21.2.09

La nula importancia de alguien indispensable

Desde mucho antes de que la mañana hubiese llegado comenzaste a preguntarte una vez mas tu razón, ¿cada cuánto era esto? Como dos o tres veces por semana, a esa hora y, hasta antes de ese día, duraba cuando decidías dejar la cama. Pero no en esta ocasión, no después de dormirte con la cabeza saturada de las palabras en ese reportaje que viste, en aquel insulso programa. Recordabas bien de que trató, ¿no?

Claro, sobre el equipo, los invencibles Bladebreakers, los campeones, el animado Max, el inteligente Kyouju, el explosivo Daichi, el carismático Takao, el misterioso Kai, el dinámico Rei y… Hikary, si, solo habías sido eso, ni siquiera se tomaron la molestia de decir bien tu nombre. Mientras que con cada uno se habían pasado un amplío segmento del reportaje; contigo, se habían limitado a ahondar en la pregunta que esa y otras mañanas te agobiaba ¿Qué hacías en el equipo? Podías hallar algunas respuestas parciales, nada que te convenciera del todo, pero aplacaban un tanto tus ansias; pero ante la otra gran duda ¿soy importante para ellos?

Para eso, no podías encontrar contestación que te convenciera, Max te aseguraría que si, por supuesto que ese niño no dirá nada que te ofenda, con esa sonrisa en la cara no le creerías algo negativo; si acaso conseguías una respuesta de Kai, no tenías ni idea de que clase pudiera ser, no es muy diplomático que digamos, pero sabes que nunca miente; Rei al igual que Kyouju podrían llegar a imitar la respuesta de Max, con la diferencia que Kyouju lo haría por no contradecirte y no meterse en problemas, y Rei, sabemos que Rei es honesto, tiene un poco mas de tacto, pero no es Max. Takao, de ese puedes estar segura que te diría que es verdad lo que el reportero dijo, una inútil que ni siquiera sabe usar un blade, mandona sin razón, porrista cascarrabias sin gracia... si, eso diría. Y al final, Daichi, puede ser igual a Takao o llegarse a parecer a Rei y Max, aunque en el fondo sabes que su respuesta es tan misteriosa como la de Kai.

Fue el grito de tu mamá el que te sacó de esos pensamientos, miraste el reloj, eran mas de las once de la mañana, te sorprendiste de cuanto tiempo habías pasado metida en esas depresivas ideas, te arreglaste un poco, aún meditando si debías ir o no al entrenamiento sabatino, ibas ya muy tarde pero seguramente ni siquiera se habían percatado de tu ausencia. Que ocurrencias las tuyas.

-¿Qué pasa?- mamá te cuestionó preocupada de verte en ese estado.

Separaste la vista del plato que contenía tu desayuno –Nada, solo me dolió un poco la cabeza.- Le sonreíste como siempre, exactamente como cada que ocultabas esas contradicciones internas, sonreír y esperar a que se diluyeran con el día, pero no esta vez.

-¿Irás hoy con tus amigos?- mamá arremetió de nuevo nada convencida con tu fingir.
-No lo sé, no estoy de humor.- Miraste a otro lado.
-Entonces es por eso que debes ir, ellos te animarán.-

Por esa necedad tuya de no contradecirla, decidiste hundirte un tanto más en tu miseria dirigiéndote al dojo de Takao. La hora del entrenamiento siempre había sido firmemente fijada por Kai, las siete de la mañana, era casi el medio día, cinco horas tarde. Si por alguna misteriosa decisión retorcida del destino ocurría que Kai no te friera con la mirada al verte llegando tarde, por si es que sí habían notado tu ausencia, entonces podría ser un día normal, te dejarías llevar por las cosas en las que los podías apoyar creyéndote importante aunque nadie te lo dijera.

El camino se hizo más eterno que nunca, las palabras del reportero y las opiniones de algunas fans siendo entrevistadas a las afueras de una de las tantas convenciones en donde habían aparecido como equipo invitado, habían sido claras, al público no le eras muy grata. Y la verdad era que no te importaba mucho, lo que te importaba eran las palabras de tu equipo. Esas de las que no estabas segura por que no te las habían dicho. Bueno, si lo habían hecho, pero en contadas ocasiones, y te lo habían mostrado mas con hechos, pero tu querías oírlo de sus bocas, eres una necia.

Lo que fuera que estabas pensando cuando llegaste frente al dojo, desapareció de tu cabeza. Estabas a punto de dar la vuelta, regresar a casa y deprimirte en tu cuarto con el peligro de escuchar de nuevo ese reportaje, pero eres obstinada y tiendes a esperar lo mejor de la situación, entraste a la propiedad Kinomiya.

En el patio trasero estaban todos, Kyouju filmaba las batallas de Rei contra Daichi, y Max contra Takao, a su lado Kai parecía prestar atención tanto a los comentarios de Kyouju y a ambas batallas. Decidiste que no querías estar ahí, te diste media vuelta pero de inmediato sentiste la mirada de Kai encima de ti y te giraste de nuevo agitando la mano y con una mueca risueña, aunque no te sentías de mucho humor.

Fue… fue… algo que con esos pensamientos negativos jamás hubieras concebido, detuvieron sus batallas, Kyouju dejó su computadora a un lado, y se acercaron a ti. Max y Rei se acercaban sonriendo para saludarte, pero en cuanto tus ojos se humedecieron del impacto de la acción te miraron preocupados. -¿Ahora qué te pasa? ¿Si vas a llorar quién pondrá al niño mono bajo control?- dijo Takao.

-¿Niño mono? ¿ponerme bajo control? Qué bueno que llegas Hiromi, Takao me dejó sin desayuno, no quiero que me deje sin comida.- Daichi brincó sobre Takao y comenzaron a pelear haciéndose a un lado para que pudieras ver las inquietas caras de Rei y Max.

-Comenzaba a preocuparme por ti, nunca te ausentas sin avisar.- Rei te sonrió.
-¿Pasó algo?- Max preguntó.
Tú solo sacudiste un poco la cabeza, aún incapaz de formular una frase completa –No, nada.-
-¿Podrías ayudarme mas tarde con mi tarea? No entiendo algunas cosas.- Max tenía una vez mas esa brillante sonrisa.

Asentiste.

-No vuelvas a hacerlo por favor, Rei tuvo que explicarle a mamá que iría al entrenamiento. Como no fuiste por mi, no me dejaba ir solo.- Kyouju explicaba con ese nerviosismo que te hacía reír, sonreíste.

-Vamos, falta mucho por hacer.- Rei comenzó a caminar al interior de la casa olvidando las batallas, Max y Kyouju lo siguieron, viendo esto, Daichi y Takao dejaron de pelear y corrieron desesperados pensando que era hora de comer. Tú aún sonriendo, asentiste y los seguiste a cierta distancia, pasabas a un lado de Kai.

-Llegas tarde, le das mal ejemplo al resto de equipo. Suficiente tenemos con Takao.- Dijo sin verte de frente.

Te detuviste, ‘el resto del equipo’ volteaste con la sonrisa aún más grande –No volverá a pasar.-
-Eso espero, aún así pensaré en un castigo.- Finalizó alejándose en otra dirección.

Bajaste la mirada, la sonrisa no desapareció y aún así tus ojos se humedecieron de nuevo, por la emoción. Te sentiste una tonta por todo lo que habías pensado, comprendiste que eras parte de ahí, como las otras veces. Pero en esta ocasión con más firmeza, quizá solo había sido un mal día o una inestabilidad en tu seguridad o un lapsus de locura contagiado por Takao.

-¿Te vas a quedar ahí? Pronto lloverá y recuerda que las brujas se deshacen con el agua.- escuchó la voz de Takao.
-¡Ya voy!- gritaste y corriste, feliz con tu redescubrimiento y dispuesta una vez mas a matar a Takao por ese comentario.