarenta minutos (tiene que darles algo de crédito, son persistentes) no sabe con exactitud si él se empeñaría tanto como esos.
¡Él fue la víctima!
De una broma que el otro a última hora le hizo, no era justa venganza. Al recordar, le hace una señal obscena a Boris que se limitó a sonreír burlonamente. Vuelve a esconderse entre la multitud esperando por un sitio en un restaurante, maldice nuevamente la ocurrencia del otro.
-Maldito bastardo...- sisea sin poder controlar la ira. Ese par parece no estar dispuesto a rendirse, y tendrá que quedarse un buen rato ahí. Sabe que podría enfrentarse sin problemas a ellos, quizá a los otros dos que seguro aún rondan por ahí también... pero no a los siete que empezaron a perseguirlo.
Mientras espera que desaparezcan sonríe al recordar como siguió el día... y como terminó ahí.
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Después de haber dejado el potencial lugar de su muerte (el departamento de Hiwatari) fueron al parque, tras recorrer el lugar y planear todas las rutas de escape mas el punto de reunión se dividieron. La fuente de ese parque era un orgullo para la ciudad, empezaba con una impresionante estatua (perfecta imitación de una italiana), seguía en tres canales adornados con pequeñas figuras de querubines que parecían orinar en ellos, culminaba con un segmento amplío donde saltarines chorros de agua hacían las delicias de los niños y (en este día) enamorados.
El pelirrojo se quedó en la parte trasera de la estatua, el otro entre dos ángeles que no le dieron mucha confianza (¿qué tenía de estético un niño orinando en una fuente?). Se miraron a la distancia y asintieron, Yuriy vació el contenido de una botellita que pasó completamente desapercibida, Boris hizo lo propio con una un poco más grande pero que igual nadie pareció notar. Después de esperar dos minutos, se separaron disimuladamente y se sentaron a prudente distancia a ver el resultado de su acción.
Boris rodeó al más chico con su brazo, mientras hacía nidos con el cabello del otro, ese otro agitaba su mano hacia arriba como espantando moscas para que no hiciera eso. Un vendedor de helados pasó delante de ellos, compraron uno otra vez y mientras helado, compartían, palabras y jugueteo con las manos, contemplaron el resultado de su acción.
Las múltiples personas que se sentaban alrededor de la fuente disfrutando su refrescante brisa empezaron a notarse inquietos, como es usual para toda gente medianamente cordial nadie dijo nada al principio. Lentamente unos se levantaban y veían extrañados al flujo de agua, de momento alguien gritó y exclamó indignada, el par comiendo volteó hacia allá, una chica pasaba corriendo, gritando y escurrida en agua.
Yuriy no pudo evitar el gesto de asco, pronto hubo una conmoción ahí, los que habían estado cerca de la fuente se alejaban y los curiosos se acercaban para volver a retirarse.
El agua se había teñido de un rojo sanguinolento y destilaba un aroma por demás desagradable, el par se acercó fingiendo compartir la indignación de todos los presentes.
-Te dije que serviría de algo que Serguei estudiara química,- Boris rió, -sus trabajo al fin tiene una utilidad.-
Cuando ya no pudieron contenerse las risas por los gestos indignados o asqueados de todos alrededor, dejaron ese sitio para buscar donde comer. Llegaron a un centro comercial, de mala gana entraron al área de comida rápida, ordenaron y se sentaron a comer. Yuriy se estaba poniendo de mal humor porque no le gustaba esos sitios, y por supuesto que la notable cantidad de parejas pululando a su alrededor no le ayudaba.
-¿Podemos irnos ya?- preguntó cansado.
-No, aún no acabo.-
-¡Pero si ya es tu segundo plato!-
-Te aguantas,- Boris miró el gesto molesto de Yuriy, y sonrió cínicamente -¿o qué vas a hacer?-
Yuriy se quedó ahí, el mayor soltó una carcajada que se incrementó cuando el otro se levantó.
-Ya verás.- El pelirrojo sonrió glacialmente.
Boris se encogió de hombros y fue a la barra a pedir una orden más, ¿qué podía hacer ese tonto? ¡nada! ¡claro que nada!
Cuando regresó lo encontró sentado como si nada en su mesa, -¿Qué? ¿se te acabaron las ideas?-
Yuriy no contestó, y Boris se dedicó a comer. Un escalofrío le recorrió, y levantó la vista aprisa, vaya sorpresa... un chico en otra mesa, sonreía... parpadeó una vez.
Movía una mano insinuosamente... parpadeó otra vez.
Un animoso movimiento de cabeza... y volvió a parpadear.
De pronto entró en pánico, nunca había sido ni remotamente hábil en esas cuestiones, ¿qué iba a hacer? ¿cómo respondía? ¿le iba a responder? Yuriy estaba en la misma mesa.
Le miró de reojo esperando que no lo viera, cuando se encontró con una terrible visión.
Yuriy estaba viendo a la otra mesa, regresó la vista al otro muchacho... ¡horror!
También lo veía.
El pánico de Boris se convirtió en furia, de reojo veía el juego de miradas y gestos de los otros dos, hacía tanto ruido como podía para demostrar que estaba molesto. Y Yuriy no le hizo caso.
Odiaba cuando pasaba eso, Boris estaba seguro (o trataba de hacerse a la idea) que Yuriy no lo hacía en serio. Pasaron diez minutos, su escasa paciencia se colmó y se levantó. Cuando el pelirrojo no trató de detenerlo, Boris se alejó con pasos más largos... una idea le iluminó la cabeza.
Yuriy decidió que había sido suficiente, sonrió levemente y agitó la mano despidiéndose del otro que lo vio alejarse. Ivanov caminaba buscando a su acompañante, se lamentó que Boris no tuviera teléfono, siendo tan hábil para la tecnología como una papa y con una desconfianza casi primitiva para esas cosas, jamás había querido adquirir uno y no le quedó de otra al pelirrojo que que buscarlo por todo el centro comercial. De momento, una chica se acercó a él y le dio una tarjetita... Yuriy no pudo hacer otra cosa que irse, y se alejó rápidamente, siguió su camino por casi hora y media alrededor del centro comercial buscando a Kuznetzov. Dos cosas raras lo pusieron en alerta:
-Boris no estaba por ningún lado.
-Once chicas le habían dado su número telefónico.
De hecho había una tercera, que lo había obligado a permanecer oculto en el área de videojuegos... quizá por eso no lo había encontrado. Miró su reloj, se dio cuenta que era demasiado tarde, y no le quedó de otra que dejar la seguridad de su refugio y enfrentarse esa horda de novios celosos que de le habían comenzado a dar caza cuando se enteraron que sus novias, pretendientas o... lo que fuera que eran estaban flirteando abiertamente con alguien más.
Había entendido todo desde que la sexta se detuvo a hacerle plática y comentar un casual '¡Ah, aquí estás! Tu amigo dijo que estabas aquí' y cuando coincidieron dos con la misma frase en la que parecía que él las estaba buscando y ambas se enfrentaron en una batalla verbal, Yuriy entendió la mala pasada de ese bastardo Kuznetsov... se había dedicado a decir chicas al azar que él... Yuriy, quería verlas... quizá para una cita o sepa Dios qué idea, pero andaba ligando. El problema era que (al parecer parte de la mente maníaca de ese infeliz) había elegido a las que ya tenían pareja.
Y ahora pasaba como una especie de donjuán... ¿cosa más inimaginable podía haber?
Pero no importaba, ya hallaría como vengarse del otro, tenían que salir de ahí para llegar a tiempo al sector comercial del norte y terminar la otra jugada que habían planeado, total, ¿cuán celoso un novio se puede poner con alguien que quiere 'bajarle' a su chica?
Al parecer muchos.
Porque así se inició la cacería de esos siete tras el pelirrojo, Boris la pensó bien, seguro que abundaban las mujeres que gustaban de lo exótico y que su compañero era todo un espécimen, dejarían de inmediato a sus bajitos, flaquitos e insípidos novios japoneses ante la expectativa de conseguirse un ruso de mucho mejor ver.
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Tiene que esperar que se disipe la costa para ir con Boris, pero es demasiado tarde; ya después lo matará.
Ya se ha ido el primero, el segundo poco después. Ivanov no pierde mucho tiempo para ir a unirse con el otro, Boris espera que le suelte un golpe de inmediato cuando no llega ni siquiera un insulto, se contiene la sorpresa, no está tan desquiciado como para provocar al pelirrojo.
-¿Y ahora para donde?- pregunta con cautela.
-¿A dónde más? Al dojo de Kinomiya, ya es muy tarde para hacer lo que pensaba.-
Boris cierra los ojos al escuchar eso. -¿Por qué vamos a ir ahí?-
-¿A qué otro lado? No tenemos dinero, no conocemos a nadie más y tenemos que hacer tiempo hasta que Kai regrese a su departamento.- Yuriy responde de facto.
Y no, Boris no lo contradice, el plan del que tanto había alardeado el pelirrojo no iba a ser posible, -¿Así nada más?-
-Ya es tarde. Vamos.-
Boris sigue al otro, se revuelven con las líneas de metro, empieza a oscurecer cuando consiguen llegar al dojo de Takao. Yuriy es el que se encarga de llamar a la puerta, el abuelo acude y se queda confundido al verlos, como que los conoce pero no se acuerda del todo de quienes son.
-¿Qué hay gente de la noche? ¿alguien conocido por aquí?- pregunta asomando la cabeza por la puerta.
Los dos rusos intercambian miradas, -Ah... ¿ah?-
-¿Buscando a alguien? ¿o sólo información?-
-Takao...- Yuriy dice dudando, ese viejo de pronto lo pone en duda.
-¡Ah claro! ¿también se unen a la fiesta?-
-¿Fiesta?- Boris vuelve a ver a Yuriy.
-Eh, sí a la fiesta.- El pelirrojo le devuelve la mirada encogiéndose de hombros, -todo sea por hacer tiempo para ver la cara de Kai.- Le dice a Boris, forzando una sonrisa para el abuelo Kinomiya.
Boris asiente y ambos entran siguiendo al abuelo de Takao, cuando llegan a la sala, deciden que pudo haber sido mejor idea ir a tener otra sesión 'activa' debajo de un puente (como Boris llegóa sugerir).
Takao... con la gritona esa... Hitomi, o algo así en el sillón más grande. Max y una de pelo azul que no conocen en el piso, la gata rosa con Rei en dos sillas, el enano pelirrojo y... ¿Kai? Viendo televisión.
-¿Qué haces tú aquí?-Yuriy pregunta.
-No, ¿qué hacen ustedes aquí?- Kai les devuelve la pregunta entre dientes.
Hay un silencio incómodo, Tyson mira a Hiromi, ésta a Mariam que no conoce bien a los rusos y pregunta con la mirada a Max, pero Max ya está viendo a Rei que se esfuerza en sujetar a Mao para que no se le vaya encima a Boris, Mao (por otro lado) forcejea con Rei pero no porque quiera irse sobre Boris, sino sobre Kai así que se limita a lanzar miradas asesinas a Kai (no ha dejado de hacerlo), Kai tiene un gesto desolado para Boris y Yuriy, ya que pensó que sólo ahí no se los encontraría.
Que pequeño es el mundo.
-Ah... ¿qué hacen los tres aquí?- Daichi pregunta para romper el silencio y porque nadie lo está viendo a él.
-Esto si es una reunión,- Mariam comenta sonriendo, -¿y no vienen acompañados?-
Yuriy mira a Boris, (para acortar, todos se miran unos a otros otra vez) y ninguno responde, Kai entrecierra los ojos maliciosamente al ver la cara de pánico de los otros dos. Evidentemente no quieren que se sepa su 'asunto'.
-Si, ¿o acaso vienen acompañados?-
Los ojos de Yuriy se encienden de rabia por la insinuación, pero no sabe que hacer, ni se molesta en esperar una solución medianamente útil de Boris. El abuelo, amable de siempre, llegó con vasos con chocolate para el par recién llegados (igual a la que todos tenían enfrente -les gustara o no-).
Pasa una hora con veinte minutos, treinta y cuatro segundos... treinta y cinco... Boris está por volverse loco. Lo único entretenido que ha hallado es ver las manecillas del reloj de la sala... y no es eso lo que lo está mandando directo a un ataque de nervios, sino que las tres parejas a su alrededor de pronto se olvidaron de sus incómodas presencias y... sólo falta colgar un letrero afuera con la palabra 'HOTEL' para hacerle perfecto honor a lo que pasa... bueno, no ha llegado a cosas más candentes porque de lo contrario, el abuelo los hubiera sacado a golpes.
Yuriy no está tan desesperado como el otro, está enfrascado en una batalla de miradas con Kai, sabe que el ruso-japonés está esperando por una oportunidad ideal para hundirlos tanto como sea posible y hacerles pasar el momento más penoso que se pueda. El pelirrojo sigue esforzándose por encontrar como evadir la posible develación ante los demás de la relación entre él y Boris, y no, no que la reniegue pero sabe que esa clase de relación no cabe muy bien la cabeza de esos. Está seguro que Takao se reirá, Max no lo entenderá, Rei lo tachará de desviado y pervertido, Daichi ni siquiera sabrá de que hablan... no le interesa las opiniones de esas mujeres, aunque serán las que enloquecerán... pero eso no detendrá a Kai.
Los jadeos y exclamaciones de toda clase de sorpresa alcanzan un punto demasiado álgido alrededor, Mariam detiene a Max, sabe que de seguir así...
-¿Y entonces chicos? ¿los están esperando en otro lado?- la de cabello azul pregunta.
Los otros ocupados dejan de hacer lo que hacen y miran a los rusos, Yuriy se hunde en el sillón, Boris bufa y mira a Kai, -¿Y tú que Hiwatari?-
¡Ah! Ivanov mira sorprendido al otro, ¡Boris hizo una pregunta bastante inteligente y ha desviado toda la atención a Kai! Claro, ninguno se lo había preguntado porque parece que hay una ley que prohibe cuestionar a Kai, cosa que claro, los rusos no van a obedecer.
-Si Kai, ¿tú a quien traerás?- Takao pregunta debajo de Hiromi.
Se le escucha gruñir, Takao se calla y Yuriy sabe que si no insiste, lo dejarán pasar.
-¿O eres de los que no necesitan a alguien más para pasársela bien?- pregunta cándidamente.
Si los ojos de Kai pudieran traducir el odio en energía calórica, ya habrían freído a Yuriy. No hay más sonido, salvo por las risitas de Mao, Kai voltea a ella y Rei la coloca detrás de él, por si acaso el milagro de los poderes sobrenaturales llega a pasar.
-Juega con tu suerte infeliz.- El más joven de los tres ex-NeoBorg dice en su lengua natal.
-Yo no tengo ningún problema. ¿Tú sí?-
-Sigue jodiendo y...- Kai le sisea.
-No, eso ya lo hice, gracias.-
-¿Y qué hacen juntos en este día tan lejos de casa?- Kai contrataca.
-¡Tal vez vinieron a verte!- Mao exclama, -¡sí, ya lo tengo! Kai invitó a Boris, pero como él no sale sin Yuriy se lo trajo a Japón. Después cuando Kai los vio llegar juntos, les propuso un trío pero ellos no quisieron y lo dejaron solo, así que amargado se vino par...- Rei le tapa la boca a Mao con una mano, y ríe esperando que los tres aludidos no hagan una masacre ahí.
Nada prometedor es ver a Boris ya de pie y buscando con la mirada un arma potencial, Yuriy y Kai viéndola, casi pudo ver las formas que estaban pensando para destazarla.
-Y Kai... ¿qué tal la televisión? ¿Si fue tan buena como el vendedor dijo?- Rei pregunta apresurado esperando desviar la atención.
-Si, el problema es el DVD.- Kai respondió sin dejar de ver a la china.
De pronto Yuriy se puso de pie, Rei piensa que iba a empezar y a punto está de hacer una escena dramática pero Yuriy se fue en otra dirección tirando de Boris apresuradamente, el ruso mayor protesta histérico.
-¡Qué te pasa!-
-¡Tenemos que irnos!- Yuriy exclama de pronto.
-¿Por qué?- la apuración en la voz del pelirrojo asusta a Boris.
-Los olvidamos.-
-¿Olvidamos?-
-En el departamento de Kai...-
-¿Qué?-
-Pero si serás pendejo, piensa... sí, ya sé que está difícil pero recuerda... la idea era pasar todo el día en el departamento. ¿No?-
-Si.-
-Llevamos comida que comimos.-
-Si.-
-Bebida que bebimos.-
-Si-
-¿Qué llevamos que no usamos?-
-¡Las películas!-
-Tenemos que buscar un buen pretexto para irnos, la sacamos y así nadie se entera. Déjame hablar a mí, ya sé como salimos de ésta.-
Boris asiente y sigue de cerca a Yuriy, está nervioso, si Kai encuentra las películas les contará a todos (todo sea por humillarlos) y esa sí, no la van a superar.
-Deja...- la frase de Yuriy no termina, -¿dónde está Kai?-
El otro ha desaparecido, y el resto empieza a ocuparse de lo que había dejado pendiente.
-Ah sí... se fue luego, luego que salieron.- Se le escucha a Hiromi decir.
Los dos rusos se ven y salen corriendo. El carro de Kai no está... y ese par no sabe exactamente como llegar de ahí a la zona donde Kai vive...
-¿Qué hacemos Yuriy?-
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No, no se había acabado ahí... tampoco aquí.
Dos días sin computadora y otros dos formateando y reinstalando me dejaron fuera un rato, pero si se termina pronto. Seguro...
Saludos!
1 comentarios:
xDDD bien creativas las venganzas de esos dos. Qué sorpresa que Borya le pensara.
Me quedó rebien lo que comentaba Mao xDDDD
Y bueno, parece que estás sirviendo para esto sin darte cuenta.
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